lunes, 31 de enero de 2011

“DECLARACIÓN DEL AÑO DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS EN ESTADOS UNIDOS”.


“DECLARACIÓN DEL AÑO DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS EN ESTADOS UNIDOS”

Las asociaciones internacionales de profesores, grupos de investigación latinoamericanista y revistas culturales que suscriben han acordado declarar este 2011, “Año de José María Arguedas en Estados Unidos”.

Al conmemorarse los cien años del nacimiento del gran escritor peruano, quienes trabajamos en universidades y agrupaciones culturales en Estados Unidos, queremos expresar nuestra admiración por una obra cuya fe en la creatividad cultural del mestizaje y las mezclas son ejemplo y desafío de inclusividad, pertenencia y universalidad.

Convocamos al hispanismo internacional, al latinoamericanismo multidisciplinario y a los centros culturales independientes al diálogo que postula esta celebración.

Julio Ortega, José Antonio Mazzotti, Raúl Bueno.

Grupos de trabajo y revistas que suscriben esta iniciativa:

* Proyecto Transatlántico de la Universidad de Brown (Providence)

* INTI, Revista de Literatura Hispánica (Providence College)

* Asociación Internacional de Peruanistas (Universidad de Tufts, Boston)

* Revista de Crítica Literaria Latinoamericana (Universidad de Tufts)

* New England Council of Latin American Studies (Dartmouth College, Hanover).

* Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana (Universidad de Pittsburgh)

* Revista Iberoamericana (Pittsburgh)

* Instituto de Escritores Latinoamericanos de Nueva York (N.Y.)

* Hostos Review (Nueva York)

* Grupo de escritores de Revista Contratiempo (Chicago)

* UC-Mexicanistas (Universidad de California)

Providence, 31 de enero, 2011.

domingo, 30 de enero de 2011

“ARGUEDAS O TODAS LAS FORMAS DE VER EL PERÚ” POR ALFREDO HERRERA FLORES.


“ARGUEDAS O TODAS LAS FORMAS DE VER EL PERÚ”

Escribe: Alfredo Herrera Flores

En el, ahora, amplio panorama literario y rica cultura peruanos, la presencia de José María Arguedas se ha hecho imprescindible, más aún si se quiere interpretar cualquiera de los espacios en los que el propio ciudadano o poblador peruano es protagonista, más allá del disfrute estético de sus obras literarias. A cien años de su nacimiento y a cuarenta y dos de su trágica muerte, esa presencia ha servido también para observarnos como ciudadanos de un país por demás extraordinario en historia, tradición, sabiduría y todo lo que se puede encerrar bajo el general y amplio concepto de cultura.

Basta repasar la historia literaria de los últimos quinientos años, iniciada por Garcilaso de la Vega y Guamán Poma de Ayala, que sumada a los más de dos mil años de tradición literaria oral (cantos, ritos y leyendas) e iconográfica (textiles, ceramios y tallados) de todas las culturas que se desarrollaron en este territorio que luego se llamó Perú, para entender que la mirada de José María Arguedas es una especie de aguijón imposible de no sentir.

Si bien el escritor andahuaylino es considerado, principalmente, como autor de novelas y poemas, un artista de la palabra, y los críticos y académicos lo han encasillado en la corriente del indigenismo o indianismo, hay otras dimensiones del conocimiento social en el que ha hecho importantísimos aportes, con los que cada vez entendemos mejor nuestra compleja cultura.

La antropología peruana, por ejemplo, le debe mucho a José María Arguedas por los trabajos etnológicos y etnográficos que hizo sobre mitología prehispánica, música popular, folklore, el idioma quechua, la educación popular, historia y costumbres de pueblos andinos, hasta entonces ignorados por la visión “costeña” o centralista del que el Perú aún no puede despercudirse. Resultado de esas investigaciones están la revaloración de expresiones artísticas y rituales como “la danza de las tijeras” o la fiesta patronal en honor a la Virgen de la Candelaria, de Puno.

Al mismo tiempo, el país le debe a Arguedas, una de las miradas, enfoques, puntos de vista más interesantes y sinceras que se tiene de la realidad peruana, no solamente de la etapa que a él le tocó vivir, sino de toda la historia de un país que ha crecido desgarrado por miradas y percepciones divergentes, por la permanente y violenta pugna de culturas y por un proceso de mestizaje muy complejo y de sincretismo cultural único (entendiendo sincretismo cultural como reinterpretación). Pero, tal vez, sea la emotiva manera de retratar el Perú, desde la artística contemplación literaria hasta la estricta percepción científica social, que defendió hasta el último instante de su vida, el mayor aporte que este sencillo hombre provinciano hizo a un país tan entreverado y heterogéneo, tan desangrado y humillado, tan rico y opulento, tan diverso y hermoso, tan sufrido, tan amado.

Sin embargo, así como fue querido y respetado, Arguedas sufrió el artero ataque de quienes no comprendieron, o no quisieron hacerlo, el fondo de su obra literaria y propuesta cultural, lo que terminó sumiéndolo en la depresión, la que ya era parte de su vida íntima desde que, de niño, tuvo que huir de la casa para refugiarse en una alejada hacienda andina para recibir amor. Su vida personal, esa historia interna que lo atormentaba, que fue inseparable de su expresión artística y científica, también tuvo que salir a flote durante su matrimonio, su desempeño como funcionario público, como docente escolar y universitario, como escritor y como amigo, para terminar de carcomer su espíritu que, como él mismo dijo, sobrevivía solo por amor al Perú.

Pero tal parece que hemos ido leyendo la obra de Arguedas y comprendiendo, de alguna manera, la forma cómo él vio el Perú, y no hemos hecho lo que nos ha ido proponiendo en cada una de sus páginas, ver el Perú. Seguimos estudiando, y por supuesto disfrutando la obra de Arguedas, pero no hemos hecho la tarea de percibir al país desde aquellos lados oscuros con los que se manifiesta, sus canciones, danzas, costumbres, ritos y formas de convivencia que son, finalmente, los aspectos en los que se reconoce el espíritu de un país, una nación.

Al decir “lados oscuros” me refiero a que, a pesar de que conocemos y hemos visto muchas manifestaciones culturales, tanto de las grandes ciudades o de las pequeñas comunidades, aún no las hemos hecho nuestras, siguen siendo vistas como “alejadas” o del “interior”, o de las “provincias”, como si se trataran de sucesos de un espacio, un mundo, una cultura ajena a la nuestra. No hay un interés subliminal o subjetivo de presentar los otros rostros del Perú, como dicen los modernos detractores de Arguedas, sino de recordar que el encargo intelectual del autor de “Todas las sangres” fue hacer que aquellos pueblos olvidados y marginados, con todo y su cultura, su pobreza y su historia, puedan sobreponerse a su estado de degradados y continuar su vida al compás de un progreso que no se traduce en riqueza monetaria, sino en calidad de vida.

Difícil de comprender para algunos intelectuales, que no han ido más allá de las páginas de “Los ríos profundos” o “Agua” para encontrarse con un Perú más rico aún, más allá de las montañas y entre los cálidos valles andinos, donde habitan, cantan y bailan y siembran la tierra y saludan a sus dioses y se adornan los sombreros con flores y que esperan tener su oportunidad para ser, también peruanos. Errónea la forma de pensar aquella que dice que ver el Perú desde adentro es no avanzar. “Avanzar” ¿cómo? ¿hacia dónde? Errónea la forma aquella de decir, como muchos “costeños” o “urbanos” impostados que escuchar huayñitos es atraer la pobreza.

La obra de José María Arguedas es un moderno y emotivo fresco de la realidad peruana del siglo veinte, desde donde se puede ver el pasado y proponer el futuro, como lo han hecho los antiguos peruanos en su visión circular del mundo. En “Agua” (1935), en que reúne sus tres primeros cuentos, se manifiesta el conflicto social y cultural en una comunidad andina desde los ojos de un niño; éste se ubica en medio de los “blancos” y los “indios”, abusivos y prepotentes aquellos, y sufridos pero solidarios los últimos; pero sobre todo aparece, como protagonista de la literatura peruana, la cultura andina vista como un espacio en que los hombres viven con los mismos sentimientos y experiencias que en cualquier otra comunidad, costeña, urbana o “moderna”. Este es el primer aporte de Arguedas a la literatura peruana, pasar del indigenismo al indianismo y de ahí al cholismo. Ese niño de los cuentos de “Agua” no es un indio, tampoco un misti, es un cholo.

Luego vendría la novela “Yawar fiesta” (1941), en la que, desde el punto de vista de pobladores mayores de una comunidad, que tienen la cualidad de analizar su propio contexto, se refleja la realidad y los conflictos culturales en los que se desenvuelven las comunidades andinas, las que aún se expresan a través de sus antiguas manifestaciones a pesar de que ya están imbuidas en el ritmo y proceso impuesto por las culturas foráneas.

En “Los ríos profundos” (1958), su obra estilísticamente superior artística y literariamente, Arguedas propone, desde una perspectiva más madura, el conflicto que supone el tránsito de una cultura a otra de un personaje que a la vez transita de la niñez a la adolescencia. Es además una metáfora del tránsito cultural de los pueblos andinos, un proceso de siglos que ha terminado por convertirlos en espacios sociales ambiguos, intermedios, con profundos elementos y manifestaciones ancestrales y a la vez con extraordinarias asimilaciones de la modernidad. Esto es ser cholo. En esta novela, es protagonista también el lenguaje, que en voz de su protagonista, muestra el conflicto del autor por querer expresarse en quechua y castellano, lo que marcará luego una de sus frustraciones: el no poder hacerlo.

En 1961 publica “El Sexto”, novela también autobiográfica ambientada en una de las prisiones más lúgubres de Lima, en la que fue recluido Arguedas por asuntos políticos. Nuevamente aparece el conflicto, el enfrentamiento de clases y grupos sociales, ilustrados a través de la lucha entre el bien y el mal, la violencia y la solidaridad. Es la primera obra literaria de ambientación urbana, o limeña, y la primera en la que Arguedas se expresa totalmente en castellano, sin que esto lo aleje de su punto de vista andino, o provinciano.

Será con la novela “Todas las sangres” (1964) con la que intentará Arguedas concentrar, presentar y entender el mundo andino en toda su dimensión, pero sobre todo intentará que el lector, al que supone leal y solidario, sea quien entienda y asuma ese mundo como propio. Arguedas intenta hacer entender que el país está conformado por todas las razas y culturas y que sus habitantes, herederos de esas razas y culturas, son parte de ese país, por lo tanto se comprenda y asuma esa identidad, unidad y espíritu, como necesarios para concretar una convivencia armoniosa y pacífica. Pero “los analistas, sociólogos y críticos” no lo entienden, por lo tanto los lectores tampoco lo hacen. El mundo de “todas las sangres” seguirá siendo ajeno, un invento, una ficción, una historia que no expresa la realidad.

José María Arguedas escribió más cuentos y recuperó y tradujo leyendas y mitos, también hizo poesía, excelente poesía, publicó sus estudios antropológicos, impulsó la investigación desde sus cargos de director de museos, estimuló la educación en los pueblos andinos, transmitió sus propuestas a través de la docencia universitaria, debatió con escritores e intelectuales de otros países, defendió el arte como punto de partida de la expresión literaria sin dejar de lado la perspectiva personal o autobiográfica, alentó a los jóvenes a estudiar y escribir sin miedo, protegió las ancestrales manifestaciones culturales, pero sobre todo buscó que se trabaje por las comunidades postergadas de todo el país.

Mientras lo atormentaba la idea del suicidio, para escapar de sus problemas familiares y deshacerse de los demonios interiores, desprenderse de sus frustraciones como intelectual y artista, recibió premios y homenajes, fue jurado de premios literarios como el de Casa de las Américas y escribió entre insomnios, pastillas y viajes la novela “El zorro de arriba y el zorro de abajo”, nueva mirada urbana de la condición humana a través de su experiencia como escritor, investigador y profesor. La novela se publicó en 1971.

Dos años antes, los últimos días de noviembre de 1969, José María Arguedas escribió las últimas notas de su diario y algunas cartas a sus amigos. Era el fin. Agradeció a quienes lo acogieron, quisieron y comprendieron; dio recomendaciones a amigos y alumnos, reflexionó sobre su vida y obra, y dispuso los asuntos finales sobre su sepelio; luego cogió un arma, se encerró en un baño de la Universidad La Molina y mirándose al espejo se disparó en la cabeza. La bala, caprichosa como los dos anteriores intentos de suicidio, y casi como toda su vida, le hizo una mala jugada y le hizo sufrir aún más. Tras cuatro días de agonía murió el 2 de diciembre.

Es decir, se murió pero no. Arguedas se ha mantenido más vivo que nunca. Cuando se habla del mejor escritor peruano del siglo veinte se habla de Vallejo y Arguedas, algunos más premiados y conocidos se molestan, pero así no más es. Arguedas es querido y leído, estudiado y citado, aún no comprendido del todo, es cierto, pero sigue siendo el maestro, el amauta, el apu, el artista peruano por excelencia.

30/01/2011

Fuente:
Diario “Los Andes” de Puno

“PALABRAS PARA LUIS JAIME” POR SALOMÓN LERNES FABRES.


“PALABRAS PARA LUIS JAIME”

Por: Salomón Lernes Febres

En momentos en que escribo estas líneas escucho la segunda sinfonía de Gustav Mahler y es mi deseo fundir en un solo instante la escucha de poesía que se hace música y que así me entrega belleza y verdad con la evocación de mi maestro Luis Jaime.

Los numerosos testimonios ya ofrecidos, con el dolor comprensible por la partida, parecieran haber agotado lo que se podría decir de él. Sin embargo, en cada uno de aquellos que fuimos sus alumnos, colegas y amigos la evocación de sus calidades lleva a enfrentarse a una virtud siempre nueva y singular en la que aparece, reiterada, la figura de ese hombre que casi se definía por su permanente disposición para la entrega generosa.

Mi relación con él, antigua mas no vieja, me lleva a 51 años atrás, a esos primeros encuentros en los que él fue no sólo el profesor admirable que hacía descubrir los tesoros que se hallan detrás del lenguaje, sino también el guía que, fuera del aula, se preocupaba de los problemas, que podían estar viviendo sus alumnos más allá del ámbito académico. Maravillosos tiempos aquellos en los que el patio de Letras de la Plaza Francia o la sala de seminarios del Instituto Riva Agüero se convertían en el escenario de diálogos fecundos en los que, con prudencia y respeto, Luis Jaime se acercaba a sus alumnos para invitarles a ver mejor ese mundo adulto y nuevo en el que, de pronto, se encontraban.

Lecturas bellas, pero además portadoras de una secreta invitación a la reflexión, eran sugeridas y muchas veces entregadas, a nosotros, jóvenes que sentíamos temor ante un maestro que, según se comentaba, era muy severo y, al mismo tiempo, entusiasmo frente a una figura que nos dispensaba un trato amical y nos ofrecía pequeñas dosis de sabiduría. Aún hoy recuerdo mi deslumbrado descubrimiento de Paul Valery en un texto que él me prestó: Eupalinos o el Arquitecto, El alma y la danza. Fue una lectura que me acercó a la lírica y también a la filosofía, pues allí ésta aparecía encarnada en Sócrates, que con aire inocente instruía a Fedro sobre la armonía y la belleza haciéndole ver que, en último término, ellas sólo son auténticas cuando se hacen calidades de nuestra propia alma.

Esa lectura, de algún modo, ayudó a discernir mi destino. Fino psicólogo, de manera inaparente, facilitaba que afirmáramos nuestra vocación, y nos hacía experimentar en su curso y fuera de él cómo, más allá de la profesión que escogiéramos, lo esencial era transitar, para hacerla realidad, por la Universidad, y que nada resultaba más natural, nada más desafiante, sin embargo, que el ser universitarios: personas que han de buscar hondura en el pensar, sensatez en el decir y honesta responsabilidad en el actuar.

El tiempo transcurrió y Luis Jaime, pertinaz en su misión magisterial, pero no desavisado frente a lo que en cada ocasión nos ha tocado vivir, continuó en aquello que era para él –y así lo comprendió la hermosa familia que formó– su segundo hogar: la Universidad. Allí no sólo enseñaba materias exigentes como únicamente él podía hacerlo –sólo para citar algo: el Siglo de Oro en la Literatura Española, que quedaba develado en su esencia cuando, único, leía algunos pasajes del Quijote–, sino también esas primeras nociones acerca de la lengua y su sentido con los jóvenes que amaba y que empezaban algo perplejos y deslumbrados su vida en la Universidad.

Podríamos, si queremos ser fieles a la realidad, hablar de tantas otras dimensiones de esa persona singular. Su refinado sentido del humor, con el que cotidianamente testimoniaba acerca de su acerada inteligencia; su fervor ciudadano y, por tanto, su preocupación por un Perú sin desigualdades, con hombres y mujeres realmente educados y justos; su augusta figura familiar: esposo amante, padre ejemplar, abuelo deslumbrado por los nietos, regalos maravillosos que sus hijos le ofrecieron…

Mas, en fin, en este asunto como ocurre algunas, pocas, veces el silencio es preferible ante la pobreza de las palabras que pueda escribir quien aprendió de él el valor de lo inefable. Termino este artículo con el temor y el honor que me depara el ocupar temporalmente este sitio que sigue siendo de él. Y evoco al amigo y al maestro una vez más, mientras concluye la sinfonía de Mahler: “Was du geschlagen, Zu Gott wird es dich tragen!” (“¡Eso que tú has conquistado, te conducirá hasta Dios!”).

30/01/2011

Fuente:
Diario “La República”

sábado, 29 de enero de 2011

“PROHIBIDO ODIAR A ARGUEDAS” POR CARLOS MENESES.


“PROHIBIDO ODIAR A ARGUEDAS”

Por: Carlos Meneses

José María Arguedas se enfrentó al APRA y cumplió condena por ello. Recientemente le negaron a este 2011 llevar el nombre del escritor, a cien años de su nacimiento. Sin embargo, todos quieren a José María; nadie al APRA.

Sólo lo vi una vez, fue en Lima, me parece que en 1957. El hablaba pausadamente con los que estaban más próximos, en la mesa del bar. Yo sólo escuchaba. No tuve una nueva oportunidad de verlo y, sobre todo, de poder conversar con él.

Era una de las deudas que tenía conmigo mismo. La lectura de “Los ríos profundos” me había impresionado más que esa reunión con el autor, pero yo sabía que conversando con él esa diferencia desaparecería, la obra y el autor estarían a la misma altura.

Sólo unos 7 u 8 años más tarde viviendo ya fuera del Perú, tuve la satisfacción de leer “Todas las sangres”. Cada página que concluía era un retrato de lo que significa la desigualdad. Una porción del dolor del auténtico peruano maltratado. Sentía voces lanzadas con ferocidad, y ayes, quejidos como toda respuesta.

De las páginas del libro salían los indios heridos, sus mujeres violadas, los niños sin alfabeto y trabajando desde que tenían uso de razón. ¿Y quién tiene la culpa? ¿Y quién queda indiferente ante ese cuadro? ¿Y quién manda y se adueña de todo?

Uno piensa cuando termina la lectura de “Todas las sangres”, ¿Arguedas estuvo presente en ese mundo? ¿Arguedas los vio sufrir? ¿Arguedas supo quién tiene la culpa? Y también uno se entera. Arguedas aprendió primero quechua que castellano. Arguedas alimentó su imaginación con los cuentos de las sufridas y valerosas mujeres indias.

Arguedas se afilió al partido comunista para luchar más abiertamente contra la injusticia. Arguedas vive, ha vivido, vivirá a través de su obra, defendiendo a esos otros peruanos humillados. Demostrando la insolidaridad de muchos y clamando por la igualdad, por los mismos derechos para todos. Y al terminar de leer “Los ríos profundos”; “El zorro de arriba y el zorro de abajo”; “Agua”; “Todas las sangres”, los otros libros en los que Arguedas escribe acerca de la realidad peruana como sobre un pentagrama de dolor. Uno se pregunta: ¿Y todo va a seguir igual? ¿Y a pesar de esta denuncia emocionada e inteligente, no habrá cambio? ¿Continuará la indiferencia? ¿La sociedad peruana seguirá fragmentada en muchas partes, por culpa de complejos raciales e injusta distribución de la riqueza? Y así ha seguido.

Y aunque se han levantado otras voces después de Arguedas, y se levantaron otras (Mariátegui, Vallejo y más) antes de Arguedas, no hay variante. Hay apego a la costumbre de la indiferencia total. Hay aquello de “yo vivo bien, allá los otros”.

Y finalmente uno se dice, y dice a los demás, y escribe, ¿pero a Arguedas no se le tendría que aplaudir unánimemente? ¿Acaso no ha retratado al Perú con nitidez poniendo el alma? ¿No ha sido él quien ha mostrado en toda su plenitud el drama? ¿No hay premio para su memoria?

El año que corre, el de sus cien años de nacido, merecía ser llamado “Año de José María Arguedas”. ¿Y por qué no se le llamó así? Pregunta con fácil respuesta. No pertenecía a la clase de los indiferentes. Se significó como defensor del indio. Mostró las lacras del país. Quiso un Perú mejor donde unos no pisaran el cuello de los otros.

Sobre todo, el año no llevará su nombre porque Arguedas era comunista. Porque era como Oquendo de Amat: se enfrentó al APRA. Y eso se castiga; lo estamos viendo. Solo hay que leer “El Sexto”, el libro en el que muestra la ferocidad de la cárcel, el enfrentamiento entre comunistas y apristas tras las rejas de la prisión.

Carlos Meneses
Colaborador
Periodista e historiador peruano residente en España.

29/01/2011

Fuente:
Diario “La Primera”

viernes, 28 de enero de 2011

“A LOS CIEN AÑOS DE ARGUEDAS”.

Caricatura: Omar Zevallos.

“A LOS CIEN AÑOS DE ARGUEDAS”

Después de 40 años de la muerte de Arguedas, el Perú se pone de pie en honor a su obra. Mejor, a 100 años de su nacimiento: centenario, exactamente el 18 de enero. Todos, menos el Apra encabezado por Alan, aunque el ministro de cultura (con minúscula, no me equivoqué), Juan Ocio (tampoco me equivoqué) ha discrepado, dizque.

Que por qué no han querido reconocer la obra de Arguedas desde palacio. Esa es cuestión de ideología y política. El escritor de Todas las sangres no configuró a los andinos como seres exóticos, como era de costumbre, sino desde dentro. José María, al comer y dormir con los indígenas, aprendió su lengua y sus costumbres. “Los indios y especialmente la indias vieron en mí como si fuera uno de ellos, con la diferencia de que por ser blanco acaso necesitaba más consuelo que ellos”, decía en su testimonio. La cultura andina se metió en él, a pesar de “ser un blanco”. A tal punto que “yo comencé a escribir cuando leí las primeras narraciones sobre los indios, los describían de una forma tan falsa”. Su obra es una respuesta contundente al discurso de lo andino de esa época.

