lunes, 10 de agosto de 2020

viernes, 3 de enero de 2020

“EL ARRIBO DE UN ÉXTASIS VIOLENTO O EL FUEGO ENCENDIDO DEL CORAZÓN” POR VALERIA ZAPANA SÁNCHEZ.



EL ARRIBO DE UN ÉXTASIS VIOLENTO O EL FUEGO
ENCENDIDO DEL CORAZÓN

Por: Valeria Zapana Sánchez

El ser humano a lo largo de su existencia ha recopilado de diferentes maneras la forma de expresar sus sentimientos de tal modo para sentirse bien consigo mismo o con los demás.

Términos como querer, cariño, pasión, rencor, soledad, odio, pero, sobre todo, amor nos resultan familiares. El amor, una palabra tan sublime, que muchos dicen sentir pero que ya en esta época parece ser un juego obsesivo y maldito.

Una de las formas más expresivas para quien escribe resulta ser la música, pero detrás de esas melodiosas palabras escritas a más no poder se esconde su prima hermana: la poesía, ese lenguaje de los dioses.

Así, en “El arribo de un éxtasis violento”, escrito por mi profesor, César Pineda Quilca, el título hace referencia que aún en este mundo hostil existen personas que trasmiten ese fuego que encienden las llamas del corazón.

Vemos que en cada rincón de las palabras y de los versos se esconden esos sentimientos tan puros que el hombre siente hacia ese ser tan hermoso y tentativo que puede existir sobre la faz de la Tierra por la cual uno se siente seducido o condenado a vivir en una profunda soledad o en una caída perpetua que lo lleve hasta la muerte.

Solo el amor se convierte en un lazo entre dos seres separados por el silencio. Y es que el ser humano aún no está preparado para estar solo. Por eso los invito a leer este poemario, porque un libro siempre será un amigo, un eterno compañero para toda la vida.

miércoles, 1 de enero de 2020

LA FRESCURA Y VIGENCIA DE FERNANDO AMPUERO. A PROPÓSITO DE “JAMÁS EN LA VIDA” POR CHARLY MARTÍNEZ TOLEDO.



LA FRESCURA Y VIGENCIA DE FERNANDO AMPUERO.
A PROPÓSITO DE JAMÁS EN LA VIDA.

Por: Charly Martínez Toledo.

Uno de los principios que tuvo el gran escritor argentino Pedro Orgambide fue el de que el cuento debía de tener solo “tres, cuatro páginas, y que en ellas haya un mundo” (cita tomada de “Así se escribe un cuento”. Selección de entrevistas hechas por Mempo Giardinelli, 2003, Suma de letras) Definitivamente, el ya desaparecido Orgambide fue un maestro de las reducciones, anteponiendo ante todo la brevedad y lo conciso.

Al parecer, en “Jamás en la vida” (Planeta, 2019) Fernando Ampuero (Lima, 1949) le hace caso a Orgambide, dándonos una muestra clara de la llamada concisión del cuento; se trata, pues, de una fresca y gratificante muestra de historias donde, en algunos casos muchos de sus protagonistas se salen con las suyas, presentando el súmmun de las historias un nihilismo controlado, muy distinto de las anteriores entregas de su autor (recuérdese sino  muy acertadas creaciones como “Bicho raro” o “Malos modales”); pero Ampuero posee esa peculiaridad que los buenos cuentistas tienen y que sin dar finales sorpresivos distraen al lector (técnica que antaño usaba Ribeyro) y, agrego a lo de líneas arriba, nos pinta, también, a unos seres crueles, gobernados por la locura (como “Jamás en la vida”), atormentados y otros muy irónicos, dejándote persuadir por sus personajes kafkianos, haciendo analogías en cuanto los personajes de Kafka –valga decir en estos casos, las cucarachas, en el cuento “Un bar de moda”- o sus ávidos lectores (como el personaje Pablo de “La rabia intacta”, cuento que nos recuerda, durante ciertos pasajes, a “El desafío” de Vargas Llosa) o los erotizados y sensuales -como en “Una mujer fatal” que, por cierto, guarda cierto parecido con un personaje memorable de Ampuero: Irina Marovich, chica libertina y concupiscente-. Ampuero, cual dios omnipotente, maneja los hilos de sus personajes con la frescura de un escritor joven, solazándonos con sus historias lineales y absorbentes.

Existen párrafos merecedores de una mención especial, como es el que sigue: “Las niñas nunca son niñas, son solamente mujeres chiquitas. Desde los cuatro o cinco años empiezan a calcular el efecto de sus sonrisas. Coquetean, manipulan, seducen. Su madurez mental, así como su capacidad de ir tendiendo lentamente las redes en las que sus víctimas terminan atrapadas, se desarrollan gracias a la ternura que inspiran y a su temprana obsesión por conseguir lo que se proponen… Los niños, por su parte, se encuentran en franca desventaja… Ellos, ingenuos, narcisos, distraídos, son unos tontos soñadores, aunque en el fondo resultan tan egoístas como las niñas. Los niños, a diferencia de las niñas, son oportunistas primitivos: diamantes sin pulir”. (página 31); o como en la página 43: “No creía en el perdón, pero sí en el olvido que nos concede la muerte. Si alguien lo ofendía, tramaba en seguida la manera de matarlos. Su problema, en concreto, era un asunto de amor propio: no soportaba la menor humillación. Así que, por dirimir tales vergüenzas, mató a varios (entre ellos un pariente)”.

Su cuento “Saltos mortales”, trae a colación la temática del sicariato (como en “Ciudad de Dios” de Rubem Fonseca”) y también “Poeta y contrabandista” (donde el acusado es un poeta) nos trae a la mente novelas magnánimas como “¡Estafen!” de Juan Filloy, donde un reo intenta demostrar su inocencia ante un juez haciendo uso de una cultura superior al promedio.

El autor nos pinta a unos personajes planos pero memorables, sabiéndolos llevar de la mano a través de sus historias; en esta ocasión, los textos que ha escrito Ampuero son breves, y apuntan raudamente hacia el final (esto los podemos corroborar si leemos los tres cuentos más cortos que posee el conjunto: “La verdad” (donde se le da cabida casi total a los diálogos), “Una entusiasta” y “Manicomio, que son historias que no pasan de las tres páginas y cuya lectura no toma más que unos cuantos minutos.

Mención aparte merece el cuento “Maniobra subversiva”, donde el final es muy sorpresivo como irónico; “Jamás en la vida”, relato autobiográfico y “Un bar de moda”, que nos presenta visos kafkianos.

En resumen, y para terminar, estamos ante un narrador que sabe lo que cuenta, diestro a pesar de su enorme trajín literario… pero no, no se crea que todos los cuentos de “Jamás en la vida” son pesimistas, sino más bien presentan un pesimismo asolapado; diré, además, que uno esperaría entregas menores, pero el autor nos ha demostrado que está para rato. Esperemos que “jamás en la vida” el autor deje de entregarnos cuentos deliciosos. Buen libro: tarea cumplida, estimado Fernando Ampuero.

lunes, 23 de septiembre de 2019

miércoles, 10 de julio de 2019

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “EDICIÓN EXTRAORDINARIA. ANTOLOGÍA GENERAL DE LA POESÍA EN LA LIBERTAD (1918-2018)” DE BETHOVEN MEDINA EN LA CASA DE LA LITERATURA PERUANA.




PRESENTACIÓN DEL LIBRO EDICIÓN EXTRAORDINARIA. ANTOLOGÍA GENERAL DE LA POESÍA EN LA LIBERTAD (1918-2018) DE BETHOVEN MEDINA

Presentan:

*Marco Martos
*Miguel Ildefonso
*Armando Arteaga

Fecha y Hora:

Viernes 12 de julio de 2019  /  7:00 p.m.

Lugar:

Casa de la Literatura Peruana

Ingreso libre

martes, 18 de junio de 2019

PRESENTACIÓN DE LAS PLAQUETAS DE POEMAS: “SIENDA” Y “ZURCIDO INVISIBLE” EN LA CASA DE LA LITERATURA PERUANA.



PRESENTACIÓN DE LAS PLAQUETAS DE POEMAS: SIENDA(VAGÓN AZUL
 EDITORES) Y ZURCIDO INVISIBLE(ANDESGRAUND EDITORES)

Presentan:

*Miguel Ildefonso
*Leda Quintana

Performance y música:

*Diáfana Bermellón

Lugar:

Casa de la Literatura Peruana

Hora:

7:00 p.m.

Ingreso libre

jueves, 23 de mayo de 2019

“EDICIÓN EXTRAORDINARIA. ANTOLOGÍA GENERAL DE LA POESÍA EN LA LIBERTAD (1918 Y 2018)” POR MIGUEL ILDEFONSO.




EDICIÓN EXTRAORDINARIA. ANTOLOGÍA GENERAL DE LA POESÍA EN LA LIBERTAD (1918 Y 2018) DE BETHOVEN MEDINA

Por: Miguel Ildefonso

Es una verdad axiomática que el centralismo ha sido, y es, una tara en el progreso y la integración del país. En lo cultural o en las políticas culturales, por ejemplo, vi hace algo de un año, en Huancavelica, el Museo de la Memoria prácticamente abandonado. Era en un sencillo ambiente en la Biblioteca Municipal, pero que parecía relegado a la desidia. Hace poco también, en Huacho (no tan lejos de la capital), conocí el Museo Arqueológico Regional que podría estar en muchísimas mejores condiciones, siendo poseedor de una importante riqueza histórica.

El centralismo limeño no es toda la capital, ese mapa que se desborda incansablemente atravesando cerros, bajo esteras. El centralismo son unos cuantos puntos urbanos y mentales que determinan lo que es lo oficial y lo representativo de este país de muchas sangres llamado Perú. Es por eso que, en el campo literario, ver la aparición de una antología, que en parte es como un rescate arqueológico, como la realizada por el poeta e investigador literario Bethoven Medina, es un desafío a lo que es el canon poético “nacional” que se reinventa cada cierto tiempo, bajo las mismas taras. 

La Libertad dio nada menos que a uno de los poetas más grandes del siglo XX, César Vallejo, y, más contemporáneamente, al gran José Watanabe; por solo mencionar a dos poetas universales. Y, aunque ambos emigraron de su tierra, la impronta del origen, de Santiago de Chuco, de Laredo, son una marca indeleble en toda la poesía que produjeron. Es por eso que aun sorprende ver antologías editadas en Lima en donde se ignora a los poetas llamados de “provincia”, donde, por supuesto, hay autores que podrían y deberían estar en toda antología. El trabajo hecho por Medina, en este contexto, es digno de elogio pues rescata valiosos nombres y es uno de los más serios que he visto en años. Si bien subscrito a autores de La Libertad, el modelo de su trabajo resulta aplicable para toda muestra o antología, sobre todo las que recogen históricamente a los autores para su masiva difusión.

La Antología general de la poesía en La Libertad (Fondo Editorial de la Municipalidad Provincial de Trujillo, 2018) de Bethoven Medina, comprende la creación suscrita entre 1918 y 2018. El antologador divide el proceso poético en diez “promociones”, lo cual me parece acertado llamarlo así, pues, desde una óptica actual, es innecesario hablar ya de generaciones. No se puede forzar un término que sí encajó bien en ciertos momentos y lugares (“la generación del 27” o “la generación perdida”). Vemos, entonces, a poetas desde José Eulogio Garrido perteneciente a la Fundación de la Tradición Poética, hasta la novísima Andrea Cruzado, que corresponde a la sección de lo Irónico-Lúdico-Existencial.

Antologías poéticas como la presente, sirven para dar una nueva mirada de lo que fue la cultura escrita en el ámbito de la lírica de una sociedad, de una cultura, de una región, de un país, etc. Sirve para otorgar un placer estético de variado registro y estilo, bajo un concepto que reúne a los poetas y sus textos, es decir, una selección en base a criterios objetivos. Y, también, sirve para estimular a los autores a seguir en la creación, pues una antología es como un museo movible que impacta a una lectoría ilimitada, que abre un camino más allá del ámbito conocido por los creadores, motivando un diálogo intercultural.   

Así como en el sur fue el grupo Orkopata, importante fue la existencia fundacional del Grupo Norte. Por eso, ante una pregunta al antologador como esta: “Después del grupo Norte, ¿quiénes contribuyeron o contribuyen al desarrollo, auge y proyección de la poesía en la región La Libertad?” El respondió (refiriéndose a sus antologados y su visión pluralista): “Son vates nacidos en provincias liberteñas y poetas procedentes de otras regiones que residieron (o residen) en este espacio geográfico y que con su obra, en forma conjunta, contribuyen al fortalecimiento y calidad poética en La Libertad, el norte y el Perú”. La mirada crítica de Medina, además de pluralista y cronológica, es tan vital, al punto que publica este grueso libro y de extraordinaria edición coincidentemente con la conmemoración de los cien años de la aparición de Los heraldos negros.

Ojalá que todas las regiones del Perú realicen trabajos como este; así se avanzaría bastante en el rescate de nuestra cultura y en el fortalecimiento de nuestra identidad (o identidades o memorias), aunque sea ad portas, a último momento, en la puerta del horno del Bicentenario. Aquí va un poema de uno de los vates* de mi promoción, a quien no conocí personalmente, pero sé que fue uno de los hombres duros del 90:

EN EL CAMPO de batalla quedó una muchedumbre de héroes muertos Todos
fueron repasados
las estrellas bajaron como pájaros hasta sus pechos desgarrados
La lluvia y la noche tocaban sus frentes cansadas
Ahí los dejaron para que sea el festín de la infamia
Pasaron muchas lunas y la oscuridad
Los piajenos pastaban en aquel campo Caía la lluvia y la soledad
y las flores crecieron en sus brazos en sus cuerpos mutilados
Los aldeanos se soleaban en aquel paraje
No arrancaban aquellas flores
porque sabían que era la boca de un héroe
las manos de otro héroe…
No nadie arrancaba aquellas flores…
Sólo los enamorados tocaban con adoración aquel predio
Sólo los enamorados comprendían la soledad y la tristeza de los héroes
Sólo los enamorados saben que las flores son los sueños
de los héroes muertos en la guerra ¡sólo los enamorados!
Tomaron un ramo en sus manos
Y partieron ¡Por las colinas la noche y la lluvia!
Partieron

*De: Tomas Ruiz (Pallar, Huamachuco, 17 de setiembre de 1968 – Piura, 18 de agosto del 2001). De: El Rebelde (Elogio de la nada, 2003)

domingo, 17 de febrero de 2019

lunes, 4 de febrero de 2019

“AQUINO QUIROGA EN EL LABERINTO” POR MIGUEL ILDEFONSO.




Aquino Quiroga en el laberinto de César Ruiz Ledesma

Por: Miguel Ildefonso

César Ruiz Ledesma (Lima, 1986) acaba de publicar su primera novela Aquino Quiroga en el laberinto (Sinco Ediciones, 2019), luego de cuatro años de la aparición de su ópera prima, el libro de cuentos Estación perdida y otros cuentos. En aquel libro se reunían nueve historias que conformaban un poliedro de la ciudad de Lima; como decía en una reseña de entonces: “de una Lima que no cesa de transformarse día a día. Sea una estación del año o sea una referencia a las estaciones de transporte, cada cuento significa un momento inesperado en la vida de sus protagonistas, un momento crucial y que les cambiará el destino (…) Los cuentos de Ruiz Ledesma configuran una urbe en constante ebullición, desde sus centros oficiales hasta los periféricos y marginales, en donde los personajes se mezclan en los claroscuros de sus calles, y asimismo se retratan a esos héroes solitarios, incomprendidos e inocentes, en un duelo contra el amor o la muerte, y ante el paso irremediable del tiempo.”

En la presente novela, el autor se ha centrado en contar la historia de uno de esos seres solitarios que se configuraba en su primer libro, de esos que se debaten en un duelo constante contra un destino signado por el fracaso. No es exactamente un héroe ni un antihéroe. Se trata, más precisamente, de un personaje atrapado en un sistema opresivo (la metáfora del laberinto), del cual solo espera sobrevivir. 

