sábado, 25 de enero de 2014
viernes, 24 de enero de 2014
SOBRE “COSMIGONÍA” POR JOSÉ MARÍA ZÁRATE.
“SOBRE
COSMIGONÍA”
Por: José María Zárate
Crítico,
ensayista y poeta
Y
si en alguna de las artes llega a expresarse una visión del mundo, es en la
poesía.
La
esencia de la filosofía.
Guillermo
Dilthey.
Los intelectuales (los filósofos y poetas)
a lo largo de la historia han postulado numerosas concepciones sobre el origen
y la naturaleza del cosmos. Así, por ejemplo, Heráclito de Éfeso expresó: “Este
mundo, el mismo para todos los seres, no fue creado por hombres ni por dioses,
sino que fue, es y será fuego siempre vivo…”. Y Parménides de Elea, por su
parte, en Sobre la naturaleza,
declaró: “Hay que decir y pensar que el Ser existe, ya que es a Él a quien
corresponde la existencia…”. Y Hesíodo, por su lado, en su Teogonía, cantó que: “En primer lugar existió, realmente, el Caos.
Luego Gea, de ancho pecho, sede siempre firme de todos los inmortales que
ocupan la cima del nevado Olimpo…, y Eros…”. Y, finalmente, recordemos que
Lucrecio en su De rerum natura o De la naturaleza de las cosas, versificó
lo siguiente: “A nuestros raciocinios ya volvamos: / estriba, pues, toda
naturaleza, / en dos principios: cuerpos y vacío…”. Vemos pues, que la
filosofía y la poesía, desde sus propias perspectivas, han explicado, imaginado
o descrito, al mundo y la realidad.
Ahora bien, es menester subrayar que la
poesía, aún hoy en día, continúa – y continuará- elaborando diversas
interpretaciones sobre el Ser (o realidad). En este aspecto, la poesía sigue
conservando su misma audacia – y versatilidad- de siempre. Y prueba de ello es
el poemario Cosmigonía, de Jaime
Donatp. En efecto: el vate, en su libro, emprende la intrépida empresa de
plasmar una nueva visión del Ser (lo cual siempre resulta ser una tarea difícil
y compleja). Cosmigonía, asimismo, se
propone excavar en las profundidades de la existencia - a través de un lenguaje
de corte vanguardista-. O dicho en otros términos: aborda la relación
hombre-universo. Por consiguiente, esta publicación es un viaje hacia las
regiones de lo metafísico y material. Sin embargo, debemos precisar que este es
un viaje selectivo, puesto que sólo se centra en determinadas categorías.
Salta a la vista que el autor dibuja a un
cosmos, básicamente, umbrío, agobiante e inflexible. Este cosmos, en esencia,
es opresor y desconcertante. Este mundo se funda – y se sostiene- en un orden o
sistema injusto e ilegítimo. Este cosmos, por tales motivos, es fuente de
zozobras y malestares permanentes. Esta visión, al parecer, se inspira en la
corriente filosófica del existencialismo. De ahí que Donatp escriba en un lugar
de su trabajo: “sólo la náusea podrá detenerme para no escapar del/ momento en
que llego a lo absoluto”. La categoría náusea,
como es sabido, es un término existencialista por excelencia. Esto no debe
olvidar el lector. Ahora bien, urge señalar que Jaime Donatp rechaza
categóricamente el orden arbitrario
de este universo. El bardo rechaza la ilegalidad e injusticia de este sistema,
sistema que habría sido impuesto de
manera unilateral y tiránica por fuerzas supraterrenales. Por tal motivo, el
poeta considera que este orden infame debe ser derribado, anulado y
reemplazado, a fin de que se instaure un sistema realmente justo – y aceptado
por todos-.
Prosigamos: la categoría ciudad es la
primera piedra – o palabra- sobre la que se construye Cosmigonía. El autor, por tanto, no cae en abstracciones. La urbe,
aquí, personifica a la sociedad o al
conjunto de los hombres. En consecuencia, aquí tratamos del hombre urbano.
Ahora bien, se advierte que esta metrópoli, desgraciadamente, ha sido
secuestrada por el poder del sistema (u orden cósmico) imperante. Este sistema,
lamentablemente, se ha apoderado de la sociedad. Este orden nocivo se asemeja a
la atmósfera contaminada, cuyo aire insano corroe al habitante metropolitano.
Por eso mismo no sorprende que el poeta declare en un texto: “saber la ciudad.
conocer los márgenes de la niebla./ pensar en la ubicuidad de la horadante
imagen…/ silencio y que se haga silencio. las aves emigran en/ dirección
opuesta al sol. mantienen la esperanza de/ poder hallar eternamente la noche”.
Repárese en que la metrópoli, aquí, se confunde con la niebla, el silencio y la
noche. Obsérvese que las aves, acá, avanzan con dirección opuesta a la gran luz
(el sol), ya que, sorprendentemente, prefieren habitar en la región de la nocturnidad.
El anochecer, por ende, ha pasado a ocupar el lugar central. Se hace evidente
que las cosas marchan al revés en este cosmos. Lo irracional, entonces, se
convierte en racional. El logistikós
(lo racional), acá, es arrollado y desbaratado por el alógistos (lo irracional). En este cosmos anómalo acaecen hechos
que jamás ocurrirían en un cosmos normal.
Continuemos: Y en otro poema del libro que
comentamos, resaltan estas líneas: “manifestarse adepto a la noche y/ a la
plateada oquedad que nos ilumina. / quedarse suspendido y agitar los brazos en
la/ búsqueda de nuestro puñal/ para adelantarnos a la gran muerte/ y acelerar
el paso de la estación”. Estas imágenes, a todas luces, son trágicas. De lo
leído se desprende que este mundo ilegítimo ejerce una influencia negativa en
los entes, puesto que la oscuridad los impulsa a realizar acciones
descabelladas. De allí que señaláramos que este universo se caracteriza por su
irracionalismo.