El hecho de que José María conociera desde dentro al campesino andino hizo que se identificara con sus problemas; por ejemplo, con el de la tierra, analizada años atrás por Mariátegui. De ahí que su cuento “Agua” refleja una situación particular de tal problema: la distribución del agua en el regadío. Ni siquiera el cuento “Warmakuyay” (cuento tierno y hermoso por la temática de amor, dirán) deja de tratar la problemática indígena: el abuso del misti contra la muchacha de la que el warma (niño) Ernesto andaba enamorado. El señor todopoderoso e intocable se puede permitir de los placeres sexuales de “sus siervas”. Sin embargo, en este cuento el niño sabe que no podrá enfrentarse al hombre que violentó a la chica. Solo es cuestión de tiempo por¬que “cuando sea grande voy a matar a don Froilán”. Pero en el cuento anterior, Ernesto no tiene esa actitud: “hombre me creía, verdadero hombre, igual a Pantacha”, y le hiere en la cabeza a un misti abusivo con una corneta. Es que ante tanto abuso “nuestra rabia se ha hecho más grande, más grande”. Palabras del personaje arguediano que dice basta a los abusos y desea justicia.

Sin embargo, donde se nota más su opción ideológica es en El Sexto, novela que grafica el mundo de la cárcel: el de los prisioneros políticos, donde el narrador, Gabriel, elije convivir con los socialistas, no con los apristas. Este se hace muy amigo de Cámac, que se encontraba muy enfermo y que “nunca asimiló bien la doctrina. Era un comunista intuitivo, por su clase y su casta”. También Gabriel ante la muerte de su amigo recibe el calificativo de “ser un soñador. No aprenderás nunca a ser político. Estimas a las personas, no los principios”. Los dos, pintados en toda su humanidad, son socialistas a su modo, pero socialistas (los del Gobierno los habrían preferido apristas). Y quizá Gabriel sea el mismo Arguedas, porque años después diría en su discurso (No soy un aculturado) que “La teoría socialista no solo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía, le dio un destino y cargó aún más de fuerza por el mismo hecho de encausarlo. ¿Hasta dónde entendí el socialismo? No lo sé bien. Pero no mató en mí lo mágico”. Aunque para Mario Vargas Llosa “el socialismo no mató en él lo mágico, pero en sus mejores creaciones lo mágico mató al socialismo (es decir la ideología)”. El socialismo habría malogrado parte de la narrativa arguediana. Es su lectura.

Ahora bien, la presencia de “lo mágico” en la obra de Arguedas es inevitable; se encuentra en toda su narrativa porque al retratar al hombre andino en su lucha por la tierra, no puede eludir su danza, su música, su vivencia: su cultura tradicional; folclor dirán algunos. Sería falsificarlo y caer en el simple panfleto.

Entonces, en Arguedas encontramos “lo mágico”, pero también está presente el discurso socialista, justamente lo que al Apra no le gusta y menos a Varguitas. Ellos ha¬brían preferido que Arguedas escribiera solo de danzaqs, de corridas de toros, de zumbayllus y wikullos. Así, el año 2011 habría llevado su nombre y quizá el nobel peruano no habría escrito La utopía arcaica.

Fuente:
http://literaturayguerra.blogspot.com/

Link:
http://literaturayguerra.blogspot.com/2011/01/los-cien-anos-de-arguedas.html

jueves, 27 de enero de 2011

“BRAMANDO COMO EL RÍO” DE ROGER GARCÍA CLAVO.


“BRAMANDO COMO EL RÍO” DE ROGER GARCÍA CLAVO

Acaba de llegar a nuestras manos la plaqueta de poesía Bramando como el río (Revista Zumbayllu, nº 2) del joven poeta cantuteño Roger García Clavo, quien nos sorprende este año con esta nueva publicación en homenaje a nuestro querido amauta José María Arguedas (1911-2011). Desde este modesto blog saludamos la aparición de esta nueva entrega. (C.P.Q).

A continuación, compartimos un par de poemas.

IX

Contigo aprendimos a cantar la poesía de los ríos.
Contigo los hombres tristes,
aquellos de ojotas de cuero
y carne descalabrada en la arriería y la siembra;
aquellos que amarraron su cintura
con cancha y trapos retaceados;
aquellos que quemaron su piel
en la oscuridad de las minas y sobre el frío,
aprendieron a mirar el sol,
más allá de las abras, de los pasos y desfiladeros.
Contigo aprendieron a cortar el llanto las tijeras,
allá en las lomas
y la sangre desparramada por la patria.
Nos enseñaste a decir
al hombre acaballado
con el amor de los herrajes y la iglesia
que Dios es un hombre danzando
gozoso del violín, el arpa y la quena.
Contigo
hoy se eleva el clamor de la quina,
la quinua y el machete
en cualquier ciudad, casi Lima,
hasta ensartar en nuestros corazones
el agua y la sonrisa
callada en estos días.

X

José María,
nada ha cambiado desde el lapso
en que quitaron a tu madre de tu camino.
Ni siquiera después de tus desvelos
viste el abrigo de los cautivos.
Pero ahora en las plazas está tu alegría
comiéndose el suspiro,
tragándose el hipo de los niños
que gritan por el pan al pie de otros brazos.
Nada ha cambiado
desde que tu luz rompió los límites del maltrato,
pero tu palabra nos increpa
a seguir con el pregonar del silencio
hacia el hombre nuevo.
José María,
nada ha cambiado en el congreso,
salvo algunos zánganos
que dicen haber leído tus libros
pero matan al ganado

con el yugo y el arado.

lunes, 24 de enero de 2011

CINCUENTA AÑOS DE "ORILLA”. HOMENAJE A LUIS HERNÁNDEZ CAMARERO EN LA CASA DE LA LITERATURA.


CINCUENTA AÑOS DE "ORILLA”. HOMENAJE A LUIS HERNÁNDEZ CAMARERO

Escritores y músicos se reúnen en la CASLIT para rendir homenaje al poeta con motivo de los 50 años de la publicación de su primer libro.

“A los veinte años Luis Hernández, quien no llegó a doblar esa edad, publicó su primer libro. Era una breve colección de breves poemas a los que tituló Orilla (1961) y a cuyo texto inicial le antepuso esta patética pregunta de François Mauriac: ¿Quién soy yo, ser sin forma que el océano roe? Ahora, a los seis años de su muerte, al canto y a la luz de su obra, sentimos todo el peso de esa angustiada indagación existencial, a la vez que nos alcanza la certeza del jubiloso logro de su propia identidad en el espacio creado por su palabra poética”, así escribe Javier Sologuren en el prólogo a su Obra poética completa (1983).

Este martes 25 de enero se cumplen cincuenta años de la aparición de Orilla, libro que en 1961 dio a conocer a Luis Hernández, escritor de culto de las letras peruanas. Este poemario fue la primera publicación del autor y apareció bajo el emblemático sello editorial “La rama florida”, dirigido por el poeta Javier Sologuren.

Luis Hernández (1941 - 1977) estudió en la Pontificia Universidad Católica del Perú, y luego en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. A la par de su profesión de médico, Hernández cultivó la poesía y fue uno de los más destacados representantes de la denominada Generación del 60. Fue uno de los primeros en incorporar el humor y las citas metatextuales en la poesía peruana. Dueño de una obra singularísima, Hernández es también uno de los responsables de la incorporación en la poesía peruana de la astronomía y de las ciencias en general.

Para conmemorar el medio siglo de la publicación de Orilla, la Casa de la Literatura Peruana ha preparado un homenaje donde destacados representantes de la música y las letras nos acompañarán leyendo los textos que conforman este libro y contándonos cómo la poesía de Luis Hernández ha influenciado en su arte.

Los músicos Rafo Ráez y Piero Montaldo; y los escritores: Milagros Martínez, Gabriel Rimachi y Josefina Jiménez nos acompañaran en este homenaje.

La cita es el martes 25 de enero en el auditorio de la CASLIT (Jr. Ancash 207, Centro Histórico de Lima), a las 6:30 p.m. El ingreso es libre.

PUBLICACIÓN 2011: “SOBRE LA ALDEA” DEL POETA VÍCTOR SALAZAR YERÉN.


“SOBRE LA ALDEA” DE VÍCTOR SALAZAR YERÉN

Acaba de aparecer el poemario “Sobre la aldea” (Lustra editores) del poeta peruano Víctor Salazar Yerén, integrante del Movimiento Literario “Horfandía” de la ciudad de Chincha. Desde aquí felicitamos y saludamos al autor -joven docente- por la publicación de estas breves anotaciones de una crónica de viaje por la sierra de Huancavelica, no sin antes agradecerle por el hermoso gesto de hacernos llegar un ejemplar para nosotros. (C.P.Q).

A continuación, compartimos dos poemas:

VINE AQUÍ
a despintarme de las manos las ciudades,
a reconocer lo primigenio de nosotros en cada cierto
hombre…
y ser parte
de los nacimientos asombrosos que a los ojos nos
llegan enlatados.

Vine,
pero aún no he olvidado de donde vengo…

Por ello borroneo este camino.
Dejo abandonados mis zapatos.

(Última visión y llanto sobre la aldea)

LA CASCADA de piedra palidece ante mis ojos.
Imágenes de mi vida como nubes
van pasando. Entre el surco y el risco una ciudad
boscosa y danzante me retiene
ya que fui a ese pueblo que a dos años de sonrisas
entre lágrimas se ha forjado.

....................Ahora nos dejas.

Y solo me queda seguir creciendo como las
amapolas o los ríos atragantando los pastos.
No conozco otro camino…

O tal vez lo conozco y por eso escribo.

domingo, 23 de enero de 2011

AULA PRECARIA. “SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO Y LA INFORMACIÓN” POR LUIS JAIME CISNEROS. (DIARIO “LA REPÚBLICA”).

Luis Jaime Cisneros.

“SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO Y LA INFORMACIÓN”

Por: Luis Jaime Cisneros

Una sociedad abierta al conocimiento y a la información es un mundo urgido de una actividad inteligente constante y eficaz. Para que esta realidad sea fruto de un empeño estatal, la escuela asume grave responsabilidad, ajena a todo tipo de improvisación. Para empezar, la escuela debe tener presente esenciales rasgos que caracterizan a este tipo de sociedad, desde el punto de vista de la comunicación. Lo explicó con su natural acierto Habermas: la comunicación en esta hora del mundo sirve para expresarse, para informarse, para caminar, buscar, investigar; para proponer, argumentar, criticar, defender. La escuela tiene que estar preparada para entrenar al alumno a enfrentar estos menesteres.

¿Por qué? Porque es deber del maestro capacitar al alumno para que sepa orientarse en la sociedad en que le toca vivir y a cuya realización debe colaborar, cuando llegue el momento, profesionalmente. Saber vivir en una sociedad significa aprender a conseguir lo que se desea y a evitar lo que resulte inconveniente o malsano. La sociedad del conocimiento y la información (sigue Habermas presente en las afirmaciones) se diferencia sustancialmente de la que hemos heredado.

El primer deber de la escuela, en este tipo de sociedad, está centrado en ayudar al alumno a su propia realización. Ayudarlo a que sea él mismo, distinto de lo que era al iniciar su vida escolar. Ser distinto de ese minuto inicial no significa “no ser quien era”, sino precisamente ser el que, una vez logrados desarrollo y avances previsibles para la naturaleza y para la escuela, adquiere la calidad real de ‘persona’. Esta preocupación por el trabajo y los métodos científicos está orientada a alcanzar esos logros. Es que la finalidad última del trabajo escolar es preparar al muchacho a ingresar, y a vivir, en un universo de adultos sin enrojecerse, sin amilanarse, como un modo de integrarse, así, al grupo generacional que le corresponde, que es el que estará llamado, en el futuro, a enriquecer la propia tradición.

Hay un tema ahora imprescindible de tocar. Muchos lo consideran importante al tratar estos temas: el tema de la autoridad. Conocemos opiniones de periodistas, políticos, y padres de familia. Todos ellos, adultos. Nadie ha pensado en la necesidad de consultar a los estudiantes. Qué significa para ellos ‘la autoridad’. Cuando oímos hablar sobre el tema, descubrimos que no mencionan a los jefes, a los directores. La autoridad de que hablan es la del maestro. Y descubrimos con cuánta razón el diccionario, al tratar de la palabra, agrega: “Asimismo se toma por crédito, estimación, fe, verdad y aprecio”. Al maestro, al buen maestro, los alumnos le reconocen autoridad para aconsejar, guiar, encarar y ayudar a resolver situaciones nuevas o molestas. Cómo luchar contra la rebelión estudiantil es tema diario que los periódicos recogen en la página policial. La solución la han propuesto en varias lenguas: si evitamos que en el alumno aparezcan síntomas de fracaso escolar, y si lo indagamos para ayudar a sobrepasarlo, comenzamos a asegurar la disciplina.

El mundo moderno está convulso. Las ideologías han contribuido ciertamente a quebrar esperanzas e ilusiones y a despertar, por otro lado, reivindicaciones imposibles. La inseguridad y la desesperación suelen perturbar al alumno en sus finales horas escolares, atento al porvenir. Al maestro corresponde estar presente para ayudarlo a sobreponerse a la duda y al temor. Hay que saber prever el momento. No hay que esperar a que llegue la desesperación para emprender una tarea, ni menos es necesario tener éxito para perseverar. Hay que convencer al estudiante de que el secreto está en tener fe y decisión, es decir objetivos claros en el horizonte. La perseverancia es la que conduce al triunfo. El triunfo no es el punto al que se llega sino la estela (la historia, si se prefiere) de un esfuerzo continuo. En cambio, el éxito no siempre asegura la persistencia del esfuerzo, toda vez que puede prestar asilo a la vanidad o a la suficiencia y puede ser, así, anticipo o señuelo del fracaso ulterior. Algo debe quedarle claro al estudiante en los momentos de duda: con dinero no se aprecia el valor del porvenir. Perseverancia y esfuerzo robustecen la fe en la inteligencia y fortalecen el espíritu.

23/01/2011

Fuente:
Diario “La República”

“LAS ETERNAS ENSEÑANZAS DE LUIS JAIME” POR OFELIA HUAMANCHUMO DE LA CUBA.

Luis Jaime Cisneros.


“LAS ETERNAS ENSEÑANZAS DE LUIS JAIME”

Por: Ofelia Huamanchumo de la Cuba

Las anécdotas de y con el profesor Luis Jaime Cisneros, que todos los que fuimos alumnos y alumnas suyos hemos rememorado en estos días a causa de su triste partida, podrían llenar miles de hojas de un grueso cuaderno In memoriam. Yo creo que quienes conocimos al maestro Luis Jaime lo recordaremos siempre con gratitud por ese preciso momento en que en nuestras vidas se atrevió a dejar una marquita, una pequeña huella que sólo los abnegados forjadores logran hacer y que provocan un giro en el camino de nuestras existencias, para bien. Y es que fue justamente su faceta como docente lo que yo más admiré de su persona: esa entereza que hasta los últimos momentos de su vida lo llevó a no desfallecer en la noble tarea para la que vino al mundo.

Cuando hace algunos años encontré en mi buzón de correos un sobre con el borde blanquirojo del correo peruano y con una rotulación hecha a máquina de escribir, cuál no sería mi sorpresa al abrir la carta y confirmar que el remitente que anunciaba el sobre era la voz de mi profesor de antaño en la Católica, Luis Jaime Cisneros, en puño y letra. Hasta aquí me habían seguido en feliz reencuentro luego de mucho tiempo – con motivo de la publicación de mi primer libro – su voz alentadora y sobretodo consejera, además de su confianza de amigo, capaz de compartir los recuerdos que esta hermosa ciudad de Múnich le traían y sus últimos proyectos de publicación e inquietudes.

Ese fluido intercambio epistolar ya no podrá concretizarse ninguna vez más, a partir de ahora, en su consabido rito de un encuentro anual en la biblioteca de su casa en Miraflores, allá en mi lejana Lima. Por suerte, en el tiempo eternizado de sus enseñanzas lo veré una y otra vez, maestro Luis Jaime. ¡Hasta siempre!.

sábado, 22 de enero de 2011

EL OJO EDITORIAL. “UN NOBEL SOÑADO” EN CON-FABULACIÓN Nº 167.

Ernesto Sabato.

“UN NOBEL SOÑADO”

El 24 de junio del presente año, después de una vida consagrada al glorioso tormento de la lucidez, Ernesto Sabato, el más visceral y obsesivo de los autores del ya legendario Boom Latinoamericano, cumplirá cien años de vida, dudoso privilegio donado a muy pocos, entre ellos, que lo recordemos ahora, el infatigable Claude Lévi-Strauss y el genial Ernest Jünger. Parece una ironía, pues si alguien ha puesto en tela de juicio, con argumentos de una legitimidad lírica incontrovertible, las reglas de juego, la retórica y los mecanismos con frecuencia execrables de la condición humana, desde unas parábolas aterradoras y hermosas, es este argentino de aspecto lánguido y meditabundo, nacido en 1911 en Ciudad de Rojas, y quién no desfalleció nunca en la exploración de nuestros más pavorosos abismos, conservando una fidelidad asombrosa a su familia de espectros y demonios, hasta el punto de que los más afiebrados e imaginativos de sus lectores conjeturan ahora que su terca longevidad, así como su existencia actual –lóbrega, solitaria, pobre y desapacible- no son más que un ajuste de cuentas de la fantasía, o el cumplimiento cabal de una de las ominosas e inexpugnables purgas existenciales a las que sus tramas nos arrojan.

Como Juan Rulfo o Juan Carlos Onetti, Sabato ha sido un autor en la línea de sombra, un cliente de cierta distancia e introspección lustrales incapaz de asumir el ejercicio de la escritura como una profesión y un magisterio glamoroso, mediático y lucrativo; a pesar de haber actuado en diversos escenarios de la realidad y de haber tomado la palabra en las más trágicas circunstancias de su nación, especialmente durante los años de de las feroces dictaduras militares del Cono Sur, nunca fungió como astro teatral y parece pertenecer, más bien, al grupo de artistas adversos a la trivialización mundana con la que la modernidad castiga y compra a sus artistas. Jamás le vimos destellar superficialidad en los salones rutilantes, al estilo de autores como Carlos Fuentes o Vargas Llosa en el mundo de habla hispana, o como Norman Mailer y Truman Capote en el universo anglo- parlante, ni, menos todavía, asumir aspiraciones de índole extra-literaria, como las que, cual llamado impetuoso, extienden la política, el poder, el cine, las modas, la economía o la publicidad. En eso, Sabato resulta ser fascinante, como también en el hecho de no haberse “sobreactuado” publicando ejercicios de estilo ni bagatelas insustanciales “genialmente escritas”, vicio que, para nuestro hartazgo, estila la mayoría de los maestros y animales sagrados de las letras, terminando siempre por fatigarnos con sus artilugios y su pirotecnia, tan puntuales como para volverse innecesaria. La obra de ficción de Sabato –a la que acompaña cual diestro y vital centinela su portentoso discurso ensayístico- está constituida únicamente por tres libros –El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddon el exterminador-, pero en realidad, y como lo dijera él mismo en reiteradas ocasiones, estas no son sino las tres partes de un mismo monotemático, avasallador y ardoroso libro. El antejardín, la casa y el jardín de un proyecto total.

Por todo lo anterior, y sabedores de que un ejército de discípulos, devotos y admiradores de Sabato sigue existiendo en los más variados puntos del orbe, así los perseguidores frívolos de novedades y vanguardias ya ni si siquiera lo citen, nos parece legítimo soñar en este instante con que los adustos e indescifrables jurados del premio Nobel de Literatura, esos misteriosos cónsules sin rostro y a veces sin brújula, le conceden en 2011 el codiciado laurel a este practicante de la más escrupulosa ética literaria y humanística, a este testigo afiebrado de nuestras tempestades, y alguien que –como ocurre siempre que empieza una sobredosis de vida- está siendo olvidado sin que aún lo haya cubierto la penumbra, y que representa a los marginados, los rotos, los habitados por inclementes tempestades, los amantes sin retorno, los heridos en su sexo, en su historia, en su patria y en su identidad.

El Nobel para Sabato en 2011? Sería la oportunidad de que la realidad coincida alguna vez con el deseo, y de premiar en vida a alguien cuya obra, luego de la ausencia del autor, está destinada a resurgir con una fuerza ciclópea, y a ser estudiada, reinventada y angustiosamente adoptada por las generaciones venideras, las mismas que volverán a encontrar las claves de su desarraigo en personajes como María Iribarne, Alejandra y Martín o Juan Pablo Castel.

¿Un Nobel para la Argentina? Quizá una manera de hacer justicia a una nación tantas veces merecedora de las más altas distinciones literarias, argumento que se ve respaldado con los nombres de Julio Cortázar, Manuel Mujica Lainez, Roberto Juarroz, Enrique Anderson Imbert, Adolfo Bioy Casares y, por supuesto, Jorge Luis Borges. ¿Un Nobel para Argentina? ¿Será sencillamente un sueño? ¿O es acaso la posibilidad de cumplir una cita feliz antes de que sea demasiado tarde?

Muchos serán los que consideren la posibilidad de un Nobel para Sabato como un desvarío, un imposible al que se opone la realidad. Pero para la imaginación no hay ningún imposible. ¿O si no para qué existe la novela, para que cobran vida los cuentos y poemas, para qué nos entregamos a esta única fe no desgastada por los trabajos del tiempo.

Postdata: Empecemos a jurado con que el jurado de Estocolmo llegará a tiempo para enriquecer la presea, además de Sabato, con nombres como el poeta español Antonio Gamoneda, el novelista Juan Goytisolo, el polígrafo italiano Umberto Eco y el sirio Adonis.

Fuente:
http://con-fabulacion.blogspot.com/

Link:
http://con-fabulacion.blogspot.com/2007/08/el-ojo-editorial_03.html

“POEMAS DE AUGUSTO ESPARZA GUERRERO”.


“POEMAS DE AUGUSTO ESPARZA GUERRERO”

Vagón azul editores comunica que, dentro de unos pocos días, pondrá en circulación el poemario "Dactilar y plural", ópera prima del poeta Augusto Esparza Guerrero. Como un adelanto del libro, publicamos cinco poemas del autor. (C.P.Q).

EL TÚNEL OSCURO

Caminabas por el campo eriazo donde laboraba tu padre el ferroviario, el túnel estaba listo para extender los rieles como dos muslos amables, echados con un solo derrotero al progreso humano. Allá, el progreso de las caricias acá que doblegaron la cúspide de tus rodillas, tu mirada ya no fue la misma ahora se tornó larga, casi infinita, es que el ojo mágico del túnel te llevó a lugares soñados, el túnel oscuro reveló su luz más clara, con un guiño natural y rocoso creado por el. Nombre nos despedimos.


EL ESTADIO VACÍO

El hombre acallando
Sus propios gritos
Sólo el canto de los pájaros
Perfumando los oídos
De sus congéneres menos animales
Este era el mundo de los comienzos
Antes de que la vida humana
Sea sembrada en la tierra
Cuando la tierra corría libre de fronteras
Libre de contaminaciones
Libre de ti, libre de mí.
El estadio vacío
Ausente el grito de gol
La tierra vacía
Ausente el grito de vida

A ALGUIEN QUE NO LLEGA

Ola de aire
Espuma
convertida en nube
Trueno hecho voz
Horizonte lecho del atardecer
Hombres peces sin aletas
Puertos corifeos del mar
Gaviotas pañuelos de los cielos
Y tu mujer: gota convertida en rocío
Rama convertida en árbol
Semilla convertida en flor
Mirada convertida en destino
Y la lluvia pecas
Que brotan de tu pecho enardecido.

CÓDIGOS SECRETOS

Así como la necesidad inventa el amor
Así te inventé.
Con los trazos exactos de mis meridianos
Delineo tus curvas de luna tierna.
Escribo en tu piel las fórmulas resueltas
Para que se descifren los códigos secretos.

CUANDO VOLTEAS LA MIRADA

Cuando volteas la mirada
La matemática de las sensaciones
Deja de ser exacta
Cuando volteas la mirada
El amor que no es ciencia
Es preciso, certero e iluminado.
Cuando volteas la mirada
Perece el tiempo
Mientras crece un árbol
De fuego en mi pecho.

DATOS:

Augusto Esparza Guerrero (Bellavista, 1953). Realizó sus estudios primarios y secundarios en la ciudad de Piura. Estudió la carrera de Relaciones Industriales en la Universidad San Martín de Porres USMP. Poemas suyos aparecen en la muestra de poesía Morada Poética (Vagón Azul editores, 2007). Participó en el taller de poesía de Miguel Ildefonso, en el Centro Cultural Antares. Actualmente prepara la publicación de Dactilar y Plural, su primer libro de poemas, con el sello Vagón Azul Editores.

viernes, 21 de enero de 2011

IN MEMORIAM DE LUIS JAIME CISNEROS. “FUE MI MAESTRO” POR MARIO VARGAS LLOSA. (DIARIO “LA REPÚBLICA‏”).

Luis Jaime Cisneros.

“FUE MI MAESTRO”

Por: Mario Vargas Llosa
Escritor y Nobel de Literatura 2010

Fue mi maestro. Yo lo conocí como mi maestro, primero, en el año 1954. Fue mi profesor en San Marcos, en un curso de literatura española del Siglo de Oro. Y creo que entre todas las cosas que fue Luis Jaime, crítico, periodista, filólogo, lo más importante fue para él la de maestro. Creo que fue, sobre todo, un gran maestro por cuyas aulas pasaron miles de estudiantes de muchas generaciones y creo que todos lo recordamos con admiración y cariño. Era un magnífico profesor, riguroso y al mismo tiempo de un entusiasmo contagioso que nos descubrió a muchos, a mí, entre ellos, la maravilla de libros clásicos de los clásicos de la lengua. Por otra parte no era un presente un maestro encerrado a la universidad. Él abría su biblioteca particular a los alumnos, prestaba libros y hacía a veces en su casa tertulias para mí están muy vivas en la memoria. Era un guía generoso que ayudaba a los estudiantes.

También recuerdo haber trabajado con Luis Jaime, cuando yo era estudiante todavía, a finales de la dictadura de Odría. Él estaba vinculado al partido demócrata cristiano que se estaba formando en ese tiempo y fue director de un pequeño periódico que se llamaba Democracia, un pequeño semanario contra la dictadura en el que yo colaboré, de tal manera que tuve una relación bastante cercana con él. Después hemos sido muy amigos toda la vida.

Yo creo que entre todas las virtudes de Luis Jaime, además de las virtudes intelectuales, está la de haber sido una persona sumamente generosa, sin enemigos, que ayudó siempre en lo que pudo a los demás y que por eso es tan querido y admirado en todos los círculos, en todos los medios. Estoy seguro de que es una persona que será siempre recordada con gratitud y con cariño.

Era una persona muy digna, muy decente, siempre eso que antiguamente se llamaba un caballero, que tenía una conducta cívica, ética ejemplares, y creo que eso lo reconocen tirios y troyanos, una de esas personas que no tienen enemigos y que siempre fue muy respetado y muy querido porque aparte de sus méritos intelectuales, era un hombre bueno.

21/01/2011

Fuente:
Diario “La República”

jueves, 20 de enero de 2011

UNA LAMENTABLE NOTICIA: “FALLECIÓ LUIS JAIME CISNEROS”.

Luis Jaime Cisneros.
(Archivo El Comercio).

“FALLECIÓ LUIS JAIME CISNEROS”

La lamentable noticia de quien en vida fuera un destacado lingüista y docente fue confirmada por el área de prensa de la Universidad Católica.

El destacado lingüista y docente universitario Luis Jaime Cisneros falleció esta mañana a los 89 años en la Clínica Ricardo Palma, por causas aún no especificadas. Sus restos serán velados a las 7:00 p.m. en la iglesia Virgen de Fátima en Miraflores.

El filólogo y doctor en letras, que nació en Lima en 1921, estudió medicina, filosofía y letras en la Universidad de Buenos Aires y se graduó como doctor en letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1955.

Fue profesor desde 1948 en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en la Pontificia Universidad Católica del Perú, en la que fue Decano de la Facultad de Letras entre 1969 y 1971.

Fue miembro de la Academia Peruana de la Lengua desde 1965, así como también perteneció a la Real Academia Española, la Academia Norteamericana de la Lengua Española y la Academia de Letras de Uruguay.

Obtuvo en tres ocasiones el Premio Nacional de Cultura: el de Crítica en 1948, el de pedagogía en 1956 y nuevamente este último en 1963. En 1992 le fueron otorgadas las Palmas Magisteriales en el grado de Amauta.

Tomado de:
http://elcomercio.pe/


Link:
http://elcomercio.pe/lima/701379/noticia-fallecio-luis-jaime-cisneros

“EL VERDUGO DE LOS CONFORMISTAS” POR HÉCTOR ÑAUPARI.


“EL VERDUGO DE LOS CONFORMISTAS” (*)

Por: Héctor Ñaupari

La poesía de Oscar Ramirez viene de antiguo, pese a la juventud física de su creador. Es semejante a los cuentos de héroes y aventureros con que soñamos los viejos cuando niños, que nos marcan al encendido fuego de su vida de frenesí y arrojo, como de éxitos y de derrotas, y que nos acompañan siempre, durante toda nuestra travesía personal.

Antigua y moderna al mismo tiempo, entonces, la poesía de Ramirez en Cuarto Vecino es, primero, una ordenada arquitectura dedicada al menos racional de los sentidos: el del corazón. Furioso incendio que lo envuelve, vorágine de la selva en su espesura, lluvia que crepita y todo lo renueva al tiempo que lo ahoga, Ramírez intenta dar un apasionado concierto a este cúmulo de sensaciones y escapes a la realidad que es el sentimiento motor.

“Apareces y los nombres se transforman en pedidos y sutiles / convicciones de fidelidad con lo cual podemos increpar a / las sombras la dudosa procedencia del amor”, nos dice Ramírez, cual un dedicado húsar, peleando caballerosamente una batalla perdida de antemano; conmovedora inquietud, la suya, la del dar excelsitud al amor enfebrecido, cuando la mayor parte de los suyos, sin distinción de género o edad, lo tienen como un lastre que aliena y asfixia, una coartada más para desenredar ese sarcasmo que es, en realidad, miedo, silencio, hipocresía, expresión meridiana de la mediocridad en muchísimos jóvenes.

Además, con Cuarto Vecino este joven poeta reconfirma la actitud vargasllosiana de la literatura: la de ser esa persona incómoda para todos los espíritus menudos, el eterno aguafiestas, siempre a contracorriente, el avecindado que con su sola presencia suscita “los temblores de infantiles gaviotas”, como él mismo escribe, volviéndose el verdugo de los conformistas, de los que en nada creen, que nada les satisface, que nunca se han visto en la necesidad de esforzarse, que no conocen la desesperación.

En esa dirección, con una ironía e insolencia que celebro, el poeta Oscar Ramirez se define como un “negro literario”. Yo lo celebro porque también he sido, y, hasta cierto punto, prosigo siendo, un negro literario. Todo negro literario –negré litteraire del francés, de donde proviene el término– lo es por razones puramente pecuniarias y alimenticias. Se me dirá que es terrible alquilar el talento, pero la verdad es que se hace porque, vistos como estamos, no recibimos nada por alquilar el cuerpo.

Bromas aparte, por esas ironías perversas de las que está llena la literatura, Alexandre Dumas, un descendiente de haitianos, divino, festivo y rotundo inspirador de Los tres mosqueteros (título que revela la honesta deshonestidad de Dumas, como señala Umberto Eco, pues esta novela es la historia del cuarto mosquetero y no de los otros tres) fue también el mayor negrero literario, siendo el más conocido de sus esclavos de letras Auguste Maquet, y, entre ellos, como cuenta la leyenda y la historia, el romántico, atormentado y suicida poeta Gérard de Nerval; pues, en el febril y burgués siglo XIX, la obra maestra del autor de El conde de Montecristo se publicaba semanalmente en el principal diario parisino de entonces y, no teniendo Dumas tiempo para escribir las cuartillas necesarias, alquilaba las plumas y talentos de otros escritores.

De hecho ha habido negros literarios que luego realizaron una exitosa carrera literaria, como el inglés Paul Auster, el peruano Santiago Roncagliolo, o el español Manuel Manzano, y también hemos sido protagonistas de novelas, como Mañana en la batalla piensa en mí de Javier Marías o Palacio Quemado de Edmundo Paz Soldán.

Para terminar con el tema, me quedo con el comentario de Adolfo Bioy Casares al respecto: “Escribir por encargo es una forma, no la única, de escribir profesionalmente. Por si alguien piensa que escribir por encargo es, de un modo inevitable, algo indigno, recordaré que el Doctor Johnson, uno de los críticos de los escritores más extraordinarios, dijo en una oportunidad ‘Sólo un badulaque escribe por placer’. [….] Los escritores que escribieron para ganarse la vida, y que escribieron bien, son innumerables. Yo veo en ello una prueba de que la inteligencia escapa a las circunstancias y, en definitiva, se impone”.

Volvamos a Cuarto Vecino. En su poema Sobre la poesía, Ramirez nos dice que “la poesía es un abrirle espacios a la incertidumbre”. Con ello designa las tareas del poeta en su arte: si la poesía es “lo pleno todo, la carente nada” como aporta Isidro Durat, es, por ende, una forma perpetua de conocimiento, siempre inacabada, donde la única certeza es lo mucho que nos falta por conocer. En ese contexto, la poesía es inagotable: significa “desde entrar en el ser”, siguiendo a Octavio Paz, hasta “el viejo sabor, la mínima victoria conocida, al lado del papel”, de Alfonso López Gradoli.

Esa poesía torna en mujer amada, tal como Ramirez expresa en su texto Obsesiva imagen del amor, haciéndola surgir: “apareces entre flores y rezagos de muerte”. O es un viaje, como en el poema Distancias, donde nos da una idea de su travesía: “¡Cuán amado es deambular sobre el eco de tus huellas marinas!”

La mayor parte de las veces el poema no se descubre ante nosotros. Hemos de buscarlo, de escudriñar en lo arcano; entonces, el poema se muestra, como dice Ramírez en su poema Frente al escritorio: “cuando despierta de tus pétalos una luz”.

Uno de los poemas más logrados del libro, a mi entender, se llama Los productos del aire. Presto a dar sentido de totalidad a la mujer que ama y en la que sueña, el poeta le susurra: “Tus nombres habitan el aire. De tus labios parten mareas en naufragios donde lumbre y misterio habitan el hemisferio de los titanes. Alada expresión, aura de luciérnagas en danzares de novias”.

En este texto, la musa es movimiento: “Vienes en colisiones de relámpagos, mística de orilla humana y musical. Supone la enumeración de las cosas bellas y trágicas, o envueltas en un tema sombrío, como la venganza: “La venganza en tus manos resuena a calma, a rencor lúdico, complejo de matiz donde confundimos el fuego con templanza, con martirios vaporosos en el eclipse de los jinetes”.

Las ninfas, antaño tan criticadas por esos hunos literarios, defensores de la poesía concreta y minimalista, permanecen sin embargo en este joven poeta, siguen allí como las amantes perennes, acompañándonos y amándonos desde nuestra primera juventud a la provecta edad que ya tenemos, tal como lo hizo Juliette Drouet con Víctor Hugo durante medio siglo; así dice Ramirez: “iracundo solfeo de ninfa dorada / maquinaria donde el círculo culmina”.

La sección filosófica del poemario, Sobre lo perpetuo de las circunstancias, nos remite a las estancias orteguianas: nuestro poeta desarrolla lo inmanente de aquello que compone, sustancialmente, nuestra individualidad. Yo soy yo y mis circunstancias, dice la máxima más conocida del autor de La rebelión de las masas. Y éstas son perpetuas, apunta Ramirez. Y nos vencen casi siempre. De allí su verso, que afirma el fracaso, en el poema El concepto del tablón, “sólo vas dibujando una línea / en el muerto cuerpo de la niña / con la firme intención / de la derrota”; o, por otro lado, lo inquiere, en Límites: “¿si decido olvidar / la consigna del farol / el mundo entero me odiaría?”.

A mi juicio, la mejor sección del libro es la que se titula igual que el libro, Cuarto Vecino. Como alma vieja que es, Ramirez la dedica a la multitud de sus “personajes secundarios”, como él los llama: el Hidalgo Alonso Quijano, a quien le reclama “despierta de ese sueño que muchos llaman cordura”. El dubitativo príncipe de Dinamarca, cuya atormentada existencia es una interrogante sin límites, y que en el poema Frente al descanso de Ofelia no cesa de preguntarse “¿Y si fuera yo sueño o recuerdo?”. La viajera Alejandra Pizarnik, que al huir arremete “contra la noche escondida en tu copa dormida”, entre otros.

Hay algunos otros que dejo al poeta la libertad de descubrirnos, como la dueña del polvo, la virgen, la dama del teatro, la actriz, el maestro del ocio, el conformista, el moribundo y el vagabundo. Reservo para mí la identidad de la dueña del polvo, que se me antoja la despojada campesina que ama desaforada y ardientemente al joven fraile Adso de Melk, cuyo nombre, ni él ni nosotros, jamás sabremos.

Para ir concluyendo, un poema de Ramirez, Una efigie para Prometeo, me remite a un tema de gran actualidad literaria: el centenario del wakcha, el apu mayor de nuestras letras, José María Arguedas. Hoy que todos lo celebran, es pertinente recordar que quienes más lo ensalzan pertenecen a ese socialismo decadente que lo martirizó y deprimió, llevándolo al suicidio. La sangre del autor de Los ríos profundos empapa al Instituto de Estudios Peruanos, y está en las manos del antropólogo José Matos Mar, del sociólogo francés Henri Favre y del economista Jorge Bravo Bresani, quienes lo ofendieron en la famosa Mesa Redonda de 1965, y de los cuales dijo Arguedas: “…casi demostrado por dos sabios sociólogos y un economista, también hoy, de que mi libro Todas las sangres es negativo para el país, no tengo nada que hacer ya en este mundo”.

Prometeo fue escarnecido por los hombres, a quienes llevó el fuego, y condenado por los dioses, de quienes lo hurtó. Ocurrió lo mismo con Arguedas. Hoy, esa misma izquierda que se mofó de su obra tildándola de conservadora, pasatista y folklórica, que ahora nos prohíbe el alcohol, pretende hacerlo suyo y colmarlo de homenajes para distraernos a todos de su responsabilidad en la muerte del amauta: no lo permitamos.

Me quedo, para acabar, con el último poema de Cuarto Vecino, Acerca de los poetas, donde Oscar Ramirez nos guiña, con irreverente complicidad: “Lo perfecto es aquello que no se escribe / y queda en nuestro pensamiento / como una imagen completa y absoluta”. Rotunda verdad para todos los que ejercemos este oficio, la literatura, impensable para corazones candorosos o estómagos frágiles: la mejor novela, el más esclarecedor ensayo, o, de todos, el poema que nos conmueve hasta la médula, es el que nunca escribiremos.

(*) Palabras de presentación del poemario Cuarto Vecino de Oscar Ramírez en la Casa de la Literatura [19 de enero de 2011]

“MEDITACIÓN AL PIE DE LOS ZORROS (III)” POR CÉSAR LÉVANO (DIARIO “LA PRIMERA”).


“MEDITACIÓN AL PIE DE LOS ZORROS”
(III)

Por: César Lévano

2. Hay en el ¿Último diario? al final de la novela, un párrafo que ha sido aprovechado por los violentistas, que en el pasado no sólo sufrieron la crueldad de la guerra sucia, sino que también cometieron matanzas de campesinos y asesinatos a sangre fría de dirigentes populares cuyo crimen consistía en ser “revisionistas”.

El párrafo dice:

“Quizá conmigo empieza a cerrarse un ciclo y abrirse otro en el Perú y lo que él representa: se cierra el de la calandria consoladora, del azote, del arrieraje, del odio impotente, de los fúnebres ‘alzamientos’, del temor a Dios y del predominio de ese Dios y sus protegidos, sus fabricantes; se abre el de la luz y la fuerza liberadora invencible del hombre de Vietnam, el de la calandria de fuego, el del dios liberador, Aquel que se reintegra. Vallejo era el principio y el fin”.

El dios libertador, el que se reintegra, es Inkarri.

El 27 de noviembre de 1969, un día antes de los dos balazos con que acabó su vida, Arguedas había, en carta al Rector de la Universidad Agraria, configurado el papel de Inkarri, el dios desintegrado que integrándose nos integraría. Se lee allí:

“Fui testigo de cómo delegados estudiantiles fanatizados y algo brutales fueron siendo ganados por el sentido común y el espíritu universitario cuando los profesores, en lugar de reaccionar sólo con la indignación, lo hacían con la mayor serenidad, energía e inteligencia… El Perú es un cuerpo cargado de poderosa savia ardiente de vida, impaciente por realizarse; la Universidad debe orientarla con lucidez, ‘sin rabia’, como habría dicho Inkarri”.

Eran las palabras del adiós encerradas en el ciclo “de la luz y de la fuerza liberadora”.

Pero en el texto de Perú vivo, que es de 1966, reiteramos, Arguedas había percibido que el desarrollo capitalista deformado acarreaba, con todo, un esfuerzo integrador. Describe así ese proceso.

“Yo he visto transformarse el país. Cuando visité Lima por primera vez, en 1919, las mulas que arrastraban carretas de carga se caían, a veces, en las calles, fatigadas y heridas por los carreteros que les hincaban con púas sobre las llagas que les habían abierto en las ancas; un “serrano” era inmediatamente reconocido y mirado con curiosidad o desdén; eran observados como gente bastante extraña y desconocida, no como conciudadanos o compatriotas. En la mayoría de los pequeños pueblos andinos no se conocía siquiera el significado de la palabra Perú. Los analfabetos se quitaban el sombrero cuando era izada la bandera, como ante un símbolo que debía respetarse por causas misteriosas, pues un faltamiento hacia él podría traer consecuencias devastadoras. ¿Era un país aquél que conocí en la infancia y aún en la adolescencia? Sí, lo era. Y tan cautivante como el actual. No era una nación”.

20/01/2011

Fuente:
Diario “La Primera”

CURSO: “PARA LEER A VARGAS LLOSA” A CARGO DE CARLOS ARTURO CABALLERO MEDINA.


UNIVERSIDAD ANTONIO RUIZ DE MONTOYA

EXTENSIÓN UNIVERSITARIA


CURSO: “PARA LEER A VARGAS LLOSA”

Profesor: Carlos Arturo Caballero Medina

Fecha: Del 26 de enero al 2 de marzo

Hora: Miércoles de 6:30 a 9:00 p.m.

Inversión:

S/. 180 (público en general) - S/. 100 (estudiantes)

Ver formas de pago, aquí:
http://www.uarm.edu.pe/vargasllosa_ene11?K=3923

Para inscribirse en el curso entre a:
http://www.uarm.edu.pe/vargasllosa_ene11?K=4694

Perfil: Carlos Caballero Medina

Licenciado en Literatura y Lingüística por la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. Ha dirigido la revista de literatura Náufrago (2004) y dirige la revista de investigación Letras del Sur. También, ha publicado ensayos de investigación en revistas académicas locales y en el extranjero vinculados a la obra de Mario Vargas Llosa. Además administra los blogs Letras del Sur y Náufrago digital en los cuales aborda temas sobre cultura y política. Actualmente, ejerce la docencia universitaria en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, Universidad Privada del Norte y Universidad San Ignacio de Loyola.

Teléfono: (511) 719-5990 - (511) 4245322

I. SUMILLA

El curso brindará un panorama literario de las novelas más representativas de Mario Vargas Llosa con el objetivo de explicar el merecimiento que la Academia Sueca otorgó a su trayectoria literaria: "por su cartografía de estructuras de poder y sus mordaces imágenes de la resistencia individual, sublevación y derrota". Es decir, se intentará descifrar la nominación que la Academia concedió a la obra vargallosiana mediante la discusión de conceptos como "cartografía", "poder", "individualismo", "sublevación", etc.

II. CONTENIDOS DEL CURSO

Primera sesión. 26 de enero

- Breve presentación del curso
- Introducción a la teoría de la novela de Vargas Llosa
- “La teoría de la novela de Mario Vargas Llosa y su aplicación en la crítica literaria”. Birger Angvik.

Segunda sesión. 2 de febrero

- La casa verde
- Revisión de artículos críticos
- “Historia secreta de una novela”. Mario Vargas Llosa
- “La casa verde: ¿truco literario?”. Nestor Tenorio Requejo
- “El árbol narrativo. Para una relectura de La casa verde”. Fernando Moreno

Tercera sesión. 9 de febrero

- Conversación en La Catedral

- Revisión de artículos críticos
- “La mirada de Zavalita hoy: en qué momento se jodió el Perú”. Yolanda Westphalen

Cuarta sesión. 16 de febrero

- La fiesta del Chivo
- Revisión de artículos críticos
- “Los males del poder y los poderes del mal”. Peter Elmore
- “Violencia político sexual del Estado, trauma y la historia de una víctima en La fiesta del Chivo”. Lady Rojas Temple

Quinta sesión. 23 de febrero

- Travesuras de la niña mala
- Revisión de artículos críticos
- “Reflexiones sobre una niña mala”. José Miguel Oviedo
- “La niña mala como alegoría de la creación literaria”. Giovanna Pollarolo

Sexta sesión. 2 de marzo

- El sueño del celta
- Revisión de artículos críticos

III. METODOLOGÍA

Durante la primera parte de las sesiones, se explicarán los conceptos que resultan fundamentales para aproximarse al análisis e interpretación de las novelas seleccionadas. En la segunda parte, se comentará la lectura crítica que anticipadamente se habrá asignado a alguno de los alumnos para que realice una breve presentación de la misma.