Con un comienzo que recuerda el lugar y la atmósfera de Conversación en la Catedral de Mario Vargas Llosa (“Aquino camina por la avenida Wilson: edificios enmohecidos, carretillas ambulantes, apresurados oficinistas e institutos atiborrados de estudiantes en la fría mañana. Los carros son lentos y estreñidos gusanos bajo letreros y semáforos, por sus ventanas aparecen rostros soñolientos, trajes apretados y el ajetreo de los que están por bajarse…”), el narrador nos presenta rápidamente al protagonista, un hombre sombrío, cargando como Sísifo el peso cotidiano de una existencia gris como el cielo de la ciudad en donde vuelan gallinazos buscando el olor de la muerte: “Continua igual que un ausente: las manos hundidas en el saco, las piernas pateando el aire y la vista perdida en la chisporroteante neblina que la noche ha dejado (…) En la esquina con Quilca, pasando un quiosco con un puñado de lectores, voltea a la derecha y sigue de largo hasta el portón metálico de la editorial, cuya piel agrietada deja ver su antiguo color negro.” Aquino, luego de veinte años de trabajar como corrector de estilo de una editorial, ha ascendido a Encargado de la Oficina de Ediciones Generales. Es un esmerado trabajador, sin más vida privada que tener que buscar a su amante prostituta que, repentinamente, ha desaparecido y alimentar a su curiosa mascota que es un gallinazo.   

La novela es la búsqueda de la prostituta llamada Daniela, búsqueda que lo lleva por diferentes lugares de Lima, e incluso a navegar en las redes sociales, en un submundo en donde diversos sujetos escriben sus experiencias con las mujeres que se dedican al más antiguo oficio. Son historias breves intercaladas con la historia de Aquino.

Hay diversas metáforas que están jugando roles en la simbología de la novela. Para empezar el edificio en donde funciona la editorial. Ubicado en el centro de Lima, la capital de un país que ya no es el de la Conversación en la Catedral, sino uno desfigurado o monstruosamente crecido bajo un sistema de jerarquías en donde tanto la cima como la sima del edificio del poder se difuminan. El laberinto está abajo del edificio, es un laberinto infinito, que traga a los que son enviados a trabajar en sus entrañas. Mientras que el poder (ilimitado y todopoderoso) está en los pisos superiores, es el jefe que decide despóticamente el destino de sus empleados.

Aquino no se rebela, no protesta, ningún trabajador lo hace, y pareciera que la ciudad también vive con ese talante, en donde la metáfora del gallinazo torpe y disminuido es acertada para resumir la lucha por aguantar los embates de un poder corrupto que ni siquiera ya se restringe a los límites de un país, sino que es globalizado. Solo queda el arribismo o la resignación, pareciera decirnos esta historia tan actual. Y la búsqueda desesperada de Aquino para hallar a su amada, no solo es lo más heroico y lo más sublime en un medio envilecido, sino, por eso mismo, es lo que le traerá la ruina (un martiricidio).

Aquino es libre solo cuando camina por esa ciudad sórdida, y vuela como Capitán, su gallinazo, cuando busca a Daniela. Pero más allá de eso (de esa ilusión), no hay salida, no hay una real libertad en ese caminar ni en ese vuelo de su evasión pasajera. Es la Modernidad que se ha hecho en un país que, como el sueño de Aquino, pareciera condenado al fracaso.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

“ZURCIDO INVISIBLE” POR PAOLA ANDRADE CANTERO.


                                    
Ediciones Andesgraund, 2018, 26 pp

“ZURCIDO INVISIBLE DE VIRGINIA BENAVIDES”

Por: Paola Andrade Cantero

Los conceptos que forman la palabra Exstrabismo, (2003) el primer conjunto poético antologado en esta plaquette Zurcido Invisible, expresan cerrazón ante la imposibilidad de asir la fórmula secreta total que concilie el lenguaje. No obstante, hay un explícito y buscado itinerario hacia el delirio y el éxtasis. La maestría, cierta “extrañeza. Cierta retórica de la mismidad, constituyen el abismo, voz elegida para nombrar las piedras, los obstáculos, el hielo del camino, la pasión, la soledad de la ruta incierta. La ruta de la poesía.

Virginia funda su propuesta en general en primera persona, sin embargo, desde esta posición las preguntas retóricas permiten elaborar un tono, cierta metodología pedagógica, tal vez una forma de manufacturar un conocimiento telúrico que concurre desde la construcción colectiva.  Así consulta: ¿Qué desborda y que ahoga cuando el verso no berza?  O: ¿qué precisión diamantina acecha la vena para mover las metáforas?

Esta poética se construye desde la evolución, el crecimiento, la procesión del cuerpo imperfecto como receptáculo creativo. Indaga: ¿qué camino lleva el caos disfrazado como cuerpo?  Pero sin duda que es el lenguaje metatextual, la metaficción lo que le incumbe. Una poética, como la sorpresa que se levanta simple pero exhibiendo su atractiva complejidad “porque el río que buscamos nace en nosotros”. Entonces el estrabismo, definido como la incapacidad para controlar la mirada, funda cierta consciencia metafórica o la autoconsciencia, el camino de la iluminación que no es otro que el de la escritura:  ¿Qué órbitas deambulan los ojos para crear la mirada?

En Sueños de un bonzo (poemario objeto) la poeta enfrenta el riesgo de frente, se deja caer en el abismo citado en la primera propuesta: “Lo que quiero decir es perdida sonda zurcido invisible”.

Este mar de sentido se despliega como pequeñas crónicas poéticas que anuncian el arribo a un punto, un lugar de expresión del sosiego: “cuantos derrumbes tuviste que ser para llegar a este construir palabras”. De la misma manera lo telúrico se enuncia en el encuentro con la naturaleza abismante que desplaza y acoge el cuerpo desnaturalizado: “La belleza solo es un viento azul”. En Sueños de un bonzo (poemario objeto) hay un fluir constante, los afluentes circulan como sanación íntima: “un río interior fluye en esta melancolía de monstruo o niño triste”.  La dicotomía de la voz rural y femenina más la ciudad convertida en la otredad, expresan una poética de la carencia. Carencia de adaptación en un entorno hostil, en un cuerpo discrepante, mutilado en su sociabilidad, y de la ciudad la voz poética dirá: “la ciudad es un descierto más hondo y solitario que el mío”.  

El poema Viaje a los campos sinfónico (escenas de un documental futuro) es la simulación de una escena audiovisual, una fórmula que evoca el texto Lumpérica, de nuestra flamante recién galardonada premio nacional de literatura Diamela Eltit. Lumpérica es un instructivo repleto de simbolismos que simula un delirante guion. Ironías y alegorías varias en un libro que recrea la negación de la libertad, de la existencia, de la cordura en tiempos de la dictadura. Un libro en que se metaforiza el cuerpo encarcelado, obligado, poseído por otros, cuyo valor radical es ser el último reducto de la consciencia individual. Mucho de Lumpérica hay en el texto de Virginia, el que también es un tránsito, un recorrido que se lee como esquema fílmico que termina convertido en oración. El tú pronto se transforma en yo. Lo colectivo se transforma en íntimo y se hace explícita una dualidad semántica y cultural con el entorno. Se trata de una confrontación ante lo inconmensurable cuando se dirige a un Apu o elemento espiritual de las culturas andinas: “Apu. Tu estar fugaz en mi sueño entrecerrado en los desvelos”.

En algunos momentos del libro esta poesía es como un quipu, aquel nudo o lazada inca, definido como un instrumento de almacenamiento de información en cuerdas de lana o de algodón de diversos colores. Las civilizaciones andinas poseen elementos de gran poder, el quipu es un lenguaje tridimensional, cuyos códigos comunican a sus cultores y también lo logran con los espíritus, con los Apus. Aquellas divinidades conectadas con los astros, con las estaciones y con lo más íntimo del ser humano como la intuición, sus miedos, el conocimiento y aquello por descubrir. Esta mismo sucede con la poesía de Virginia Benavides.

Leí: “La casa abandonada del que te besó por primera vez, la vereda agrietada y las calles de tierra muerta en que tomas el bus de un sueño sumergido en este amanecer insomne” y también leí “hemos oído por el deseo de partir en las estaciones” y encontré poesía del lar, recordé a Jorge Tellier y recordé lo ominoso, lo aciago de Pedro Paramo y la ciudad llena de muertos.

Hospital del niño, uno de los textos inéditos que puede ser leído como un manifiesto poético, sustenta su gran valía en que representa de mejor forma, algo muy destacable de considerar en esta poética y que he dado con llamar la estética de la salud. Para ello vale en esta ocasión citar a Antonio Gramsci quien en su Tercer Libro de Cárcel nombra al sujeto subalterno como aquel oprimido por hegemonías que ordenan la sociedad para continuar posicionando el capitalismo colonial. Por tanto, aquel que pierde el control de su cuerpo, el que enferma gravemente, ve disminuida su capacidad de sobrevivencia. Entonces, se convierte en subalterno. El estado de enfermedad, de discapacidad, representa la incapacidad de elegir e interactuar, de allí que debe encontrar un camino o perecer. En el caso de la poética de Benavides la búsqueda se da desde los problemas literarios. Desde una construcción semántica, un juego retórico que se resume en la trilogía - poesía salud y lenguaje.  Esta estética de la salud se advierte en los textos del libro Exstrabismo, sobre todo. Asimismo, el poema Pabellón E del libro Hospital del niño concluye con: “Manos de mamá palpando la fiebre, poesía recién nacida, sollozo sin consuelo, naufragio interno, ah poesía”.

Zurcido invisible es un texto de gran valor porque nos permite acceder a la lectura de una poesía que trae elementos diversos, desde la teoría es un tesoro y desde el placer es un regalo. Los invito a conocerla y poner atención en ella y las sorpresas que transporta.


Paola Andrade Cantero
Magíster en literatura Latinoamericana.
Profesora Literatura Universidad de Chile


Poemas

Levedad de la nada que se torna
Canto inquieto, prisionero de la forma
Voz artrítica en la mano que deforma
Vacío óseo, poema que no adorna

Alba y silente en fronda lacerada
Despliegue dómito, condensa esperma
En añil perficie súper hada                                                              
                                                                    
Así escritura se ha arrojado
Rauda y sin causa que la afane
Estrábica en el desborde y el izamiento
Escarbando la raíz del ala inane...

(de Esxtrabismo, 2003)
  

Lo que quiero decir es pérdida sonda, zurcido invisible de un escombro de corazones en la fosa común en la voz de la muchacha azul, detenida en el umbral como costurera de un afuera imposible. Abrasivos brazos en jirón de voces. Palabras como hueras semillas que pájaros de fuego recogen para el nido de malezas que se ha vuelto ruido. Como aquel animal acercándose a oler lo que entibia y se acurruca en sí para abrigarse de ti. Ella contempla el alboroto de nubes en desvarío y se prende al fuego artificial de una espera de brillo ido.

Lo que quiero decir es un escombro, una estación de desamparados y un tren averiado, un lugar que no existe sino para la vida imaginaria de un amnésico. Cuántos dolores tuviste que curar para llegar a este pozo antiséptico y que ocurra la rendición, el arropo interminable que te calme del ataque, el tiempo detenido para renacer en incendiario y adentrarte en la herida para drenar lo infecto. Cuánta sangre sin correr para nadie, para el fantasma que se inocula en tu ojo y lo extravía en otro, cuánto grito amordazado y cuánto acalle que el miedo te dejó. Cuántos derrumbes tuviste que ser para llegar a este construir palabras como muros de contención para este rebalse de sentido.

   (de Sueños de un bonzo, 2013)


Todos los horizontes conducen a los ojos de tu madre. Lo frágil en su transparencia oculta infinitudes marinas. La dulzura en su temblor de fuente, aquel primer latido y la succión natal. Todos los caminos anuncian un retorno.

Madre alumbrándome la ruta como una cómplice con su lámpara de amor cubriéndonos la fuga. 

   (De Descierto, inédito)

VIRGINIA BENAVIDES

Nació en Lima. Estudió literatura en UNMSM. Ha publicado el poemario Exstrabismo, Sueños de un Bonzo (poemario objeto), aeiou (edición cartonera de libro giratorio).
Sus textos han participado en diversas revistas virtuales y físicas. Ha participado en diversos festivales de poesía y encuentros como lector, ponente y performer. Mantiene inédito los poemarios Descierto y Hospital del Niño.


sábado, 22 de septiembre de 2018

“LOS AÑOS TRISTES” POR MIGUEL ILDEFONSO.





“LOS AÑOS TRISTES”

Por: Miguel Ildefonso

Cuando decimos “te amo con locura” ¿acaso solo expresamos una intención de ruptura con cierto orden interno? Es verdad que el amor, también, rompe muchos esquemas sociales. Desde La Ilíada con Helena y Paris, hasta Romeo y Julieta, tenemos en la literatura muchos casos épicos de cataclismos amorosos. Sin embargo, algo sucedió cuando apareció Las penas del joven Werther en 1774; la salida ante la imposibilidad del amor trajo la agresión hacia uno mismo de un modo abisal; la eliminación consciente de uno mismo, la autoeliminación, entonces, se volvió una forma de mantener no solo el orden social, sino, también, el orden interno, mental.  Nadie ama con locura; decir “te amo con locura” solo es una frase que contiene cierta dosis de desafío, de mostrar retóricamente en quien lo dice la intensidad de sus sentimientos.

En la novela breve Los años tristes (novela no apta para suicidas) (Ediciones Altazor, 2018) de Charly Martínez (Lima, 1984), nos hallamos con una doble historia de amor, dos historias de amor inconclusas. Una es la desventura del escritor con su musa, Letea. La otra historia, aparentemente subordinada a la primera, es la no menos apasionada relación del protagonista con la literatura. Si bien, por un lado, el fracaso amoroso de Charly Molina Tapia incrementa su deterioro mental y sus intenciones suicidas; por otro, encuentra cada vez más una tabla de salvación en la literatura, la cual nunca lo abandonará, como lo fueron abandonando, aparte de Letea, su abuela, su media hermana y su madre.

La historia de Charly, protagonista de esta novela, por eso, además, es la de la resistencia de mantener la lucidez, es la lucha para que la lucidez no lo abandone, porque como ya se dijo: nadie “ama con locura”, y menos en estos tiempos en que el éxito es la meta de todos, y el éxito de hoy es encumbrarse en el orden existente o del sistema. Ya no hay cataclismos. De ahí que su amor por la literatura sea, finalmente, de fracaso también, porque se trata de un escritor que no halla un lugar en la sociedad, no consigue el éxito; es un escritor que se mueve en los márgenes de una ciudad (o un país) donde la literatura está excluida. El protagonista (podríamos decir el autor también) es un lector de los existencialistas, o de escritores y filósofos que penetraron el alma atormentada, como Kierkegaard, Dostoievski, Nietzsche, Kafka; se podría mencionar también a Robert Walser o Thomas Bernhard. Entonces, por eso, tal vez, y conociendo las reflexiones del protagonista, vemos que no encaja en esta sociedad del consumo, pues su modelo de escritor es de la época de la Gran Novela, que según algunos acabó a inicios del siglo XX, digamos que con James Joyce.

Charly Martínez ha publicado conjuntos de relatos bajo títulos como Las púas y otros cuentos, Yo maté a Arquímedes y otras historias y El infierno está lleno de memoria. Este, Los años tristes, es su ingreso en el relato de largo aliento. Su universo de Ate Vitarte, de una Lima donde linda lo marginal con la modernidad fracturada, crece con esta, al parecer, novela semiautobiográfica como la de Goethe con su novela epistolar mencionada. El Este de Lima tiene a su narrador en Charly, que hará que esta parte de la megalópolis no quede para la literatura (parafraseando la etimología de la musa de esta historia) en lete, es decir, en el olvido.


viernes, 27 de julio de 2018

miércoles, 2 de mayo de 2018

“LA MUJER QUE VENCIÓ AL DIABLO Y OTROS CUENTOS” POR HAROL GASTELÚ PALOMINO.



“LA MUJER QUE VENCIÓ AL DIABLO Y OTROS CUENTOS

DE CÉSAR ALVARADO LAVERIANO

Por: Harol Gastelú Palomino

Al leer “La mujer que venció al diablo y otros cuentos”, muchos, como yo, volverán a la casa familiar de la infancia en la que el padre, o el abuelo, o un tío mayor, durante la cena y después de ella, nos contaba historias de fantasmas, condenados, aparecidos, almas en pena, brujas y diablos a la luz de un mechero o del fogón que le daba a esas historias un aire de misterio, extraordinario y tétrico.

Estos cuentos de César Alvarado Laveriano tienen esa magia: sabes que ni el diablo ni las almas ni las brujas existen, pero están contadas con tal realismo que crees que son ciertas. Y quizás lo sean.