sábado, 25 de septiembre de 2010

“FUMIKO HAYASHI”.


“FUMIKO HAYASHI”

Los barrios bajos (publicado en 1949. Traducción al castellano: Oscar Montes (1976).

Ryo se preguntó si su nuevo amigo estaba casado. No es que importara, pero el pensamiento le vino a la cabeza al ver el cariño que demostraba a su hijo. Hasta ese día, tenía ya treinta años, no había pensado en ningún hombre que no fuese su esposo (sin comunicarse hace tiempo desde el frente de batalla en Siberia), pero el temperamento despreocupado de Tsuruishi comenzó a operar un gradual y extraño cambio en sus sentimientos. [...] Unos ochos días más tarde, Ryo se encaminó nuevamente a encontrarse con Tsuruishi, quien la había invitado a visitar Asakusa (el distrito de diversiones) en uno de sus días libres. Todavía era demasiado temprano para ver los cerezos en flor, pero si tenían tiempo, irían a caminar por el parque de Ueno. El día acordado, siguiendo las indicaciones que le había hecho Tsuruishi, Ryo estaba esperando justo con su hijo frente a la oficina de informes turísticos de la estación. El cielo estaba plomizo, aunque a veces se despejaba, y si no llovía todo saldría bien. Después de esperar unos diez minutos apareció Tsuruishi con un envejecido traje gris que le quedaban demasiado chico. Ryo, apenas maquillada, llevaba un vestido azul de tela de kimono y un saco acolchado color té pálido. Se veía mucho más joven que de costumbre y quizá debido a sus ropas de estilo occidental, parecía una colegiala junto a Tusruishi, alto y de anchos hombros.

-Ojalá no llueva -dijo él, alzando con toda facilidad a [al niño] Ryukichi y caminando entre la muchedumbre. Ryo llevaba bajo el brazo una gran bolsa con pan, bocadillos de arroz envuelto en algas y mandarinas. Fueron hasta Asakusa en metro y desde la tienda Matsuya caminaron hacia el Portal Niten, pasando junto a una galería de pequeños negocios.

El distrito de Asakusa era muy distinto de lo que Ryo había supuesto y se desilusionó al pensar que ese pequeño templo de laca roja era la sede de la famosa Diosa de la Misericordia. Tsuruishi le explicó que antes había sido un enorme y altísimo templo, pero a ella le resultaba difícil imaginárselo. Ahora había solamente una multitud que se movía como las olas del mar y que se apretujaba rodeando el santuario. En la distancia se podía oír el invitador sonido melancólico de trompetas y saxofones. Un viento salvaje murmuraba y jadeaba al chocar contra las ramas, llenas de de brotes, de los árboles ennegrecidos por el fuego de la guerra.

25/09/2010

Fuente:
Diario “La Nación” Suplemento ADN Cultura

Link:
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1307994

No hay comentarios: