miércoles, 31 de marzo de 2010

CUATRO POEMAS DE JORGE ALBERTO FLORES.

El poeta Jorge Flores acompañado de una bella amiga.
Foto: Karina Varcárcel.

“CUATRO POEMAS DE JORGE ALBERTO FLORES”

Infinito

.
.
.
Infinito
Infinito las estrellas
La montaña y la sombra
El atardecer y la lluvia; el ojo
Que mira mi mirada perdida
Infinito mi vientre y el dolor que siento
Que con un signo de interrogación agujera tu cabeza
Infinito tu pecho, tu pezón y tu lunar
Tu sonrisa, y tu amor a mi nada
Infinito todo. Infinito nada
Infinito tu rostro y las palabras
Los versos en el cuaderno
Tu cuerpo apretando mi cuerpo en las escaleras
Infinito tu muslo y tu sexo
Que duerme en mi pensamiento.
Infinito Dios
Infinito Dios
Infinito Dios
.
.
.

Jf

Espada

suspiro
cuando

que
tu
penetrante mirada
corta
mis
p
e
n
s
a
m
i
e
n
t
o
s

Jf

Copa


Botella de vidrio y con copa en mano
Sirvo vino seco que estremece mi ser
Botella de vidrio cae sobre el suelo
Mastico la copa que en la mano sostengo
Mil pedazos de vidrio están en el suelo
Navegando en un pequeño lago de sangre
Crujen mis dientes masticando la copa
El vino seco se vuelve salado
Y este salado me sabe a dulce
Y este dulce me sabe a agrio
Este agrio me sabe bien
¡Qué agrio
Más
Dulce
Siente
Mi boca salada!

Jf

Sobre las alas

Sobre las alas de un ave me recuesto impotente de todo lo que me sucede. ¿Eres tú? o soy yo el idiota que no deja de pensar en el amor, y si me consigo un borrador, entonces podré borrar todo lo antes escrito, o quizá me olvido de todo lo que recuerdo, o mejor me recuerdo de todo lo que me olvido para luego volverme a olvidar, y así ya no seguir escribiendo.

Conseguir el miedo de perderte, se me hizo tan fácil, eres tan delgada que te pierdes de mi vista; huyes de mí pero eso hace que más nos juntemos. Extrañarte es un sentimiento que existe tanto cuando estás como cuando no. Me estoy yendo del pensamiento, falta poco para mi huída, me pierdo y no sé que más decir, si no escribo todo se acaba. No me mates con tu vida.

Tomé el lapicero para escribir un pensamiento más; sólo uno más, te quieres ir de mi mente y te sostengo con todas mis fuerzas, escucho esa bendita canción que bailamos abrazados en mi cuarto, y mi mano estaba dentro de tu polo, y tu mano estaba dentro de mi corazón. Si comprendieras que pienso en ti hasta en los momentos que no deseo hacerlo, que estoy celoso de los libros que lees porque a ellos le prestas más atención. Que muero por tocarte una vez más y luego escuchar la canción, intentando no hacernos daño con nuestras manos y amarnos como dos personas casadas, amantes y amigos como tú y yo sabemos hacerlo...

ACABAS DE HERIR MI PIEL CON TUS UÑAS Y YO APRIETO TU CABELLO POR EL DOLOR QUE SIENTO.

Jf

Sobre el autor:

Jorge Alberto Flores Inga (Junín – 1983) Estudia Ciencias de la Comunicación en la Universidad Tecnológica del Perú. Pertenece al Movimiento Literario “Di–versos” de Ate – Vitarte. Integró el colectivo “Heridita” y “Cadáver Exquisito”. Tiene en mente, para este año, editar su primer poemario “Siete”. No deja de ser costumbre que lo inviten a diversos eventos y/o recitales.

Tomado del blogs:
http://movimientoliterariodi-versos.blogspot.com/

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "EL DIOS ARAÑA" EN EL CLUB CHASKA.


lunes, 29 de marzo de 2010

MIGUEL ILDEFONSO: CUANDO YA NO HAYA DEFINITIVAMENTE POESÍA POR VICTORIA GUERRERO.

Dantes de Miguel Ildefonso.

LETRAS

“MIGUEL ILDEFONSO: CUANDO YA NO HAYA DEFINITIVAMENTE POESÍA”

Por: Victoria Guerrero Peirano

Miguel Ildefonso me ha invitado a presentar su décimo libro. Un texto, que según sus propias palabras, cierra un ciclo. Por lo que estamos aquí para celebrar ese final que implica el principio de otro.

Empezaré, entonces, por el principio. Los años 90 fueron años muy duros para una generación que recién empezaba a publicar. La década anterior había sido bastante convulsionada debido a la guerra interna (cuyos actores ya conocemos) y al desastre económico. Los noventa no se abrían con esperanza sino y —sobre todo— con dureza: un escenario de violencia política, la evidente realidad del autogolpe y de la política económica neoliberal. Sin embargo, me interesa rescatar el periodo que va de los años 89 al 92. Estos años fueron de gran actividad cultural. Los recitales se hacían casi a diario, y todavía había un deseo de agruparse, de manifestarse como grupo tanto en medios universitarios como en espacios paralelos a estos. Los escritores editaban sus libros de manera autogestionaria —como aun lo siguen haciendo hoy en día—. Se publicó mucho, a pesar de las pocas y pobres editoriales con las que contaba el mercado. Neón era uno de los grupos más conocidos en esta época; aquí militaba Miguel Ildefonso junto con otros poetas de distintas universidades, pero continuaba el vínculo estrecho que siempre había existido entre los estudiantes de la Universidad Católica y San Marcos. Desde ese momento hasta hoy, Miguel se ha convertido en un escritor prolífico y reconocido por la calidad de su escritura. En ese tiempo nos hemos conocido y hemos compartido los espacios, los miedos y la poesía. Solo hace unos días recordábamos a otro compañero de generación (Josemári Recalde) que cerraría con su muerte una década desencantada.

Este texto monumental que ha escrito Ildefonso condesa una intensa búsqueda por el sentido de la vida, la poesía y la belleza. Si hay algo a lo que se ha entregado Miguel —envidiable y casi obsesivamente— es a la escritura. Ahora que tengo este texto entre mis manos me parece entrever el porqué: no hay obsesión sin una búsqueda constante de la poesía y la vida en medio de un espacio convulsionado y marcado por la muerte. La pregunta es si podremos encontrar “belleza” en medio de esos restos. El poeta la persigue tenazmente aun a sabiendas y con plena conciencia de que la palabra jamás podrá alcanzar ni plasmar aquello que nos atormenta. Es obvio que la palabra no puede reemplazar a la acción, pero siempre está en pie de lucha.

La poesía así vista, así leída, entonces, se muestra como una belleza esquiva que hace las veces de guía al yo poético de Dantes. Es la Beatriz, a veces luminosa, otras oscura, de los infinitos versos que recorren este libro. Libro hecho de retazos de versos y de vida (versos juveniles del propio poeta y de otros escritores admirados por él mismo). Una escritura que empezó a fines de los años 90 y que ha terminado recientemente. Este libro tiene casi 20 años de trabajo. De allí que podamos reconocer en él otros temas y personajes del autor: al brillante Humareda o su morada, el Hotel Lima. En la primera parte del texto se descubre un diálogo entre Marilyn y el pintor —como se sabe, devoto admirador de la actriz—, que se convierte en un Arte poética, en una reflexión sobre el acto de crear. Obviamente, la belleza no es ese corsé impuesto a aquella Marilyn real sino la belleza que en ella encontró el pintor y ella, a su vez, en él. Ambos son espejo, insinúa un verso, porque en definitiva, el yo poético ha decidido “sentar a la belleza en sus rodillas e injuriarla”, como escribió hace mucho un adolescente Rimbaud, poeta cuya vida precoz ha marcado el derrotero de mucha de la poesía escrita en el Perú.

De esta manera, el yo poético, como un Dante moderno hace su propia exploración en los infiernos citadinos. Su descenso empieza en la capital de un país tercermundista. El viaje del yo-flaneur, caminante de la vieja Lima, del Rímac, de sus márgenes, hace un viaje real e introspectivo a través de sí. El claro-oscuro expresionista de algunos segmentos del libro contribuyen a dar esa sensación de opresión a esos lugares marginales por los que transitan todo tipo de personajes, desde poetas de la talla de Martín Adán hasta niños consumidores de terokal —conocidos como pirañitas—, prostitutas, vagos e incluso dios recorre estas calles desnudo, por fin, despojado de toda divinidad (o quizá divino entre los desposeídos). Entre esos ángeles nocturnos se mezcla el poeta de estos versos. En ellos y en esos espacios, en esas noches locas encuentra aquella belleza negada por una sociedad diurna y consumista, que le ha restado importancia a la palabra: “y cuando llega la fresca noche salgo de mi casa y no pienso volver solo en romperme los huesos en la caída de una garúa muy ligera como un sueño todo cuesta y es marketing pero vivo por las palabras y la ausencia de las palabras” (Skik).

“Mis huesos bañados en alcohol puro se secaban en la Plaza Francia. Purificados eran los pirañas que soplaban el cielo amarillo donde Dios, libre de su divinidad, fumaba junto a la campana un Winston rojo entre las tres y las cuatro de la tarde”. (Virgilio o el Vacío).

El texto recorre también los espacios de lo “sagrado” íntimamente ligados a nuestra historia prehispánica y al fenómeno de la migración del campo a la ciudad que se vincula en este texto con la figura del escritor José María Arguedas (o en aquel Lou Reed que aparece como figura espectral en varios de los libros de Miguel). En Dantes, José María se convierte en figura estelar de este mundo al que le ha sido impuesto vivir en la costa o echado a esta por múltiples motivos, pero que en ese camino ha podido asentarse, transformar su precariedad en prosperidad y cultura musical avasalladora: Chacalón y la Flor Pukarina son esas muestras. Mientras eso ocurre, el poeta-flaneur se sienta en medio del polvo de la Carretera Central a “esperar los poemas” (Carretera Central).

En este recorrido, no podía dejar de escribirse sobre la violencia política y moral vivida por el país en los años 80 y 90. Inevitable para aquel caminante que avanza a través de la noche y sus sombras. “yo caminaba por Lampa y solo miraba, yo entraba a un bar y tomaba dos cervezas, yo fumaba tres cigarrillos y dos mixtos, yo preguntaba ciertas cosas a una puta en Cailloma y ella respondía… yo corría para atravesar la plaza Grau y no sabía qué hora era. No tenía reloj, yo era el tiempo de mi país solo veía su sonrisa en la máscara la danza fúnebre que avanzaba por las calles… una mujer se levantaba y caminaba hacía mí… y me decía al oído: “vamos arriba” yo le decía que sí y subíamos por la escalera a una sala todavía más oscura. Una explosión nos sorprendía cuando nos besábamos. No sabíamos de dónde provenía. Otra explosión se oía. El resto no recuerdo exactamente” (Skik).