Detengámonos, ahora, en estos reveladores
versos: “nada más horrendo que calificar todo como un simple/ pasatiempo. como
una pluma que vuela sin sonido y/ sin sentido por albedrío del viento:/
envidiable transporte”. Estamos ante una denuncia fundamental, denuncia que
pone en el tapete el gravísimo problema de la banalización extrema de las
cosas. El trovador, con razón, alza su voz de protesta ante esta dramática
situación (producida por la sociedad que retrata). Donatp cree, acertadamente,
que la existencia, ante todo, es trascendencia. Por eso apuesta por un orden en
donde prime lo trascendente, mas no, lo intrascendente. Esto es una apología de
la humanidad y de su obra civilizadora. Nótese que el mundo dibujado – y
criticado- por el autor se asemeja mucho, en este aspecto, a nuestro mundo
postmoderno. En ese sentido, debemos de estar muy alertas frente a los peligros
que este fenómeno sociocultural trae consigo.
Por otro lado, diremos que el hombre
urbano de Cosmigonía cree en la
consciencia. La consciencia es la base sobre la cual se apoya, y sobre la cual
se proyecta. Él cree en sí mismo, pese a las dificultades de su entorno. Este
habitante, bajo ningún concepto, quiere convertirse en víctima de las
circunstancias. Al contrario: él pretende dominarlas y someterlas, aun cuando
ello resulte una tarea sobremanera dificultosa. De esto se concluye que la
persona, pese a todo, es el meollo de este universo.
Por último, deseo hacer hincapié en este
punto: es cierto que el cosmos que describe Cosmigonía
es un lugar complicado. Sin embargo, no debe olvidarse que, pese a todo, la
categoría belleza también tiene un sitial en dicho mundo. Claro: Jaime Donatp
le atribuye diversas cualidades a esta categoría. De hecho, la hermosura, de
acuerdo al autor, es una suerte de luz y movimiento rítmico. De ahí que el mismo
aedo poetice: “y la hermosura como la tigra que me asalta desde sus/
entrecejos. gata enorme de movimientos pausados y/ encendida mirada/ cortina
del fuego que adora Leviatán/ y que muestra el portento de la naturaleza
misma”. El poeta identifica a la hermosura con el dinamismo, la vivacidad, la
fuerza, la felinidad y el mundo animal de la naturaleza.
Lima, 06 de enero 2014
martes, 21 de enero de 2014
sábado, 18 de enero de 2014
sábado, 4 de enero de 2014
“8 DÍAS” POR PAOLO ASTORGA.
Imprenta
Multiservicios “J&C”, 2012.
“8
DÍAS DE LUIS EDUARDO AYALA PÉREZ”
Por: Paolo
Astorga
8
días del poeta ayacuchano Luis Eduardo
Ayala Pérez (Ayacucho – Perú, 1987) nos muestra a través de una
reducida serie de poemas el tema de la cotidianidad que desnuda una realidad
desilusionada. El desencanto como centro se mezcla con la naturaleza de las
cosas que creemos poseer en apariencia, pero que a la larga solo acrecientan
nuestros vacíos, nuestros fútiles deseos. El cariz ontológico de sus poemas
afirma la automatización del ser como un escape ante su finitud porque:
La simetría de la vida es un
ritmo forzado en cadenas perpetuas
aunque nada es eterno.Un día mi realidad será una tal vez, o tal vez lágrimas y seré
ceniza incinerada
¿Café?
¿Té?
¿Whisky?
…O solo importa poco vestirse
de negro otro día más.
Como observamos
el poeta reconoce su tedio o spleen como una irremediable
carga que se acumula como los días. El hastío, la condición del cuerpo en sus
desmoronamientos, pero a pesar de esta estancia donde lo absurdo y lo
insignificante son dictaduras, hay una voluntad de lucha y constante
reconstrucción a pesar de que todo es ilusorio y efímero.
En mi mente estalla la
impresión de que el día es gris
de que el día es gris, de que el día es gris.
de que el día es gris, de que el día es gris.
Y me da la impresión de reír
y me da las ganas de correr
y me dan la idea loca que iré a llover
(…)
Pero cuando no haya más que pensar
-cuando no haya más que pensar-
no sabré qué hacer
y cuando deje de correr
querré aventar piedras que no dejan de gritar.
y el día es gris…
no sabré qué hacer
y cuando deje de correr
querré aventar piedras que no dejan de gritar.
y el día es gris…
El poeta se sabe melancólico y derrotado, sin embargo es en esa derrota donde apela a su necesidad por expresarse, por decir su dolor. Sabe que su discurso es antitético y solo un momentáneo paliativo, no obstante hay siempre una búsqueda consciente por construirse una identidad imperecedera que a su vez consolide ese placer de saberse vivo a pesar de lo absurdo, porque el poeta desea mantenerse en la vitalidad del que está descubriendo el peso de sus ideas, el acuchillar de sus propios pensamientos ante la vastedad de la realidad que lo reduce a una infinitesimal molécula viva; el poeta sabe que es inevitable ese acercamiento con su nada hacia la muerte por eso sus deseos lo mueven a preservarse, por ello en el poema 7 “Ansias escasas” leemos:
Deposito dentro de este pecho
la cruz marchita de mis años
los recuerdos vagos
con la mirada que guardo
en mis ojos de gallo.
