martes, 30 de noviembre de 2010

“BAGHAVAD PIZZA” POR MIGUEL ILDEFONSO.


“BAGHAVAD PIZZA DE MIGUEL ÁNGEL FUENTES”

Por: Miguel Ildefonso

El poeta cusqueño Miguel Ángel Fuentes está pronto a presentar en Lima Baghavad Pizza, libro de poesía cuyo título no solo ironiza al de las escrituras sagradas de los hindús, sino, además, a los discursos triunfantes de la modernidad, que, quizás, en su mayoría corresponden a los de la estupidización de las masas. Fuentes es un Ginsberg de nuestros Andes que, con su excelente y exuberante verbo, lanza sus ácidas críticas a todo la hipocresía del poder, del stablisment y sus tecnologías. Aquí la poesía no está callada. Aquí la poesía es para leerla en voz alta, y mejor si es durante un concierto de rock. Poemas para leer con la voz de don Nicanor, con la voz del viejo Buko, con la propia voz o con la de todos, en coro, y pogueando mejor. Veamos:

Egosincracia

No soy ese a quien esperan
aquellas nenas neurasténicas de imperturbable alergia a la maternidad
y a la vida electrodoméstica en familia
Apenas soy ese a quien remotamente en el San Pedro recuerdo
Ni apóstol epicúreo zen de Paulo Coelho
ni difamador de Dios en conciertos Punk al Este de Ámsterdam

No soy aquel psicópata que la prensa exalta y acecha
en pro de primicias para enfatizar la libertad de prensa en democracia
No soy aquel famélico iconoclasta icono del rock
que la juventud underground aclama e imita en
detrimento de la dignidad vaginal en el nombre del Papa
Soy la emulsión
que mis manos provocan
después de compulsivas maniobras
a propósito de Elma Rosa María Dioni y Paola

Mi suerte es de esos calendarios baratos de ferretería
algo así como aquel Ulises de Joyce
en manos de un futbolista peruano
convertido al evangelismo después
de ciertas manifestaciones acústicas en el hígado

Desafortunadamente
para el club de Leones para el colegio de Arquitectos
para los discípulos bautizados de Erich Fromm
para las ONGs pro indigenistas inspirados en Neruda
mi noción de filantropía
es un santuario erigido en memoria de don Bosco
sobre un yacimiento de Plutonio

Amo los truenos los peñascos las extremidades del Universo
La compañía arcana de los árboles viejos
como la incertidumbre de las estrellas
en el hemisferio laudo de los búhos
Nada sé de países nada de soberanía
Nada sé del por qué un pavo aderezado en el horno
alegra el corazón de Dios la semana última de Diciembre

Mi talento es otro
Soy el intempestivo e inspirado calígrafo diurético de la noche
en plena vía pública
Soy lo que mi madre no quiere entender
por orgullo a mi apellido importado de Galicia vía Cataluña
Soy el mentor de la sanidad espiritual
de cierto circulo de amigos con pasaporte escandinavo
y exóticas fantasías en el cóccix para la recomendable reputación de Machupicchu

Soy aprendiz del oficio de hombre
Acaso nunca me atreva a retraer los impulsos agnósticos de mi pelvis
a pesar de los apotemas cardiovasculares prescritos por Dios
Mi biografía está escrita en las paredes de los servicios higiénicos
de clínicas y restaurantes alternativos inadmisibles para Fidel
Lo mío es una patología endocrina al pie del Huascarán
y presuntamente catalogada por la National Geographic
un listado de inquietudes que aun el Vaticano no ha logrado catalogar
por disfunción genital del espíritu santo

Yo soy un país una monarquía absolutista
un terreno baldío rodeado de girasoles
un campo de concentración
un leprosodio new age funky
un cementerio de elefantes futurista
el desierto que ni aun yo logro atravesar
Confiar en ti o en mí sería desaprovechar al Profeta Jeremías
Más vale que me expliquen por qué Virginia Wolf
eligió el fondo del indiscreto Ouse
a pesar de la futura reputación de Elvis Presley en Emei Shan

Amo en secreto a una e innumerables Angelinas
porque el único lugar salvo en éste planeta
está en mi corazón entre mis piernas
en el callejón oscuro de mi sonrisa
Soy hombre de rascacielos barracones y olmedos
Me descubrí a ti en un indigente arrastrando los pies deformes
en una calle peraltada para detractores étnicos de Elton John
Me descubrí a ti en un bar vegetariano sentado en la barra
enunciando los arcanos aun no llevados a imprenta por Osho

A donde voy nadie puede llegar
ni nadie puede evitar que llegue
El diablo es sólo un sufijo
una poción salina entre los muslos de otra María
Después de cuarenta días en el desierto
lo único que ha florecido es mi gastritis
Escogí éste camino
porque así está escrito en el Harlem
y en las falanges celestiales de John Bonham

El contacto frecuente con ustedes
sólo invita a provocar las neuronas de mis hijos
en torneos de marinera capoeira y saya

Elegí extraviar mis zapatos en Uchurajhay
no creo que le haga falta a la seguridad vial en Kingston Town
para qué sirve el himno nacional
para qué es útil fotografiar la torre Eiffel
para qué sirve el estrés y la depresión
para qué la libertad sexual a un parapléjico admirador de Lacan
para qué hacerle caso a Buda y a Kierkegaard
para qué nos sirven los aplausos en memoria de Octavio Paz
para qué la semiótica a un autista oriundo de Addis Abeba
para qué la historia del arte en una sesión de hemodiálisis
para qué es útil un poster de Einstein en mi habitación

Pero quién sabe quién soy Yo
Acaso ese Dios que no es más que el prozac
de aquellos que ha renunciado por protocolo espiritual y financiero
a los beneficios alternativos de un test psicométrico
O acaso tú que crees haberme inventado
mientras libábamos vino
y el calidoscopio de la noche nos envolvía en el mito
O acaso esas noches en el calabozo
donde por simple intuición el señor coronel dejó entrever
su falta de civismo a causa de mis labios en posición decúbito dorsal

Salvo a Wakko Warner
no le debo STOP CRISH BABU a nadie
Estoy dichosamente como la oreja de Van Gogh como siempre
Como Judas antes de las treinta monedas
Como el himen de una niña recientemente desmitificada
Como Gregorio Samsa en un poema de Gabriela Mistral
Como el hombre araña en las líneas de Nazca

Pobre de aquel que me acuse de blasfemo libre o loco
La ciudad aun no cuenta con el mobiliario
para las libertades en torno el ímpetu otorrino neuropsicogenital
Gracias pero no
No soy digno de efigies ecuestres
ni de séquitos con el metabolismo acreditado para el cannabis y rock
Literalmente soy un fotógrafo de porristas aspirante a Bhiksu
Un Charles Manson
En el mejor de los casos un Willian Wallace
apremiado por la inusitada autonomía del aparato digestivo

lunes, 29 de noviembre de 2010

APARICIÓN DE LA REVISTA DE CREACIÓN LITERARIA ESCOLAR “EL PEZ GLOBO”.


APARICIÓN DE LA REVISTA DE CREACIÓN LITERARIA ESCOLAR “EL PEZ GLOBO”

Estimados amigos:

Les comunicamos que acaba de aparecer la revista de creación literaria escolar “EL PEZ GLOBO” (Co-edición “El pez globo” y “Letra en llamas”). En este primer número se publican poemas y caligramas de los alumnos de la I.E. 0059 “Santa María Goretti ” de Ñaña.

Esperamos de esta manera estimular el trabajo (re)creativo de los estudiantes con el único propósito de que sus trabajos no queden en el aire, porque “ESCRIBIR ES SER HUMANO”.

Atte,

César Pineda y Paolo Astorga.
Directores de la revista.

“DIARIO DE LOS SUBURBIOS” POR AUGUSTO HUAYTA MEDINA.

Elmer Arana Mesías.
“Diario de los Suburbios”, editorial Pasacalle - octubre 2010.

“EL SUBURBIO DEL MESIAS”

Por: Augusto Huayta Medina

Entre el viento y la lluvia, la melancolía y el desván de una nube que cubre la ciudad y a la vez empuja a un nombre a convertirse en silencio, en el huésped de la calle, meada por los estragos del atardecer de una noche que jura traer panes para la madrugada.

Para este hombre que ve sus días en el mercado con el tumulto y el negocio. Esta es la residencia de niños y niñas, de jóvenes y adultos de esta ciudad de este pueblo de este diario de los suburbios. “entre los periódicos chichas deberás buscarme…”

En los suburbios encontramos a unos hombres de esta ciudad que ve el inicio de sus días entre miserias y orfandad, que le da pelea a la vida con tantas manos y piernas que los años pudieron formar. Desde sus inicios vemos a un niño que recuerda los juegos de su infancia entre el trabajo y las ventas “Aquí los niños juegan con palas y picos; juegan a triciclos que venden pan. Aquí la mayoría de edad se alcanza a los cinco”, también vemos que estos niños reclaman un hogar, una madre si sería de mucho pedir, también un cariño. “Tengo un retazo orlado de uniforme,/un puente padre y un padre ausente;/tengo una carpeta en el espejo;/un cuaderno de 100 vacíos A4;/unas manos dibujando el espanto/y unos ojos que de mucho llorar leen”.

En esta ciudad, que podría ser cualquier recuerdo de un pueblo carcomido por la actividad de la vida, un emporio de los collados de gente que trabaja, que la vida la encuentra en las calles y hay que aprender a vivirlo, con el tráfico del olvido que devasta el propio recuerdo y los mitos religiosos hasta convertirlo en pan y vino que nunca se comerá.

Aquí se denuncia al destino y se encara lo presente, a un gringo occidental que estima los rezos y los santos domingos. Aquí, se ruega una noche más en los burdeles, un sorbo más de vida, a la ilusión, al conjunto de masas que existe en el espacio de las cantinas con unas ropas que muestra hasta el alma y con unas zapatillas de siete suelas para reventarle la sonrisa a la muerte. En esta ciudad, se enjuicia por todo los medios esa crisis religiosa y fervorosa que hace existir a todo los santos que habitan las iglesias. “En verdad, dios fue un pendejo te dejó la hostia y se llevo el vino, prohibió la manzana y te ofreció el hambre; destruyó tu mundo y emigró hacia las alturas”.

El diario de los suburbios de Elmer Arana Mesías, editorial Pasacalle - octubre 2010, que se presento en Ayacucho, ciudad natal del autor, muestra en los poemas la vida de gente humilde y común que va acompañado de unas imágenes abstractas envueltos en líneas retorcidas de tanto encontrar una forma, una figura solo muestren ojos en el vacio que vislumbra el horizonte de un hombre carcomido por el destino. La poesía de Arana no le canta a la iglesia, ni a los apus, ni a la violencia de los 80 de que creo estar seguro lo vivió en carne propia, sino al desenlace, a la discordia y a la orfandad del pueblo con el hombre con la nación y con Dios.

Esta ciudad de cerros de neblina y suelos de arena que de tanto uso muestran sus venas rojizas, rojizas como sus frutas tunales y sus habitantes, como de costumbre o por un hecho natural, que acontece la muerte se despiden con los cantos en las esquinas, en las mesas y en los mercados, a la vida, a esa vida que estoy seguros atrapará un suspiro y un hipo de lectura.