La historia personal y la Historia del país se mezclan en el tiempo del poeta-flaneur. Una identidad quebrada decide emprender el viaje de migración. La experiencia del país, de la ciudad y su agresividad ya no son suficientes. Se debe escapar o buscar otros motivos para seguir escribiendo. El primer encuentro es con el desierto como realidad y leit motiv. Coincidencias que nos traspasan: la costa del Perú es también un desierto, estéril y candente. Hay que atravesar el Imperio para llegar a la cosmopolita Nueva York, con ella, con su Barrio Chino y sus calles, con esa Oda al cemento, con el recuerdo de García Lorca se cierra un ciclo de viajes constantes, pero ¿qué pasará luego?, ¿dónde quedará la poesía?

Es verdad, una puerta se cierra, pero no sé si es la puerta de la poesía, pues el poeta ha escrito y lo he leído no con poca inquietud: “dentro de algunos años/ cuando ya definitivamente no haya poesía/ mi alma estará como esa tarde de hace 17 años/ cuando en vez de ir a estudiar/ me fui al acantilado de Miraflores/ a ver algo que a simple vista/ no había en ese mar del Pacífico/ pero esto es algo que solo a mí me interesa/ y aun muerto seguirá interesándome a mí solo” (El Ghetto de los Pintores Impresionistas).

Ese tiempo cuando “ya no haya definitivamente poesía” felizmente no es este. En este libro y en este instante y en todos los tiempos compartidos con los poetas y amigos de antes y de hoy, y con los que vendrán siempre habrá poesía, porque la poesía está más allá de cualquier aviso publicitario y mall recién inaugurado.

Victoria Guerrero Peirano

[Leído en la ciudad de los reyes, 16 de marzo de 2010]

AVISO: VENTA DE "DANTES" DE MIGUEL ILDEFONSO.



“AVISO: VENTA DE DANTES DE MIGUEL ILDEFONSO”

Todas las personas interesadas en adquirir el poemario DANTES, lo pueden comprar, a un precio muy especial, en: Av. Arenales 1151, restaurante Olla de Rosita II. (Referencia: espalda del Canal 5). De lunes a sábado de 11 a.m. a 8 p.m. Pasen la voz.

domingo, 28 de marzo de 2010

ENTREVISTA A BORIS ESPEZÚA SALMÓN.

Poeta Boris Espezúa Salmón y familia.

“ENTREVISTA A BORIS ESPEZÚA SALMÓN: PREMIO COPÉ DE ORO 2009”

Por: Fernando Chuquipiunta Machaca

Nuestra literatura se caracteriza por su heterogeneidad, solía decir Antonio Cornejo Polar -catalogado por muchos como el último crítico nacional-. El celebrado poeta puneño Boris Gilmar Espezúa Salmón con el libro “Gamaliel y el oráculo del agua”, en la XIV BIENAL de Poesía, ha ganado el primer puesto del Premio Copé Internacional 2009. Además de la edición de la obra, recibirá 20.000 nuevos soles. Una interesante muestra de poesía peruana que se aleja de los trasnochados referentes canónicos. A pocos días de la premiación, y aprovechando nuestra corta estadía en Puno, el liróforo celeste que se ha aquerenciado en la ciudad lacustre conversó con el diario Los Andes.

¿Cuál es su primer comentario?

Estar emocionado, por la sorpresa y por el significado del premio que es de gran envergadura. Te confesaré que por las temáticas que anteriormente se han otorgado en las bienales pasadas, era escéptico de poder ganarlo, pero me equivoqué y creo que es un signo óptimo de lo que viene pasando en materia de cultura en el Perú, porque siento que se está dando cabida al pluralismo, a la heterogeneidad y con reconocer a mi poemario siento que ello es lo que primó, además de la forma de decirlo en poesía.

“Gamaliel y el oráculo del agua” es el título del poemario ganador. Mucho tiempo de esfuerzo empleaste ¿Qué significa para Puno y el Perú éste texto?

Es un libro polisémico, que muestra ritos, mitos, danza, magia algo de filosofía y religiosidad andina, todo ello en base a la figura de Gamaliel Churata que en el libro es quien habla a través de un pez del Titicaca, y a través de sus propuesta cultural que es el eje vertebrador del libro, la poesía es coloquial, a veces épica y diría basado en la historia y cosmovisión altiplánica. Creo que es fruto de un esfuerzo de años, y que significará para el Perú un aporte de este lado del país que no es sino una voz de peruanidad y de identidad.

¿Cómo incide la post-modernidad en tu poesía?

Bueno, este libro es un intento de poner las plumas en remojo, de volver a los orígenes, a la búsqueda de lo natural y de mí mismo. Pretende llegar a lo más esencial del ser humano, intenta una mirada distinta del hombre, desde su ser más profundo. Es decir, es un retorno a las raíces, al sentido que tiene el ser humano en este mundo, que a la vez es parte de la naturaleza.

Y ¿Cómo te autodefines?

En constante búsqueda, en producción inmutable y tratando de descubrirme yo mismo, de encontrar claves para entender el mundo en el que vivo, a partir de la poesía.

¿Qué es la poesía?

Es una práctica trascendente en el sentido de que conecta al ser humano no solo con el entorno, sino con el mundo en que vive, con lo que está más allá del tiempo. Se trata de la expresión mayor de la palabra y la sensibilidad humana. Cada poeta expresa un mundo distinto y de la forma más extraordinaria.

¿Cuáles son los poetas que has leído?

Los clásicos, Becquer, Eluard, Neruda, Carlos Oquendo y poetas peruanos. Pero César Vallejo es el maestro que más me ha enseñado a trabajar los poemas. Es el poeta que expresa la condición humana y cuanto más pase el tiempo, crecerá su presencia.

¿Cuándo escribes?

En principio hay momentos en que debo escribir de todos modos y, también momentos en que quiero escribir y no puedo. La poesía es ante todo metáfora, ritmo, una visión del mundo. Es lenguaje más allá de la sensibilidad de cada poeta. Tengo en cuenta esas condiciones básicas. La poesía es un trabajo muy difícil.

¿Qué otras palabras nos puede brindar Boris Espezúa, en este momento de plácemes para Puno?

Agradecer a todos los que apostaron por mí y a mi familia, amigos, compañeros en la pluma poética. Decir que el premio no sólo es para Boris Espezúa sino para Puno, y para revalorar a nuestro pontífice de las letras como fue Gamaliel Churata. Gracias a Los Andes y a ti Fernando.

JAUJA: FERIA DE LIBRO.


“JAUJA: FERIA DE LIBRO”

Marx Espinoza Soriano, presidente del Gremio de Escritores, Filial Jauja, ha anunciado la realización de la I Feria del Libro, Jauja 2010. Se trata de una interacción humana y cultural de esa entidad en coordinación con la Municipalidad Provincial de Jauja.La I Feria del Libro Presencia de Jauja 2010, se realizará los días 21, 22 y 23 de abril.

En esa ocasión habrá exposiciones-venta, mesas redondas, conversatorios, conferencias, presentaciones de libros, recitales de poesía y Música, talleres de creatividad, homenajes, entre otros. Los escritores que quieran intervenir deberán dirigirse a la Municipalidad de Jauja, a fin de que sean programados con la debida anticipación.

La participación puede ser a través de alguna ponencia, comentario de libro, crítica, lectura de poesía u otra actividad. Habrá también una oportunidad para evaluar qué es lo ha sucedido en el Perú, desde que en Jauja se hizo un Congreso de Escritores, al que asistieron (en ese entonces), las plumas jóvenes del Perú. En esta vez asistirán jóvenes y adultos y así se podrá tomar “el pulso de la época literaria, el compromiso y la evasión conciente”.

27/03/2010

Fuente:
Diario “La Primera”

OSWALDO REYNOSO EN LA CASA DE LA LITERATURA PERUANA.


sábado, 27 de marzo de 2010

RESULTADOS DEL PREMIO COPÉ INTERNACIONAL 2009.


Poeta puneño: Boris Espezúa Salmón.

Narrador: Sócrates Zuzunaga Huaita.

RESULTADOS DEL PREMIO COPÉ INTERNACIONAL 2009

Petróleos del Perú – PETROPERÚ S.A. se complace en anunciar a los ganadores de la XIV Bienal de Poesía y II Bienal de Novela «Premio Copé Internacional 2009»

XIV Bienal de Poesía

Premio Copé Oro

Boris Gilmar Espezúa Salmón
Poemario: «Gamaliel y el oráculo del agua»

Premio Copé Plata

Martín Zúñiga Chávez
Poemario: «Pequeño estudio sobre la muerte»

Premio Copé Plata

Carlos Rómulo Baldwin del Castillo
Poemario: «Epitafios»

Premio Copé Bronce

Luis Eduardo García López
Poemario: «La unidad de los contrarios»

Jurado Calificador

Pedro Cateriano Delgado, PETROPERÚ S.A.
Carlos Germán Belli, Academia Peruana de la Lengua
Giovanna Pollarolo, Pontificia Universidad Católica del Perú
Arturo Corcuera Osores, Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Jaime Campodónico, Instituto Nacional de Cultura

II Bienal de Novela


Premio Copé Oro

IVÁN EDILBERTO SÓCRATES ZUZUNAGA HUAITA
Novela: «La noche y sus aullidos»

Jurado Calificador

Fernando Ampuero, PETROPERÚ S.A.
Edgardo Rivera Martínez, Academia Peruana de la Lengua
Ricardo González Vigil, Pontificia Universidad Católica del Perú
Jorge Valenzuela Garcés, Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Marcel Velázquez, Instituto Nacional de Cultura

Petróleos del Perú agradece a todos los participantes por su vocación en la creación literaria y los insta a seguir participando en la versión «Premio Copé Internacional 2010».

Premiación de los ganadores de ambos concursos:

Jueves 22 de abril de 2010. Auditorio de Petróleos del Perú. 7.30 p.m.

ZONA INEXPLORADA POR CLAUDIA SOLANS.

Lispector trabaja en estos textos una escritura fragmentaria.
Foto: Archivo.

Clarice Lispector

“ZONA INEXPLORADA”

Las crónicas reunidas en Descubrimientos, cuyo prólogo adelantamos, revelan aspectos poco conocidos de la obra literaria que concibió la escritora brasileña.

Por: Claudia Solans

Con [Descubrimientos] se completa la publicación en castellano de las crónicas que Clarice Lispector escribió cada sábado, entre el 19 de agosto de 1967 y el 29 de diciembre de 1973, para el Jornal do Brasil , lo que termina de delinear, de alguna manera, el mapa que estos textos trazan sobre la región menos explorada de su literatura. El primer volumen, Revelación de un mundo, fue publicado por Adriana Hidalgo editora en 2004 con sucesivas reimpresiones.