Y frente a los ojos augustos del Juez
deposito este letargo de sonámbulo,
como una flor de domingos
e inviernos hermanos…
la cruz marchita de mis años
los recuerdos vagos
con la mirada que guardo
en mis ojos de gallo.
Y frente a los ojos augustos del Juez
deposito este letargo de sonámbulo,
como una flor de domingos
e inviernos hermanos…
A veces me gustaría salir a gritar
como río ácido,
aguardar
la aurora del ocaso.
Mas las estrellas son
inmensas,
el desierto tan eterno,
el mar excesivamente delirante
que al ver sus olas bravas
caigo espantado.
Por otro lado y
a pesar de sus dilucidaciones ante su existencia, el poeta experimenta de forma
constante la soledad como un estado intensificador del abandono que permite al
ser apropiarse de las cosas y hacerlas poesía. El poeta lucha contra aquello
que no le permite seguir su flujo: la inanición. El ser amado es un pretexto
para contemplar su existencia como una mera tentación hacia el fracaso que sin
embargo deja siempre su hálito de fragmentada satisfacción:
Defendí tu boca de mis besos,
a tu espalda de mis manos.
Defendí a tus piernas de mis ojos
y a tus ojos de mis caricias.a tu espalda de mis manos.
Defendí a tus piernas de mis ojos
Te defendí de finar mis versos
crucificando como impuestos
mis negaciones,
y terminé por aceptar que hay
miltequieros
en mis dedos y en tus canciones.
… Ahora camino por ahí –aún sin ti-
hipotecando noches de luna
(como estas de octubre)
Para poder edificarme un
corazón.
Como vemos, el
poeta siempre quiere SER, quiere lograr la totalidad en el objeto amado, pero
sabe que a pesar de la lucha constante, la derrota es una valla insorteable.
Por eso el amor no es la función de la entrega, sino la construcción de una
identidad. El poeta no quiere amar en otro, sino construirse con la otra
“soledad” amada. Quiere aceptar la pureza melosa de esos “miltequieros” e
intentar hacerlos realidad concreta que cual falso alquimista, sabe que es una
quimera nada más.
Por último un
símbolo reiterativo en este breve poemario es la excrecencia que significa el
asco existencial donde el hombre es configurado como imagen magnánima del mundo
en contraposición con la insignificancia de sus restos o la antítesis entre el
endiosamiento y la descomposición; dualidades que se alternan y dan al discurso
un tono profundamente existencial. Por otro lado esta “mierda” simbólica es
también el producto del mundo, el residuo del accionar humano en su absurda
mitificación. Esta imagen de desecho es sin duda una constante en el hombre que
ha visto en su realidad el vaho de su pesimismo.
En suma este
poemario nos deja con un sabor existencial y a la vez con una posibilidad: el
hombre que quiere, que desea, pero que se reconoce imperfecto, pero con una
vitalidad que a pesar de estar presa de su nada, de la casualidad, de la
inercia de la muerte por la muerte aún puede construir (o reconstruir) el mundo
en ocho días hasta acariciar, siquiera por un instante, la ardiente eternidad
de la realidad que acaricia furiosa nuestros ojos, la sinceridad de un
prospecto de cadáver.
Me escondía
y perdía en mi propio laberinto,
hasta que vino un día alguien y me dijo:
sé sincero contigo mismo.
…Desperté de nuevo
en este cuerpo –el que creí muerto-.
Tomé un lápiz y una hoja
Y empecé a escribir mi testamento.
Texto aparecido en la revista literaria “Delirium Tremens” N° 9, Pág. 198-201.
Fuente: http://revistadeliriumtremens.blogspot.com/y perdía en mi propio laberinto,
hasta que vino un día alguien y me dijo:
sé sincero contigo mismo.
…Desperté de nuevo
en este cuerpo –el que creí muerto-.
Tomé un lápiz y una hoja
Y empecé a escribir mi testamento.
Texto aparecido en la revista literaria “Delirium Tremens” N° 9, Pág. 198-201.
domingo, 29 de diciembre de 2013
ENTREVISTA AL ESCRITOR PERUANO GONZALO MARIÁTEGUI POR CHARLY MARTÍNEZ TOLEDO.
“ENTREVISTA
AL ESCRITOR PERUANO GONZALO MARIÁTEGUI”
Por: Charly Martínez Toledo
“La culpa la tienen las grandes editoriales
que inflan a través de los medios a los que ellos consideran ser los mejores
escritores y no dan paso a los nuevos talentos”.
Eran cerca de las tres de la tarde. Aún hacía mucho
calor, de esos que nos hacen transpirar mucho y aletargan los sentidos; por
esos meses todavía estábamos en pleno verano y los limeños ya tiempo habían
empezado a frecuentar las playas o, como es costumbre en muchos, a tomar el
fresco en el vano de sus puertas. En mi caso era muy distinto, pues a pesar de
la resolana me había quedado en casa para terminar de leer “El solar de los
tres patios”, libro que había comprado hacía unos días con la emoción que embarga
a aquel que degusta la nueva entrega de su escritor favorito. Anteriormente
había ya saboreado los cuentos del mismo autor, quedando más que maravillado
con la atmósfera que irradian y con sus personajes al borde del fracaso, acaso
al mejor estilo de Julio Ramón Ribeyro. Pero ahora debía de cumplir con mi
misión, sacándole la vuelta a ese precioso enclaustramiento: entrevistar al
culpable que en mis años mozos mi concepción del amor lésbico diese un giro de
ciento ochenta grados y mis fibras más sensibles descubrieran, aunque sea en la
magia de la ficción, el placer fragoroso del denominado “amor lésbico”; y es
que “La virtud de Alexandra” constituye una preciosa muestra de tinte erótico
estando, en su momento, ubicada entre los libros más vendidos en las más
importantes librerías de la capital. Emocionado (aunque también, debo
confesarlo, muy nervioso) subí las escaleras conducentes al piso del
departamento de Gonzalo Mariátegui Viera Gallo (Lima, 1943) y al abrirse la
puerta me topé con un hombre alto que me recibe con esa amabilidad que es
propia de los grandes.
Háblenos de
sus inicios, Gonzalo. ¿Cómo decidió ser escritor? ¿Qué factores intervinieron
para que se incline a seguir esta carrera donde abundan tantos sinsabores?
Antes de nada, quiero dejar en claro que en toda carrera
abundan los sinsabores. Donde encuentres al hombre, encontrarás a Caín, el
mediocre, el envidioso. Lamentablemente hay más Caínes que Adanes. Respecto a
cómo decidí ser escritor, recuerdo que desde mis años escolares siempre me
gustó la literatura. Luego cuando cursaba mi primer año de estudios generales
en la Universidad de San Marcos, me aventuré a escribir cuentos. Se los llevé
al escritor César Miró y éste gentilhombre e intelectual reaccionó con un
entusiasmo inesperado. Me urgió a continuar escribiendo. Yo me sentí muy
halagado y casi me paso de Derecho a Letras. Mi madre estaba a favor, pero mi
padre terminó disuadiéndome. Me habló del peligro de la bohemia, del mal pago a
los escritores y de otras sólidas razones. Y así fue como terminé recibiéndome
de abogado.
Las décadas pasaron, me fue bien en la abogacía pero no
hallaba satisfacción en su ejercicio. Hasta que cierto día me encontré con dos
tomos de “Estampas Mulatas” del gran escritor peruano José Diez Canseco. Estaban
en la biblioteca de mi padre. Esa noche no dormí pues me los leí de una
sentada. Leí también su magnífica novela, “Duque”, y cuando por fin me fui a
dormir lo hice con una sonrisa y la firme convicción que había reencontrado mi
verdadera vocación.
¿Qué autores
han influido en su narrativa? ¿Cuáles son sus escritores favoritos?
Los peruanos Ribeyro y Diez Canseco; el inglés Maugham;
el colombiano García Márquez; y los argentinos Lugones, Borges y Bioy Casares
son algunos de los escritores que me han influenciado. Entre mis autores
favoritos están Cervantes con su genial Quijote (voy por la mitad de mi segunda
lectura), Wilde con sus cuentos y ensayos, Borges con sus ficciones y ensayos.
Ahora
cuéntenos un poco de sus novelas. Tanto en “Wenceslao” como en “El solar de los
tres patios” hace alusión a esculturas, como “El David” de Miguel Ángel, por
ejemplo. ¿Por qué utiliza estos elementos en sus obras?
En “El solar de los tres patios” era inevitable mencionar
esta y otras esculturas para establecer el ambiente de la Escuela de Bellas
Artes, lugar en que buena parte de la acción ocurre. Ahí están los calcos de
famosas esculturas clásicas griegas y romanas y, desde luego, del Renacimiento,
para que los alumnos los tomen como modelos a fin de desarrollar sus
capacidades académicas en el dibujo. Para pintar o esculpir un hombre vestido
es necesario saber cómo es desnudo. En cuanto a “Wenceslao”, recuerda que el
protagonista cree ser hijo del mitológico dios griego, Zeus, y en Europa visita
los principales museos en busca de una escultura del dios Wenceslao. Por eso es
necesario referirse a otras esculturas de la antigüedad.
Usted
deifica a la anatomía humana, como lo hiciera en su momento Reynoso o el cubano
Virgilio Piñera en “La carne de René”. Esto se puede ver en “La virtud de
Alexandra” y en “Wenceslao”. ¿Podría comentarnos algo sobre ello?
No conozco la obra de Reynoso ni de Piñera. A mi parecer,
en la naturaleza no hay nada más perfecto que la anatomía del hombre,
cualquiera sea su género. Los clásicos interpretaron al ser humano de una
manera idealizada. Luego Rubens en sus óleos nos mostraría que hay belleza en
la gordura, en la fealdad. Y qué decir de Goya con sus viejos desdentados.
Recuerdo que Víctor Humareda, el gran pintor peruano, me dijo: La belleza está
en lo extremadamente hermoso o en lo extremadamente feo. Humareda rechazaba lo
bonito.
Un tema
recurrente en su obra son las disimilitudes que existen entre la llamada “alta
sociedad” y la otra cara de la moneda, es decir, la plebe; además, en las
páginas de sus libros transitan trepadores, arribistas o comerciantes pujantes
(como Eduardo Collado) que tienen esa necesidad de ser aceptados en el grupo de
los aristócratas; sus personajes siempre anhelan fervorosamente acoplarse a una
colectividad, como Conrado Antequera. Cuéntenos algo al respecto.
Efectivamente, mis personajes son enormemente ambiciosos.
Los que nada ambicionan, poco o nada me interesan. Quizá más adelante cambie de
parecer. Sería un verdadero tour de forcé para mí.
En “Wenceslao”
usted recorre los senderos de la literatura fantástica, tal como lo hiciera en
“La escalera de caracol”. Sin embargo, en nuestro país este género tan precioso
todavía no ocupa el lugar que se merece, a pesar de que cada día tiene más
cultores. ¿A qué cree usted que este tipo de literatura todavía se encuentre
relegada a un segundo plano? De otro lado, ¿qué le motivó a escribir
“Wenceslao”?
En nuestro país, en términos generales, se lee muy poco,
cualquiera sea el género, más aún si se trata de literatura fantástica. Tal vez
si en los colegios se introdujera la narrativa fantástica, la cosa cambiaría.
El gusto por este género permanecería en la memoria y los adultos reclamarían
esta narrativa. Otra posibilidad sería que nuestros escritores renombrados arriesgaran
y escribieran temas fantásticos. Lamentablemente éstos o no quieren poner en
peligro su fama o no se les ha ocurrido.
Con relación a “Wenceslao”, me atrajo la idea de escribir
sobre un joven equilibrado o desequilibrado, que es o puede ser albino, y que
puede o no ser hijo del dios griego Zeus como tantas veces le ha dicho su
madre. La novela está plagada de ambigüedades, todas puestas a propósito.
Además, me interesaba tocar el tema de las clínicas para enfermos mentales.
No podemos
dejar de lado el terreno sexual que se halla tan presente casi en la totalidad
de su obra. ¿A qué se debe esta inclinación a escribir literatura erótica? ¿A
qué cultores de este género ha leído?
No podría señalar la razón por la cual en mis dos
primeras novelas hay una inclinación a lo erótico. Los temas me escogen y yo
accedo a su voluntad. Entre los principales cultores de lo erótico que he leído
están Vladimir Nabokov y algunos anónimos. “Lolita” y “Autobiografía de una
pulga” están entre mis favoritos.
Usted también
ha escrito bellos cuentos. ¿En cuál de los dos géneros cree que se desarrolla
mejor?
Me siento cómodo en ambos.
¿De dónde
extrae sus temas? ¿Acaso de la realidad? O, como el genial Borges, ¿hace
literatura a partir de la literatura, extrayendo temas de ciertas lecturas?
La realidad resulta una fuente enorme para desarrollar
mis trabajos. A veces acudo a vivencias propias. En otras oportunidades me
sirvo de testimonios de terceros. Pero cualquiera sea el origen, siempre pongo
a mis personajes en situaciones creadas por mi propia inventiva.
Estimado
Gonzalo, siempre se vocean nombres en nuestra – a mi opinión- alicaída fauna
literaria y casi siempre son los mismos. Creo que la obra de muchos de estos
autores está sobredimensionada, ya que su propuesta no es, en muchos de los
casos, “seria”. Es decir, sus narraciones no pasan de la mera historia bien
contada o, en el peor de los casos, conforman mamotretos insufribles, que sin
embargo se presentan como “la novedad del año”. ¿Qué piensa de esta crisis literaria
en nuestras letras actuales?
Este fenómeno no es exclusivo de nuestro país. Es
mundial. La culpa la tienen las grandes editoriales que inflan a través de los
medios a los que ellos consideran ser los mejores escritores y no dan paso a
nuevos talentos. Yo me atrevería a decir que desde hace décadas en el mundo no
sale un libro que quedará en la posteridad como una obra maestra. La última que
recuerdo es “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez. Hay muchos
“célebres” autores que en pocos años sus libros ya no serán leídos.
Gonzalo,
definitivamente sus temas poseen una marcada influencia ribeyriana, pues dentro
de ella casi siempre se alude al tema del artista fracasado (como en “El solar
de los tres patios” o en “La cuerda floja”). ¿Cuánto ha influido Ribeyro en su
obra?
Encuentro el “Decálogo para cuentistas” de Ribeyro como
el mejor decálogo propuesto por algún escritor de habla hispana y eso, mi
amigo, no es poco decir.
Actualmente
abundan los medios virtuales, como el facebook o el Internet. Sin embargo,
parece que esta “masificación” de los medios ha generado una pobreza
intelectual realmente alarmante. Nuestros escritores jóvenes cuentan con tantos
medios para expresarse y, sin embargo, tienen muy poco que decir. A su criterio,
¿qué es necesario para cambiar esta situación? ¿Qué nos falta a los autores
nóveles para poder expresar cosas con sustancia?
Leer mucho, especialmente a los clásicos. Malraux decía
“El arte nace del arte”. Esta afirmación no sólo es válida para las artes
plásticas sino para la literatura. Además, el joven deberá vivir mucho, es
decir, acumular experiencia en el trato con diferentes personas, distintos
niveles sociales y, en lo posible, visitar distintos lugares. Siempre con los
ojos bien pelados. El escritor, sea joven o maduro, deberá ser un observador de
su tiempo, de lo bueno y lo malo. Nada supera la experiencia al momento de
escribir.
¿Crees que
la crítica literaria en el Perú es sesgada o se encuentra sometida a criterios
de amiguismo?
Lamentablemente hay pocos críticos buenos y muchos malos.
¿Qué opinión
te merecen los certámenes literarios?
¿Es que todavía alguien cree en la imparcialidad de los
certámenes literarios?
¿Crees en la
bohemia?
En el Perú la bohemia está más relacionada con los artistas
plásticos que con los escritores. No creo que actualmente haya una bohemia
literaria en Lima.
Onetti decía
que escribía para él y no para el lector. ¿Para quién escribe Gonzalo
Mariátegui?
Todo escritor auténtico escribe para sí, pero esto no tiene
por qué excluir a los lectores. Además, no hay libro que satisfaga todos los
gustos.
Finalmente,
¿qué libros tienes en preparación?
Tengo tres novelas iniciadas. Cada una está por las
cuarenta páginas. Estoy próximo a decidirme. Comenzaré cuando pase el verano.
También quisiera publicar todos mis cuentos en un solo tomo. Como ves, amigo,
proyectos hay.
Me retiré de la casa de Gonzalo Mariátegui con la
satisfacción de haber conversado con un hombre lúcido y de una gran humildad.
Nos despedimos dándonos un fuerte apretón de manos, como si fuésemos viejos
amigos, dirigiéndonos una fraterna sonrisa, aunque siéndoles sincero yo por
dentro iba con la tristeza que precede a todas las despedidas. En suma, había
sido una tarde deliciosa. Afuera ya había caído la noche.
DATOS
BIO-BIBLIOGRÁFICOS
Gonzalo
Mariátegui Viera Gallo (Lima, Perú, 1943). Escritor, pintor y
escultor. Ha publicado los cuentarios: “La cuerda floja, (1996, Jaime
Campodónico/Editor), “La escalera de caracol (1998, Walter Noceda Editores),
Los prójimos (2000, Walter Noceda Editores) y las novelas “La virtud de
Alexandra (2003, Fimart), Wenceslao (2008, Torre de Babel) y “El solar de los
tres patios” (2012, Ediciones El Nocedal). También ha incursionado en el
terreno de los epigramas con “Epigramas de un nómade” (2003, Walter Noceda
Editores) y en la dramaturgia con “La tragedia del Dr. Fuertes (1997) y
Fréderic y George (Primer lugar en el “Primer concurso nacional de obras de
teatro en un acto para autores noveles” organizado por la Universidad Ricardo
Palma en 2003) Su cuento “El payaso” fue llevado al cine con el nombre de “La
cuerda Floja”. El cortometraje –dirigido por Fabrizio Aguilar- mereció el
Primer premio de la comisión nacional de cinematografía (CONACINE) en 1997.
Charly
Martínez Toledo (Lima, Perú, 1984). Librero y escritor. Es
miembro del grupo literario “Di-versos” y del grupo “Locus”. Ha publicado: “Las
púas y otros cuentos” (2009, Arteidea editores), “Yo maté a Arquímedes y otras
historias” (2012, Arteidea editores), “Tierno” (plaquette, 2012,
Eclosión editores). Mención honorífica en el Cuarto concurso narrativo “Ten en
cuento a La Victoria” con su relato “Espadas de la noche”. Trabajos suyos han
aparecido en las revistas “Sol de ciegos”, “Remolinos”, el diario “Los Andes”
de Puno, “Letras s5” (Chile) y “Letralia” (Venezuela). Ha sido antologado en el
primer dossier de poesía “Cuervo iluminado, colección de nueva poesía peruana”
y en la antología de trabajos ganadores “Ten en cuento a La Victoria” en 2011.
Junto con el poeta César Pineda Quilca y Manuel Luque dirigen el proyecto
“Eclosión editores”. Ha participado en recitales tanto en Lima como provincias.
sábado, 14 de diciembre de 2013
PRESENTACIÓN DEL POEMARIO “NUEVAS BATALLAS” DE WILLY GÓMEZ.
PRESENTACIÓN DEL
POEMARIO
“Nuevas batallas”
de
Willy Gómez Migliaro
Presentan:
Dalmacia Ruíz-Rosas Samohod
- Paolo de Lima
- Rodolfo Ybarra
- Jorge Luis Roncal
Miércoles 18 de diciembre a las 7:30 p.m.
Asociación Guadalupana
Av. Alfonso Ugarte 1398 Lima
Entrada Libre
sábado, 9 de noviembre de 2013
“TIERNO” POR OFELIA HUAMANCHUMO.
Charly
Martínez Toledo
Eclosión editores, Ate - 2012, 16 págs.
“TIERNO”
Por: Ofelia Huamanchumo
Narradora e investigadora peruana.
Tierno es una plaqueta cuyo formato resulta
óptimo para presentar un relato a manera de cuento-metáfora. Se trata de la
crónica breve de quien ha intentado partir a mejor vida con una Colt – 42, pero sin lograrlo. Los motivos del fracasado intento se pueden
encontrar en la mala puntería de su protagonista –un suicida en
ciernes– , o en sentido más filosófico, a su ‘suerte de perro’. Porque ‘Tierno’ es el nombre de un perro y el alias de su dueño, un
muchacho de humilde condición que lleva una vida en desamor. Y es ese
ejemplo de vida miserable el que muy bien funciona como metáfora del desarraigo
que se impone en las relaciones humanas, cuando las une el mero afán de
supervivencia en un mundo tugurizado y lleno de miseria moral, social y económica.
Así, a esos desgraciados seres sin amor parece quedarles una sola salida:
vivir en el estado al que se ve reducido finalmente el protagonista de la
historia, es decir, a una vida vegetal.
Tierno resulta así una visión extremadamente
apocalíptica del hombre, lo cual deja extrañar en esta creación breve un
lenguaje más infernal y más pesimista, o quizás tan sólo más intrincado y más
meticuloso, como Martínez Toledo ha sabido mostrar en entregas anteriores. Como
quiera que sea, con este cuento su autor ha logrado –para mi gusto– presentar
el símbolo perfecto de eso a lo que el ser humano contemporáneo aspira y que
está cada vez más lejos de corroborarse con el propio proceder: el amor,
elemento sin el que quien no es amado no puede amar, ni a los demás, ni a sí
mismo, y por lo tanto está condenado, como en un ineludible círculo vicioso, a
una existencia infrahumana.
Fuente:
http://letras-h.blogspot.com/2013/09/tierno_7067.html?spref=fbjueves, 7 de noviembre de 2013
CRÍTICA: “SOBRE HOGUERA DE MÁSCARAS O LA CANCIÓN DEL ORFEO POSTMODERNO” POR JOSÉ MARÍA ZÁRATE.
Por: José
María Zárate
Ensayista y
crítico de arte.
La
poesía es una metafísica instantánea. En un breve poema, debe dar una visión
del universo y revelar el secreto de un alma, del ser y de los objetos al mismo tiempo.
Instante poético e instante
metafísico
Gastón Bachelard.
La tradición extraña de los bestiarios se inició
con los antiguos. En este momento viene a mi mente la Historia de los animales de Aristóteles, y la Historia de los animales de Claudio Eliano. Y, ciñéndonos ya a la
modernidad, diré que El libro de los
seres imaginarios, de Jorge Luis Borges, es, seguramente, el más famoso de
los bestiarios contemporáneos. Dicho esto, preguntémonos ahora: ¿Y qué hay de
la poesía? ¿Cuántos bestiarios existen en la poesía universal? La verdad,
existen muy pocos poemarios de esta índole. Sobre este punto, es menester
subrayar lo siguiente: los bardos, cuando escribieron sobre las bestias, casi
siempre lo hicieron de manera asistemática. O para decirlo en otros términos:
no poetizaron a los animales sistemáticamente a través de la composición de
bestiarios. En efecto: por ejemplo, Wordsworth le cantó al ruiseñor, sin
embargo, nunca plasmó un bestiario. Y Coleridge le cantó al ruiseñor, y Shelley
a la alondra, y Poe al cuervo, y William Blake al tigre, y Baudelaire al gato,
y Rubén Darío al cisne, y Carducci al buey, y Montale a la anguila, sin
embargo, estos autores, al igual que Wordsworth, no crearon bestiarios. Podría
seguir citando muchos otros casos, empero, creo que con lo dicho basta para
entender la idea. En consecuencia, de todo lo expuesto se desprende que: los
bestiarios, en la poesía, son rarísimos. La gran mayoría de los aedos,
entonces, no desarrolló este tipo de poesía.
Ahora bien, pensamos que Hoguera de máscaras o el libro de Orfeo
antártico, de Percy Ramírez, es un trabajo inusual, dada su naturaleza. Ya
lo subrayamos: los bestiarios escasean, por decir lo menos. Esto debe tenerse
en cuenta.
El Orfeo de la mitología helena fue un
personaje célebre (fue admirado por sus poderes sobrenaturales y hazañas
heroicas) y controversial (recuérdese que Fedro, en el diálogo El banquete de Platón, declara en su
discurso: “No trataron así a Orfeo, hijo de Eagro, sino que le arrojaron del
Hades, sin concederle lo que pedía. En lugar de devolverle su mujer, que andaba
buscando, le presentaron un fantasma, una sombra de ella, porque como buen
músico le faltó el valor. Lejos de imitar a Alcestes y de morir por la persona
que amaba, se ingenió para bajar vivo al Hades. Así es que, indignados los
dioses, castigaron su cobardía haciéndole morir a manos de mujeres”), que murió
despedazado por las ménades (y en lo que se refiere a su posterior destino, el
mito de Er – que aparece en el libro X de La
República de Platón- nos informa que el personaje Er el Armenio: “Vio al
alma de Orfeo escoger la condición de cisne…”. Es decir, de acuerdo a esta
leyenda, el ánima del héroe decidió transformarse en cisne. No obstante ello,
respecto a este punto, precisaremos que la versión de Ovidio – contenida en el
libro XI, capítulo I, de Las metamorfosis-
difiere de ésta). Asimismo, debemos de señalar que Orfeo es recordado,
especialmente, por haber descendido al Tártaro en busca de la ninfa Eurídice,
su amada. O sea, es recordado, básicamente, por haber penetrado en el mundo de
la muerte o del no-ser.
Ahora bien: Orfeo era, entre otras cosas,
un músico-poeta, y un gran aficionado de los animales. Esto último no debe
olvidarse. Orfeo, en efecto, tenía un vínculo sumamente fuerte con el mundo
animal y vegetal. Tanto es así, que Ovidio en el libro XI, capítulo I, de Las metamorfosis, no titubea en apuntar
– las palabras que siguen son contundentes- que, al fallecer Orfeo: “Su alma,
¡gran dios!, salió por aquella misma boca que tantas veces cantó a los animales
y las rocas. Los pájaros, las bestias salvajes y las mismas rocas derramaron torrentes de lágrimas (las
cursivas son mías) al rendir su último suspiro”. Y en otro lugar, el romano
expresa: “Suavizaba Orfeo, por la dulzura de su canto, a los animales, los
árboles y las rocas…”. En este aspecto, el héroe fue único, excepcional,
incomparable. Hasta donde tengo conocimiento, no existe otro personaje –
mitológico u histórico- que se le parezca. Es verdad que Belerofonte y Perseo,
tuvieron una relación especial con Pegaso, no obstante ello, la particularidad
de Orfeo descansaba en que él era amigo de todos los animales (y hasta de las
plantas). Entonces, seguramente, es válido aseverar que, entre los antiguos,
Orfeo fue, más que ningún otro, el gran camarada de los animales y plantas.
Continuemos: quizás no nos equivocamos si
postulamos que el Orfeo de Hoguera de
máscaras..., es, de algún modo, otro Orfeo. Es un nuevo Orfeo postmoderno –
y, obviamente, es un personaje ficticio o literario-. Y él, aparentemente, a
diferencia del personaje mitológico, es más vulnerable y menos orgulloso. Es
más sencillo y humilde. Esto quizás se deba a que también es un científico. De hecho, no sólo es un
artista con atributos sobrehumanos. Él, además, es un ente vivo, mas no, un
espectro o una sombra. Ahora bien, en esta oportunidad, su misión no consiste
en descender al Hades, el umbrío imperio de Plutón. Claro que no: su misión,
esta vez, consiste en dirigirse hacia el país de los vivos: el Perú. Este Orfeo
postmoderno desea conocer un país de entes vivos, a fin de poder cantar e
investigar, investigar y cantar.
A nuestro juicio, Hoguera de máscaras…, en esencia, se traduce en la excursión
emprendida por Orfeo alrededor de la fauna autóctona
de las regiones de la costa (incluyendo a su mar), la sierra y la selva
peruanas. Así, por ejemplo, en este recorrido nos topamos con el gallinazo (ave
tan cara para Abraham Valdelomar), el puma y el mono fraile. Este Orfeo, por
alguna razón, se animó a emprender una marcha por el corazón de la América del
Sur, en pleno siglo XXI. Él no tiene la intención de visitar al resto de
naciones del orbe actual. No. Su propósito es dialogar – y estudiar- con la
fauna originaria nacional. El Orfeo postmoderno es zoólogo, entomólogo,
historiador (peruanista) y músico-trovador. Él pretende unir la physis (o naturaleza), la historia, la
mitología y la postmodernidad, en un único Tiempo-Espacio. Por eso le canta a
la fauna, a Cristo, a Guamán Poma de Ayala, a la Ciudad de los Reyes (o Lima),
a Eurídice, a Prometeo y al internet
-respecto a esto último, adviértase que en un poema se lee: “Novedades
YouTube:…”-, clara referencia pos vanguardista.
Ramírez, en buena medida, vincula a la
fauna peruana con la historia peruana. En ese sentido, quizás no sea exagerado
afirmar que, los animales, aquí, también ayudan a explicar la historia
nacional. Los animales, así, también son un pretexto para hablar acerca del
pasado peruano. De ahí que en la composición Halcón, se lea: “múltiplo de fosas y líneas de nazca/ múltiplo de
cañón del colca y del huáscar/ múltiplo de ombligo del mundo y pachacámac…”. Y
de ahí que en Perezoso, figuren estos
versos: “Hoy regresas en glaciación final/ en aqueste cortejo de extinción/
como cuando fuiste megaterio/ y epilogabas Lauricocha…”. Y de ahí que en Perro, resalten estas líneas: “¿Saben de
qué hombre hablo?/ De Felipe Huamán Poma de Ayala; / dice “te espera un ala/
salvadora en pictórico retablo”. / Me nombra amigo en la Nueva crónica…”. De lo apuntado se desprende, entonces, que este
bestiario se caracteriza, entre otras cosas, por fusionar a la zoología
(peruana) con la historia (peruana).
Sigamos: el lector advertirá que, entre
todas las bestias que figuran en este libro, el
cóndor es el primero en ser poetizado (podría decirse que esta
publicación se estructura de la siguiente forma: primero se le canta a las
criaturas voladoras, después, a las bestias terrestres, y, finalmente, a las
bestias acuáticas). Esta ave, así, es la encargada de abrir el bestiario. ¿Y
eso por qué? Este detalle es revelador. Orfeo, aquí, inicia su cantar
versificando a un ave (es decir: elige a un ente aéreo, más no, a un ente
terrestre u acuático). O mejor dicho, inicia su cántico versificando al
emperador de las aves nacionales. Sucede que este Orfeo postmoderno valora
sobremanera al cielo o región celeste. Él aprecia el valor de las alturas (en
esto coincide con Atenea y Zeus, dioses que también valoraban el mundo de las
alturas. De hecho, Palas era asociada a la lechuza, y Zeus, al águila). Ahora
bien, en el poema Cóndor se lee: “La
ceremonia continúa/ Rasu-Ñiti/ aunque las nieves sólo serán/ perpetuas en tu
plumaje de espejos/ aunque el vapor de malignidad/ se disfraza de primavera sin
cable a tierra/ Apu Wamani/ desgranador de almas en cascada/ de Saño/ que este
canto rodado/ se eleve a los astros de quien nos desespera/ hasta Cunturhuasi”.
Se colige que, acá, esta criatura no es un ente común. Al contrario: es un ser
sobrenatural cuyo poder radica en el misticismo y la solemnidad. El cóndor,
acá, es sinónimo de ceremonia y religiosidad. Este cóndor trasciende a la
terrenalidad, y se convierte en mito. Esta criatura, aquí, carga sobre sus alas
una enorme simbología. Gracias a sus fuerzas hercúleas se eleva hacia lo alto
de la bóveda celeste, y desde allí, observa y vigila, vigila y observa. No se
contenta con permanecer todo el tiempo en el mundo terrenal y mortal.
Por otro lado, es fácil de notar que
Ramírez, en su poesía, recurre con frecuencia al humor y la ironía. Por
ejemplo, en un lugar expresa: “El Mágico de Tracia fue visto cruzando nuestra
frontera subterránea. Con pasaporte falso, no lo sé…”. El Mágico de Tracia,
naturalmente, es su Orfeo postmoderno. Ramírez, qué duda cabe, ironiza a lo
largo de todo su libro (otro ejemplo – de los muchos que hay- de poesía satírica
es su composición Gallinazo).
Finalmente, señalaremos que Hoguera de máscaras…, acaba con una
reflexión sobre la condición humana: hace hincapié en la temporalidad del
hombre. En el problema de la mortalidad humana y del tiempo que no se detiene.
Y no podía ser de otra manera, ya que el autor es muy consciente de lo que es
la historia, al fin de cuentas: el estudio de las generaciones que tiempo atrás
habitaron la tierra. Ya lo sentenció Heráclito de Éfeso en su momento: las
aguas del río fluyen, y nunca dejan de fluir. El devenir, el río, no se
detiene.
Lima, noviembre de 2013
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