ENTREVISTA AL POETA MESÍAS

Elmer Arana Mesías, “Diario de los Suburbios”, editorial Pasacalle, octubre 2010.

Aquí les dejo con la entrevista de esta nueva voz que no canta a la iglesia ni a los apus, ni a la violencia de los 80 de que creo estar seguro lo vivió en carne propia, sino al desenlace a la discordia y a la orfandad del pueblo con el hombre con la nación y con Dios.

¿Qué es para usted la poesía?

Juan Cristóbal decía que la literatura había sido en su vida un arma de doble filo: por un lado «ayuda a vivir, a develar el mundo, a embellecernos con sus imágenes y figuras (…) a trasladarnos a mundos muchas veces irrealizables. Pero también nos ayuda a saber que la vida es una mierda, un fracaso, una frustración enorme, un enorme vacío».

Yo ya sabía que la vida era una mierda. Lo había comprobado desde muy temprano. Así que la literatura me sirvió para descubrir el primer mundo del que habla Cristóbal. A darle belleza a esos momentos caóticos en los que se desenvuelve la existencia humana. Si la literatura no hubiera llegado a mi vida creo que no me interesaría mucho vivirla. En ese sentido la poesía y la literatura es para mí, antes que todo, una tabla de salvación, un espacio donde me desnudo, donde puedo ser yo mismo, imaginar mundos mágicos, sueños imposibles, como lo dice Juan Cristóbal.

¿Qué definición le da a su poesía?

Puedo definirla de humana. Antes que cualquier interés retórico está la idea de comunicar algo, un estado de las cosas.

¿Cuál es el motivo en la poesía de Elmer?

La vida misma. Trato de representar lo que no se dice, lo que nadie quiere ver, lo que se debe esconder a las visitas.

¿Cómo ve la poesía ayacuchana?

Voy a referirme a la poesía joven. Hay mucha gente decidida a hacer poesía. La poesía ayacuchana ha tenido muy buenos representantes aunque muy escasos. Sin embargo noto que no ha habido exploración de otras temáticas, de otras formas de comunicar. Los poetas de la generación precedente se quedaron en el modelo modernista. Hay una impresión de que la poesía debe llevar intrínseca la identidad ayacuchana y en esa noción se llega a hacerla hermética a otros conceptos. La idea de la identidad es muy compleja por el hecho de que nos lleva a discutir qué es lo ayacuchano y que no. ¿Hasta dónde es posible encontrar lo ayacuchano en la poesía? Una tarea antropológica.

Ayacucho ya dejó de ser una aldea cerrada a las influencias externas. Ya no es la ciudad que nos atrapa con su paisaje andino, que nos conmueve con los huaynos melancólicos, que transmite sus mejores emociones en el runasimi. También hay edificios, suburbios, pueblos jóvenes. A la gente le gusta la cumbia, la salsa, la música subterránea. Es rico el puca picante pero también lo es el ceviche.

Lo que trato de explicar es que si la poesía responde a un tiempo, los tiempos actuales exigen que haya una poesía que represente a todos. Entonces habría que reformular el concepto de identidad ayacuchana que hasta ahora se viene manejando.

Cómo dice Nicanor Parra: «Escriban como quieran / En el estilo que les parezca mejor/.../En poesía se permite todo».

¿Es necesario que poetas de provincia deban recurrir a la capital para ser reconocidos?

No debería ser así pero en la práctica eso es determinante. La mayoría de escritores reconocidos han tenido que emigrar a la capital para consolidarse un nombre. Lima sigue siendo un foco cultural que determina quiénes tramontan su tiempo y quiénes mueren para siempre.

Sucede que la crítica, los premios literarios, las buenas editoriales están concentrada en Lima. Al interior del país no se dan las condiciones para que emerjan escritores que rompan esa situación.

Tendría que generarse, por ejemplo, un premio literario al interior del país, que atraiga a los mejores escritores. Un premio que descubra a nuevos valores y que obligue a la crítica a voltear la vista al otro Perú.

Los escritores, los grupos literarios han surgido por que existe un cuerpo de críticos que los respalda. En el Perú, la crítica es muy escasa y a veces poco seria. A parte de la San Marcos, de la Villarreal y La PUCP (en Lima) y la UNAS (en Arequipa) no hay más universidades que formen en crítica literaria, salvo error mío.

¿Qué opina de los poetas que a diario se inaugura uno?

Mientras más poetas se inauguren mejor.

¿Qué autores ayacuchanos nos recomienda leer?

En poesía, Baltazar Azpur, Víctor Tenorio, Cayo Santos Huamán, Pedro Olórtegui, Héctor García-Blasquez. En narrativa, Sócrates Zuzunaga, Hildebrando y Julián Pérez.

¿Desde Ayacucho cómo ve la literatura peruana?

Desde Ayacucho se ve la literatura peruana, o por lo menos yo la veo, con mucho distanciamiento por una razón en especial: Es muy difícil acceder a los libros actuales que aparecen en el mercado. A lo sumo se logra conseguir de los escritores ya consagrados o de los más marketeados: Reynoso, Bryce, Roncagliolo, Cueto, etc. Rara vez llegan libros de Miguel Gutiérrez, Gregorio Martínez. Y de la poesía ni qué decir.

Las ideas generales que tengo son basadas a partir de extractos literarios que circulan en el internet o de los libros que de vez en cuando me agencio cuando voy a Lima a darme un paseo por Amazonas, Quilca o alguna librería del Jr. Camaná.

HOY SE INICIA EN AYACUCHO EL I ENCUENTRO DE NARRADORES "LA ÚLTIMA CENA".


I ENCUENTRO DE NARRADORES "LA ÚLTIMA CENA"

Ayacucho, del 29 de nov, al 02 de dic.

Narradores invitados:

- CARLOS CALDERÓN FAJARDO
- AUGUSTO HIGA
- PATRICIA DE SOUZA
- GABRIEL RIMACHI
- VÍCTOR TENORIO
- TEODORO ALZAMORA
- CARLOS RENGIFO
- GIANCARLO ANDALUZ
- JULIO CABREJOS
- HENRY QUINTANILLA
- COSME SAAVEDRA
- JORGE TUME

Para ver el programa haga click sobre la imagen
o visite: http://www.infolecturanoticias.blogspot.com/

VIERNES 03 DE DICIEMBRE: PRESENTACIÓN DEL LIBRO “EL ARTE DE NARRAR Y EL PLACER DE LEER”.


PRESENTACIÓN DEL LIBRO: “EL ARTE DE NARRAR Y EL PLACER DE LEER”

Invitan a la presentación del libro:

Ribeyro: El arte de narrar y el placer de leer
de Antonio González Montes

Presentan:

- Dr. Jorge Valenzuela Garcés
- Mg. Mauro Mamani Macedo

Lugar:

Auditorio principal de la Facultad de Letras (1er. Piso)

Fecha: viernes 3 de diciembre

Hora: 5:00 pm.

jueves, 25 de noviembre de 2010

“EL LADO OSCURO DEL CORAZÓN DE LA POESÍA” POR HELÍ PAREDES.

Poeta peruano: Juan Mauricio Muñoz Montejo.

“EL LADO OSCURO DEL CORAZÓN DE LA POESÍA”

Por: Helí Paredes

A Juan Mauricio lo conocí como se conocen las mejores cosas de esta vida: como quien no quiere, andando a la deriva para un día terminar encontrándose. Me ha sucedido así con la amistad, y también con el amor. Será porque soy un asiduo caminante y es por eso que cuando leo El lado oscuro todo me remite a eso, los pasos que doy a través de esta ciudad. Esto no será una crítica ni nada parecido y no lo será porque no soy un crítico ni una criatura semejante. Soy un simple lector que hablará del lado oscuro de la poesía, ese lado que todos tenemos, especialmente los jóvenes poetas que han nacido con ese gusto por los poetas malditos como Rimbaud, Baudelaire, Mallarmé, Lautrémont, y que se refleja en el poemario de Juan Mauricio, de manera certera y cruel, como si nos sumergieran una daga en el vientre.

El lado oscuro busca sobre todo una identidad y esto ya lo vemos desde el primer poema Retrato de una familia donde Juan Mauricio retrata justamente a su familia: ¿es que acaso no es la casa paterna el sentimiento del lugar más seguro y por ende ahí debe estar también la respuesta a lo que somos? El problema se plantea cuando no está allí lo que buscamos y tan sólo podemos definirnos así: un vago, el hermano mayor. un seguidor fanático, el hermano menor. ¿A cuántos nos sucede esto? La búsqueda de la identidad se une a su voz de poeta joven y bohemio que con palabras busca representar su alrededor a la vez que se busca así mismo (y el poeta muchas veces es tomado como tipo excéntrico y esto se refleja en Hospital Mental donde nos dice: “Porque aquellos civiles caminantes en avenidas suntuosas insinúen nuestra desadaptación. En realidad, no nos importa. Nos enorgullece.”). Las metáforas aquí son contadísimas y no buscan alardear, eso dejémoslo para las novelitas seudo románticas o la poesía que no busca más que ahondar en la estructura y el estilo sin preocuparse si en realidad transmiten, y es clave la palabra, algo (poesía que ahora es bastante frecuente en los jóvenes, penosamente). A veces hay que decir las cosas sin rodeos, si la rata tiene cola y es peluda, eso basta y nada más.

Por eso El lado oscuro ahonda en una poesía sobria y precisa, que busca más allá de una belleza estilística: es como un grito que busca desgarrar, un canto de protesta, una huelga de trabajadores frente a algún municipio. Su letra hace el trabajo de fotografía para transmitirnos la imagen tal cual es: un basural será siempre un basural, pero alguien nos puede querer hacer la jugarreta de ponernos una muchachita hermosa en aquel basural y entonces ya no vemos el basural, sino a la muchachita. Por esto creo que vemos en el libro una fotografía junto a cada poema, yo lo entiendo como un poema doble (cara y cruz), o dicho de otra forma: dos ríos distintos que nos llevan al mismo océano (o dos caminos que nos llevan al centro de Roma, invariablemente). Hay que recordar por eso que el lenguaje nació primero como necesidad de comunicación y representación, y la literatura, su corazón, es eso, pero también es construcción. Por eso, El lado oscuro, construye un camino, una senda llena de dudas, agujeros, peñascos, incertidumbres, sombras, demonios y reflejos. Y es que sólo así, sorteando todo aquello, enfrentándose con los demonios ajenos y los de uno mismo (mirando cara a cara al abismo, como diciéndole: cabrón no creas que no te andaba esperando, ahora verás) uno podrá llegar al final del camino y encontrarse con uno mismo. El espejo nunca ha servido para retratarnos, villano mentiroso, siempre nada más que un sortilegio: quien aparece ahí no somos nosotros, o somos tan solo una mínima parte.

Por ello, por ejemplo, en Cementerio leemos: “¿A dónde voy? ¿Quién soy en la marea, en el vaivén de las olas?”. Y en Yo, su pregunta recurrente de ¿Quién soy?: “Soy un ser humano sin huesos, sin corazón. Corazón de lata, corazón de vidrio. Vacío es el mundo. Vacío soy yo. Soy tierra de cristales envenenados por la miseria del ser humano”. Para encontrar la identidad es necesario saber quién es uno y para ello es necesario antes saber de dónde se viene. En Callejón nos dice: “No soy de allá. Tampoco pertenezco acá. Crecí en el charco de la tierra, callejón de un solo caño de las sobras del Rimac, callejón blancuzco, reiteraciones de manchas negras exhibidas por el pecado, remitidas por ladrones nauseabundos, escoria de la naturaleza santa, petrificada, pertrechada por sus hijos”. Y entonces ya aquí se puede ver que el contexto que utiliza Juan Mauricio no es más que la ciudad que lo vio crecer y que lo marcó como poeta. El lado oscuro es Lima, vista desde el ojo de un limeño que ha vivido en el mounstro, que es esta ciudad. Sí, porque Lima es un mounstro, ¿pero acaso no se llega a querer esos mounstros infantiles que nos asediaron alguna vez? Por ello los poemas de El lado oscuro retratan esta ciudad oscura, decadente, llena de agujeros, brechas, pobreza, tristeza y abandono, pero en el reverso de todas aquellas palabras se puede encontrar un profundo amor, cierta esperanza de que algún día todo eso cambie y la poesía ya no sea necesaria para denunciar todo aquello. En Días, por ejemplo, yo encuentro aquella esperanza: “Días en los cuales la torta de cumpleaños celebró un día más en el basurero, en el muladar, en el palacio de oro, en el departamento de clase media. y el amor en los parques, en los hostales de tres, dos y una estrella, el amor en la universidad, en el patio de un colegio, en la esquina de la barriada, a la vuelta de la casa de esteras del asentamiento humano, en Lima, en Huacho, en el distrito federal de México, cruzando la frontera, llegando a la frontera, en la ciudad de Phoenix, en un cuartucho con miles de ilegales, en Alemania, ayer fue un campo de concentración nazi, hoy es un museo del amor, las lágrimas corren a través de los judíos maltratados por el tiempo, en todos lados hay amor, en todos lados hay días”. Pero también está, como en toda buena poesía, el amor y su fantasma, el amor y sus dedos huesudos que viene por las noches a jalarnos los pies de la cama. En El último día presenciamos: “¿Cuál es tu último deseo? – Quiero estar con ella todo el día”. En Desterrado de amor: “He aquí, el hombre solitario sin amor. He allí, la pareja perfecta complementada de dulzura, completa de corazón, cómplice de amor”.

Finalmente, hay también esa relación íntima que suelen tener a veces los poetas con la muerte, a veces en forma de reclamo, a veces cómplice. En Conversación con la muerte, se nos permite ser testigo de un diálogo funesto: “¿Qué deseas?, pregunta filosofando mi prematura llegada. Te faltan cumplir años en la tierra, exclama percibiendo su eco. ¡Recógeme!, clamo. No concibo valor para continuar. Lo siento, prorrumpe, fatuo, rechazando mi ruego. Tu hora no ha llegado. Sollozo interiormente”. En InFausto, escuchamos como un susurro de ultratumba: “Rebusqué debajo de la tierra, sumergido en el océano, caminando sobre la luna, quemándome con el sol, señalando las estrellas: La felicidad estaba condenada”. Y más adelante, cómo dándole termino a la sonata: “Los rieles de un tren aguardan. El metal descarga su pólvora. El balcón del cuarto piso señala una bienvenida. Ustedes aguardaron mi llegada, festejando mi partida”.

No creo que quede más que decir que no haya quedado claro arriba, el paseo por El lado oscuro es un paseo agónico pero necesario si lo que busca uno es encontrarse. Para llegar a un estado puro de espiritualización hay primero que purgarse y Juan Mauricio nos invita a eso: pero purgarse es mirar hacia fuera sólo si se mira adentro a la vez, no tiene sentido uno independiente del otro. El mensaje queda claro, lástima que muchas personas no lo comprendan y por eso es que vemos el mundo así: todos andan reclamando lo jodido que anda lo ajeno cuando no se atreven a fijarse en sus propios dominios. Juan Mauricio lo sabe y lo dice. A nosotros nos deja el simple trabajo de ver y oír.

03 DE DICIEMBRE: PRESENTACIÓN DEL POEMARIO “BHAGAVAD PIZZA” DE MIGUEL ÁNGEL FUENTES.


PRESENTACIÓN DEL POEMARIO

“BHAGAVAD PIZZA”

De Miguel Ángel Fuentes Gallegos.

LUGAR: Casa de la Literatura Peruana. Jr. Ancash 207, Centro de Lima.

FECHA: 3 de diciembre 2010

HORA: 18:30 horas.

ORGANIZA: Gstart. Gestores Culturales.

Gstart – Gestores Culturales tiene el agrado de invitarlos a la presentación en Lima del poemario BHAGAVAD PIZZA del reconocido poeta cusqueño Miguel Ángel Fuentes Gallegos, como parte de la gira que viene realizando en diferentes puntos del país. Miguel Ángel, el Piwi, llega a nuestra ciudad luego la presentación exitosa de que es su segundo poemario en Cusco y Arequipa y nos entrega intrínsecas alegorías sobre la idea de Cusco como una formación híbrida y cosmopolita.

El poeta, arquitecto de profesión, ha escrito tres obras de teatro, entre ellas destaca Enroque, obra que participó con mucho éxito en la muestra nacional de teatro el año 2000 en Arequipa. Ha realizado diversas publicaciones entre las que destacan: “Certezas” en 1998, “De rumores y milagros” el 2000, “Happy Hour” el 2004. “Otro día de sol” es el nombre de su primer poemario publicado en el 2008 y su trabajo a llegado a países como Chile, Colombia, Bolivia, Argentina, Ecuador, México, Cuba y España con su participación en encuentros de poetas y diversas publicaciones.

La Casa de la Literatura nos abre sus puertas para la presentación de este artista.

“Escribo básicamente para vengarme de mis profesores de colegio, para no convertirme en funcionario público y de paso para poner en práctica mi ingles tercermundista, y sobre todo para evitar que se desborde mi instinto de Charles Manson… Escribo porque es la única manera de disipar mis ideas termonucleares en pos del control de la natalidad…”

Agradecemos la difusión de este evento.

Los esperamos

GSTART – Gestores Culturales S.A.C.

http://www.gestoresculturalesperu.com/
prensa@gestoresculturalesperu.com

Tel. 991678398

miércoles, 24 de noviembre de 2010

“PARA QUÉ SIRVE UN CRÍTICO LITERARIO”. POR GUSTAVO FAVERÓN PATRIAU (PUENTE AÉREO).


PARA QUÉ SIRVE UN CRÍTICO LITERARIO

Y POR QUÉ NO ES BUENO CONFUNDIRLO CON UN CORRECTOR DE ESTILO

Por: Gustavo Faveron Patriau

En contra de lo que muchos parecen creer, la labor principal de un crítico no consiste en revelar, como desde un púlpito, qué libro es bueno y qué libro es malo. Al menos no sin la necesidad de justificar el criterio seguido para la elaboración de ese juicio.

Lo central es otra cosa: el análisis; la comparación histórico-social y también dentro del marco de la historia de la estética y la historia de las ideas; la comprensión del lugar del libro en la tradición en la que se inscribe, y cómo la viola o la descentra; cómo surge ese libro a partir de otros previos; qué dice sobre aquello que sea su referente y en qué forma alude a él.

El crítico, como lector especialmente entrenado, debe hacer lo posible por entender la armazón estructural de un libro y su contenido ideológico: cuál es la trama de creencias implicada debajo de la superficie externa de la obra. Eso no es reinstituir la imposible dicotomía de forma y fondo: es lo contrario, descubrir cuál es la unidad estética de la obra, es decir, la manera en que la distribución de ideas y formas se interpenetran inextricablemente.

(Por ejemplo: una de las maneras en que se entiende que El hablador de Vargas Llosa es un discurso que no afirma la superioridad del mundo occidental sobre el mundo asháninka o viceversa, está, más allá de las ideas expuestas en los diálogos de los personajes, en la imposibilidad de decidir el nivel de realidad y objetividad ficcional de las dos series de capítulos alternos que forman la novela, lo que produce la indecibilidad acerca de cuál de los dos mundos representados es "más real", y con ello, la sospecha de que tal vez el narrador occidental jamás ha llegado a conocer el otro universo).

Incluso cuando el crítico se siente en la necesidad fatal de concluir si el libro es bueno o malo (como ocurre, por ejemplo, en el caso de la crítica de prensa, donde se sabe que hay un lector que espera tener una pista pragmática sobre la obra), incluso en esos casos, digo, ese juicio final no tiene sentido alguno si no está apoyado en el aparato anterior.

En el caso de los reseñadores de prensa, uno escucha con frecuencia que las limitaciones del espacio impiden ese tipo de análisis. Eso, en verdad, es un tanto irrelevante. El crítico de prensa no está en la necesidad de hacer constar por escrito cada paso de la elaboración de su juicio; pero eso no lo autoriza para no pasar por esos escalones; luego bastará con que sintetice los resultados, será suficiente con que deje ver que el trabajo ha sido hecho.

Lo contrario, es decir, dedicar el breve espacio de una reseña a mostrar solamente el juicio de valor, produce la impresión de que el crítico se está poniendo a sí mismo como único respaldo, como único balance del juicio. Y muchas veces es así.

Por desgracia, muchos críticos, sobre todo, claro, en la prensa (en todo el mundo, hasta donde he podido ver), suelen afirmar cosas como que un libro es malo porque sus frases son muy largas o muy cortas, o su lenguaje es muy vulgar o demasiado afectado, o su estructura es muy simple o muy compleja, o sus referentes culturales son muy oscuros o muy obvios, o su anécdota es muy sencilla o muy enredada, o su tiempo es muy lineal o muy arborescente, o su ritmo es muy lento o muy agitado, etc.

Si detrás de ello no hay una demostración interesante acerca de cómo y por qué tales rasgos son negativos en el contexto de la obra misma, entonces esas afirmaciones no significan nada atendible, quedan como expresiones de una preferencia personal. Y como nadie está obligado a tener el mismo gusto que un crítico, dicen poco o nada.

¿Las frases muy largas son un defecto? Entonces Faulkner es pésimo. ¿Las muy cortas son un horror? Entonces Carver es malísimo. ¿El lenguaje vulgar? Medio Joyce se va. ¿El lenguaje muy afectado? Adiós Proust. ¿Las estructuras muy simples? Chau Hawthorne. ¿Referentes culturales demasiado oscuros? No lean a Borges. ¿Demasiado obvios? Bye bye Ribeyro.

¿Anécdotas muy sencillas? Maten a Roth. ¿Demasiado enredadas? Prohibido Tolstoi. ¿El tiempo es muy lineal? Olviden a Dostoievski. ¿Muy arborescente? Quién necesita a Bolaño. ¿El ritmo es muy lento? No toquen a Flaubert. ¿Muy agitado? Descartado Celine.