IV. BIBLIOGRAFÍA

Novelas de Mario Vargas Llosa

1966 [2002] La casa verde. Lima: Peisa / El Comercio
1969 [2002] Conversación en La Catedral. Lima: Peisa / El Comercio.
2000 La fiesta del Chivo. Lima: Santillana.
2006 Travesuras de la niña mala. Lima: Alfaguara
2010 El sueño del celta. Lima. Alfaguara

Sobre Mario Vargas Llosa

ANGVIK, Birger (1989). “La teoría de la novela de Mario Vargas Llosa y su aplicación en la crítica literarias: desde la indeterminación metafórica del lenguaje teórico a la sobredeterminación categórica del lenguaje crítico”. Hueso húmero. Número 23, pp.26-53.

FORGUES, Roland (ed.) (2001). Mario Vargas Llosa. Escritor, ensayista, ciudadano y político. Lima: Minerva.

KRISTAL, Efraín (1998) Temptation of the word: the novels of Mario Vargas Llosa / Efraín Kristal. Nashville: Vanderbilt University Press.

OVIEDO, José Miguel (1982). Mario Vargas Llosa: la invención de una realidad. Barcelona: Seix Barral.
_____________________(2007). Dossier Vargas Llosa. Lima: Santillana.

TENORIO REQUEJO, Néstor (comp.) (2001). Mario Vargas Llosa: el fuego de la literatura: textos básicos de aproximación a la narrativa vargasllosina. Lima: Arteidea.

STANDISH, Peter (1984). “Acotación a la teoría novelística de Mario Vargas Llosa”. Revista de crítica literaria latinoamericana. Año 10, número 20, pp. 305-310

WILLIAMS, Raymond L. (2001) Otra historia de un deicidio. México: Alfaguara.
_____________________ (2003) “Literatura y política: las coordenadas de la escritura de Mario Vargas Llosa”. En Mario Vargas Llosa. Literatura y política. Madrid: Fondo de Cultura Económica, pp. 15-37.

Mayor información:
http://www.uarm.edu.pe/vargasllosa_ene11

miércoles, 19 de enero de 2011

“ARGUEDAS Y LA MESA REDONDA DEL IEP” POR ANTONIO ZAPATA (DIARIO “LA REPÚBLICA”).


“ARGUEDAS Y LA MESA REDONDA DEL IEP”

Por: Antonio Zapata

Poco después de publicar su famosa novela Todas las sangres, José María Arguedas participó de una mesa redonda en el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), para discutir con un destacado grupo de críticos y científicos sociales. Con la excepción del lingüista Alberto Escobar, los demás participantes criticaron frontalmente la obra. El argumento más empleado fue que no reflejaba el presente ni el futuro del país, sino que constituía un trozo de su pasado.

Por ejemplo, el destacado antropólogo Henri Favre sostuvo que la novela estaba construida sobre temas de etnia y casta, cuando en la realidad peruana de esos días primaban los problemas de clase. Donde Arguedas veía indígenas, él observaba campesinos. Uno a uno los intelectuales lo fueron arrinconando y Arguedas se defendió como pudo.

Ante la silenciosa presidencia de Luis E. Valcárcel, Arguedas sostuvo que el Perú era muy diverso, que había regiones más desarrolladas que otras, pero que el gamonalismo a la antigua no había desaparecido ni de Cusco ni de Apurímac y que ahí estaba situada su novela. Pero se fue callando, hasta que Aníbal Quijano resumió las críticas y con su habitual consistencia demolió la visión de la sociedad peruana planteada por la novela. Antes de silenciarse, Arguedas en un momento exclamó: “¡Entonces he vivido en vano!”, expresando que si no entendía al Perú y su obra no era una contribución, sino lo contrario, se sentía sobrante en este mundo.

En realidad, esos eran sus sentimientos cuando esa misma noche anotó en su diario que estaba deshecho. Un grupo de científicos sociales le había explicado que no servía para nada, ni para novelista. Él sintió que le faltaban fuerzas y dio vueltas alrededor de la idea del suicidio, pidiéndole perdón tanto a Celia como a Sybilla. Pero no se mató esa noche, lo haría cuatro años después.

Por lo tanto, bastante se ha escrito sobre la relación entre los dos acontecimientos, la discusión en el IEP y el suicidio de Arguedas.

La segunda edición de la mesa redonda fue prologada por Guillermo Rochabrún, quien analiza cómo y por qué en el IEP no hubo un diálogo fecundo, sino más bien plagado de incomprensiones. Aparentemente todo está claro y no hay más que decir, la mayoría de los participantes ha fallecido y los que sobreviven no han querido abundar.

Pero quisiera plantear otra lectura de los hechos. Pienso que sí hubo creatividad. En todo caso, Arguedas les hizo caso y planteó su siguiente novela en la costa, en el puerto pesquero de Chimbote, donde se estaba dando la fusión entre el Perú criollo y el andino, que los científicos sociales le habían subrayado como el verdadero proceso social del país. Arguedas fue en busca de la problemática cuya ausencia le habían criticado.

Gracias a su sensibilidad, Alberto Escobar captó la conexión entre la mesa redonda y la última novela sobre los Zorros, en el prólogo que escribió para la primera edición de esa célebre reunión. Casi a la pasada menciona que Arguedas procesó el debate, al encarar la problemática de Chimbote. De esta manera, se habría sobrepuesto al mal sabor que le dejó esa tarde. Al suicidarse pocos años después, se quebraron sus fuerzas y se desataron viejas dolencias. Pero la mesa redonda no fue el acontecimiento que lo desmoronó, sino por el contrario, le dio alas a su última empresa intelectual.

El desgarro de esta novela postrera y la narración inconclusa –intercalada con los diarios que anuncian la muerte del autor– pueden leerse como una lucha final, una agonía, para emplear el término en su significado unamuniano. Por un lado, la racionalidad para comprender al nuevo Perú, y por el otro, sus crónicas angustias vitales, que se impusieron y lo llevaron al suicidio. Así, los Zorros de El zorro de arriba y el zorro de abajo serían los últimos vástagos de la mesa redonda del IEP.

19/01/2011

Fuente:
Diario “La República”

“MEDITACIÓN AL PIE DE LOS ZORROS (II)” POR CÉSAR LÉVANO (DIARIO “LA PRIMERA”).


“MEDITACIÓN AL PIE DE LOS ZORROS”
(II)


Por: César Lévano.

En los días en que escribía su novela, Arguedas dirigió desde Santiago de Chile a Horst Baeder, de la Universidad Libre de Berlín, una carta fechada el 29 de mayo de 1969, en la que se lee: “En tres meses acaso podríamos desentrañar hasta donde es posible este complejísimo y fascinante universo que es la cultura hispano-india labrada hasta haber alcanzado una especie de increíble estabilidad de contraste en el período colonial y que en estos últimos treinta años se está desintegrando de la manera verdaderamente más dramática e interesante. La novela que actualmente escribo trata de este último tema”.

Desgarramiento, desintegración: esas eran las corrientes que amenazaban al Perú y que castigaban el alma enferma del novelista. Pero la obsesión suicida enturbiaba el panorama del gran drama que buscaba reflejar.

El Perú era, por lo demás, un país desgarrado desde mucho antes, desde el día en que los conquistadores pusieron pie en la costa peruana. El propio Arguedas expuso en un texto poco conocido, La literatura como testimonio y como una contribución, escrito en 1966 (en la época en que anunciaba ya, en carta a su fraterno amigo Manuel Moreno Jimeno, su intención de suicidarse):

“Cuando, durante la niñez y la adolescencia, recorrí vastamente el país, recuerdo que el Perú estaba más dividido en su entraña, y frenado. Anduve a caballo con mi padre, por muchas provincias. Atravesé el país de Este a Oeste. Hice a caballo el camino del Cusco hasta Ica. Viví en un gran feudo, dos haciendas establecidas en las faldas de las montañas que orillan el río Apurímac. Una era de caña de azúcar, la otra de panllevar. Pertenecían a un solo dueño. Creo que entre ambas tenían unos quinientos siervos indios. Estos siervos podían ser azotados y aún muertos por el hacendado. Vi cómo mandó flagelar a un indio, haciéndolo colgar de un árbol de pisonay. Había escondido debajo de su poncho unos cuantos plátanos. La hacienda producía muchos plátanos que el dueño mandaba cosechar y meter en un depósito donde se podrían. El mercado más próximo era Abancay, y allí los plátanos costaban menos que lo que valía llevarlos desde la hacienda a esa ciudad”.

Más adelante sintetiza los cambios del país:

“Me he informado de la creación de Colegios Nacionales en Chipao, en Aucará, de la provincia de Lucanas; en Pacarán, del valle de Lunahuaná… ¿Colegios allí? Si mi padre fue recibido en los dos primeros pueblos, hacia 1918, como si fuera un semidiós por el sólo hecho de ser Juez de Primera Instancia, y, Pacarán, en donde dormí una noche, en 1929, era un pueblito resignado con su analfabetismo; era una especie de pequeño ratón adormecido. En este mes de junio de 1966, volví a Pacarán: hierve de niños y colegiales, de tránsito mecanizado”.

19/01/2011

Fuente:
Diario “La Primera”

martes, 18 de enero de 2011

JOSÉ MARÍA ARGUEDAS - CIEN AÑOS: 1911-2011. “ARGUEDAS EN EL CORAZÓN DEL PUEBLO PERUANO Y DEL MUNDO”.


JOSÉ MARÍA ARGUEDAS - CIEN AÑOS: 1911-2011. “DE UN PAÍS DE HIJ@S DE ESPAÑOLES A OTRO DE TODAS LAS SANGRES” POR RODRIGO MONTOYA ROJAS.

(1) “Arguedas es el escritor de los encuentros y desencuentros de todas las razas, de todas las lenguas y de todas las patrias del Perú”. (2) Arguedas no fue un testigo pasivo, ni se limitó a fotografiar y a describir, tomó partido.

“DE UN PAÍS DE HIJ@S DE ESPAÑOLES A OTRO DE TODAS LAS SANGRES”

Por: Rodrigo Montoya Rojas
Navegar Río arriba

Nació en Andahuaylas un día como hoy, en 1911. Vivió allí sólo tres años. Al perder a su madre, Victoria Altamirano, él y su hermano Arístides fueron llevados por su padre -Víctor Manuel, un abogado cusqueño- a San Juan de Lucanas. Como hijastros de doña Grimanesa Arangoitia viuda de Pacheco tuvieron una niñez difícil, tanto por la dureza de ella como por la constante ausencia del padre. En la cocina de la casa, doña Cayetana le dio la ternura que le hacía falta y en las tierras lucaninas de músicos, danzantes y comuneros que trabajaban felices en sus faenas, aprendió a cantar, a enamorar en quechua y también a admirar la fuerza de los comuneros, siempre compitiendo entre ellos para arar más profundamente la tierra, limpiar una acequia, bailar en la fiesta del agua o en su apoyo a los danzantes de tijeras preferidos.

Hizo sus estudios de secundaria en colegios diferentes en Ica, Yauyos, Abancay y Huancayo. En 1931, ingresó a San Marcos para estudiar Educación, siendo al mismo tiempo empleado de correos. Se decidió a escribir y contar lo que era el mundo andino luego de leer lo que jueces y literatos escribían sin conocer la realidad, ni sentirla. Imaginemos la furia que sintió cuando López Albújar contaba que los llamados indios no querían a sus mujeres e hijos y preferían a sus animales. En los cuentos de su primer libro, “Agua” (1935) presentó, desde dentro de la cultura quechua, el gravísimo conflicto entre señores e indios, con una poesía y ternura extraordinarias. Su relato Warma kuyay (amor de adolescente) es, tal vez, el mejor.

San Marcos lo acercó al debate político de entonces. Como simpatizante del Partido Comunista tuvo un breve momento de participación política organizada, pronto abandonó la célula cuando su jefe le reprochó emborracharse con los indios y acompañar a los danzantes de tijeras, antes que cumplir con sus tareas revolucionarias. Cuando le dijeron que los comunistas solo tendrían derecho a la alegría después de La Victoria, sintiéndose empequeñecido (chintirukuspa, en quechua) pidió salir de la reunión por un momento y no volvió más. En 1937, por asistir a un mítin de solidaridad con los republicanos españoles, fue apresado en la puerta de la casona de San Marcos y encerrado en “El sexto”, la dura cárcel limeña, en la que conoció de cerca el conflicto político entre apristas y comunistas, costeños y serranos, entre la ciudad y el campo. Allí, le sirvieron de consuelo las canciones quechuas aprendidas en Puquio y San Juan, reunidas y traducidas después en un precioso librito “Canto quechua” (1938). Más tarde, en su novela “El sexto”, JMA vuelve sobre los conflictos políticos, particularmente entre apristas y comunistas. Ya casado con Celia Bustamante, para recuperarse de su quebrantada salud siguió el consejo médico de volver a los Andes y emprendió el camino de profesor de lengua y literatura en el colegio Pumacahua de Sicuani. Vivió feliz el reencuentro con las piedras trabajadas como si fueran de barro, la luz y belleza del Cusco, el descubrimiento de las danzas, cantos y cuentos de sus estudiantes, de la voz maravillosa de Carmen Taripha, la cocinera del padre Jorge C. Lira en la parroquia de Calca, y los primeros estudios de folklore en el departamento de Antropología de la Universidad San Antonio Abad, con Efraín Morote Best y Josafat Roel Pineda. Estando en Cusco escribió artículos que se publicaron en el diario “La prensa” Buenos Aires, reunidos luego en el libro “Señores e indios”, publicado en Cuba por Ángel Rama. En ese fértil período escribió la novela “Yawar Fiesta” (1941) para presentar el mundo de señores indios en la provincia de Lucanas, particularmente en Puquio, a través de los toreros profesionales y los capeadores o jugadores andinos con los toros. Enriquecido con esa experiencia cusqueña, JMA tomó la decisión de estudiar Antropología en San Marcos.

Luego de publicar el relato “Diamantes y pedernales” (1954) y de concluir sus estudios de Antropología, volvió a Puquio en 1955 junto con Josafat Roel Pineda y el sociólogo francés Francois Bourricaud e hizo un trabajo de campo que le sirvió para escribir el libro “Puquio: una cultura en proceso de cambio”. En ese viaje, él y Josafat Roel recogieron una segunda versión del mito de “Inka Ri”, luego que el propio Roel y el antropólogo Oscar Núñez del Prado, lo oyeran por primera vez, algunos meses antes, a los K`eros del Cusco.

En 1959, la editorial Losada de Buenos Aires publicó su novela “Los Ríos profundos”. El éxito fue inmediato, lo situó entre los mejores escritores peruanos y le abrió las puertas para viajar invitado a diversos países. En la ficción, el niño Ernesto recrea una relación de amor y admiración con su padre, siempre ausente, gracias a un diálogo mágico a través de la voz de un trompo (el zumbayllu), los ríos y los vientos, y trata de un conflicto serio entre señores y siervos debido al monopolio de la sal.- No conozco en Perú una prosa con más ternura que la de esa novela.

En 1958, JMA pidió a la Unesco una beca para viajar a España y tratar de responder a la pregunta cuánto de España hay en las comunidades peruanas. Nunca antes antropólogo latino americano alguno había formulado un plan de trabajo como ese. Su libro “Las comunidades de España y Perú”, fue su tesis de doctorado en San Marcos en 1963, después de haber publicado en 1962 su cuento “La agonía de Rasu Ñiti”, un relato precioso sobre la vida y muerte de un danzante de tijeras, y su poema “Túpac Amaru Kamaq Taytanchisman Haylli Taki”, A nuestro Padre creador Túpac Amaru Himno-Canción). En 1963, su amigo Paco Miró Quesada, ministro de Educación en el primer gobierno de Belaunde, creó para él “La casa de la Cultura”. Dejó ahí su huella en la revista “Cultura y Pueblo”, en la presentación múltiple y constante de la Música, canto y danzas indígenas, principalmente andinas, en los mejores teatros de Lima y en el registro de artistas andinos como el primer reconocimiento oficial de su historia. El 1964, publicó su novela “Todas las sangres”.

Después de su tesis de doctorado JMA debió haber sido nombrado con todo derecho profesor de antropología a tiempo completo en San Marcos, pero no fue así. Amigos del Departamento de Humanidades de la Universidad Agraria le ofrecieron un puesto que sería el último. La tesis doctoral y la novela “Todas las sangres”, dejaron a JMA agotado, con pocos ánimos para seguir. Un viaje de algunas semanas a Estados Unidos, invitado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos y varios viajes a Chile para recuperar su debilitada salud, marcan el momento de la larga crisis final. Su depresión, compañera constante desde su primera infancia, lo condujo en 1966 a un fallido intento de suicidio en el Museo de la Cultura peruana, del que era director.

Con un nuevo amor y un segundo matrimonio, Sybila Arredondo, hizo varios viajes a Santiago para ver a la psiquiatra Lola Hoffman. Su consejo de escribir para no morir lo embarcó en su último proyecto literario y póstuma novela “El zorro de arriba y el zorro de abajo”. Si en “Todas las sangres” intentó una visión global del país, con la historia de los zorros asumió el desafío de ver el país dentro del capitalismo global en la media en que Chimbote era el puerto mayor de Perú, convertido en primer exportador de harina de pescado en el mundo. Dos mil años después del encuentro de los zorros yungas de abajo y andinos de arriba en el Pariaqaqa, nevado de la sierra de Lima -tomado del relato “Dioses y hombres de Huarochirí” que él tradujo del quechua- JMA los reunió por segunda vez en Chimbote para tratar de entender la historia contemporánea, al mismo tiempo que en sus “Diarios” iba contando cuán cerca estaba ya de acertar en su decisión de pegarse un tiro, y cuáles eran y habían sido sus convicciones literarias y políticas más importantes en el país que le tocó vivir.

A fines de noviembre de 1969, el tiro que se dio cerca de su oficina en la Universidad Agraria fue definitivo. Unos días después, murió. En los 42 años transcurridos y ahora, en el primer centenario de su nacimiento, JMA es un héroe cultural, un escritor de primera línea y uno de los cimientos firmes para pensar el futuro del país. Miles de jóvenes en todas partes lo toman como un ícono y mentor de lo bueno y mejor que tiene nuestro pueblo aunque estoy seguro que muchos de ellos y ellas lo han leído poco o nada. Lo que importa es lo que saben de él por sus frases que circulan como claves para entender el país. En particular una: “Todas las sangres”, que quiere decir, todas las lenguas y culturas, todos los rasgos biológicos existentes en la Costa, los Andes y la Amazonía; todas las naciones que existen escondidas y sometidas a una, la occidental criolla que se siente y define como única. La visión uni-cultural del Perú criollo oficial desde 1821 hasta ahora, expuesta en el ideal del Estado nación de un estado, una nación, un territorio, una lengua, una religión, importado de Europa y Estados Unidos, está en abierta contradicción con la realidad heterogénea y maravillosa del país, de una decena de culturas y por lo menos 50 lenguas, lo que se llama ahora diversidad cultural o multi culturalidad.

En “Todas las sangres”, la novela más importante del país, JMA inventa y deja las bases de solución de un gran conflicto entre el capitalismo y el mundo andino, pone en discusión la noción de patria y crea un personaje como Demetrio Rendón Willka, un indio que sabe leer y escribir, que tiene experiencia obrera y sindical, que no cree en Dios, no reniega ni siente vergüenza de su condición de indio, se identifica plenamente con el espíritu colectivo de las comunidades, disfruta con el trabajo-fiesta de la faena y que tiene la prudencia de los grandes sabios andinos, que habla con la fuerza de la naturaleza, que no tiene rabia, pero que quiere cambiar el mundo para que el Perú sea una patria para todos sus hijos y no sólo para los criollos. Quienes criticaron la novela esperaban que JMA reprodujera en la ficción la realidad de entonces y como no conocían a ningún Demetrio Rendón Willka o a ningún capitalista nacional o patriótico, dijeron que la novela tenía graves problemas. Ahora que la Constitución de 2008 sostiene que Bolivia es un país plurinacional y los pueblos indígenas tienen sus derechos colectivos e individuales asegurados, el sueño arguediano cobra una fuerza mayor. ¿No hay acaso un vínculo posible entre Demetrio Rendón Willka y Alberto Pizango? Falta que la cultura se vuelva política, es decir, que no defendamos únicamente el canto, la danza y la Música sino que, además, los pueblos indígenas tengan directa participación en el poder del país, de modo organizado y autónomo. En abril, o mayo próximo, volveré sobre la importancia literaria y política de Arguedas en mi libro “Cien años del Perú y de Arguedas”.

Rodrigo Montoya Rojas

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“Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo. Con nuestro corazón lo alcanzamos, lo penetramos; con nuestro regocijo no extinguido, con la relampagueante alegría del hombre sufriente que tiene el poder de todos los cielos, con nuestros himnos antiguos y nuevos, lo estamos envolviendo. Hemos de lavar las culpas por siglos sedimentadas en esta cabeza corrompida de los falsos wiraquchas, con lágrimas, amor, o fuego. ¡Con lo que sea! Somos miles de millares, aquí, ahora. Estamos juntos, nos hemos congregado pueblo por pueblo, nombre por nombre, y estamos apretando a esta inmensa ciudad que nos odiaba, que nos despreciaba como a excremento de caballos. Hemos de convertirla en pueblos de hombres que entonen los himnos de las cuatro regiones de nuestro mundo, en ciudad feliz, donde cada hombre trabaje, en inmenso pueblo que no odie y sea limpio, como la nieve de los dioses montaña donde la pestilencia del mal no llegue jamás- Así es, así mismo ha de ser, padre mío, así mismo ha de ser, en tu nombre, que cae sobre la vida como una cascada de agua eterna que salta y alumbra todo el espíritu y el camino”. (José María Arguedas, Túpac Amaru Kamaq Taytanchisman Haylli Taki, A nuestro Padre creador Túpac Amaru Himno-Canción. Ediciones Salqantay. 1962. Lima).

18/01/2011

Fuente:
Diario “La Primera”