lunes, 27 de julio de 2009

HUMANO, DEMASIADO HUMANO POR CÉSAR LÉVANO.

César con su ahijada Kaametza Andrade.

HUMANO, DEMASIADO HUMANO

Por César Lévano

Esta noche, en la Feria del Libro, se rinde homenaje a César Calvo. “El divino” lo ha llamado José Luis Ayala. Yo creo más bien que era humano, demasiado humano.

En "César, siempre", recopilación de testimonios editada por Juan Pedro Carcelén (Lima, 2002), he contado episodios e imágenes de Calvo.

Lo conocí en 1957. En el libro mencionado escribí:

“Yo había salido poco antes de prisión. Vibré de alegría al reconocer, en ese adolescente que era César, el gonfalonero de una generación en que el verso era lírico y épico, nupcial y civil… Ya entonces distinguían a Calvo la pulcritud del verso, el austero deber frente a los problemas sociales y la risa, una risa enorme, asombro matinal de su alegría”.

“Para escuchar su sombra”, titulé el texto aquel. Pude también denominarlo “Para escuchar su risa”.

Pienso que su risa era en el fondo la sedimentación de una angustia. ¿Se acordarán los homenajeadores de esta noche del humor de Calvo?

De "Campana de palo", de Calvo, libro de textos publicados (o censurados) en el diario "El Popular", cité estos quevedianos sarcasmos del poeta:

• “Antes solamente robaban los ladrones.”

•“En el Perú los inocentes sólo tienen un día, los otros 364 son del gobierno”.

César fue el enamorado poeta del amor. No siempre lo fue, sin embargo, del amor afortunado. No puedo olvidar una noche en la que, en un café de Barranco, ofreció un recital.

Ataviado con elegante terno blanco en una mesa, solitario, en un altillo, leyó, sentado, una selección de su poesía. De pronto se puso de pie en gesto electrizante, y dijo: “Voy a leer mi ‘Nocturno de Vermont’. La mujer que lo inspiró me ofreció venir. Pero está ausente”.

Me parece escuchar el metal dolido de su voz diciendo: “Porque en barcos de nieve, diariamente, / tus cartas / no me llegan. / Y como el prisionero que sostiene / con su frente lejana / las estrellas: / chamuscadas las manos, diariamente / te busco entre la niebla.”

Más de una vez me acompañó, generosamente en el programa “Letra y música” que bauticé y dirigí en Antena Uno Radio. En una ocasión se definió: “Creo en el amor a la mujer, el amor a la patria y el amor a los demás, que es el fundamental.”

Todo eso se congregó en el intenso poema: “para Elsa, poco antes de partir”. Este es un fragmento: “Nada sino la libertad podría rodearnos ahora / y hacerte comprender que estuve solo / porque la intemperie no cabía en aquel cuarto sórdido / que tú insistías en llamar país, doce millones de rostros / pegados a los muros de un Orden repudiable y desleído”.

Enamorado de la vida, dispuesto, como su fraterno amigo Javier Heraud, a dar la vida por la justicia, dijo en improvisación en el Instituto Italiano de Cultura: “El poema no es el reflejo de la vida. El poema es la vida.”

Lo firmó con sus sueños.

27/07/2009

Fuente:
Diario “La Primera”.

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