Ocurre que cuando un crítico dice que una novela es demasiado x o demasiado y, está comparándola con algo más. Quizá con un conjunto discreto de libros que, consciente o inconscientemente, forman su estándar, su medida base; algo así como un libro imaginario constituido por todos aquellos rasgos que él supone cualitativamente superiores. Eso, de hecho, parece casi inevitable: todos tenemos preferencias, y llegamos a cada libro nuevo con esas preferencias bajo el brazo.

Pero no por ser casi inevitable deja de ser injusto. Después de todo, el libro que nos ponen en frente, aunque sea necesariamente el fruto de una tradición o varias, es nuevo, y merece que el crítico empiece por compararlo primero consigo mismo, con lo que ese libro propone. Si de todas maneras lo vamos a contrastar con el libro imaginario que llevamos dentro, también debemos hacer el esfuerzo de contrastarlo con el libro imaginario que esa obra nos plantea, es decir, con lo que podemos suponer que hubiera sido su forma ideal, si el autor fuera, en verdad, capaz de escribir su obra perfecta.

Acepto que, si ese otro libro también es imaginario, nuestra intuición de cómo podría ser es altamente subjetiva y, peor aun, puede estar marcada por los mismos prejuicios anotados antes. Pero si la crítica está plagada de subjetivismos, nuestro deber no es entregarnos a ellos, sino tratar de tensarlos y reprimirlos, ponerles límites, ver y escuchar con los ojos y los oídos bien abiertos.

Quienes recibieron con pasmo y felicidad el Ulysses no tenían la ventaja de que la novela de Joyce les sonara demasiado familiar: al compararla con su estándar adquirido, tuvieron que ser capaces de aceptar que la literatura puede romper tantas convenciones como quiera y no sólo seguir siendo literatura, sino ser incluso la mejor.

No se trató, para ellos, tampoco, de aceptar a ciegas que este artefacto nuevo y diferente fuera llamado novela pese a las radicales diferencias con lo previo: tuvieron, también, que darse cuenta, con extrema sutileza, de que el mérito mayor de la novela de Joyce era precisamente el de estar escrita en tensión con casi toda la tradición previa.

Esa es la línea en la que se sitúa un buen crítico ante cada libro: la frontera entre lo hecho antes y lo hecho ahora, entre lo que nos llega en cada libro por la inercia de la tradición y lo que el libro nos ofrece por primera vez, cuando su autor lo hace derivar en una dirección inusitada, una dirección a la que no se llega por solo el impulso de la repetición y la costumbre.

Por supuesto, aquel crítico que sólo sea capaz de comparar un libro nuevo con su estándar anterior, y nada más, es un crítico que no está haciendo su trabajo. Y el caso puede ser peor aun: hay que ver cuál es el estándar, cuáles son esos libros con los que el crítico ha formado su criterio. Mientras más estrecho sea ese rango, más pobre. Mientras menos riguroso, más injusto. Mientras más semejantes entre sí sean sus afluentes (hay críticos que sólo conocen un cierto tipo de literatura, que desprecian a los clásicos, o descartan a priori todo lo que les huele a raro, o que jamás sienten inquietud por estudiar distintas tradiciones), menos posibilidades tendrá el crítico de reaccionar con inteligencia ante un libro que lo saque de su zona de seguridad.

Y pensar que en el Perú hay un seudo-crítico que sólo es capaz de comparar los libros con los diccionarios de la Real Academia Española. Y pensar que hay despistados que se arrancan la piel a mordiscos de la desesperación si alguien, como yo, hace notar que esos seudo-críticos son una enfermedad.

Si siguiéramos los criterios de ese seudo-crítico (un monomaniaco detector de redundancias, agramaticalidades y cacofonías, defensor de la sujeción a la normatividad por encima de cualquier otra cosa), autores como José María Arguedas, Roberto Arlt, Armonia Somers o César Vallejo resultarían ser mediocres e indignos de atención. Como que ya lo ha dicho sobre Vargas Llosa, más de una vez.

Fuente:
http://puenteareo1.blogspot.com/

Link:
http://puenteareo1.blogspot.com/2010/11/para-que-sirve-un-critico-literario.html

“MORIDOR, EL CUARTO POEMARIO DE WILLY GÓMEZ MIGLIARO” POR PAOLO DE LIMA.


Paolo de Lima, Dalmacia Ruiz y Willy Gómez.
Foto: Victoria Guerrero.

“MORIDOR, EL CUARTO POEMARIO DE WILLY GÓMEZ MIGLIARO”

Por: Paolo de Lima

En primer término, quiero resaltar algunos aspectos paratextuales presentes en Moridor, cuarto poemario de Willy Gómez Migliaro (Lima, 1968) impecablemente editado este año por el novísimo sello Pakarina Editores. La dedicatoria, al igual que en su primer poemario Etérea, del 2002, está dirigida a Margarita, pero se añade ahora al queridísimo Andrés, hijo de ambos. La familia que ha formado el poeta se completa, pues, en estos años de producción poética en formato de libro. Con relación al autor de la cita que abre el libro, T. S. Eliot, se trata de una referencia presente también en Etérea, así como en la sección “Roturas” de su tercer poemario La breve eternidad de Raymundo Nóvak (su segundo poemario es el titulado Nada como los campos). En ocho años de escritura poética, Gómez Migliaro ha sabido mantener una misma relación personal y literaria. Su poesía demuestra la plena vigencia que Eliot tiene entre nosotros, desde las primeras menciones entre autores peruanos de la generación del cincuenta, y desde que Javier Heraud (cuyo primer libro El río cumplió este año cincuenta años de existencia) intertextualizara poemas de Eliot en su poema de 1961 “Entierro del verano”. Heraud sería de los primeros en el Perú -antes de Cisneros e Hinostroza- en atisbar lecturas de poesía anglosajona de la primera mitad del siglo XX -Eliot, específicamente-, y de asimilarlas a su escritura poética. Estas lecturas ya habían sido aclimatadas en el Perú, como sustenta al respecto el narrador Miguel Gutiérrez en su libro de 1988 La generación del 50: un mundo dividido: “Eielson afirma que era lector de Eliot por los años que escribía Canción y muerte de Rolando [1959] y Reinos [1945]; en 1948 Westphalen escribe en El Comercio (edición del 10 de noviembre) un artículo titulado 'Notas sobre Ezra Pound y T. S. Eliot'; Raúl Deustua, no mucho después, publica un comentario sobre los Cuatro cuartetos de Eliot en Mar del sur[;] por otra parte, Blanca Varela, que luego de su vinculación con el grupo que se reúne en torno a Las moradas, vive la experiencia cosmopolita de París con Julio Cortázar y Octavio Paz y los existencialistas franceses, confiesa tener entre sus poetas preferidos a T. S. Eliot; es más, en las postrimerías de los 50, Manuel Velásquez Rojas publica su poema 'La voz del tiempo', donde se escuchan, si bien de manera incipiente, los primeros ecos de la poesía de Eliot” (págs. 66-67). A inicios de este siglo XXI, lo comprueba la poesía de Willy Gómez, T. S. Eliot continúa siendo una figura central entre nosotros.

Ahora, con relación a los poemas de Moridor en sí, quiero referirme a un aspecto en concreto. Es el relacionado con dos tipos de imágenes que recorren el libro. Se trata en el fondo de dos fuerzas contrapuestas, una de signo positivo y otra de signo negativo. Basta citar algunos ejemplos entresacados de los primeros diez poemas. En la primera fuerza apreciamos expresiones como “la estética pacifista”, “la ilusión de decir todo o nada”, “la naturaleza de lo creado es un signo de claridad”, “el movimiento de esperanza”, las “coordenadas luminiscentes”, “una ilusión incontestable”, una “respiración pacífica”, las “visiones de gran ciudad”, “la nueva fortuna”, “una patria de amor”, el “día de la dignidad”, “la bienvenida”, “la esperanza”, “la luz barniz”, “la confianza que deposito en ti” o “el soporte de luz”. Todo esto se contrapone a las “oscuras causas”, “las capas del maligno”, “las paredes oscuras”, “las zonas de peligro”, las “repúblicas de odio”, el “jardín oscuro”, la “excitación de la muerte”, los “animales breves en el egoísmo”, “una mancha que invade”, “el aspecto turbio del agua”, los “arrodillados en la oscuridad” o “el germen de la derrota”. Creo percibir, en mi primera lectura de Moridor, que es entre estas dos fuerzas, entre ambas proyecciones del alma humana, por donde transita esta poesía lúcida y atenta. Con tranquilidad segura, sin aspavientos, desde la dirección de entrañables revistas de poesía de inicios de los años noventa como Polvo enamorado y Tocapus, Willy Gómez ha venido afianzando una de las propuestas más personales de la hora. Poemas como “El rulemán golpeado”, “Tuvieron que matar los pobres hombres” o “Querido W” lo comprueban.

Río, barrio de Copacabana, 03 de agosto del 2010

martes, 23 de noviembre de 2010

“SHADOWPLAY. DIARIO DE IAN CURTIS” POR MIGUEL ILDEFONSO.



“SHADOWPLAY. DIARIO DE IAN CURTIS, DE VEDRINO LOZANO ACHUY”

Por: Miguel Ildefonso

El poeta Vedrino Lozano Achuy (Tarapoto, 1981) ha publicado su tercer libro de poesía, Shadowplay. Diario de Ian Curtis (Hipocampo Editores, 2010). Breve libro (acompañado de fotos) como breve fue la vida del que es considerado el "Poeta Maldito" de la Historia del Rock, quien se suicidaría a la temprana edad de 23 años. Son ocho cortos pero explosivos poemas en prosa que corresponden a los últimos ocho días de la vida del cantante y compositor del grupo británico Joy Division. Estos actos solitarios del amor y la muerte de la voz poética, a la vez que nos seducen y nos acercan al “abismo”, nos relata, introspectivamente, el desmoronamiento de una historia, de una época, y más precisamente de un espíritu: “el pasado es ahora parte del futuro. El presente es lo que deseo encontrar. He aquí la vida: un constante dilema de ser o no ser.” Ian Curtis resolvió el día 18 aquel dilema; el presente es lo que Vedrino nos entrega hoy, como un camino al futuro, el testimonio de la pasión y la belleza.

13 de mayo de 1980

Hoy, al despertar, les invite un trago y
compartimos unas pepas; quizás las
últimas. Mientras ellos buscaban la
salida. Me senté a contemplar la luz agrietada
que inspira el vacío. Sólo espero caer como un
muerto disfrazado ante la soledad indefinible.
Porque el caer es simplemente eso: una forma
de iniciación.

18 de mayo de 1980

No tengo fuerzas para seguir intentando
aplacar al demonio. Intento dominar
la claridad.
A veces es mejor caminar en silencio que
Darse la vuelta y huir. Los sueños siempre
acaban. No se elevan. Solo descienden, pero
eso ya no importa. Me cansé de esperar un
guía. He perdido la voluntad y el deseo de
querer algo más.
La ciudad tiene roto el corazón… yo la vida.

domingo, 21 de noviembre de 2010

“LA MODA DEL NOBEL”.

Continúan los premios y homenajes para Mario Vargas Llosa.

“LA MODA DEL NOBEL”

Desde que se comunicó que el premio Nobel de Literatura de este año se le daría a Mario Vargas Llosa en una ceremonia en diciembre, hasta ahora, en que su “casa natal” fuera declarada Patrimonio Cultural de la Nación, el Nobel ha recibido premios y homenajes.

Mario Vargas Llosa no solo vive el acercamiento constante del día de la ceremonia del Nobel, el 10 de diciembre, sino que ha sido objeto de múltiples homenajes de todo tipo. Empecemos por “El sueño del Celta”. Su última producción de medio millón de ejemplares se encuentra entre los libros más vendidos de ficción en España, Chile, Colombia, México y Argentina.

Anteriormente, en la ya lejana Feria del Libro Ricardo Palma, un libro suyo en primera edición, “La ciudad y los perros”, fue vendido en dos mil soles. Sin embargo, ese precio ya elogiable dista mucho de los 12,5 millones de pesos Colombianos (alrededor de 6500 dólares) que cuesta un ejemplar de “Estatua viva” que se imprimió en el año 2004, en Colombia, con uno de sus poemas (apenas 90 libros) e ilustrado con grabados de Fernando de Szyszlo, por la editorial Arte Dos Gráfico. Y se prevé que en diciembre se impriman ediciones económicas de cuatro de las obras del escritor. Esto, para permitir que los peruanos de todas las condiciones sociales puedan leer sus libros, como lo informó el ministro de Cultura, Juan Ossio.

Cuestiones terrenales

Las notas curiosas han llegado incluso desde el mundo del deporte. El Nobel peruano es hincha de Universitario de Deportes. Por ello, el abogado de la Junta Transitoria de Universitario de Deportes, Julio Álvarez, había afirmado que la crema lo homenajearía en la presentación del equipo 2011 y con un rival de LA PRIMERA división de España, la tercera semana de enero, tal vez el Real Madrid. Esta noticia futurista casi imposible podría ser factible, teniendo en cuenta que el homenajeado es un reconocido hincha de los dos equipos merengues y, además, es director de la Cátedra Real Madrid de la Escuela de Estudios Universitarios Real Madrid.

Hasta Google Maps tiene una ruta: “La Lima de Mario Vargas Llosa”, donde uno puede recorrer los escenarios limeños de cuatro de sus obras emblemáticas. Candice Berggren, la creadora, propone la Lima de “Día domingo” (de “Los jefes”), “La ciudad y los perros”, “Los cachorros” y “Conversación en La Catedral”, siguiendo la ruta trazada por “La Lima de Mario Vargas Llosa-Rutas literarias”, editada en el 2008 por PromPerú, y escrita por Rafo León.

Los premios también han estado presentes. Días atrás, Mario Vargas Llosa y el escritor español Pere Gimferrer, han sido premiados, ex aequo, con el V Premio Paquiro de Toros que otorga la revista El Cultural del diario El Mundo. Según el jurado, Gimferrer y Vargas Llosa “representan la defensa de la Fiesta y los valores del conjunto de la afición taurina que este año ha sufrido el revés de la prohibición de los toros en Cataluña”. El premio, que será entregado a comienzos de la próxima temporada, está dotado con 50 mil euros.

Por el lado político, recibió el premio a la Defensa de la Libertad de Expresión y de los Valores Humanos (aunque algunos pueden discrepar al respecto) otorgado el 10 de noviembre por la Asamblea Internacional de Radiodifusión, que aglutina a 17 mil emisoras de radio y televisión de Europa, América y Asia unidas, y que en 64 años de existencia solo ha concedido este premio al Rey Juan Carlos de España (2000) y al Papa Juan Pablo II (2002).

Hasta el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, anunció que el próximo 3 de diciembre realizará un acto solemne en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, donde le otorgará a Vargas Llosa el título de “Hijo Adoptivo de la Ciudad de Madrid”.

21/11/2010

Fuente:
Diario “La Primera”

“ALTA VOZ”. ENTREVISTA A MAYNOR FREYRE (DIARIO LA PRIMERA).

Maynor abraza otro hijo suyo.

“ALTA VOZ”

El periodista, novelista, catedrático… Maynor Freyre acaba de publicar una segunda edición de “Altas voces de la literatura peruana y latinoamericana”, después de 10 años, donde reúne 111 textos de entrevistas, perfiles y notas varias sobre literatura, su pasión, escritas desde los años 60.

-La última vez que entrevistó a Vargas Llosa fue el 67.

-Fue la única vez, luego he estado con él en Pau, en los Pirineos franceses, en un encuentro sobre su obra. La entrevista fue cuando tenía tres libros publicados. “Los jefes”, “La ciudad y los perros” y “La Casa Verde”, que acababa de ganar el premio Rómulo Gallegos.

-En su artículo “Arequipa como centro literario del Perú”, usted dice que Vargas Llosa nunca se sintió arequipeño.

-No, pues. Él nunca se sintió arequipeño y no ha escrito nada sobre Arequipa. Tampoco escribió sobre Bolivia, y él estudió allá.

-¿Qué le preguntaría ahora? Cuando lo entrevistó, él aún era de izquierda.

-Yo le preguntaría porqué ocurren esas contradicciones tan tremendas entre su periodismo y ciertos ensayos y sus novelas, porque, como dice Julio Ortega, él parece que escribe sobre periodismo y sus ensayos con la mano derecha y sus novelas con la izquierda. Estoy por terminar de leer “El sueño del Celta”…

-¿Roger Casement hubiera escrito sobre Irak igual que Vargas Llosa?

-Yo no sé. Por eso digo que, sobre el tema de Irak, es un periodismo equívoco. Yo le preguntaría porqué toma esa actitud tan ambigua, tan contradictoria.

-¿Él ha escrito sobre Vallejo?

-No. Quien escribió sobre Vallejo fue Roberto Bolaño. “La senda de los elefantes” es la muerte de Vallejo, es una novela sobre César Vallejo. Pero todos los temas que ha tocado Vargas Llosa son importantes.

-Usted ha fumado con Vargas Llosa y con Gabo.

-Yo fumaba mucho en ese tiempo. Pero ellos fumaban también. Ambos fumaban cigarrillos. Cuando yo lo vi a Vargas Llosa, me dio la impresión de que era un empleado bancario. Me recibió en bata, muy elegante, en la casa de su suegro, que queda en Miraflores, un caserón. Era muy atildado, andaba bien a la corbata y con terno. Y más bien García Márquez me pareció un peluquero chinchano, un sambo sacalagua. Además, muy chistoso Gabo, porque se puso a jugar en el hotel Crillón. Gabo se escondía detrás del sillón, se agachaba y decía: “Ahí vienen los pieles rojas”. Venían los otros periodistas. Estaba jugando a la coboyada. Yo era un mozo de 26 años y él era un hombre en sus 40 años aproximadamente. Y se escondía, porque sabía que iban a venir a fotografiarlo, a no dejarnos conversar. Yo he tenido la suerte de que estos escritores y otros fueron muy magnánimos conmigo.

-¿Como un peluquero chinchano?

-En ese tiempo, los basureros eran puneños. La mayoría de peluqueros en Lima, si no eran japoneses, eran chinchanos. Parece que la gente de un lugar se dedicaba a determinados oficios. Los afiladores eran huancavelicanos. Yo he tenido mi peluquero chinchano. Y me pareció así Gabo.

-Hablemos de Arguedas.

-Yo tenía una cita para entrevistarlo en Los Ángeles.

-¿Tan lejos?

-No, en Los Ángeles, de Chaclacayo, ahí donde vivió Javier Sologuren. Mi cita era a las 6 de la tarde. Me estaba yendo, pero hice una pascana con unos amigos en el Bar Palermo, paramos y nos tomamos unos tragos, pero la pascana fue muy larga. Cuando me di cuenta, eran las 8 de la noche. Y no le hice esa entrevista. Oiga, ¡me perdí esa gran entrevista! Pero sí entrevisté a Sybila Arredondo, su esposa. Ella me dijo que Arguedas entrevistaba a los pescadores de Supe, él pensaba que Supe iba a ser el gran puerto. Y había esas cintas grabadas que ella había escuchado. Él buscaba el lenguaje de los pescadores, que está en una gran novela que es “El zorro de arriba y el zorro de abajo”.

-¿Él usaba esas grabadoras de cinta, de carrete?

-Sí, que usaba unas pilas grandes. Luego él se da cuenta de que iba a ser Chimbote el gran puerto y no Supe, y por eso se va a Chimbote y vive ahí mucho tiempo, en secreto. Yo llegué a Chimbote tras los pasos de Arguedas, y estuve 3 años. Un día llego al club Melgar, que era un club criollo, y el Pato Salas me dice: “Profe”, y me saca un librazo, “mire”. El primero que había firmado el libro de visitas era José María Arguedas. Él pensaba que Arguedas era profesor y enseñaba en la nocturna, y por eso llegaba con los pescadores al club. Entonces uno de los pescadores le dijo un día que era “el doctor José María Arguedas”, y él se fue corriendo a comprar su libro de actas para que lo firme.

-¿Cuáles fueron esas preguntas que nunca pudo hacerle a Arguedas?

-Bueno, por ejemplo, si el “Yawar fiesta”, su primera gran novela… no le dieron un premio porque tenía muchos quechuismos… si él volvería a escribirla usando los mismos quechuismos, por ejemplo. También cómo había descubierto al loco Moncada, el loco megalómano, como personaje, para poder hacer un vínculo entre el zorro de arriba y el zorro de abajo en la novela. Yo conocí al loco Moncada, era real, igualito.

-¿Tenemos algo parecido a un Palermo en Lima?

-Se intentó hacer con el Queirolo, pero Palermo es algo que no se va a repetir. Fue una época. Ahí conocí a gran parte de los que voy a entrevistar más adelante. Yo entré en puntitas de pie a Palermo, como se entraba antes a las iglesias. Eleodoro Vargas Vicuña me llamó y me hizo sentar un día. Ahí nació mi afición por la literatura. Mis mejores profesores de literatura no fueron los de la universidad, fueron los del bar Palermo. Los días viernes eran los viernes sagrados de los incas, para mí. Iba a sentarme con ellos, a “ganarme”, a escuchar lo que contaban, a enseñarles mis escritos. Por eso es que me interesé en la literatura. Este libro reúne 111 textos. LA PRIMERA edición tenía 90. Tengo muchos más textos de otros escritores, pero tuve que hacer una selección.

-O sea que su amor por la literatura surgió en el bar.

-¡La literatura entra con cerveza!

Maynor Freyre

“Yo tuve la suerte de leer ‘Pantaleón y las visitadoras’ estando preso, aislado, y me salvó porque me hizo reír mucho. Antes de que me pasen a Lurigancho en la época de Velasco, estuve preso en la prefectura, la parte de arriba se llamaba “El Sheraton”, porque era la azotea, un cuchitril, un sucucho. Me aislaron porque unos amigos míos, abogados recientes, presentaron un recurso de hábeas corpus y me tuvieron 3 días sin comer casi, pero me llenaba de literatura. Por suerte llevé el libro y eso me calmó. Era la burla a los militares. Mi venganza estaba en el libro de Vargas Llosa”.