Textos heterogéneos, muchas veces inclasificables e inesperados, que revelan en cada línea la compleja escritura y personalidad de su autora. Complejidad que, a la hora de traducir, se convierte en un desafío y un feliz acontecimiento. Porque traducir a Clarice (y no sólo sus textos) es una aventura que bajo su aparente sencillez resulta tan sinuosa, sutil -y al mismo tiempo brutal-, tan hermética e inquietante, que hace que el esfuerzo por aprehender esa idea, ese concepto que se sabe que está ahí, sumergido, enterrado pero siempre entrevisto a través de las palabras, se convierta por momentos en un gesto vano, casi como una mano que se cerrara en el vacío.

El amor, el tiempo, la muerte, bajo dimensiones pocas veces exploradas con tanta maestría, son algunos de los temas que aparecen en estos textos que permanentemente desafían el concepto de crónica o, más bien, que las convierten en un género cuyas fronteras Clarice ha borrado por su propia escritura. Si bien en una de ellas, publicada en el volumen anterior, expresa: "No hay duda, sin embargo, de que yo valoro mucho más lo que escribo en libros que lo que escribo para diarios -esto sin, no obstante, dejar de escribir con gusto para el lector de diario y sin dejar de amarlo", resulta por lo menos sugestivo cuando sabemos que gran parte de su ficción breve pasó en esos años por la columna semanal del Jornal do Brasil . Se trata de las crónicas que en la actualidad están agrupadas bajo el título Para no olvidar y que fueron publicadas, en una edición de autor, en el año 1964 como la segunda parte de La legión extranjera. Ese texto era un volumen compuesto de dos partes, la primera de ellas contenía una serie de cuentos, en tanto que la segunda -con el subtítulo de Fondo del cajón- agrupaba las crónicas. Con posterioridad, los cuentos conservaron el título del volumen original (La legión extranjera) y las crónicas adoptaron el de Para no olvidar . Pero más allá de los avatares de publicación, lo que resulta interesante es que los cuentos y las crónicas comienzan a circular en el interior de la producción de Clarice Lispector con movimientos que en ocasiones parecen caprichosos y, a veces, premeditadamente casuales, tanto que seguir el curso de cada texto se torna por momentos una empresa en verdad fascinante.

Hasta aquí nada llamaría demasiado la atención si no fuera por el hecho de que prácticamente todos los cuentos del volumen La legión extranjera (en su edición de 1964 y exceptuando "La solución") aparecieron como crónicas en el Jornal do Brasil entre 1967 y 1973. Lo notable, asimismo, es que Felicidad clandestina, el volumen de cuentos aparecido en 1971, incluye esos mismos textos de aquella primera parte llamada La legión extranjera (exceptuando en este caso también "La solución"), pero a su vez varias crónicas de Fondo del cajón (que, como ya se señaló, fueron publicadas en su totalidad en el Jornal do Brasil).

¿A qué apunta esta digresión en cierto modo "arqueológica"? Nada más que a señalar la extraordinaria libertad genérica que reina en toda la literatura de Clarice Lispector. Y precisamente, a partir de esa inestabilidad y precariedad genérica es que sus crónicas se vuelven una especie de panóptico y permiten, de modo radial, hacer visible y echar una luz nueva sobre el resto de su obra.

Cuestionadoras del género, sus crónicas operan también como cuestionadoras del sujeto que narra. Porque la inmediata pregunta que surge es: pues entonces, ¿quién escribe, quién dice, quién cuenta? Es en este suelo de fronteras porosas y permeables donde lo doméstico, lo insignificante, incluso lo banal se vuelve tema y problema. Quizás un modo de pensarlo sería considerar la característica fragmentariedad de estos textos.

Si bien lo fragmentario por esos años y a esa altura de la historia cultural ya era un dato y, por lo tanto, predicarlo acerca de la producción de Clarice es casi inocuo, su importancia parece estar en que genera la condición de posibilidad para la constitución del sujeto que narra; esto es, Clarice. Y da la impresión de que ella sólo puede narrar precisamente lo fragmentario, lo inacabado, lo indeterminado, así como también lo banal, lo cotidiano, lo insignificante. De ahí que su talento radique en la extraordinaria capacidad de revelar, casi en cada línea (porque también hay crónicas de una sola línea), lo sublime bajo lo doméstico e inacabado y, al mismo tiempo y con la misma eficacia, dar vuelta la lente y transformar en doméstico (dócil, manso, familiar) lo sublime. Sólo así se comprende la dramática (y episódica) recreación de Pompeya en el suelo de una cocina en el que yacen decenas de cucarachas muertas a causa de un veneno casero.

Interminables son los itinerarios que pueden trazarse a través de las crónicas de Clarice Lispector: siguiendo el hilo de los temas, de ciertos personajes (como los taxistas, por ejemplo), de los objetos (ventanas, flores), de las preocupaciones literarias, metafísicas e incluso religiosas (la muerte, el alma, la presencia de Dios), y así se podría seguir. Sin embargo, como en aquella crónica del 9 de diciembre de 1967, titulada "Una cosa", en la que cuenta que esa noche ha visto una calle que nunca más va a olvidar, pero cuya descripción decide no realizar, guardándosela para sí, del mismo modo el lector resulta doblemente marcado por la escritura de Clarice: no logra describirla con palabras pero tiene la certeza de haber sido protagonista de una suerte de epifanía, una revelación.

27/03/2010

Fuente:
Diario “La Nación” Suplemento ADN Cultura.

ÚLTIMAS MARAVILLAS POR JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ.

Clarice Lispector.

“ÚLTIMAS MARAVILLAS”

Por: Jorge Fernández Díaz
Director de adnCULTURA

Cuando un escritor con cierto talento acepta el desafío de publicar textos semanales en un periódico nunca termina de comprender del todo que está produciendo, lo quiera o no, un inexorable libro por entregas. Luego, cuando un editor de buen ojo compila y articula esos textos dispersos, el autor que ha trabajado con honestidad la lengua y el pensamiento sin pensar que sus resultados pueden tener algún tipo de ilación ni que sobrevivirán al interés de esa misma semana, se da cuenta de repente de que sus crónicas pueden ser leídas para siempre como cuentos o capítulos de una novela, y sus artículos como eslabones de un ensayo perenne. Al revés de los periodistas puros y duros, los escritores llevan los trucos de la narrativa literaria al terreno del periodismo y, por un extraño proceso, el paso del tiempo termina por convertir esas notas en simple literatura. Puede suceder también que un escritor no aprenda nunca el oficio periodístico, y que sus artículos resulten tan insípidos y pasajeros como una convencional nota escrita con la técnica de la pirámide invertida. Así como la literatura no es para cualquiera, el buen articulismo tampoco lo es.

Confieso mi adicción por esos libros que recogen los capítulos invertebrados de grandes y pequeños escritores que supieron hacer bien su trabajo periodístico. Son libros que no suelen conseguir grandes ventas ni buenas críticas. Pero yo recorro sus páginas con el alma alegre y les hinco los colmillos sin seguir un orden y con la felicidad de saber que están llenos de sorpresas.

Volví a sentir esa maravillosa sensación al leer las pequeñas piezas que conforman Descubrimientos, el libro que reúne las últimos artículos y relatos que la gran Clarice Lispector escribió, entre 1967 y 1973, en las páginas sabatinas del Jornal do Brasil . Se trata del volumen que sigue a Revelación de un mundo.

Lispector se caracterizó por hacer en ese espacio que le brindó el diario un trabajo sutil y transgresor, puso en cuestión los límites de la crónica, del aguafuerte, de la opinión y hasta de la verosimilitud, fue y vino de la ficción a la realidad y todo lo hizo con la maestría literaria de sus novelas, a pesar de que ella misma subestimaba ese trabajo, lo colocaba por debajo del nivel que tenían sus "obras mayores".

Ocurre con Lispector, sin embargo, algo parecido a lo que sucedía con Roberto Arlt. Es que muchas veces esos artículos prefiguran, completan o contradicen una obra. Las Aguafuertes porteñas de Arlt hacen todo eso junto en contraposición con Los siete locos y Los lanzallamas. La literatura de prensa no puede ser leída sino en íntima conexión con la literatura de libro.

Lispector nació en Ucrania y murió en Río de Janeiro en 1977. Es una de las más importantes narradoras latinoamericanas del siglo XX. Desde sus cuentos de Cerca del corazón salvaje hasta sus novela La pasión según GH , considerada su obra maestra, Clarice desplegó sutileza y hondura libro tras libro, rompió todas las convenciones literarias y logró ser psicológica mientras desconfiaba de la psicología, filosófica rechazando las jergas de las filosofía y vanguardista oponiéndose al falso vanguardismo, siempre "lleno de modismos, frío, calculador, poco humano".

Reproducimos en esta edición algunas de las últimas maravillas que alguna vez se publicaron en un periódico y que hoy pueden leerse en un libro. Para Lispector escribir, tanto en uno como en otro soporte, siempre fue difícil: "Es duro como partir rocas. Pero saltan chispas y astillas como aceros pulidos -decía-. Escribo muy simple y muy desnudo. Por eso hiere".

jdiaz@lanacion.com.ar

27/03/2010

Fuente:
Diario “La Nación” Suplemento ADN Cultura.

PAISAJES FAMILIARES POR SANDRO BARELLA.

Poeta: Carolina Esses.

Crítica de libros

“PAISAJES FAMILIARES”

Por: Sandro Barrella

Hay en Temporada de invierno, de Carolina Esses (Buenos Aires, 1974), un sentido de la fugacidad que gravita sobre cada uno de los poemas, un centro inestable que irradia desde la voz que dicta los versos, la huella de un universo precario. El viaje, las vacaciones, la circunstancia de que todo ocurra en casas, caminos y paisajes que aparentan ser de puro tránsito refuerzan el fondo vacilante sobre el que se recortan los poemas. El primero, por ejemplo, demarca un espacio que habrá de tener su continuidad a lo largo del libro, una figura compuesta por las relaciones entre el paisaje y las personas que lo habitan; la intimidad entendida como el punto donde se cruzan el mundo natural o el mundo de las cosas con las vidas de los individuos: "La montaña cabía en la palma/ de la mano. Sólo hubo que ponerle un nombre./ Cada uno debería seguir en ella su ambición/ su naturaleza, corrigió mi padre./ él, que nunca ha visto la nieve/ camina delante de mí".

De un padre a una madre, a la hermana o la amiga, a un presumible caballero que parece destinado a convertirse en "pareja", todos y cada uno son personajes de un drama sin representación, como si la autora detuviera el movimiento justamente allí donde las estaciones repiten su ciclo con obstinada, ciega indiferencia, esa fuerza que sólo puede ser quebrada por la acción de la escritura: "Escribir es un ejercicio del presente". Es ahí entonces, desde el presente, que la duración se hace posible. De amplias resonancias visuales, cada poema de Temporada de invierno -libro finalista del concurso Olga Orozco con un jurado compuesto por Juan Gelman, Gonzalo Rojas, Jorge Boccanera y Antonio Gamoneda- concentra una imagen que luego se dispersa, o mejor dicho se desdobla, persigue un eco o se repliega, en riguroso equilibro con la materia sonora que forma cada verso: "No soy hábil para medir distancias/ pero sé que entre dos piedras/ colocadas una al lado de la otra/ se abre el mismo vacío que entre dos acantilados".

© LA NACION

27/03/2010

Fuente:
Diario “La Nación” Suplemento ADN Cultura.

viernes, 26 de marzo de 2010

PALABRA DE EDUARDO RADA.


“PALABRA DE EDUARDO RADA”

La UNESCO ha distinguido con la Medalla Conmemorativa del 60º Aniversario de su Fundación, al espacio cultural Poesía en el Parque, dirigido por Eduardo Rada. Al haber cumplido 14 años de actividad, su importancia es nítida en la vida cultural citadina.

Es por esa razón que la Municipalidad de Miraflores y los miembros de la Asociación Cultural Poesía en el Parque (ACPEEP), organizaron una ceremonia de conmemoración en el Anfiteatro Chabuca Granda del Parque Kennedy.

En efecto, hace 14 años, el poeta y promotor cultural Eduardo Rada, tuvo la idea de crear un espacio para que la poesía se difundiera masivamente en distintos medios y formas de comunicación, por ejemplo en el parque Central de Miraflores.

Han pasado 700 semanas de lecturas de poesía de todos los viernes sin que nada haya interrumpido este proceso creativo de gestión del talento, tanto en nuestro medio como en el exterior. Eduardo Rada se graduó en la Universidad de Nueva York como Master en Humanidades, Psicología y Literatura.

26/03/2010

Fuente:
Diario “La Primera”.

LECTURA DE POESÍA EN EL BAR YACANA.

Poeta: Ana Montrosis.

Viernes 26 de marzo a las 8 p.m.

Jirón de la Unión 892 / segundo piso (Lima centro)

Recital poético:

- Patricia Colchado
- Diego Lazarte
- Gino Roldán
- Anahí Vásquez de Velasco
- Wilver Moreno Tineo
- Miguel Coletti
- Ana Montrosis (Chile)

INGRESO LIBRE

jueves, 25 de marzo de 2010

VIERNES 26: UNA NOCHE HISTÓRICA DE POESÍA PERUANA.

Lugar de encuentro (EE.UU).

Poeta: Miguel Ildefonso.

"Una noche histórica de poesía peruana con Carlos Germán Belli, Evgueni Bezzubikoff, Miguel Ildefonso, Rocío Uchofen y Mariela Dreyfus”.

McNALLY JACKSON

Viernes, 26 de marzo / 7: 00 P.M.

Moderado por Javier Molea

Carlos Germán Belli (Lima, Perú, 15 de septiembre de 1927), representante de la llamada Generación del 50, es reconocido por su estilo único y casi preciso de expresar temas contemporáneos en términos de expresiones clásicas. Recientemente fue galardonado con el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2006, otorgado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile debido a su destacada labor poética. En 2009 ganó el Premio Casa de las Américas de Poesía José Lezama Lima por El alternado paso de los hados.

Miguel Ildefonso, (Lima, 1970), estudió Literatura en la Universidad Católica del Perú e hizo una Maestría en Creative Writing en la Universidad de El Paso, Texas. Autor de Los Desmoronamientos Sinfónicos.

Evgueni Bezzubikoff Díaz, (Huancayo, 1978). Obtiene la Licenciatura de Educación, IPNM, en el año 2000. Primer Premio de Poesía "Libertad Bajo Palabra". Autor de Cartas de Nueva York.

Rocío Uchofen (Lima, 1972). Estudió lingüística y literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Actualmente radica en Nueva York, desde donde dirige el sitio Híbrido Literario y un taller virtual dedicado al cuento corto. Autora de Liturgias clandestinas y Odalia y otros sin esquina.

Mariela Dreyfus es autora de los poemarios Memorias de Electra (1984), Placer fantasma (1993), Ónix (2001), Pez (2005) y Morir es un arte (2010). Es co-editora del volumen crítico Nadie sabe mis cosas. Reflexiones en torno a la poesía de Blanca Varela (2007), y ha publicado también el estudio Soberanía y transgresión: César Moro (2008). Actualmente es consejera académica de la Maestría de Escritura Creativa en Español de New York University, donde enseña cursos de poesía y traducción.

EL LIBRO PERDIDO DE VERÁSTEGUI.


Literatura. Encuentran el ensayo El saber de las rosas entre ropavejeros de La Victoria.

“El LIBRO PERDIDO DE VERÁSTEGUI”

Manuscrito lo compró de casualidad el poeta Ángel Izquierdo Duclos. Voluminosa obra será devuelta al autor en el Bar Zela y se busca editor.

Por: Ernesto Carlín Gereda
ecarlin@editoraperu.com.pe

Hace algo más de una década, un nuevo libro de Enrique Verástegui estaba a punto de ser entregado a la imprenta. Pero por azares del destino, se perdió antes de ser publicado. Se trataba de El saber de las rosas, un extenso ensayo, del que mucho se hablaba pero del que no se tenían noticias ciertas, hasta este año en que el manuscrito fue hallado.

Correspondió a un poeta, Ángel Izquierdo Duclos, la suerte de hallar el original entre los vendedores de libros y revistas de segunda mano de La Victoria. Estas hojas mecanografiadas, por las que un coleccionista podría pagar una buena suma de dólares, fueron adquiridas por su ocasional descubridor dentro de un lote de gastadas publicaciones que le costó sólo treinta soles.

En declaraciones que da al blog La fortaleza de la soledad de Gabriel Ruiz Ortega, refiere Ángel Izquierdo que al comprar ese material su interés era una antigua edición Periolibros de Hora Zero. Grande fue su sorpresa al encontrar, entre lo que creía desechable, la obra perdida de Enrique Verástegui.

Travesía de un libro

Verástegui ya confirmó que esos papeles son su manuscrito. El autor, consultado por este diario, indicó que ahora anda a la caza de un editor. Describió su obra como un libro sobre filosofía perenne con el punto de vista del siglo XXI. Pronosticó que le será difícil encontrar quien se anime a publicarlo, pues más salida tienen las novelas. "A pesar de ser el ensayo un género literario mayor", agregó.

El editor de la frustrada primera edición de El saber de las rosas, Paolo de Lima, recuerda que el libro estaba listo para unas pocas correcciones de tipeo. Sin embargo, al parecer en una mudanza en 1998, se extravió junto con otras pertenencias de de Lima. De allí ha surgido más de una leyenda urbana sobre el paradero del libro.

El camino que siguió este manuscrito hasta llegar a La Victoria continúa siendo un misterio. Lo cierto es que este jueves, dentro de una velada dedicada a la poesía, será devuelto a su autor en el Bar Zela del Cercado de Lima.

Dato

500 páginas aproximadamente tendría El saber de las rosas de ser publicado.

24/03/2010

Fuente:
Diario “El Peruano”

MAYNOR DE EXPORTACIÓN.

Freire dice que nadie es profeta en su tierra.

“MAYNOR DE EXPORTACIÓN”

Entrevista a Maynor Freire sobre el grado obtenido por María Teresa Peirano en la Universidad de Génova (Italia), con una tesis sobre una novela suya: Par de Sátrapas.

- ¿Cómo es que han dedicado dos tesis a tu obra en Italia?

- Todo viene a partir del profesor Luis Dapelo, catedrático de la Università degli studi di Génova, quien asesoró ambas tesis. María Teresa Peirano ha trabajado un par de años en elaborar la suya. En la introducción explica: “La obra que traduje habla de política… Con este libro se descubre otro rostro del Perú que la mayoría de gente desconoce y que probablemente no quisiera conocer. Un rostro manchado con sangre de inocentes y lleno de lágrimas de madres, padres, hijos y hermanos que perdieron algún ser querido por la corrupción de un político que eligieron sin saber lo que les iba a pasar”.

- Entonces, se trata de un serio estudio sobre tu novela.

- La tesista habla sobre mi obra en general, hace un análisis sobre la novela (La novela y el texto literario – La Historia, El Narrador y el Relato – El Título – La Trama, el Tiempo y el espacio) con bastante hondura, y luego se adentra en los problemas léxicos y culturales en cuanto a la traducción hecha. Enfoca antes una breve historia de la novela hispanoamericana en el siglo XX, una breve historia de la novela peruana en el siglo XX, la novela política en el Perú y un trabajo acerca de mi obra en general.

- ¿Y por qué aquí en nuestro país no se ha hecho un trabajo crítico sobre esa tu última novela?

- Ambos sabemos la respuesta. Gracias a ti, por ejemplo, hemos podido recuperar a Carlos Oquendo de Amat y Alberto Mostajo, por ejemplo. Roland Forgues envió una crítica desde Francia sobre Par de Sátrapas en un diario local, que nunca la publicó. Solo LA PRIMERA, La República y El Peruano se ocuparon de la obra que ya se va por su tercera edición por la Editorial San Marcos. Esa es la cruda realidad: nadie es profeta en su tierra.

- ¿Y tu libro Puro cuento? ¿Ha tenido un tratamiento igual?

- Fíjate como son las noticias que vienen de afuera. Es un libro de narraciones cortas pero vitales. En el 2005, Cecilia Comastri se doctoró en la misma Universidad con la nota óptima presentando una tesis sobre ese texto.

25/03/2010

Fuente:
Diario “La Primera”

HOY EN EL "KJCC POETRY SERIES": LECTURA DE DOS POETAS PERUANOS.

Poeta: Mariela Dreyfus.

Poeta: Carlos Germán Belli.

“KJCC POETRY SERIES”

Curated by Lila Zemborain SPRING 2010

Jueves, 25 de Marzo / 7:00 p.m.

Invita a la lectura de dos poetas peruanos:

Carlos Germán Belli y Mariela Dreyfus

Presenta: Miguel Ildefonso

Mariela Dreyfus (Lima, 1960) es autora de los poemarios Memorias de Electra (1984), Placer fantasma (Premio de Poesía Asociación Peruano-Japonesa, 1993), Ónix (2001), Pez (2005) y Morir es un arte (2010). Es co-editora del volumen crítico Nadie sabe mis cosas. Reflexiones en torno a la poesía de Blanca Varela (2007) y ha publicado también el estudio Soberanía y transgresión: César Moro (2008). Actualmente es profesora en la Maestría de Escritura Creativa en Español de New York University.

Carlos Germán Belli (Lima, 1927) fue dos veces becado por la Fundación Guggenheim, participó un par de ocasiones en el Programa Internacional de Escritores de Iowa University. En el 2006 obtuvo el Premio Iberoamericano Pablo Neruda, en tanto que su poemario El alternado paso de los hados (Valencia, 2006) fue distinguido con el Premio Lezama Lima. Entre sus últimos libros, cabe señalar la antología bilingüe Poemas escogidos. Selected Poems (1958-2006) (Lima, 2008) y su poesía completa en Los versos juntos 1946-2008 (Sevilla, 2008). (Lectura en español).

VIERNES 26: PRESENTACIÓN DEL POEMARIO "BAJO CERO".


VIERNES LITERARIO

INVITACIÓN

PRESENTACIÓN DEL POEMARIO "BAJO CERO" DE ZOILA CAPRISTÁN.

PRESENTAN:

- HÉCTOR ÑAUPARI
- RICHARD VARELA
- JUAN BENAVENTE

RECITAL ESPECIAL DEL VATE Y DECLAMADOR:

- AQUILES MONCADA.

MÚSICA:

- PEDRO SALAZAR

DÍA: 26 DE MARZO DE 2010

HORA: 7: 00 P.M.

LUGAR: CASA MUSEO MARIÁTEGUI
JR. WASHINGTON 1946, LIMA – PERÚ

INGRESO LIBRE

miércoles, 24 de marzo de 2010

"ORANGE ODE" POR JOHNNY BARBIERI.


“ORANGE ODE DE RAÚL HERAUD”

Por: Johnny Barbieri

Un buen libro que se aprecie de un corpus como totalidad está engranado felizmente en todos sus aspectos: el plano de la significación, el plano del lenguaje, el plano de la estructura. Orange Ode (2009) de Raúl Heraud logra concretar esto de la manera más sutil. Así una primera lectura a este poemario nos evidencia una disposición de las partes a manera de un arte escénico (primer acto, segundo acto, tercer acto, intermezzo, acto final). Existe una alegoría a la acción teatral evidente. Pero el gran teatro del mundo aquí es la vida misma, la condición humana que desde un primer momento se presenta contradictoria.

Si bien por un lado la estructura del libro se nos muestra como una gran representación teatral, el poeta ha tratado de ir un poco más allá, hay un entramado de acciones que se engranan en una acción mayor que tiene por tema el ser mismo en toda su naturaleza humana, en su razón y su sinrazón, en su conciencia y su estado psíquico subconsciente. A esto se suma el uso del lenguaje como acción, del lenguaje que crea, en todo momento, una tensión dramática en los lectores.

Heraud parece que a lo largo de los actos (con que está compuesto el libro) plantea una deconstrucción del ser, deconstrucción que alcanza el yo más profundo, el inconsciente que se muestra en toda su complejidad. Existe una voz que en ciertos momentos es locutor personaje y en otros momentos no lo es. Pareciera que el autor se adhiere a su alocutario, confundiéndose por momentos, así vemos textos alternados a lo largo de los capítulos planteados: “Tú creíste que el mundo era sólo vértigo anquilosado en la piel / música líquida / pabellón psiquiátrico donde todavía destruyen las / enredaderas / de tu mente / el grito desgarrado de tu carne”. En otro momento lo vemos como locutor personaje, “No hablo con nadie / huyo el resto del día / de los fantasmas y el alcohol, / ya no fumo el alquitrán / que retuerce mis sueños, / de vez en cuando leo a / Maiakovski / y me seduce la idea del suicidio”.

Por otro lado en cuanto al tema una idea matriz recorre todo el libro desde la primera escena hasta la escena final. Si bien es palpable una referencia a los interiores de la existencia humana, que se presenta muy compleja, hay una intención por perturbar a los lectores con un lenguaje de la crueldad casi al modo de Antonín Artaud. Hay una razón perturbada, una sinrazón que pretende llegar a sus extremos, un alocutario que busca a Dios en la basura, se deshumaniza, se autodestruye, el mundo le deprime, la vida no le da ningún sentido. Pareciera que existe la intención de descender hasta tocar lo más ínfimo y repugnante del ser humano, una especie de alegoría a Heráclito que tuvo que enterrarse hasta el cuello en el estiércol para curarse de la hidropesía. El hombre tuvo que descender hasta lo más profundo de su ser para que se le pueda conocer mejor, para saber lo complejo de su subconsciente. De aquí la deconstrucción que hablábamos. La locura, la fármaco dependencia, el alcoholismo, la hebefrenia, son sólo los refugios de un alma que se siente nihilista frente al mundo y que son reprimidos en la cama de un hospital, en los pasillos de un pabellón psiquiátrico, con terapias de psicoanálisis, choques eléctricos, inyecciones de insulina, etc. Este es el teatro de la vida, el gran caos de nuestra esencia humana. No sólo está Artaud fundiéndose en espectáculos extraños y perturbadores, sino, parece estar, también Naomi Ginsberg con una lobotomía, entrando y saliendo de sanatorios, y muriendo finalmente sumergida en su locura ( Kaddish ).

“Toda deshumanización / toda representación burlesca y alegórica de ti mismo / es sólo parte / de tu contradictoria naturaleza humana”. Así nos dice Heraud en el tercer acto. La esencia de la existencia humana es justamente esa contradicción de anteponer a la razón, lo complejo de nuestra inconsciencia. El entramado de acciones de nuestra propia vida donde muchas veces somos sólo personajes burlescos de nosotros mismos, de nuestro yo más profundo.

Visto este poemario como un libro total, como un corpus engranado en su estructura, su contenido temático y su lenguaje, Raúl Heraud ha logrado con aquella sutileza del poeta que conocimos en poemarios como Hecho de Barro o el Arte de la Destrucción, acercarnos a una poesía contemporánea que no se limite con ser sólo un poemario de tránsito, sino un poemario de concreción de una de las más bellas etapas de la literatura peruana: La etapa de la nueva vanguardia.

Tomado de:
http://letras.s5.com/

PLENITUD DE CARLOS CALDERÓN FAJARDO.

Escritor Carlos Calderón Fajardo dice que no escribe para los críticos.

“PLENITUD DE CARLOS CALDERÓN FAJARDO”

Entrevista a Carlos Calderón Fajardo (Juliaca 1946), quien acaba de publicar Playas, un maravilloso libro de cuentos.

- ¿A qué se debe que el mar irrumpa en tu narrativa?

- En la literatura peruana es imposible evitar la geografía, la naturaleza, porque es muy importante en nuestro imaginario, incluso en nuestras creencias más profundas. Como permanecer indiferente a los Andes, en nuestra tierra, al lago Titicaca. En la costa es el mar y el desierto y esa forma de apropiación de la naturaleza, que al mismo tiempo se apropia de nuestra felicidad son las playas. Las playas, son en las grandes ciudades, la última posibilidad que nos queda de mantener un vínculo con la naturaleza. Allí volvemos a caminar semidesnudos y sin zapatos. Yo he escrito sobre playas porque crecí al borde del mar, me son espacios íntimos casi todas la playas, cada una es distinta y una experiencia diferente. Cada playa tiene su propia identidad: son micro-cosmos.

- ¿Cuándo escribes un cuento y cuándo una novela?

- El mar, curiosamente, es el gran ausente en nuestra narrativa. Existen 7 tomos de la Historia Marítima del Perú y no existen novelas de aventuras en el mar. El mar casi no aparece en nuestra narrativa. Tenemos miles de kilómetros de costas pero los cuentos sobre playas, o sobre el mar, son escasos. Mar afuera de Ribeyro, Con Jimmy en Paracas de Bryce, algunos relatos de escritores chimbotanos como Colchado o Braulio Muñoz, Julio Ortega.

- ¿Playas, es la madurez de tu ejercicio literario?

- Es posible que represente mi madurez como cuentista.

- ¿Por qué te refieres a varios escritores?

- La literatura es un diálogo con la vida, pero siempre es un diálogo con otros escritores. Uno no escribe solo, escribe conversando con muchos escritores, generalmente con aquellos que tienen influencia en lo que escribimos. Hay una sintonía de sensibilidad que hace que estos escritores hayan elegido los mismos temas que nosotros. La literatura se alimenta de vida y de literatura; son como las proteínas y las vitaminas.

- ¿Qué es lo que aún no ha observado la crítica?

- La crítica no me ha leído. Creo que los críticos, por alguna razón que no comprendo bien, han decidido no leerme o derrepente callan porque consideran que lo que escribo no es suficiente bueno. Felizmente, yo no escribo para los críticos.

24/03/2010

Fuente:
Diario “La Primera”

martes, 23 de marzo de 2010

MIÉRCOLES 24: PRESENTACIÓN DEL LIBRO "EN EL PAÍS DE GARGANTÚA".


GREMIO DE ESCRITORES DEL PERÚ

INVITACIÓN

Presentación del libro “En el país de Gargantúa” de Niko Velita

Presentan:

• Fernando Carrasco
• Javier Gárvich

Recital poético:

• Domingo de Ramos
• Juan José Soto
• Vanesa Martínez
• Paul Guillén
• Salomón Valderrama

Coordina: William Gonzáles P.
.
Brindis - Música- Libros

Día: Miércoles 24 de marzo 2010

Hora: 7:00 p.m.

Lugar: Club departamental Puno
(Jr. Cervantes 137, Alt. Cuadra 2 Av. Brasil -Lima)

INGRESO LIBRE

lunes, 22 de marzo de 2010

CONVOCATORIA: "LIBRO DE POESÍA BREVE".


HIPOCAMPO EDITORES invita a todos los poetas a participar en la Colección Hipocampo de Oro: “10 POETAS PARA EL 2010”.

FINALIDAD:

Publicar 10 libros de poesía de autores peruanos (sin distinción de raza, religión, edad o género) que se editarán este año como parte de la Colección Hipocampo de Oro: “Diez Poetas para el 2010” por el décimoquinto aniversario del sello.

BASES:

1. Libro inédito escrito en castellano. Si el libro está en otra lengua —que se hable en nuestro territorio— deberán enviar también la traducción al castellano.

2. La extensión máxima es de 40 poemas (aprox.) no mayores de 20 versos cada uno, escritos a doble espacio en tipo 12.

3. El libro no debe estar participando en concurso alguno ni tampoco haber sido publicado en versión digital u otro medio.

4. La fecha límite de envío de los libros es el 30 de junio del 2010. Éstos se tienen que enviar a: editor@hipocampoeditores.com con copia a teogu@yahoo.com, y consignar un número telefónico fijo.

5. Los costos de la publicación, el diseño y otros detalles los asume la editorial.

6. Todos los libros están sujetos a evaluación de un Jurado de reconocido prestigio.

7. Los aspectos legales sobre los derechos de Autor solo se tratarán con quienes resulten elegidos.

8. Los libros seleccionados serán presentados en el mes de noviembre del 2010.

9. Cualquier otro punto no considerado aquí será resuelto por el Jurado.

10. El fallo es inapelable.

Lima, 12 de marzo de 2010

*Tomado del blog Hipocampo Editores.

domingo, 21 de marzo de 2010

“DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA EN EL CIRCUITO MÁGICO DEL AGUA”.


“DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA EN EL CIRCUITO MÁGICO DEL AGUA”

Señores:

Solicitamos su apoyo en la difusión del evento a realizarse este domingo 21 de marzo en el Circuito Mágico del Agua del Parque de la Reserva, en que se celebra el Día Mundial de la Poesía, con una maratón poética y la realización del Poema mas grande del Perú “100 metros de poemas”.

Gracias.

21 DE MARZO: “DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA”.

Circuito Mágico del Agua, Parque de la Reserva.

“DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA”

Poetas, cantantes, danzantes y público asistente serán protagonistas del espectáculo por el Día mundial de la Poesía y el Agua, en el Circuito Mágico del Agua, Parque de la Reserva. Es el complejo de fuentes más grande del mundo en un parque público. El Día Mundial de la Poesía es tributo a la palabra poética propuesto en el 2001 por la UNESCO, se celebra cada 21 de marzo para consagrar la palabra esencial y reflexión sobre nuestro tiempo. El evento se realiza en París, Ámsterdam, Berlín y Bogotá. En Europa se llama Primavera de los Poetas, en Colombia la Común Presencia de los Poetas. El público participará elaborando el poema más grande del mundo, los poetas firmarán en la Exposición: Del Autor al lector. Se han inscrito 120 poetas entre ellos Winston Orrillo, José Luis Ayala y Rosina Valcárcel, como una veintena de números musicales que se escucharán en el grandioso espectáculo. La cita de honor es el domingo 21, desde la 4:00 p. m. hasta las 11:00 p.m. (Altura de Radio Nacional).

19/03/2010

Fuente:
Diario “La Primera”.

sábado, 20 de marzo de 2010

"EL IRRESISTIBLE EGO DE LOS ESCRITORES".


“EL IRRESISTIBLE EGO DE LOS ESCRITORES”

Anticipo de Egos revueltos, memorias literarias de Juan Cruz Ruiz, un editor y periodista español que trató con las grandes plumas y las retrata en anécdotas, secretos y rabietas.

Por: Héctor M. Guyot
De la Redacción de LA NACION

Conoció a Camilo José Cela en marzo de 1972, cuando él era un periodista de poco más de veinte años y el autor de La familia de Pascual Duarte gravitaba como una figura de peso de la literatura española. El novel cronista acudió al aeropuerto de Tenerife junto con dos intelectuales de la isla a recibir al visitante ilustre, cuya presencia imponía un temor reverencial: "Tenía esa quijada poderosa de caballo manso, y la frente protuberante (como su barriga) avanzaba con la seguridad de un paquidermo que fuera el jefe de los de su especie". Era dueño de una voz bronca y fuerte. Pero de pronto, tras los saludos, se sintió desvalido y pidió un asiento. "Estoy jodido", dijo. Ya en el hotel, el médico diagnosticó fiebre y ordenó guardar cama. Suspendida la cena de bienvenida y amenazada la conferencia del día siguiente, acompañaron a Cela hasta su habitación y allí, como un niño, el escritor confesó que no podía estar solo. Los dos intelectuales miraron al joven periodista y uno de ellos dijo: "Juanito". De modo que Juan Cruz Ruiz cargó con la misión de acunar al novelista, que apenas ganó la posición horizontal ordenó: "Habla, no dejes de hablar, necesito que me hablen para poder dormir".

Después de rescatar su infancia, su juventud y su encuentro con el mundo en libros como Retrato de un hombre desnudo, Ojalá octubre y Muchas veces me pediste que te contara esos años, Juan Cruz propone ahora una memoria personal de la vida literaria en Egos revueltos, volumen que se alzó con el XXII Premio Comillas de la editorial Tusquets y que el mes que viene se distribuye en el país. Allí el escritor canario desanda el camino espiralado de sus recuerdos en una narración que desatiende la cronología para abandonarse a los flujos y reflujos de una memoria prodigiosa. Pero para recordar primero hay que haber vivido, y en su triple condición de periodista, escritor y editor (trabaja en el diario El País de Madrid desde su fundación en 1976 y fue director de la editorial Alfaguara entre 1992 y 1998), Juan Cruz parece el hombre indicado para fraguar este backstage literario que ofrece perfiles íntimos y reveladores de muchos de los grandes autores del último medio siglo. Testigo perfecto, siempre estaba ahí donde debía para contarlo luego. Por eso el libro es también, y sobre todo, el retrato de una devoción: la suya, que lo empujó desde muy joven al mundo de la escritura y los escritores, en el que supo ver, en medio de sus miserias y grandezas, con ojos compasivos pero nunca ingenuos, una danza de egos de todos los tamaños y colores.

Aquel ego en reposo del hombre que el periodista dejó dormido en el hotel Mencey de Tenerife, por ejemplo, iba camino a convertirse, a medida que se acercaba el Premio Nobel y crecía la fama, en el ego más "denso" de los que Juan Cruz habría de conocer jamás. Quince años después se dieron cita en un lujoso restaurante. Vestido con corbata y camisa roja a rayas, con "la altivez de un hombre que se sabe especialmente poderoso", Cela escuchó frente a unos mariscos una proposición del periodista, que entonces ya trabajaba en El País : el diario quería que el narrador viajara por las Cinco Villas de Aragón y lo contara en una serie que iba a ser publicada durante el verano. Algo habitual, invitar a los literatos a escribir en el periódico. Cela, sin embargo, planteó condiciones propias de un divo del canto lírico o de una estrella de rock, que pasó a enumerar sin demora: quería disponer de un auto Testarrosa, y las camas de los hoteles debían tener determinadas dimensiones; exigió, de paso, un trabajo en la Cadena Ser para Marina Castaño, entonces su ayudante y luego su esposa, que a la sazón estaba allí, compartiendo el almuerzo. No hubo crónicas, claro.

En el retrato que hace de Cela, Juan Cruz señala que el escritor podía ser generoso. "Ayudó siempre, hasta el final. Ayudó a Francisco Umbral a ganar el premio Cervantes; ayudó a José García Nieto a ganar el mismo premio; ayudó a gente a entrar en la Academia; y ayudó a que otra gente no entrara. Era, en ese sentido, como un campesino con poder, animado siempre a ofrecer a sus vecinos, y a sus fieles, el apoyo que le permitían sus contactos y sus influencias. Y estaba dispuesto, también, a pedir la destitución de aquellos que no le rindieran la pleitesía a la que su larga historia le hacía acreedor... Don Camilo era como una poderosa industria."

El Nobel que llegó por mar

Hubo otro futuro Nobel que llegó a Tenerife ante la mirada deslumbrada del joven Juan Cruz. Fue en 1970, y éste no vino por aire sino por mar, como corresponde a alguien que, al avistar desde la costa un tablón mecido por el oleaje, quizá resto de un naufragio, le dijo a su mujer: "Matilde, el océano le trae la mesa al poeta. Ve por ella". Era Pablo Neruda, que regresaba de Cannes a Chile para apoyar la campaña que llevaría a Salvador Allende al poder. Cuando un grupo de notables, entre los que estaba el joven periodista del diario local con su anotador en mano, lo invitó a bajar al puerto de la isla, Neruda se negó. ¿Acaso en España no gobernaba aún Franco, un dictador contra el cual él había luchado? Alguien le recordó que había bajado ya en Barcelona, para pasear por la ciudad junto con su amigo Gabriel García Márquez. Hubo un silencio, que otro aprovechó para decirle que abajo lo esperaban artistas republicanos. El poeta lo pensó. De pronto, le preguntó a Matilde Urrutia: "¿Tú crees que acá abajo habrá arepas?". Sólo la irrupción de ese antojo hizo que el vate descendiera por la escalerilla del Cristoforo Colombo del brazo de su mujer. Escoltado por la comitiva, se dirigió con su "sonrisa de perro tranquilo" hacia el bar Atlántico, donde comió sus arepas rodeado de escritores locales que siguieron solícitos el recitado de sus propios poemas, a los que Neruda ("acaso uno de los egos más grandiosos que dio la historia de la literatura que uno ha podido tocar") volvía cada vez que dejaba de ser el centro de atención. El episodio remite a aquella anécdota que tiene como protagonista a un celebrado escritor argentino: una noche en que compartía una cena con otros diez comensales, su esposa pasó bajo la mesa un papelito urgente donde había anotado: "Hace rato que no hablan de él y se está deprimiendo".

Entre los escritores, la comida y la bebida son cosa seria. Cuando Juan Cruz era ya editor, muchos años después, le tocó compartir un almuerzo en Isla Negra con Marcela Serrano, Arturo Pérez-Reverte y Carlos Ossa, un editor chileno. En busca de pescado fresco, habían dado con el único restaurante decente del lugar. Venían de visitar la casa de Neruda, donde habían visto aquel tablón legendario y los mascarones de proa que el mar le regalaba periódicamente al poeta. "¡Carlos, no hay limones!", gritó de pronto la Serrano, indignada y ante el estupor de todos. Y lo gritó dos veces. "Lo que había sucedido -cuenta Juan Cruz- fue que la novelista chilena le había preguntado en voz baja al camarero si había limones; ella no comería pescado sin limones, y en el mecanismo de relación entre su mente y la necesidad frustrada de los cítricos había un culpable claro, allí presente, el editor... Es muy serio contradecir a un escritor, sobre todo si se encuentra en un lugar propio y se siente defraudado."

Decálogos y caprichos

Precisamente en aquella comida, Juan Cruz ensayó un decálogo para regir las relaciones de los editores con los escritores de su editorial, y fue entonces cuando Pérez-Reverte dijo que podría hacerse un libro que tratara de los egos revueltos de los escritores ("y de los editores, y de los periodistas, que todos cultivan su propio ego", agregó el autor). Quince años más tarde, con este libro, llega la respuesta a ese desafío.

Para un editor, dice Juan Cruz, el incumplimiento de un capricho puede traer consecuencias nefastas. Pero el antojo también puede cambiar de signo y jugar a favor. En otro almuerzo, esta vez en Montevideo, habían reunido a Pérez-Reverte con Mario Benedetti en la presunción de que congeniarían. Era juntar al joven autor con el veterano escritor, dos generaciones y dos estilos bien distintos. La idea no contravenía lo que Juan Cruz había aprendido a respetar como un principio elemental de las relaciones públicas en el mundo editorial: a menos que se junten por gusto, los iguales se repelen. Todo iba bien hasta que Pérez-Reverte preguntó al mozo: "¿Tienen ustedes dulce de batata?". Desolado, el mozo admitió que no. Ahí mismo el dulce de batata adquirió la importancia de una carencia, cuenta Juan Cruz: "Arturo miró a Fernando [Esteves], el editor local, con una decepción muda, no hay dulce de batata, ya me parecía a mí que algo iba a faltar en este maldito restaurante tan bueno". El almuerzo siguió su curso y hasta Pérez-Reverte olvidó su antojo. Pero a la hora de los postres, cuando nadie lo esperaba, el mozo depositó en la mesa un plato con dulce de batata. Ante la sorpresa de todos, señaló a Esteves y contó que el editor local había salido a la calle subrepticiamente para volver con aquello que calmaría el paladar consentido del autor de La tabla de Flandes . Esteves tenía 22 años, y dice Juan Cruz que aquel almuerzo cimentó una carrera que lo llevaría a ser director de Alfaguara en la Argentina y a dirigir la división de Ediciones Generales de Santillana en México.

Benedetti también tenía lo suyo en materia de comida. Lo que no sacó a relucir en ese almuerzo de Montevideo aparecía cada vez que la editorial lo llevaba a Madrid para presentar sus libros. "Era muy meticuloso con el pescado: odiaba las espinas. No era una manía circunstancial; Mario lo exigía, y era muy preciso en eso: ´Juan, recuerda que no quiero espinas´. Y no habría espinas. Y si por casualidad aparecía una en el pescado, Mario levantaba la mirada, enfurecido." El autor de La tregua era un ego irritable oculto tras el velo de la humildad.

Por el contrario, el mexicano Octavio Paz, inclinado a creer que había pocos como él en la historia del siglo XX, no era un hombre humilde y no consideraba oportuno ocultar su grandeza con la falsa modestia, observa Juan Cruz. Un día, a principios de los años ochenta, le tocó entrevistar a la mujer de Paz, Mary Jo, pintora, que exponía en Madrid. A pedido de ambos, les alcanzó el texto que había escrito luego de hablar con la artista. Sin decir permiso, concentrado como un relojero, el poeta lo corrigió palabra por palabra, "con la delicadeza de un corrector, la rapidez de un linotipista y la autoridad de un director", hasta darle a aquella entrevista ajena "su propia impronta literaria, periodística o poética". A Paz, sin duda uno de los ensayistas en lengua española más lúcidos de los últimos tiempos, le gustaba ordenar el mundo alrededor suyo y aplicaba esa capacidad de control en todo (en esto se parecía a Cela, también un hombre "capaz de organizar a los otros en torno a su figura"). Años después, Juan Cruz fue a verlo para que colaborara en una serie de suplementos sobre las relaciones entre América y Europa que El País publicaría bajo la dirección del académico inglés John Elliot. El autor de El arco y la lira quiso saber qué otros escritores colaborarían. Juan Cruz sacó una lista y Paz se la quitó de las manos. Con el mismo bolígrafo con que había corregido la entrevista a su mujer, empezó a tachar nombres. "Don Octavio -señaló el periodista-, ésos son nombres decididos por John Elliot." Paz sentía por Elliot una correspondida admiración. Algo notable, ya que su admiración era un tesoro de mucho quilates, escribe Juan Cruz, porque no se prodigaba hacia los lados sino hacia adentro. Finalmente, devolvió el papel. "Si no puedo tachar no colaboro", dijo.

Tras la huella de Cortázar

Cada vez que la memoria de Juan Cruz rescata un nombre, con él viene una historia. En el curso de todos esos años, escribe, fue como un saltimbanqui involuntario buscando miradas con las que completar la suya. Entrevistar a escritores en su condición de periodista, atenderlos en su calidad de editor, era para él una aventura. Y si el trabajo no le ponía escritores en el camino, se los conseguía por su cuenta. Cortázar, por ejemplo. Lo había buscado en su juventud por la calles de París, jugando con la posibilidad de un encuentro fortuito al modo de Oliveira y La Maga, y lo había entrevistado luego. Pero ahora, años después de su muerte, Juan Cruz salía en busca del fantasma del autor de Rayuela . Junto con el escritor Manuel de Lope, peregrinó rumbo a Saignon, donde Cortázar había vivido sus veranos y escrito algunos de sus libros. Sin una dirección que los orientase, consultaron en el municipio los planos catastrales. Tuvieron suerte y al rato estaban tocando el timbre en una casa de la zona. Abrió la puerta una mujer alta, en traje de baño, mojada y con una toalla sobre los hombros. Era Ugné Karvelis, lituana, una editora de Gallimard que había sido pareja de Cortázar. Muchos de los amigos del escritor la tenían por una personalidad difícil y hasta maliciosa, pero los hizo pasar amablemente y los condujo hasta una habitación espartana. "Ahí escribía", dijo, y señaló una mesa desnuda en la que Cortázar se sentaba de cara a la pared y de espaldas al ventanal que daba al jardín. Miraron la mesa vacía, en callado homenaje, y de algún lado llegó un aroma a jazmines.

Después, durante una conversación con Juan Carlos Onetti a la vera de la cama que el autor de La vida breve ya no quiso dejar, éste le dio su opinión respecto del ego de Cortázar, de quien había sido amigo. "Mirá, te voy a decir que él siempre se mostró como un hombre muy humilde, muy desinteresado, y de eso no hubo nada... -dijo el escritor uruguayo-. Era de una vanidad tremenda, y una muestra fue la polémica que tuvo con mi amigo peruano José María Arguedas." La cosa, parece, fue como sigue. En medio de una ardiente discusión acerca del compromiso del intelectual latinoamericano, Cortázar pretendió poner en su sitio al autor de esa novela maravillosa que es Los ríos profundos, tan celebrada por Mario Vargas Llosa: "Usted toca una quena en Perú y yo dirijo una orquesta en París", disparó el argentino. Para Onetti, que también escribía mirando la oquedad de una pared, aquello era imperdonable.

Livianos como el aire

Así como entre los escritores hay egos inflados y poderosos que, según el caso, se exhiben o se esconden, existen otros que de tan livianos parecerían destinados a evaporarse en el aire.

Dice Juan Cruz que Jorge Luis Borges era una de las personas menos pedantes que ha conocido. A principios de los años 80, cuando no sabía aún que los editores eran sobre todo acompañantes, durante dos días le tocó hacer de lazarillo de ese hombre al que leía y admiraba. Era un fin de semana de verano, y junto con su mujer y su hija paseó a Borges por Madrid y lo llevó a bares y restaurantes donde el autor de El libro de arena cantó en islandés algunas endechas que recordaba de memoria. Entonces Juan Cruz sintió la alegría de descubrir que los genios pueden ser gente bastante normal. Siempre con su libreta a mano, el periodista tomó muchas notas durante esos días, frases de Borges que no quería dejar escapar. Entre otras, la que sigue: "Le dije a un visitante mexicano que se quejó de mi casa: ´Usted está en ella cinco minutos, yo vivo en ella desde hace setenta años, no se queje.´ Me dijo: ´Octavio Paz no vive así´. Y yo le repliqué: ´Es que, modestamente, yo soy Borges´".

No hay escritor que carezca de ego, advierte el autor. Sin embargo, entre aquellos que lo llevan ligero incluye a John Berger, a Miguel Delibes (fallecido la semana pasada a los 89 años) y a Leonardo Sciascia ("uno de los tipos más sencillos y desprendidos que he conocido"). Y también a Paul Bowles, a quien, cuando ya era editor, fue a visitar a Tánger para convencerlo de que viajara a España a presentar su nuevo libro. Lo encontró sentado sobre una alfombra, fumando kif en una larga pipa y con temor de que un pájaro que andaba revoloteando fuera se metiera dentro de la casa. Bowles estaba más interesado en su música -era también compositor- que en su literatura, pero a sus 83 años aceptó la invitación. Flaco y debilitado, "con sus ojos azules velados por la tristeza y la perplejidad", viajó a Madrid, donde presentó su libro y se organizó un concierto con su música. El editor también le consiguió un cirujano que lo atendió de un dolor en la rodilla que en Tánger no había podido curar.

Por necesidad, Juan Cruz se volvió un experto en misiones especiales. Lo mismo podía conseguirle un dentista a Berger que un fisioterapeuta a Vargas Llosa. Hecha su fama, una madrugada lo despertó el llamado telefónico de Carmen Balcells. La célebre agente literaria le rogó que consiguiera un helicóptero: la escritora brasileña Nélida Piñón viajaba de Barcelona a Madrid, donde debía tomar un avión para regresar a su tierra sin demora, pero la nieve había dejado varado su taxi en el camino. Desde su casa en Tenerife, Juan Cruz intentó lo imposible y casi lo logra, pero los pilotos no se atrevieron a volar con semejante tormenta. En lugar de un helicóptero, le consiguió a la escritora un hotel en Soria donde pasar la noche. "Por lo que les escuché al posadero y a la propia Nélida, esa noche de tanta nieve la autora de Corazón andariego durmió en un puticlub de carretera", confiesa.

En el sube y baja

Pero sin duda quien sometió al abnegado editor a una actividad extenuante fue Susan Sontag, que viajó a España en 1995 para presentar su novela El amante del volcán . Le había contado a Juan Cruz que tenía dos ídolos europeos, John Berger y José Saramago, y que le gustaría conocer al escritor portugués. Quienes la esperaban en Madrid pensaron que llegaría agotada del viaje, pero le sobró energía para ir al Museo del Prado, comer mariscos y firmar ejemplares en la Feria del Libro, con tanta buena suerte que era la única autora firmando cuando apareció nada menos que la reina Sofía. Hubo entre ellas una charla amable, hubo firma de ejemplar y hubo un fotógrafo de El País que tomó la imagen que, al otro día, vestiría la tapa del diario. El editor Juan Cruz estaba en la gloria pero sin tiempo para festejos, porque enseguida viajaron a Lanzarote, donde Saramago y su mujer, Pilar del Río, recibieron a la Sontag con los brazos abiertos y la pasearon por la isla. "Hubo un solo revuelo en el espacio amplio de su ego, cuando ella entendió que el hotel que le buscamos podría no estar a la altura de sus merecimientos", cuenta el editor. Fue cuando el delegado de Alfaguara en Canarias preguntó, inocentemente: "¿Por qué se han alojado en este hotel?". Sontag detectó la palabra "hotel" y le preguntó a Juan Cruz: "¿Quiere decir que estoy en un hotel que no resulta adecuado para mí?". Regresaron cansados del viaje, pero la escritora quiso ir a cenar con Pedro Almodóvar. Radiante y feliz, esa noche ella le contó a su amigo su paso por Lanzarote, pero el cineasta, que estaba en un día sombrío, le dijo que aquello quizá no había sido una buena idea. La Sontag buscó a Juan Cruz con los ojos: "¿Y por qué me has llevado a Lanzarote?", inquirió. "Pasaba de un estado de ánimo al otro con las violencia de las ventoleras -escribe el autor-, y nosotros teníamos que poner en marcha un sensor secreto para que no nos tomaran desprevenidos sus cambios de humor."

Sin embargo, nada de todo esto hacía mella en el editor, cuyo entusiasmo -y paciencia, hay que decirlo- parecía entonces el mismo de aquel cronista primerizo e inquieto que esperaba que Neruda se decidiera a poner un pie en tierra o que Cela se entregara al sueño. A Juan Cruz, que hace unos años regresó al periodismo a tiempo completo, le cuadra la imagen del editor que trazó Manuel Vicent. Posiblemente haya sido él quien la ha inspirado. Dice el autor de Tranvía a la Malvarrosa que los editores son como esos chinos de circo que mantienen en el aire varios platos a la vez, que deben hacer girar sin descanso para que no se caigan. La manera en que Juan Cruz ha celebrado con autores y periodistas, y con la escritura misma, una suerte de perpetua y exaltada comunión desmentiría la teoría de los egos. Éste es el libro de un hombre generoso que parece haber advertido lo que decía el poeta: por mucho que se aspire a la inmortalidad, por mucho que se crea haberla alcanzado, todo, y todos, pasan.

© LA NACION

20/03/2010

Fuente:

Diario "La Nación" Suplemento ADN Cultura.

PHILIP ROTH: “LAS HUELLAS DE UN ESCRITOR EXCEPCIONAL”.

Como en otras oportunidades recientes, Roth escribe sobre la vejez.
Foto: AP

Literatura
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“LAS HUELLAS DE UN ESCRITOR EXCEPCIONAL”

En su nueva novela, La humillación, que Mondadori distribuirá en abril, Philip Roth se distancia un poco del tono autobiográfico de sus libros anteriores. Las claves de un creador que comparte obsesiones y talento con otro artista brillante: Woody Allen.

Por: Hugo Caligaris
De la Redacción de LA NACION

Todo escritor deja huellas personales en sus novelas y en sus relatos, pero algunos se esfuerzan más que otros para que se noten. No pueden evitar construir sus ficciones en torno al personaje que más los seduce: ellos mismos.

A mediados de la década del 90, poco después de la publicación de Operación Shylock, un notable colega de Philip Roth, John Updike, dijo cáusticamente: "Algunos lectores pueden sentir que hay demasiado Philip Roth en sus libros recientes". Updike tenía sus razones para decir eso: como si con un solo Roth no alcanzara, dos personajes llamados Philip Roth se cruzaban en las páginas de Operación Shylock: uno que se estaba recuperando de una crisis mental en Connecticut y otro que hacía campaña en Jerusalén para que el pueblo judío emprendiera una diáspora al revés y disolviera el Estado de Israel.

Por un lado, es cierto que a Roth, como judío profundamente asimilado a la comunidad norteamericana, no le resulta muy simpática la experiencia sionista. Por el otro, también es cierto que estuvo internado en una clínica psiquiátrica (el Silver Hill Psychiatric Hospital), a la que acudió por propia voluntad cuando se sintió cerca del suicidio.

Resulta muy difícil saber dónde termina el documento y comienza la invención en las obras de Roth. Por eso algunos clasifican como novela y otros como autobiografía su Patrimonio, que para colmo lleva como subtítulo Una historia verdadera . Allí un personaje llamado Philip Roth narra la enfermedad de su padre -Herman, como en la vida real del Roth de carne y hueso-, su muerte y el añadido novelístico de su escatológico legado.

En su novela Decepción, de 1990, un escritor de temperamento seductor llamado Philip habla de su relación con Claire, una actriz aburrida de cierta edad. Para ese entonces Roth estaba casado con Claire Bloom, cuyos orígenes como actriz cinematográfica se remontaban a su papel en Candilejas, de Chaplin. Cuando no el personaje de papel sino la sólida y tangible Claire Bloom tomó conciencia de lo que había escrito su marido, pegó el portazo: no sólo dio por terminado el matrimonio (había durado apenas cuatro años), sino que publicó un libro de memorias, Leaving a Doll´s House (Abandonando la casa de muñecas) en el que esbozó con pinceladas fuertes el carácter de su ex marido: "Es un ser cruel, errático y espectacularmente manipulador", dijo.

A primera vista, el argumento de la nueva novela de Philip Roth guarda mayor distancia con su vida. En La humillación, incluso la elección de la tercera persona sugiere la idea de cierta alteridad del narrador. Además, el protagonista no se llama Philip Roth, sino Simon Axler, y no escribe, sino que es actor de teatro. O lo fue, y célebre, en su lejana juventud. Ahora tiene 65 años y perdió la confianza. En sus últimas performances - Macbeth, La tempestad - sintió que había perdido su capacidad de convencer al público, y el público tuvo exactamente la misma impresión.

Axler cuelga los hábitos. Hasta aquí, Roth no habla de Roth: ya sabemos que él sigue escribiendo, pese a que está llegando a los 77 (nació en Newark, Nueva Jersey, el 19 de marzo de 1933) y que incluso está terminada su siguiente novela, Némesis, sobre una epidemia de poliomielitis ocurrida en 1944. Sin embargo, hay en La humillación datos concretos que explican la impresión que el lector tiene de estar metiendo la nariz en casa ajena. De estar husmeando, cosa que puede resultar muy divertida, ya que Roth es un maestro en la técnica apelativa del relato, pero también un tanto incómoda.

Veamos: cuando Axler se da cuenta de que ya no puede actuar, se deprime muchísimo... y se interna, por propia voluntad, en una clínica psiquiátrica. Se siente viejo y solo... dado que su mujer lo ha abandonado. Al salir de la clínica, rebrota su esperanza por causa de un romance inesperado y sexualmente algo morboso. Desde El lamento de Portnoy (1969) en adelante, el sexo en todas sus variantes signó el mundo de Roth, y él mismo ha sostenido en innumerables entrevistas que es su motor vital aun en la madurez. No son desconocidos sus affaires con mujeres tan jóvenes como la Pegeen Mike del libro recién presentado, y la humillación a que refiere el título no es la del actor burlado por los críticos, sino la del viejo sometido a los desplantes de una muchacha.

Al respecto, dijo Roth hace un tiempo en un reportaje concedido a Matilde Sánchez, hablando de su novela Pastoral americana: "Coquetear con un hombre mayor es la mejor manera de humillarlo".

Posiblemente, una mirada más abarcadora de la obra de Philip Roth completaría el cuadro que estamos presentando: no todo es confesional en su literatura. También está, y muy firme, la preocupación social y política. Pese a ser tal vez el autor que con más elegancia representa lo que podría llamarse un estilo estadounidense de narración, Roth ha sido muchas veces un crítico muy duro del american way of life. Ha censurado a Bush, se opuso a la invasión de Irak y en su novela La conjura contra América se pregunta por qué hubiera sido posible, en la década del 30, el ascenso de un presidente nazi a la Casa Blanca.

Sin embargo, no es lo político lo que define su obra, no porque no vaya a fondo cuando le mete el bisturí a su propio país, sino porque después de haber llegado al fondo siempre parece encontrarse a gusto en él, a pesar de las contrariedades y pesares. Muchas veces rechazó, incluso disgustado, reproches desde afuera a los Estados Unidos, y reivindicó la crítica como un derecho en cierto modo exclusivo de los ciudadanos que viven en ese país, a veces amándolo y otras odiándolo. Por ejemplo, cuando la hija de Levov hace volar literalmente por los aires las certezas de una familia norteamericana ejemplar, en Pastoral americana .

Aquí, en La humillación, lo que importa es la vejez, como en otros títulos recientes de Roth ( Sale el espectro y Elegía ). Roth ha declarado que cuando tenía 35 años la idea de la muerte no lo dejaba dormir y que un día se dijo: "Estás muy lejos de eso. Preocúpate cuando llegues a los 70". Nunca pensó que el tiempo iba a pasar tan pronto, confiesa. Pero ni aun en sus textos más sombríos Roth provoca reflexiones metafísicas de orden, digamos, general. Atrapado por la manera magistral con que el autor urde y expone sus telarañas, el lector que devora las páginas (en este caso, pocas) difícilmente relaciona lo que lee con su propio final o con la muerte como enigma existencial. Piensa, más bien: "Philip Roth tiene miedo de morirse y las únicas cosas que lo distraen de ese temor le ocurren en la cama".

Tal vez sea esto lo que establezca la distancia entre un escritor excepcionalmente dotado, como lo es Roth, y un escritor grande de verdad. El actor y director cinematográfico Woody Allen trató en vano de imitar a Bergman en un momento de su carrera, y cada vez que le preguntan sobre el tema confiesa que le duele el hecho de haber hecho muchísimas películas, pero ninguna obra maestra, imperecedera. Lo mismo se podría decir sobre la novelística del escritor de Newark.

La comparación entre Roth y Allen puede parecer desmesurada, pero no es ni original ni antojadiza. Son vidas paralelas, que se han cruzado muchas veces y mantuvieron, y mantienen, semejanzas que no es exagerado calificar de insólitas. Para empezar, son dos intelectuales judíos, con toda la carga de brillantez, de sentido autocrítico y de culpa que tal herencia arrastra. Comparten la obsesión por el sexo, un conflictivo vínculo con las mujeres y también un sentido filoso del humor que casi siempre excede el límite objetivo del ingenio. Los dos viven con el pavor de los hipocondríacos el miedo a las enfermedades de la vejez. El escritor y crítico Alex Abramovic firmó en 2001 un artículo titulado "Los enemistados mellizos Woody Allen y Philip Roth: ¿separados al nacer?".

Posiblemente los dos hayan tenido en un momento un mejor concepto del otro, pero se fueron distanciando por algún motivo. En 1997, Allen filmó su película más ácida, Deconstructing Harry (aquí rebautizada Los secretos de Harry), considerada una amarga parodia de la vida de Roth. Actúan, entre otros, Robin Williams, Kirstie Alley, Demi Moore y Stanley Tucci. El propio Allen encarna a Harry Block, un escritor bloqueado, como lo indica su apellido, y lo acompaña en su descenso al infierno. Para que la alusión fuera más clara, incluyó en el elenco al actor Richard Benjamin, que había protagonizado las adaptaciones a la pantalla grande de dos libros de Roth, Goodbye, Columbus y El lamento de Portnoy .

Por su parte, Roth inició una relación amorosa con Mia Farrow, tras la escandalosa separación de la actriz y Allen, e incluso se dice que fue el ghost writer que le permitió a la estrella completar la redacción de sus memorias, publicadas con el título de What Falls Away .

La histórica devolución de gentilezas entre ambos artistas no evita que hasta el día de hoy coincidan, en líneas generales, en sus temas. Tanto el Boris Yellnikoff de la última obra de Allen (Wathever Works , todavía no estrenada en la Argentina) como el Simon Axler de La humillación son perseguidos, seducidos, cazados y arruinados por mujeres que podrían haber sido sus hijas o sus nietas.

Finalmente, está la cuestión de los premios. Allen obtuvo el Oscar al mejor director por Annie Hall en 1977, y Roth, el Pulitzer por Pastoral americana en 1998, entre muchísimas otras distinciones. Sin embargo, tratándose de producciones tan vastas y notables, se diría que el reconocimiento académico no ha sido tan espléndido como quizá debería haber sido. Allen rara vez es citado entre los diez mejores directores de Hollywood y Roth espera desde hace ya bastante tiempo un Nobel que, a pesar de la frenética campaña del crítico literario Harold Bloom, todavía le sigue mezquinando la Academia sueca.

© LA NACION

20/03/2010

Fuente:
Diario "La Nación" Suplemento ADN Cultura.