21/11/2010

Fuente:
Diario “La Primera”

viernes, 19 de noviembre de 2010

“SUEÑO DE PEZ O NEBLINA” POR MIGUEL ILDEFONSO.



“SUEÑO DE PEZ O NEBLINA DE TERESA CABRERA”

Por: Miguel Ildefonso

Sueño de Pez o Neblina (Universo Bakterial, 2010) es el impecable y muy buen primer poemario de Teresa Cabrera (Lima, 1981). Nos enseña una ciudad de Lima como voraz neblina que nos lanza el anzuelo, a veces, en pleno deseo: "el retorcimiento malévolo de los ácaros/ que celebran tu siguiente acceso de tos/ y la impotencia de mi amor". Porque somos peces que nos ahogamos en las visiones que nos asechan cotidianamente, sea en el bus o en una loza deportiva de un barrio. La poesía se mueve por una ciudad que se debate entre la Modernidad deshumanizadora ("los edificios nuevos/ el sueño/ la ciudad") y la memoria histórica ("con su vuelo insidioso,/ a la usanza de su ancestro") que aun pugnan por construir un nuevo discurso: "no desesperes/ pronto, un crujido te despertará y salvará a tu criatura". A su vez, nos describe un país, una manera de mirar lo que la urgencia de la vida nos ciega y nos impide ver, ya sea desde zonas periféricas de la ciudad de Lima, ese monstruo húmedo, de aire y agua ("el pensamiento es otro cielo"); o ya sea desde la intimidad del amor, del amor que nunca es de tierra, inasible como la neblina o el pez que se resbala, porque la tierra, como a "cualquier peruanito", no nos pertenece: "las señales pasean dueñas por el puente/ sin entregar su pliego al que gobierna". Sueño de Pez o Neblina tiene un antecedente en Abajo Sobre el Cielo, de la poeta Roxana Crisólogo, y tiene también un excelente aprovechamiento del manejo técnico de Belli. Aquí dos poemas:

como cualquier peruanito

amor o madre aguardo
como cualquier peruanito
su forma de pan en el desayuno
u otra presencia
aún más olorosa y divina

mustios jardines peceras

gritos loros extraviados la bandada
trombón ....frenos descompuestos
una voz que llega de lejos y se descompone infinita
como una cifra anunciada en sueños

la mina de carbón la arenera
fábrica de fideos de harina de pescado
caña reseca impregnada de pólvora
humos vienen por el borde del mar

saltan cables alto muro alta reja la avenida del ejército
exhalación de los ataviados con batas buzos costalillos
hombres mujeres peinados despeinados medicados
mustios jardines peceras

tiesas manos entumecidas
tieso entendimiento
echas a andar despacio del borde de las ventanas
la manga contra la mugre
el polvo el negro polvo de lima

en la vieja tina tibia el agua limpiarán tu cuerpo
sobre un anda de flores con disfuerzos platillos
................................/ expedientes
te llevarán en hombros vigilantes médicos
familiares funcionarios
enfermeras con las uñas esmaltadas
dejando a tu paso
sagrado suelo aserrín ocre pétalos
lágrimas de mujer tacos rotos

cuando el sol desaparezca
y se manche de yeso
el arrebol
vendrá El Otro y reinará


- tu cortejo de tablistas
toneladas de escombros
y caca de guanay -
paje en los acantilados
te hundirás en el mar
y la neblina

toda la mañana los camiones la neblina
toda la tarde
la neblina
cómplice del rey
del que recita que no,
que no la ciudad
que no los hijos
que los muros pabellones nosocomios
que antes que tu los perros
que allá afuera el mal.

jueves, 18 de noviembre de 2010

“CON EL ALMA EN LA BOCA” DE JOSÉ CHALARCA EN CON-FABULACIÓN Nº 162.

Escritor colombiano: José Chalarca.

“CON EL ALMA EN LA BOCA”

Por: José Chalarca

Publicamos para todos los con-fabulados el cuento precursor de aquella literatura que degenerara posteriormente en lo que han llamado “narco-literatura”, escrito por José Chalarca en 1990. El autor, narrador, ensayista y pintor, nacido en Manizales, Colombia, en 1941, ha publicado cuatro libros de cuentos: Color de hormiga (1973), El contador de cuentos (1980), Las muertes de Caín (1993) y Trilogio (2001); tres de ensayo: El oficio de preguntar (1983), Maguerite Yourcenar o la profundidad (1987) y La escritura como pasión (1996). Es autor de dos obras para niños: Diario de una infancia (1984) y Aventuras ilustradas del café (1989).

Con el alma en la boca” es un relato de gran intensidad narrativa, donde la literatura de sicarios encuentra una de sus más notables realizaciones.

Los periódicos dirán que fui un monstruo. Que mi maldad no ha tenido ni tendrá igual. Que fui perverso, diabólico, engen­dro maldito de los poderes satánicos.

Son ellos o soy yo. He sido preparado largamente para este momento; nada se descuidó. El aeropuerto está lleno; hay hombres, mujeres y niños. Ninguno tiene absolutamente nada que ver con el trabajito que me ha traído aquí, pero eso no debe interferir. Estoy más allá de cualquier sentimentalismo. Seguramente muchos caerán cuando yo abanique mi ametralladora frente al mancito. Pero no me importa; no debe importarme, no existen para mí así como yo no existo para ellos.

Si muero y esto es el noventa y nueve por ciento de las posibi­lidades, los policías, los servicios de inteli­gencia del ejército, de todos los cuerpos que ha creado el Estado para hacer caminar la justicia, se abalanzarán sobre mis huellas para investigar mi vida hasta en los más secretos detalles. Todos mis actos serán puestos al descubierto y los periodistas y las gentes de toda clase meterán sus narices en mi existencia por curiosidad, para aterrarse o para conmoverse, para encontrar causas, para aventurar razones, emitir juicios, formular hipótesis, absolver o condenar.

Yo en mi condición de victimario, seré proscrito, mi cuerpo sin vida terminará lleno de los agujeros innumerables dejados por las balas disparadas por los escoltas del hombre, quedaré tendido en el duro piso de granito, expuesto a la mirada de los curiosos y luego de la autopsia permaneceré sobre una mesa de la morgue a la espera de que alguien me reclame para darme sepultura. Para mí serán todos los madrazos y todos los insultos, para el mandril el honor y la gloria.

Debiera estarme agradecido, yo soy la mano del destino que le dará tránsito a la inmortalidad de héroe.

Apenas tengo veintiún años. Creo que soy muy joven y que aún me quedan cosas por vivir, que el futuro pudiera depararme todavía sorpresas agradables. Pero no. Para mi el futuro es ahora y el pasado es la carne podrida sobre la que clavarán sus garras los policías y los curiosos para separar hebra por hebra y dejar al descubierto hasta sus más escondidas tramas.

Buscarán a mis padres, a mis hermanos, a mis amigos y les preguntarán una y otra vez; les harán decir muchas veces lo que hablaron conmigo, lo que conocieron de mis aventuras y mis andan­zas; combinarán relatos y relaciones, tramarán testimonios, urdirán argumentos, les harán decir lo que no han dicho, testi­moniar lo que no vieron hasta conseguir una historia que tenga la truculencia suficiente para calmar los escrúpulos de las gentes de bien, escandalizadas por la vileza indecible de mi acción.

Es posible que haya vivido demasiado rápido; que haya acumu­lado experiencia; que la cantidad y la calidad de las vivencias le hayan dado a mi vida un matiz de falsa inten­sidad. Pero seguramente así tuvo que ser.

No exagero si digo que lo he probado todo, que nada me es desconocido. Fui un niño corriente, levantado en un hogar humilde donde las privaciones que acompañan la pobreza son el pan de todos los días. Pero no éramos miserables. Estábamos en esa posición que permite apreciar el valor de las carencias, estable­cer equiparaciones con lo que tienen los otros, y percibir con más refinamiento las injusticias de la fortuna.

Iba a la escuela como todos los muchachos del vecindario y jugaba fútbol y escuchaba las transmisiones radiales de las pruebas ciclísticas. Era un muchacho como todos con la misma capacidad de goce de cualquiera de los hijos del vecindario, pero con un gusanito en el alma que me decía: tú no puedes quedarte en lo mismo, tienes que buscar otras salidas, tú no eres del montón; estás llamado a distinguirte, a realizar cosas que se salen de lo común. Desde siempre me gustaron las emociones fuertes. Los juegos corrientes y molientes me dejaban indiferente; si en esa época hubiera tenido revólver no estaría hoy aquí, con mi ametralladora Ingram bien asida y dispuesta para vaciar todo su cargador sobre el sujeto de gafas que se parezca a la foto que tengo en el bolsillo del saco.

Por ese apetito desmesurado de aventura fue por el que me vi metido en el asalto a la panadería del barrio. Riesgo inútil, nos expusimos a ser baleados y ni siquiera pan había por ser un viernes santo.

Sí, empecé muy rápido. A los doce años estaba metiendo marihuana a lo loco; como al cabo de cierto tiempo me hacía tanto efecto como el tabaco, le di a la coca. ¡Ah! fueron días fantásticos al principio pero luego los efectos empezaron a disminuir y yo a buscar drogas más duras. Fui de los primeros experimentadores del bazuco; pero este vicio también me dejó vacío al poco tiempo. Sobre todo porque el deseo es insaciable y la desazón que acarrea la falta es terrible y angustiosa y yo no le camino a la pena o al displacer.

Casi parejamente con la droga llegué al juego. Primero apuestas simples y juegos corrientes, después la ruleta, el póker, los dados. Puedo decir que no hay juego que no haya juga­do. Creo que soy jugador por esencia y que disfruto al máximo las emociones que depara el azar; también que de todas las pasiones accesibles al corazón humano, la del juego las dejó atrás a todas. El juego y el sexo es lo que mantengo hasta ahora, y es juego lo que me tiene aquí en este aeropuerto internacional, bien afirmado sobre mis piernas para sostener la ametralladora y hacer blanco efectivo.

Sí, he ido muy rápido y he hecho de todo, porque hay que hacerle a todo cuando se trata de conseguir la plata. Eso sí, nada de trabajo, de ese trabajo vulgar que copa las veinticuatro horas del día de las personas y sólo reporta centavos. No. Trabajos duros, riesgosos por cifras de dinero que valgan la pena y justifiquen el peligro que se corre. Una vez, por darle gusto a los viejos, a la familia, estuve de mensajero en un almacén de abarrotes. Me tocaba llevar los pedidos que las señoras hacían por teléfono o dejaban pagos para que yo los arrimara después hasta sus casas, en bicicleta.

Los viejos, mis viejos tal vez creyeron que ya me habían organizado, que ya sentaría cabeza y que posiblemente habían asegurado mi futuro. Hasta me dijeron un día lo de aprovechar la bicicleta y alcanzar el estrellato. Que así habían empezado todos los ciclistas que lograron fama y dinero: ahí estaban “Cochise” Rodríguez, Fabio Parra, Lucho Herrera. Que no era más que seguir el ejemplo. Pobres viejos. Se morirán de viejos y de pendejos.

Fue en la tienda donde descubrí el sexo. Primero la señora, en una ausencia del marido, me llevó al segundo piso del almacén donde tenían las habitaciones y me inició en las acrobacias amatorias. Fue un encuentro desprovisto del menor encanto: la mujer tenía los senos caídos, la cintura y las caderas llenas de estrías y grasa. Hubo un momento en que me sentí haciendo el amor con mi mamá y por poco salgo corriendo así empelota como estaba.

Después fue el señor, mi patrón. Una noche de viernes luego de un día agitado y casi media botella de aguardiente, me arrinconó en la trastienda. Yo me dejé hacer, más por curiosidad que por placer. Ya sabía como era la cosa gracias a los comenta­rios de los compañeros de colegio, pero no había tenido ninguna experiencia física en ese sentido. Estaba dispuesto a todo pero perdí el interés cuando miré la verga flácida del vejete.

No duré los dos meses trabajando y volví a mis andanzas. Sí, de verdad que he ido rápido.

Palpo los contornos fríos de la ametralladora que mantengo bien disimulada bajo el saco y vuelvo a verme acribillado y leo en la imaginación los titulares de los periódicos sensacionalis­tas luego de las primeras pesquisas sobre mi vida: “maniático del crimen y del sexo el antisocial dado de baja en el vil aten­tado contra” ...como se llame mi hombrecito. Bueno no me importa su nombre. Lo único que cuenta es la efectividad de mis disparos.

Cómo me gustaría ver la cara de envidia de esos periodistas y de la gente que quiere curiosear en mi vida por gozar siquiera una ínfima parte de lo que he gozado yo.

Yo y mi novia, mi Marcia; ella catorce, yo dieciséis. Nos vimos y nos gustamos y en la primera cita nos fuimos a la cama. Era el medio día pleno, sus padres habían salido y la casa fue toda para nosotros. Nos quedamos en una sala con marquesina. Se quitó rápido el vestido y los rayos de sol que se filtraban por los vidrios del techo arrancaban destellos de los finísimos vellos dorados que tapizaban su piel. Sus tetas pequeñitas apenas se distinguían en su torso. Su vulva, casi sin pelos, aparecía como una boca distendida por la sonrisa.

Nos acariciamos temerosos como si nuestros cuerpos fueran de porcelana o estuvieran recién pintados. Mi verga entró en ella sin preámbulos y mi lengua recogió con delicadeza las lágrimas de su desfloramiento.

Cuando nos conocimos mejor y descubrimos por nuestra cuenta las posibilidades ancestrales de los cuerpos para darse placer, teníamos entonces largas sesiones de sexo que en vez de saciarnos aguzaban nuestros sentidos para ensayar otros estadios de la pasión.

Cada uno vivía en su casa y para estar a solas aprovechábamos las ausencias de nuestras respectivas familias. Cuando hacía un trabajito bueno, tenía entonces para pagar una o dos semanas de hotel. Fueron unas escapadas preciosas. Aunque éramos sólo un par de culicagaos, nadie se atrevía a decirnos nada: ni en mi casa porque ya conocían mi genio ni en la de ella porque en el vecindario y en todo Medallo tenía el prestigio de ser la peor caspa.

Fue entonces cuando hice caso de la invitación que me habían hecho unos manes para trabajar para ellos y cobrar en grande. Sabían que a mí no se me arrugaba para nada, que tenía cojones y podía llegar lejos.

Había que recibir entrenamiento. Nada fácil; la disciplina era de lo más templado: ejercicios gimnásticos para conseguir estado físico, defensa personal, manejo de todo tipo de armas, conducción de vehículos.

Pronto fui motorista consumado, perito en las más arriesgadas acrobacias, el mejor para disparar cualquier arma desde la par­rilla y algunas desde el manubrio. No fallaba tiro. Nunca supe de dónde saqué tanta habilidad, un pulso tan firme, un ojo tan certero.

Con el primer trabajito para mi nueva patota me hice a una Honda 5OO “enduro” y a Ever. Yo no soy marica, ni soy cacorro pero lo cierto es que el muchachito me gustó desde el momento en que lo vi.

Yo pasaba frente al Calazans en mi poderosa; él estaba en la acera con un grupo de sus compañeros. Sentí un corrientazo cuando mis ojos se cruzaron con los suyos amarillos en los que se pinta­ban la envidia por mi moto y el asombro por mi forma de manejar. Seguro me veía como a un dios.

Llevaba una camisa de franela verde menta, un pantalón “Girbaud” y calzaba unas botas “Reebook” de grandes lengüetas. Lo invité a subir a la parrilla y accedió de inmediato sin oponer ningún reparo.

Arranqué hacia la autopista sur, donde pudiera desarrollar toda la velocidad y la potencia de mi Honda. Los brazos de Ever se aferraron a mi cintura y de inmediato me puse arrecho. Me invadió un deseo irrefrenable de besarlo, de acariciar todo su cuerpo. Sin mediar palabra alguna sentí que identificaba mi emoción y respondía pegando más su cuerpo al mío y descansando su cabeza sobre mi hombro.

En tácito acuerdo fuimos a la Residencia donde acostumbraba llegar con Marcia, al cuarto lleno de luz que siempre nos daban.

Dejé que él se desnudara primero y admiré extasiado cada tramo de su cuerpo que iba dejando al descubierto. Era todavía un niño pero ya estaba formado; apenas tenía unos pocos pelos sobre el pubis y el pene parecía recién salido del capullo.

Nos acariciamos mutuamente. Unimos nuestros labios y nues­tras vergas ansiosos y como si llevásemos siglos haciendo lo mismo me ofreció sus ancas de contextura firme. Penetré su carne estrecha y percibí un sabor áspero y agradable, en todo distinto al sabor de las entrañas cálidas de Marcia. Seguí adelante, sin hacer caso a sus gritos de dolor o de placer (¡quien lo sabe!) hasta lograr el orgasmo al que llegué en el momento mismo que Ever.

Me atacó luego la curiosidad por sentir lo que sentían Marcia y Ever cuando yo los penetraba y me ofrecí a los embates del sexo impúber de mi sardino y a fe mía que lo disfruté y lo sigo disfrutando en grande.

Que mano de pendejos los que se privan de los goces que ofrece la vida porque los condenan las religiones, las sociedades o las leyes. No cabe otro mandamiento que el de gozar mientras estemos vivos; aun del dolor. Creo que el máximo de la sabiduría está en hallar placer hasta en el más extremo padecimiento.

¡Maldita sea! tanto recuerdo pendejo me está excitando. Ya la verga se me puso tiesa como un riel. Tengo una parola del putas. Lo peor de todo es que no volveré con Marcia y con Ever hasta dentro de quince días... si me va bien. Carajo, marico que soy. Nada puede distraerme. Debo estar con las pilas puestas, no bajar la guardia ni por una décima de segundo. Este es el trabajo más delicado que me han encomendado y el mejor pagado.

Pero es que no logro sentirme bien con esta pinta, me parece muy boleta... gafas oscuras, corbata, saco cruzado. Parezco un mafioso de película. Y lo peor de todo es que estoy a pie. O será que tengo miedo y estoy buscando excusas. No, miedo no. Yo soy un man teso ya probado en la faena. El primer hombrecito que me cargué me produjo el efecto de mi primera traba, pero un vómito en el que casi boto hasta el entresijo me curó. Los que he ido quebrando después como que me afirman el pulso y refinan mi gusto por la vida. He caído con cada uno de ellos. Ellos y yo hemos ido ciegos al encuentro con la muerte, sólo que yo no me he topado con la bala de la que soy blanco y vuelvo a abrir los ojos a la vida como si naciera. ¡No sé hasta cuándo me alcance la suerte!

Tal vez por eso soy como soy, me mantengo con el alma en la boca, temeroso y pilo, para no dar el tropezón que me la haga escupir.

Cómo quisiera acabar esto de una vez. Pero no debo alterar el plan, sino seguir al pie de la letra las instrucciones. Lo de la letra es apenas un decir, jamás se nos dan órdenes por escri­to, todo es de palabra. Así yo vea el man que me toca debo esper­ar la señal de mi compañero que está al frente.

¡Severa pinta la de ese pelao! Se parece a mi Ever, ¡que va! ¡él es más bello! Cómo le sienta de bien ese morado del buzo y el pantalón ceñido y los tenis, si, son unos “Convers”. El niño quería unos de esos; ah, pero es que a mí no me gusta mucho ese combinado. Qué bello es, cómo camina; se cree el rey del mundo. La belleza me estremece.

Si salgo de esta compraré un apartamento. Ya no más hoteles ni residencias. Me iré a vivir con Marcia, con Ever y con el bebé. Me acostaré con los dos y me embriagaré de sus cuerpos. Si la gente no pensara y dijera tanta babosada, es más, si no limi­tara su existencia a eso que piensa y dice, viviría mejor.

¿Por qué negarse lo que el cuerpo pide? Fuera todo freno; que se prohíba prohibir. Y un carro, para salir a pasear... los cuatro!

Muchos creen que el amor es sólo culiar; yo no. Además de eso es pensar en todo momento en los seres que se aman, querer su bienestar, su salud, su alegría; que estén bien vestidos, que no sufran. Por eso yo lo he previsto absolutamente todo.

Si no quedo vivo, alguien de la banda los buscará a Mar­cia, a Ever y al bebé y los matará sin que sufran. Nadie se acostará con mi Marcia ni con mi Ever. Ellos son míos, están cosidos a mi corazón como otra piel. Y no sólo por eso, es que yo no soy tan hijueputa para dejarlos expuestos a los interrogatori­os de la policía, a la maldita curiosidad de los periodistas que no desaprovecharán palabra suya ni ángulo fotográfico para construir historias amañadas con qué alimentar el morbo de la opinión pública. No, ellos se irán conmigo.

La hora es. No sé cómo me vaya. Es la primera vez que traba­jo de pie, siempre lo había hecho desde la parrilla de la quinien­tos y a toda marcha. Tengo la verga parada, firme como el cañón de la ametralladora y apuntando. No estoy seguro de que las otras veces hubiera sido así... no... pero los calzoncillos estaban después mojados de semen. Ahí está el hombre y allá la señal del camarada... ese otro que se arrima no estaba en los planes... que lleve del bulto por metido... fuegoooooo.

Fuente:
http://con-fabulacion.blogspot.com/

Link:
http://con-fabulacion.blogspot.com/2007/08/con-el-alma-en-la-boca.html

“DESVELO BLANCO” POR MIGUEL ILDEFONSO.


“DESVELO BLANCO DE ANA MARÍA FALCONÍ

Por: Miguel Ildefonso

“El logos, -palabra y razón- se escinde por la poesía, que es la palabra, sí, pero irracional. Es, en realidad, la palabra puesta al servicio de la embriaguez. Y en la embriaguez el hombre es ya otra cosa que hombre; alguien viene a habitar su cuerpo; alguien posee su mente y mueve su lengua; alguien le tiraniza. En la embriaguez el hombre duerme, ha cesado perezosamente en su desvelo y ya no se afana en su esperanza racional. No sólo se conforma con las sombras de la pared cavernaria, sino que sobrepasando su condena, crea sombras nuevas y llega hasta hablar de ellas y con ellas. Traiciona a la razón usando su vehículo: la palabra, para dejar que por ella hablen las sombras, para hacer de ella la forma del delirio. El poeta no quiere salvarse; vive en la condenación y todavía más, la extiende, la ensancha, la ahonda. La poesía es realmente, el infierno.” Este pensamiento de María Zambrano es pertinente para abordar el excelente libro.

Desvelo Blanco (Tranvía Editores, 2010), segundo poemario de Ana María Falconí. El descarnado diálogo con un otro - que puede ser de amor o de muerte, ante un bus o ante el mar, o con las estatuas o los pelícanos, o desde el misterio y la soledad - nos revela un mundo íntimo e inasible, leve como lo que mueve nuestras palabras desde el más grave silencio: "Desde los postes hablan sin voz los gallinazos". Con la experiencia de lo sublime la poeta recoge esas plumas, esas palabras, del cielo de una ciudad que nos empuja a la desolación, en donde el azar mueve las más nobles pasiones, allí cuando ya no hay espera: "Se presentó como el extraviado silbato de un tren". Porque allí donde ya no hay esperanza, aparece la poesía, con “pasión y entusiasmo”, decía Longino. La poesía suplanta la ausencia, nos devuelve las palabras. La poesía es ese rostro tras el velo del lenguaje.

PASAJEROS

Tienes que subir al vagón de un gran tren en marcha

No eres un mendigo al que le espera un puente
O la banca de un parque

Sabes bien lo que haces:
Te espera un tren

Faltan unos minutos para que pase por las cruces del camino

Y tú corres para llegar a tiempo

El sudor se te seca en el cuerpo varias veces

Cruzas una a una las montañas con grandes pasos de ogro

Para cumplir con tu misión:

Llevas una cabeza entre los brazos
Su boca reseca se mueve
Pero no escuchas lo que dice

Prefieres no hacerlo
Reconoces sus debilidades sus secretas palabras de hastío
Siempre lo has hecho

Tomas el impulso en el momento preciso
Dejas atrás el terraplén
Los solitarios animales de la carretera
Las leyendas tintineantes de los muertos
Y exhausto en un rincón del vagón
Te preguntas por el destino oscuro que le espera
A tu carga

Y a ti

Y escuchas una vez más el largo ulular del silbato
Anticipando el sonido del cielo sobre los rieles

Su ruido será el golpe seco de un pájaro


ESTATUAS

Sé que es de noche porque rondan
Me observan desde sus rostros
Atizonados de excrementos
Sus figuras de yeso arrastran residuos
De otros mares
Yo intento o finjo ignorarlas
Doy vueltas buscando un
Frescor en mi almohada
Una expiación una última instancia.

Quieren mi sonrisa de marfil
Se conforman con mirar
Los movimientos vacíos
De mi boca

Pero yo no sonrío
Nunca sonrío

Me quedo en la cama escuchando
Esperando
El Semen Silencioso de las estatuas

VIERNES 19: PRESENTACIÓN DEL POEMARIO “EL CÁNTARO SALVAJE”‏ EN LA UNJBG DE TACNA.


VIERNES 19: PRESENTACIÓN DEL POEMARIO “EL CÁNTARO SALVAJE”‏ EN LA UNJBG DE TACNA.

Estimados amigos:

La editorial cuadernos del sur se complace en invitarlos a la presentación del poemario EL CÁNTARO SALVAJE del poeta Luis Chambilla Herrera. Escritor que ganó el Premio Nacional de Novela “Horacio 2009”, y que en esta oportunidad nos presenta su segundo libro de poesía.

La editorial cuadernos del sur, desde ya, agradece a los que acompañen a la ceremonia del lanzamiento del libro, y comunica a la colectividad que el libro solo costará la suma de S/. 3.00 nuevos soles (S/. 10.00 costo real), solo el día de la presentación.

La cita es el viernes 19 de noviembre, en el auditorio de la Facultad de la Educación de la UNJBG de Tacna, a las 11:00a.m. EL INGRESO ES LIBRE.

“LECTURA POÉTICA EN ALBAZOS”.


“LECTURA POÉTICA EN ALBAZOS”

Este jueves 18 de noviembre a las 7:00 p.m.

Albazos te invita a conocer este nuevo espacio

Calle Berlín 172 - Miraflores

Lectura Poética:

- Willy Gómez Migliaro
- Juan de la Fuente
- María Eugenia López (Argentina)
- Carlos Carnero Figuerola
- Cecilia Podestá
- Frido Martin
- Carlos Estela

miércoles, 17 de noviembre de 2010

“LA LITERATURA, UN VIAJE SIN RUMBO FIJO” POR KENZABURO OE (DIARIO EL PAÍS‏).

Escritor japonés: Kenzaburo Oe.

TRIBUNA: KENZABURO OE

“LA LITERATURA, UN VIAJE SIN RUMBO FIJO”

El otro día en el Instituto Cervantes de Tokio sostuve un diálogo abierto con el escritor español Javier Cercas. Su novela Soldados de Salamina me pareció una obra maestra.

Durante la Guerra Civil española, un comando del Ejército republicano, acorralado en Cataluña, se dispone a fusilar a un oficial fascista que se encuentra recluido bajo custodia, pero un joven soldado, por cuenta propia, decide liberarlo. La novela sigue los respectivos destinos del soldado y del oficial fascista. Se sabe que la noche anterior al suceso, el soldado se entretenía bailando un pasodoble.

Los franquistas obtienen una victoria avasalladora, el joven soldado se integra en el exilio a una tropa multinacional del Ejército francés y recorre el continente africano. Los soldados anónimos de la pequeña y precaria unidad terminan venciendo mediante una serie de tácticas de guerrilla al batallón alemán que tenía todas las de ganar. Se salva así la civilización francesa, y el soldado, aunque lesionado, sobrevive las sucesivas campañas.

Muchos años después, convertido en un veterano, recuerda con nostalgia el baile del pasodoble, elemento que enlaza el relato con el pasado remoto.

Cuando preparaba el diálogo con Cercas y revisaba en mi estudio los libros sobre la Guerra Civil española, me encontré de pronto con La misión de la literatura, el libro de Georges Duhamel traducido por Kazuo Watanabe, y la edición original en francés de Deux Patrons. Hay ahí dos patrones, es decir, dos maestros: Erasmo y Cervantes, a quienes el autor consideró como los salvadores de la civilización. Con ambos libros en mis manos, me trasladé 50 años atrás hasta verme en una cafetería subterránea, ubicada en el campus de la Universidad de Tokio.

A pesar de que había ingresado en la universidad con el deseo de profundizar en el estudio del humanismo, del que se ocupan con todo detalle los libros del profesor Kazuo Watanabe, durante mi carrera académica no fui capaz de entender sus lecciones. Lo único que logré hacer fue conseguir en librerías de viejo los títulos que el profesor Watanabe había publicado antes y después de la guerra, y leerlos a solas. Desilusionado con mis estudios, comencé a probar suerte en la creación literaria.

Una semana después de que uno de mis cuentos apareciera en el número especial de un periódico de la universidad con motivo del festival estudiantil de mayo, el profesor Watanabe, que se encontraba en la cafetería, me detuvo cuando pasé a su lado y me habló así:

-Oye, he leído ese cuento tuyo en el cual un estudiante mata a un perro. ¿Es que piensas convertirte en narrador?

La pregunta me desconcertó y no atinaba a responder. Un amigo que me acompañaba se adelantó a contestar rescatándome de aquella embarazosa situación:

-Qué va, profesor, este solo se empeña en leer lo que usted ha escrito sobre el humanismo. A ver, ahí traes uno de sus libros, ¿verdad?

Le mostré al profesor La misión de la literatura y, al tomar el libro entre sus manos, me preguntó qué me parecía.

Le respondí que solo había terminado de leer la primera parte y el epílogo a cargo del traductor. El profesor abrió el libro y me pareció que se fijaba en las partes que yo había subrayado.

"No se debe permitir el derramamiento de sangre por causa de conflictos religiosos: a partir de esta firme convicción, Erasmo siguió un camino tortuoso, mientras que Cervantes llevó una vida trágica al aferrarse a la misma creencia en una época en que era inconcebible demostrar que una personalidad armoniosa y una razón suficiente eran superiores a la locura y la perversión. (...) Ni Erasmo ni Cervantes fueron guerreros heroicos sino tan solo soldados anónimos".

Para evitar que el profesor leyera mis notas al margen del libro, me apresuré a decir:

-Ahora creo entender no solo por qué el autor escribió esta obra al año siguiente del comienzo de la Guerra Civil española sino también por qué usted la tradujo un año antes de que Japón entrara en guerra.

El profesor Watanabe me concedió la razón:

-Georges Duhamel lanzó con palabras contundentes un grito de alerta ante la expansión del fascismo en Europa, pero ¿no te parece que el epílogo que escribí es bastante timorato ante la censura y a los demás temas que trata el libro? Te recomiendo, más bien, que leas con atención la segunda parte, si es que quieres seguir escribiendo novelas.

Emocionado, corrí escaleras arriba hacia la salida de la biblioteca y me tumbé en la hierba a leer el capítulo sobre Cervantes. Ahí encontré una exhortación que Duhamel dirigía a los jóvenes que aspiraban a formar parte del mundo literario:

"Entonces, joven, vive la vida ante todo. Bebe abundante leche de la ubre de la vida para nutrir tus futuras creaciones. ¿Dices que quieres escribir buenas novelas? Hazme caso entonces y embárcate en algún puerto. Recorre el mundo ganándote el sustento con modestas ocupaciones, y soporta la pobreza. No te apresures a tomar la pluma. Sométete al dolor y al sufrimiento. Aprende con las miles de personas que encuentres a tu paso. Y cuando te doy estos consejos, quiero decir que jamás trates de esquivar la angustia que te ocasionen los demás o las adversidades que tengas que experimentar para hacerlos felices. (...) ¿Quieres escribir buenas novelas? ¡Óyeme bien, entonces! Antes que nada, trata de olvidar ese deseo. Emprende un viaje sin pensar en un rumbo fijo. Agudiza la vista, el oído, el olfato y el apetito. Espera con el corazón abierto. Tal como hizo...".

Cervantes, por supuesto. Durante su estadía en Japón, ya en la posguerra, Duhamel le obsequió al profesor Watanabe la edición de lujo del libro original, ilustrada con más de 20 dibujos. Un año antes de morir, el profesor Watanabe me dejó como herencia esa edición. A lo mejor guardaba algún remordimiento desde aquel entonces, cuando se enteró, a través del amigo que me acompañaba, que me había deprimido profundamente al leer esa segunda parte. Pero, en realidad, yo también sabía que aquella había sido para mí una extraordinaria lección.

Traducción de Ryukichi Terao, con colaboración de Ednodio Quintero para el Instituto Cervantes.

Kenzaburo Oe es escritor, premio Nobel de Literatura de 1994.

30/10/2010

Fuente: