martes, 18 de enero de 2011

JOSÉ MARÍA ARGUEDAS - CIEN AÑOS: 1911-2011. “DE UN PAÍS DE HIJ@S DE ESPAÑOLES A OTRO DE TODAS LAS SANGRES” POR RODRIGO MONTOYA ROJAS.

(1) “Arguedas es el escritor de los encuentros y desencuentros de todas las razas, de todas las lenguas y de todas las patrias del Perú”. (2) Arguedas no fue un testigo pasivo, ni se limitó a fotografiar y a describir, tomó partido.

“DE UN PAÍS DE HIJ@S DE ESPAÑOLES A OTRO DE TODAS LAS SANGRES”

Por: Rodrigo Montoya Rojas
Navegar Río arriba

Nació en Andahuaylas un día como hoy, en 1911. Vivió allí sólo tres años. Al perder a su madre, Victoria Altamirano, él y su hermano Arístides fueron llevados por su padre -Víctor Manuel, un abogado cusqueño- a San Juan de Lucanas. Como hijastros de doña Grimanesa Arangoitia viuda de Pacheco tuvieron una niñez difícil, tanto por la dureza de ella como por la constante ausencia del padre. En la cocina de la casa, doña Cayetana le dio la ternura que le hacía falta y en las tierras lucaninas de músicos, danzantes y comuneros que trabajaban felices en sus faenas, aprendió a cantar, a enamorar en quechua y también a admirar la fuerza de los comuneros, siempre compitiendo entre ellos para arar más profundamente la tierra, limpiar una acequia, bailar en la fiesta del agua o en su apoyo a los danzantes de tijeras preferidos.

Hizo sus estudios de secundaria en colegios diferentes en Ica, Yauyos, Abancay y Huancayo. En 1931, ingresó a San Marcos para estudiar Educación, siendo al mismo tiempo empleado de correos. Se decidió a escribir y contar lo que era el mundo andino luego de leer lo que jueces y literatos escribían sin conocer la realidad, ni sentirla. Imaginemos la furia que sintió cuando López Albújar contaba que los llamados indios no querían a sus mujeres e hijos y preferían a sus animales. En los cuentos de su primer libro, “Agua” (1935) presentó, desde dentro de la cultura quechua, el gravísimo conflicto entre señores e indios, con una poesía y ternura extraordinarias. Su relato Warma kuyay (amor de adolescente) es, tal vez, el mejor.

San Marcos lo acercó al debate político de entonces. Como simpatizante del Partido Comunista tuvo un breve momento de participación política organizada, pronto abandonó la célula cuando su jefe le reprochó emborracharse con los indios y acompañar a los danzantes de tijeras, antes que cumplir con sus tareas revolucionarias. Cuando le dijeron que los comunistas solo tendrían derecho a la alegría después de La Victoria, sintiéndose empequeñecido (chintirukuspa, en quechua) pidió salir de la reunión por un momento y no volvió más. En 1937, por asistir a un mítin de solidaridad con los republicanos españoles, fue apresado en la puerta de la casona de San Marcos y encerrado en “El sexto”, la dura cárcel limeña, en la que conoció de cerca el conflicto político entre apristas y comunistas, costeños y serranos, entre la ciudad y el campo. Allí, le sirvieron de consuelo las canciones quechuas aprendidas en Puquio y San Juan, reunidas y traducidas después en un precioso librito “Canto quechua” (1938). Más tarde, en su novela “El sexto”, JMA vuelve sobre los conflictos políticos, particularmente entre apristas y comunistas. Ya casado con Celia Bustamante, para recuperarse de su quebrantada salud siguió el consejo médico de volver a los Andes y emprendió el camino de profesor de lengua y literatura en el colegio Pumacahua de Sicuani. Vivió feliz el reencuentro con las piedras trabajadas como si fueran de barro, la luz y belleza del Cusco, el descubrimiento de las danzas, cantos y cuentos de sus estudiantes, de la voz maravillosa de Carmen Taripha, la cocinera del padre Jorge C. Lira en la parroquia de Calca, y los primeros estudios de folklore en el departamento de Antropología de la Universidad San Antonio Abad, con Efraín Morote Best y Josafat Roel Pineda. Estando en Cusco escribió artículos que se publicaron en el diario “La prensa” Buenos Aires, reunidos luego en el libro “Señores e indios”, publicado en Cuba por Ángel Rama. En ese fértil período escribió la novela “Yawar Fiesta” (1941) para presentar el mundo de señores indios en la provincia de Lucanas, particularmente en Puquio, a través de los toreros profesionales y los capeadores o jugadores andinos con los toros. Enriquecido con esa experiencia cusqueña, JMA tomó la decisión de estudiar Antropología en San Marcos.

Luego de publicar el relato “Diamantes y pedernales” (1954) y de concluir sus estudios de Antropología, volvió a Puquio en 1955 junto con Josafat Roel Pineda y el sociólogo francés Francois Bourricaud e hizo un trabajo de campo que le sirvió para escribir el libro “Puquio: una cultura en proceso de cambio”. En ese viaje, él y Josafat Roel recogieron una segunda versión del mito de “Inka Ri”, luego que el propio Roel y el antropólogo Oscar Núñez del Prado, lo oyeran por primera vez, algunos meses antes, a los K`eros del Cusco.

En 1959, la editorial Losada de Buenos Aires publicó su novela “Los Ríos profundos”. El éxito fue inmediato, lo situó entre los mejores escritores peruanos y le abrió las puertas para viajar invitado a diversos países. En la ficción, el niño Ernesto recrea una relación de amor y admiración con su padre, siempre ausente, gracias a un diálogo mágico a través de la voz de un trompo (el zumbayllu), los ríos y los vientos, y trata de un conflicto serio entre señores y siervos debido al monopolio de la sal.- No conozco en Perú una prosa con más ternura que la de esa novela.

En 1958, JMA pidió a la Unesco una beca para viajar a España y tratar de responder a la pregunta cuánto de España hay en las comunidades peruanas. Nunca antes antropólogo latino americano alguno había formulado un plan de trabajo como ese. Su libro “Las comunidades de España y Perú”, fue su tesis de doctorado en San Marcos en 1963, después de haber publicado en 1962 su cuento “La agonía de Rasu Ñiti”, un relato precioso sobre la vida y muerte de un danzante de tijeras, y su poema “Túpac Amaru Kamaq Taytanchisman Haylli Taki”, A nuestro Padre creador Túpac Amaru Himno-Canción). En 1963, su amigo Paco Miró Quesada, ministro de Educación en el primer gobierno de Belaunde, creó para él “La casa de la Cultura”. Dejó ahí su huella en la revista “Cultura y Pueblo”, en la presentación múltiple y constante de la Música, canto y danzas indígenas, principalmente andinas, en los mejores teatros de Lima y en el registro de artistas andinos como el primer reconocimiento oficial de su historia. El 1964, publicó su novela “Todas las sangres”.

Después de su tesis de doctorado JMA debió haber sido nombrado con todo derecho profesor de antropología a tiempo completo en San Marcos, pero no fue así. Amigos del Departamento de Humanidades de la Universidad Agraria le ofrecieron un puesto que sería el último. La tesis doctoral y la novela “Todas las sangres”, dejaron a JMA agotado, con pocos ánimos para seguir. Un viaje de algunas semanas a Estados Unidos, invitado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos y varios viajes a Chile para recuperar su debilitada salud, marcan el momento de la larga crisis final. Su depresión, compañera constante desde su primera infancia, lo condujo en 1966 a un fallido intento de suicidio en el Museo de la Cultura peruana, del que era director.

Con un nuevo amor y un segundo matrimonio, Sybila Arredondo, hizo varios viajes a Santiago para ver a la psiquiatra Lola Hoffman. Su consejo de escribir para no morir lo embarcó en su último proyecto literario y póstuma novela “El zorro de arriba y el zorro de abajo”. Si en “Todas las sangres” intentó una visión global del país, con la historia de los zorros asumió el desafío de ver el país dentro del capitalismo global en la media en que Chimbote era el puerto mayor de Perú, convertido en primer exportador de harina de pescado en el mundo. Dos mil años después del encuentro de los zorros yungas de abajo y andinos de arriba en el Pariaqaqa, nevado de la sierra de Lima -tomado del relato “Dioses y hombres de Huarochirí” que él tradujo del quechua- JMA los reunió por segunda vez en Chimbote para tratar de entender la historia contemporánea, al mismo tiempo que en sus “Diarios” iba contando cuán cerca estaba ya de acertar en su decisión de pegarse un tiro, y cuáles eran y habían sido sus convicciones literarias y políticas más importantes en el país que le tocó vivir.

A fines de noviembre de 1969, el tiro que se dio cerca de su oficina en la Universidad Agraria fue definitivo. Unos días después, murió. En los 42 años transcurridos y ahora, en el primer centenario de su nacimiento, JMA es un héroe cultural, un escritor de primera línea y uno de los cimientos firmes para pensar el futuro del país. Miles de jóvenes en todas partes lo toman como un ícono y mentor de lo bueno y mejor que tiene nuestro pueblo aunque estoy seguro que muchos de ellos y ellas lo han leído poco o nada. Lo que importa es lo que saben de él por sus frases que circulan como claves para entender el país. En particular una: “Todas las sangres”, que quiere decir, todas las lenguas y culturas, todos los rasgos biológicos existentes en la Costa, los Andes y la Amazonía; todas las naciones que existen escondidas y sometidas a una, la occidental criolla que se siente y define como única. La visión uni-cultural del Perú criollo oficial desde 1821 hasta ahora, expuesta en el ideal del Estado nación de un estado, una nación, un territorio, una lengua, una religión, importado de Europa y Estados Unidos, está en abierta contradicción con la realidad heterogénea y maravillosa del país, de una decena de culturas y por lo menos 50 lenguas, lo que se llama ahora diversidad cultural o multi culturalidad.

En “Todas las sangres”, la novela más importante del país, JMA inventa y deja las bases de solución de un gran conflicto entre el capitalismo y el mundo andino, pone en discusión la noción de patria y crea un personaje como Demetrio Rendón Willka, un indio que sabe leer y escribir, que tiene experiencia obrera y sindical, que no cree en Dios, no reniega ni siente vergüenza de su condición de indio, se identifica plenamente con el espíritu colectivo de las comunidades, disfruta con el trabajo-fiesta de la faena y que tiene la prudencia de los grandes sabios andinos, que habla con la fuerza de la naturaleza, que no tiene rabia, pero que quiere cambiar el mundo para que el Perú sea una patria para todos sus hijos y no sólo para los criollos. Quienes criticaron la novela esperaban que JMA reprodujera en la ficción la realidad de entonces y como no conocían a ningún Demetrio Rendón Willka o a ningún capitalista nacional o patriótico, dijeron que la novela tenía graves problemas. Ahora que la Constitución de 2008 sostiene que Bolivia es un país plurinacional y los pueblos indígenas tienen sus derechos colectivos e individuales asegurados, el sueño arguediano cobra una fuerza mayor. ¿No hay acaso un vínculo posible entre Demetrio Rendón Willka y Alberto Pizango? Falta que la cultura se vuelva política, es decir, que no defendamos únicamente el canto, la danza y la Música sino que, además, los pueblos indígenas tengan directa participación en el poder del país, de modo organizado y autónomo. En abril, o mayo próximo, volveré sobre la importancia literaria y política de Arguedas en mi libro “Cien años del Perú y de Arguedas”.

Rodrigo Montoya Rojas

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“Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo. Con nuestro corazón lo alcanzamos, lo penetramos; con nuestro regocijo no extinguido, con la relampagueante alegría del hombre sufriente que tiene el poder de todos los cielos, con nuestros himnos antiguos y nuevos, lo estamos envolviendo. Hemos de lavar las culpas por siglos sedimentadas en esta cabeza corrompida de los falsos wiraquchas, con lágrimas, amor, o fuego. ¡Con lo que sea! Somos miles de millares, aquí, ahora. Estamos juntos, nos hemos congregado pueblo por pueblo, nombre por nombre, y estamos apretando a esta inmensa ciudad que nos odiaba, que nos despreciaba como a excremento de caballos. Hemos de convertirla en pueblos de hombres que entonen los himnos de las cuatro regiones de nuestro mundo, en ciudad feliz, donde cada hombre trabaje, en inmenso pueblo que no odie y sea limpio, como la nieve de los dioses montaña donde la pestilencia del mal no llegue jamás- Así es, así mismo ha de ser, padre mío, así mismo ha de ser, en tu nombre, que cae sobre la vida como una cascada de agua eterna que salta y alumbra todo el espíritu y el camino”. (José María Arguedas, Túpac Amaru Kamaq Taytanchisman Haylli Taki, A nuestro Padre creador Túpac Amaru Himno-Canción. Ediciones Salqantay. 1962. Lima).

18/01/2011

Fuente:
Diario “La Primera”

JOSÉ MARÍA ARGUEDAS - CIEN AÑOS: 1911-2011. “PAGANDO UNA DEUDA IMPOSIBLE”. POR ARIEL DORFMAN. (DIARIO “EL PAÍS‏”).

José María Arguedas.

TRIBUNA: ARIEL DORFMAN

“PAGANDO UNA DEUDA IMPOSIBLE”

Por: Ariel Dorfman

Cien años han pasado desde aquel 18 de enero de 1911 en que vino al mundo el fundacional escritor peruano José María Arguedas, un centenario que me permite, por primera vez, confesar que tengo con él una deuda que no acabo de pagar.

Muchos de los que tuvimos el privilegio y el goce de ser sus amigos tenemos una deuda parecida: este novelista y antropólogo que revolucionó el campo literario latinoamericano y modificó drásticamente la manera en que percibimos a los pueblos originarios del mundo terminó, desesperado y deprimido, suicidándose en Lima a la edad de 68 años -la misma edad que, extrañamente, detento yo ahora que por fin asumo públicamente la culpa personal que me toca en su prematura desaparición-.

Pese a que me llevaba más de tres décadas de ventaja, fuimos entrañables amigos. Gracias a los buenos oficios de Pedro Lastra, y de los Arredondo, la familia chilena de la mujer de José María, pude intimar con él después de haberlo leído con encanto y también con algo de desasosiego ante el abismo de perversidad que revelaba en un Perú que maltrataba y despreciaba a las candentes mayorías indígenas. Tuvimos largas conversaciones, lo escuché cantar huaynos en quechua, lo vi danzar hasta el amanecer, llegué a entrevistarlo varias veces y finalmente produje un ensayo sobre su obra que él refrendó, y esa empatía mía con su literatura y persona lo llevaron a llamarme hermano, parte de la misma lucha por la belleza y la justicia y la verdad.

Apreciaba mis opiniones. No lo digo para vanagloriarme, sino porque es indispensable para asomarse al desenlace de nuestra relación. Apreciaba mis opiniones, repito, y fue por eso que, en octubre de 1969 -¿o puede haber sido en septiembre o a principios de noviembre?- me avisó de que venía a Santiago y que quería verme, "por algo importante".

Lo que le desvelaba, me explicó, cuando finalmente nos encontramos, era su nueva novela, El zorro de arriba y el zorro de abajo, aún inconclusa.

-Necesito saber lo que piensas, Ariel. No se asemeja a nada que haya escrito antes.- Y me pasó un grueso manuscrito, pidiéndome que lo leyera pronto para que pudiéramos conversar antes de su retorno al Perú.

Me pasé los días siguientes, y buena parte de las noches, sumergido en las arenas de ese libro monumental. Mi primera impresión fue de espanto: comenzaba José María por advertir al lector, en un diario de vida que no tenía nada de fingido, que recientemente había tratado de suicidarse.

Similares revelaciones sobre su crisis, su incapacidad de seguir escribiendo, se reiteraban en el resto de la novela, cuyo núcleo central, sin embargo, estaba constituido por una ardua y alucinada narración sobre Chimbote. Me sentí atraído -no lo pude evitar- más por el dolor lúcido del amigo fidedigno e histórico que por los personajes que deambulaban por un puerto degradado y a la vez mítico, una insaciable ciudad de pescadores en que figuras legendarias se cruzabancon locos y prostitutas y enviados del imperio y migrantes de la sierra. Si entendía demasiado bien lo que pasaba con mi querido José María, sus hombres y mujeres ficticios carecían, en cambio, de la envergadura emocional de sus escritos anteriores y la prosa en que respiraban me pareció desconcertante, opaca, enmarañada. Algo que siempre me había fascinado de Arguedas era su estilo espléndido, fruto, como su vida misma, de su ser mestizo, su existencia precaria a horcajadas entre dos mundos, el blanco y el indio, forjando en el lenguaje mismo un modelo de cómo la cultura autóctona podía revertir el sentido y flujo de la conquista, podía apoderarse de la palabra. En todos sus libros precedentes había construido una sintaxis deslumbrante, tensionada entre la luz y la oscuridad, la alegría y el desconsuelo, permitiendo que sus lectores se asomaran, sin dejar el castellano, al mundo andino prohibido y ultrajado. Leerlo siempre había sido, por lo tanto, una experiencia inolvidable y única. Pero Arguedas, aparentemente, había llegado a la conclusión de que era una experiencia demasiado cómoda, hasta acomodaticia. Porque en la novela de los zorros abandonaba toda pretensión de que se lo entendiera con claridad, entorpecía ese placer transcultural, había decidido salirse de las fronteras habituales de lo reconocible para un lector sumido, como yo, en la tradición occidental y moderna. Era, para ser franco, una novela quechua y, para mi mala fortuna, me sentí extranjero, dislocado, en ese mundo.

Se lo dije. Haberlo callado hubiera sido más piadoso con un hombre que sufría una depresión psicológica tan catastrófica; más piadoso, sí, pero indigno de él y de nuestra relación basada en la lealtad y la transparencia. Le conté, entonces, durante una larga tarde que pasamos, recuerdo, al interior del auto que mi padre me había prestado para que lo visitara, desmenucé lo que me había conmovido en su obra nueva y también lo que estimaba confuso y enrevesado, aquello que necesitaba -sí, eso es lo que le dije yo, a los 27 años de edad, a este magnífico escritor que había hecho cantar a los ríos y era hermano de las montañas- más trabajo, más coherencia, más organicidad narrativa.

Si le dolió mi opinión, fue demasiado gentil para hacérmelo saber. Dijo que tomaría en cuenta esos comentarios, y que le había dado mucho que pensar. Y nos despedimos con el abrazo de siempre, como si nada.

Unas semanas más tarde, un mes más tarde, más tarde, más tarde, demasiado tarde y demasiado temprano, a fines de noviembre de 1969, me llegó la noticia de que se había disparado un tiro en la sien en la Universidad Agraria de Lima. Recordé algo que me había susurrado en alguna lejana madrugada: "Si no puedo escribir, mejor es no estar vivo". En efecto, había completado su novela con su propia muerte.

No soy tan arrogante como para pensar que si le hubiera alabado, ay, si le hubiera entendido, su texto, podría haber evitado su sacrificio. Pero de todos modos me reproché entonces y me seguí reprochando durante décadas el hecho de que no me rajé el corazón, no abrí los ojos hasta el cielo, no me desgarré el alma, no salté el despeñadero que nos separaba. No supe estar a la altura de su visión y su amistad, no fui capaz de aceptar con humildad el regalo híbrido y ambicioso y trastornante que me estaba ofreciendo a mí y al mundo.

Pero el centenario de su nacimiento no debería ser ocasión únicamente para expiaciones. Debe ser, ante todo, una celebración, el recuerdo de que su obra y su vida se fundaban en una apuesta primordial: que la cultura de los Andes -imbuida de amor a la naturaleza, moral y estéticamente superior a quienes la sojuzgaban- era capaz de salvar a la humanidad contemporánea presa de un progreso avaro e insensato que se erige sobre la explotación de la tierra y de nuestros semejantes, la apuesta todavía vigente de que hay otra humanidad posible.

¿Hay alguien más vivo que Arguedas hoy? ¿Hay alguien más relevante en este tiempo en que la especie se encamina hacia el apocalipsis? ¿Hay alguien que escribió con más lucimiento y grandeza sobre lo que significa vivir y morir y sobrevivir en nuestra encrucijada inacabable?

Tengo una deuda contigo, José María. Lo que he descubierto, ahora que tengo la edad tuya cuando nos dejaste, es que es también una deuda que tenemos todos, he descubierto que nos toca volver a leer los profundos ríos de tu literatura para rescatarte, esta vez sí, de la muerte que dicen que te devoró.

Ariel Dorfman es escritor chileno. Su última novela es Americanos: los pasos de Murieta.

18/01/2011

Fuente:
http://www.elpais.com/

JOSÉ MARÍA ARGUEDAS - CIEN AÑOS: 1911-2011. “MEDITACIÓN AL PIE DE LOS ZORROS (I)” POR CÉSAR LÉVANO. (DIARIO “LA PRIMERA‏”).

José María Arguedas.

“MEDITACIÓN AL PIE DE LOS ZORROS”
(I)

Por: César Lévano

El siguiente es un texto inédito. Lo he escrito para la reedición ya en prensa de mi libro Arguedas. Un sentimiento trágico de la vida. Como en los días próximos voy a estar en Andahuaylas, invitado por la Universidad José María Arguedas a la conmemoración del Centenario del nacimiento del autor de Agua, Yawar Fiesta, Los ríos profundos y Todas las sangres, en ese lapso publicaré fragmentos del mencionado trabajo.

1. Hay dos temas centrales en El zorro de arriba y el zorro de abajo: Chimbote y el suicidio. Un desgarramiento social y una perturbación interior. Esa marcha paralela concluye en la frustración y la muerte. Pero en el curso de la historia colectiva y del drama íntimo hay momentos de esperanza, relámpagos de fe.

Hay que ir más allá de Chimbote y de la psiquis de Arguedas para encontrar la clave final de su vida y su mensaje. Esto significa hurgar en lo que Arguedas escribió en otros escritos al mismo tiempo que volcaba su angustia en las páginas de El zorro. Hay que iluminar la noche interior del texto y del alma con la realidad del Perú y del mundo, cuyas peripecias seguía el autor desde su juventud temprana. Esto es indispensable para despejar ciertas versiones sectarias de quienes sueñan con reanudar la era de la violencia que azotó al Perú.

Dos desesperanzas presiden la novela. La visión de un desarrollo capitalista –capitalista dependiente– que avanza arrolladoramente, con su entraña de riqueza monetaria, explotación cruel y ruina moral, y se personifica en la industria de la pesca y en su personaje central, Luis Banchero, el Braschi de la ficción. Hay que comprobar que, cuarenta años después de la muerte de Arguedas, ese proceso no se ha detenido.

La realidad profunda de Chimbote, la lucha de clases que allí se despliega, está presente, aunque no de forma amplia, en la novela. Los magnates de la pesca, sus maniobras antiobreras están allí. Y también los personajes obreros.

También emergen de esas páginas la gran inmigración andina, la corrupción fomentada por los dineros súbitos, la prostitución, la degradación verbal, el despojo cultural. El proceso de pérdida de identidad, que Arguedas temía, se ha cumplido y se ha ampliado a todo el Perú. Pero lo que Arguedas no previó es que surgiría también una contracorriente poderosa, que avanza no sólo en las provincias, sino en la propia Lima. Como me dijo el folclorista ayacuchano Roberto Teves: “El quechua se habla hoy en los ómnibus, los mercados, las plazas y las calles de la capital. Lima se está convirtiendo en quechuahablante”. La derrota cultural que Arguedas temía no ha ocurrido; lo que hay es un gran choque, un encontrón, que sin duda va a reforzar, al final, al Perú cholo, mestizo, urbano, que no reniega de la herencia ancestral, sobre todo andina.

18/01/2011

Fuente:
Diario “La Primera”.

JOSÉ MARÍA ARGUEDAS - CIEN AÑOS: 1911-2011. “476 AÑOS DE LIMA Y 100 DE ARGUEDAS” POR NELSON MANRIQUE. (DIARIO “LA REPÚBLICA‏”).

José María Arguedas.

“476 AÑOS DE LIMA Y 100 DE ARGUEDAS”

Por: Nelson Manrique

Al hablar de José María Arguedas –escritor, antropólogo, gran animador cultural– se piensa en la sierra y suele olvidarse que él vivió en Lima la mitad de su vida. La vivencia de la migración (una experiencia común a millones de peruanos) atraviesa su vida y sus reflexiones, desde su niñez errante, acompañando al padre juez, hasta su inserción en el medio intelectual limeño, en el que batalló incansablemente por lograr el reconocimiento de la cultura andina. Alfredo Torero –gran lingüista y amigo íntimo suyo– me hizo una vez la observación de que cuando JMA perdía el camino (le sucedió, por ejemplo, al empezar a trabajar antropológica y literariamente la ciudad de Chimbote) invariablemente era a través de su contacto con los migrantes que retomaba el hilo. Basta releer El zorro de arriba y el zorro de abajo para constatarlo.

El aporte de JMA ha sido capital para definir la identidad cultural de Lima. No solo presentó la sierra al público limeño sino contribuyó a resolver necesidades muy sentidas de sus coterráneos. Los primeros inmigrantes tuvieron que enfrentar no solo un profundo choque cultural sino, sobre todo, sufrir los prejuicios con que históricamente los costeños han visto a los serranos. Para los viejos limeños los migrantes venían a quitarles su ciudad, eran sucios, desconfiados y taciturnos. Los serranos, por su parte, consideraban a los costeños ociosos, inconstantes y superficiales. Pensar en un proyecto de integración nacional en esas condiciones era iluso.

La imagen de Lima como una Arcadia colonial, construida por Ricardo Palma y poetizada por Chabuca Granda, contribuyó a alimentar los equívocos. Cuando se producen cambios muy acelerados en la realidad, los ojos con que se ve esta tienden a quedarse fijados en las viejas imágenes y son incapaces de registrar lo que objetivamente sucede. Algo así ocurrió a Lima en la transición demográfica que la andinizó a mediados del siglo XX. Mientras Chabuca cantaba a la ciudad del río, el puente y la alameda, a una aristocracia terrateniente que recorría senderos bordeados de naranjos cabalgando en caballos de paso, Lima estaba siendo profundamente transformada por la gran oleada andina, en medio de grandes tensiones y resentimientos. El sentimiento de los viejos limeños, de que los migrantes estaban destruyendo su ciudad, era reforzado por el colapso de los servicios públicos, incapaces de abastecer la demanda de una población que se multiplicó por diez en apenas tres décadas, con el consiguiente deterioro de la calidad de vida. Para los recién llegados la urbe era ajena y hostil, y los clubes de migrantes fueron un espacio fundamental de defensa. El otro fueron los coliseos.

Lima ignoraba las culturas del interior. Como el etnomusicólogo Raúl Romero ha recordado, para los limeños la música serrana –conocida a partir de los espectáculos montados en los años 20 por el presidente Leguía en la pampa de Amancaes– era genéricamente conocida como “música incaica”. Los grupos folclóricos migrantes, fueran de donde fueran, para ser aceptados, tenían que disfrazarse con atuendos supuestamente incaicos e interpretar música cusqueña, la única que reconocía la sensibilidad criolla. JMA asumió como una cruzada personal la defensa del derecho de los migrantes a preservar su identidad. El gran violinista Máximo Damián recuerda que él no se limitaba a exhortarles a que defendieran la autenticidad de su arte, no dejándose alienar por las disqueras, sino que paralelamente buscaba conseguirles modestos trabajos, a través de sus contactos, para que pudieran vivir con dignidad y cultivar así su arte sin graves apremios materiales. Los coliseos se convirtieron entonces en un crisol cultural en el que los miles de migrantes que asistían cada semana a escuchar a los intérpretes de su localidad aprendían a disfrutar con la música de todas las regiones del Perú; toda una lección de interculturalidad.

La gran cantidad de homenajes a JMA a lo largo del año muestra la consciencia que tiene la sociedad civil de la importancia de su aporte. Qué distantes están los líderes políticos (que propusieron que este fuera el año de los submarinos, o el de Macchu Picchu) de este sentimiento.

18/01/2011

Fuente:
Diario “La República”

JOSÉ MARÍA ARGUEDAS - CIEN AÑOS: 1911-2011. ENTREVISTA CON CARMEN MARÍA PINILLA POR CYNTHIA CAMPOS. DOMINGO (DIARIO “LA REPÚBLICA”)‏.



OBRA VIVA. A la obra literaria de Arguedas se unirá este año la edición de sus estudios antropológicos.

CASADOS. Celia Bustamante y José María Arguedas luego de casarse en Sicuni, Cusco, adonde había ido como maestro de una escuela de alumnos quechuahablantes, el 30 de junio de 1939. El amor nacido en la prisión El Sexto, se rompería luego de 26 años.

“LOS IDEALES DE ARGUEDAS NO SON ARCAICOS, APUNTAN AL FUTURO”

Este martes 18 de enero se cumplen cien años del nacimiento del escritor José María Arguedas (Andahuaylas 1911-Lima 1969). El autor de Los ríos profundos, Todas las sangres y El zorro de arriba y el zorro de abajo dejó un legado que ahora es revalorado con homenajes nacionales e internacionales y con el anuncio de la edición completa de sus estudios antropológicos. Carmen María Pinilla, estudiosa de su obra, hace aquí un acercamiento a sus ficciones, pero también a su vida atormentada, marcada por los contrastes.

Por: Cynthia Campos

“Dicen que ya no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar la cabeza por otra mejor. Dicen que nuestro corazón tampoco conviene a los tiempos (...). Dicen que algunos doctores afirman eso de nosotros”, escribió José María Arguedas en 1966 en un texto que tituló Llamado a algunos doctores. Líneas después, los desafiaría: “Saca tu largavista, tus mejores anteojos. Mira, si puedes. Quinientas flores de papas distintas crecen en los balcones de los abismos que tus ojos no alcanzan, sobre la tierra en que la noche y el oro, la plata y el día se mezclan”. Arguedas lanzaba así el reto: entender el ande con una nueva mirada, una que valore la riqueza de la cultura andina como la de todas las culturas que habitan el Perú, para lograr un país, como en el título de su novela, de todas las sangres.

El reto de repensar a Arguedas sigue vigente y fue el propio Mario Vargas Llosa quien recordó al autor en su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura 2010. Vargas Llosa saldaba con él una deuda que tenía desde que publicó La utopía arcaica (1996) y los expertos de la obra de Arguedas, como Alejandro Ortiz Rescaniere y Rodrigo Montoya, le salieron al encuentro. La especialista Carmen María Pinilla, miembro de la Comisión del Centenario de José María Arguedas, nos acerca a esta polémica y a la vida y obra del autor de Yawar Fiesta.

–¿Mario Vargas Llosa ha cambiado su visión sobre la obra de José María Arguedas. Ya no la considera ‘arcaica’?

–En primer lugar, Mario Vargas Llosa admira a Arguedas. Es un admirador sincero de la obra de Arguedas y la ha estudiado a profundidad. Lo que pasa es que él considera que José María Arguedas siente alguna añoranza porque se está perdiendo la tradición andina, pero Vargas Llosa interpreta esta añoranza como un deseo de regresar a ese orden andino, de que no cambie, de que se quede congelado. Entonces, sí, pienso que con este último discurso Mario Vargas Llosa ha enmendado el calificativo de ‘arcaica’ a la utopía de Arguedas, o a los ideales de Arguedas. No son arcaicos porque los ideales de Arguedas no son regresar al pasado sino más bien utilizar valores del pasado, que existen todavía en las poblaciones actuales, herederas del pasado incaico, y que esos valores tengan una utilidad en el futuro. Por último, sería en todo caso la utopía de todas las sangres, como dijo Rodrigo Montoya.

–¿Qué hace al mensaje de la obra de Arguedas un discurso tan actual?

–Este proceso por hacer del Perú un país de todas las sangres sigue vigente y las expresiones culturales del ande también; no se opacan en absoluto con la llegada de las tradiciones occidentales. Aún ahora sucede eso. Mira, por ejemplo, en Gamarra, las creaciones de los empresarios de origen andino tienen todos los colores del ande. Fíjate en la música chicha. Nuestro idioma también está lleno de imposiciones de la cultura quechua. No es que se va a arrasar con el pasado; se está demostrando que eso no es así necesariamente. Además, Arguedas habla de segregación y discriminación, que son problemas que se viven aún ahora en todas partes del mundo, por eso lo estudian en España, en Alemania.

–Pero el mensaje arguediano ha sido aprovechado políticamente también. Alejandro Toledo, por ejemplo...

–Claro. Sin ir más lejos, también el gobierno de Fernando Belaunde. Belaunde apreció la obra de Arguedas y muchas veces se inspiró en ella, incluso lo invitó a ser director de la Casa de la Cultura. Esa es la propiedad y la actualidad de Arguedas, que es de todos y no puede ser apropiado por un partido político o un determinado sector, ya sea de derecha o de izquierda. Es algo parecido a lo que sucedió también con la figura de Túpac Amaru en los tiempos de Juan Velasco Alvarado. Pero está bien que Toledo lo cite porque lo difunde, y en la medida que lo lees te das cuenta de que no es el mensaje de Toledo sino el de Arguedas.

Arguedas en su tiempo

–¿Cuáles son los hechos que marcan la escritura de José María Arguedas?

–Como dijo Alberto Flores Galindo, Arguedas vivió los procesos sociales más importantes del Perú en el siglo XX. Entre los 9 y 14 años vio nacer los grandes movimientos reivindicatorios del indio en la sierra. Entre los 20 y 23 años ve la serie de levantamientos de los indígenas en contra del gamonalismo, que había alcanzado altísimos niveles de explotación. Además, su padre era juez de primera instancia en Puquio y tenía que recorrer con él varias regiones en el país. Ello sin contar que, desde niño, el escritor estuvo expuesto a los contrastes. Mientras el padre salía de viaje, la madrastra en casa lo maltrataba y lo exiliaba al mundo de la cocina, con los indios. Cuando el padre regresaba, lo peinaban, lo limpiaban y lo sentaban en el comedor principal. Él pudo ver ambos mundos, del indio y del gamonal con todas las desigualdades y contrastes entre ambos, desde muy chico.

–En Lima también ve estos contrastes...

–Sí, en la década del 40 van a intensificarse los movimientos migratorios que cambian totalmente el rostro de las ciudades. Todo esto va a cambiar la situación en el ande y, coincidiendo con el empobrecimiento del agro, se produce el deseo de emigrar, de abandonar el campo, la agricultura tradicional. Esto significa un cambio total en la costa, donde Arguedas es testigo de cómo se van formando los pueblos jóvenes, las barriadas. Él frecuenta estas barriadas, tiene allí amigos músicos, folcloristas, y los visita frecuentemente. Por eso es que critica a Luis Felipe Angell (Sofocleto) cuando este publica su novela La tierra prometida, y –según Arguedas– las presenta como una realidad deformada y sin futuro. Arguedas dijo que no es así y quiso demostrarlo en su última novela El zorro de arriba y el zorro de abajo cuando presenta en el escenario del mercado a migrantes de distintas partes del Perú que caminan juntos y luchan por un proyecto común.

La realidad golpea como un río

–Se dice que uno de los mayores aportes de Arguedas ha sido revalorar la figura del indio...

–También lo creo, pero se ha prestado a exageraciones. Es un tema que le han achacado mucho, sin embargo el mismo Arguedas se defiende diciendo que él no retrata solo al indio. Él dice que para expresar al indio él tiene que expresar con la misma agudeza a los personajes que hacen del indio lo que es. Es decir, él trabaja con el mismo ímpetu al gamonal, al patrón, a los jueces, a los curas, al gendarme, etc, y los presenta a todos –incluyendo al indio– con sus virtudes y sus defectos. Su objetivo es otro. Él dice muchas veces qué es lo que le lleva a escribir. Dice que los dos grandes objetivos de su vida son mostrar una realidad desconocida –o mal conocida por los prejuicios– y luego golpear como un río la conciencia del lector. Por eso luego va a complementar su vocación literaria con la de científico social, de antropólogo.

–Una de las acciones en homenaje por el centenario es editar la obra completa de los estudios antropológicos de Arguedas. ¿Cómo va ese proyecto?

–Los esfuerzos han sido inmensos y finalmente se consiguió que el señor Humberto Damonte publique la obra antropológica de Arguedas este año, posiblemente a mediados de mayo. Mira qué importante es: la obra antropológica tiene 7 tomos, la literaria 5. Ha sido un gran trabajo, conseguir documentos de revistas, libros y archivos especializados del Perú y del extranjero.

Amistad poética

–Este año se cumple también el centenario del nacimiento del poeta Emilio Adolfo Westphalen, íntimo amigo de José María Arguedas. Usted estudió la correspondencia entre ambos. ¿Cómo era esta amistad?

–Maravillosa y alturada. En mi libro Apuntes inéditos. Celia y Alicia en la vida de José María Arguedas se reúnen numerosas cartas, muchas de ellas de Emilio Adolfo Westphalen. Y es que cuando ellos se escribían había siempre una parte dirigida a los amigos y otra parte para las esposas. Se dirigían o bien a Celia o bien a Judith Ortiz Rescaniere, artista plástica, hermana de José Ortiz Reyes, otro gran amigo de Arguedas. En esas cartas se habla de literatura, de política. Además, cuando Arguedas está con sus alumnos quechuahablantes les da a leer poemas de Westphalen. Es un amigo muy tierno. Arguedas se preocupa mucho por las hijitas del poeta, Silvia e Inés. Se ayudan, se aconsejan.

–También se burlan de Pablo Neruda.

–(Ríe). Sí, les parece horroroso el poema que hace Neruda a Machu Picchu.

–Las mujeres jugaron un rol importante en la vida amorosa de Arguedas, pero parece quejarse siempre...

–Lo que pasa es que Arguedas era enamoradizo y enamorador. Su primer gran amor fue Celia Bustamante Vernal, pero antes tuvo varias relaciones, no tan fuertes. José María y Celia, que ya se habían conocido en la peña Pancho Fierro, se enamoran cuando ella lo visita y ayuda en la prisión El sexto, en compañía de su hermana Alicia, quien pertenecía a Socorro Rojo (organismo del Partido Comunista). Arguedas estaba preso por protestar contra un general fascista que visitó San Marcos. Viven 26 años de un matrimonio feliz para todos los que los conocieron. Pero él frecuentemente se queja de insatisfacción. A la par, tiene varios amoríos que no llegan a nada. Solo uno es importante, el romance que tiene con Vilma Ponce, en Apata (Junín), que lo ayuda a terminar Los ríos profundos. Finalmente, se enamora de Sybila Arredondo, pero también se queja de insatisfacción. Con todo, cuando él se siente decaído, enamorarse e ilusionarse le despierta la chispa de la vida.

–Pero la depresión le gana a la ilusión.

–Es característico de su tipo de personalidad. Esta personalidad que tiene sentimientos de muerte, que luego de la muerte de la madre vive en ambientes amenazantes. Con un padre casi ausente, tendrá luego problemas para mantener vínculos afectivos estables. Va siempre buscando a la mujer perfecta, virginal, algo que, evidentemente, no se puede alcanzar.

Las crisis

–Otra mujer, su terapista Lola Hoffmann, es fundamental también.

–Sí, a partir de los años 60 él comienza terapia con Lola Hoffman. Arguedas dice que es ella quien le da el empuje para terminar su matrimonio con Celia. Pero luego Lola entrará en crisis también; muere su pareja sentimental y luego tendrán que quitarle un ojo por un problema de glaucoma. Esto afecta a Arguedas profundamente; su temperamento es bastante sensible.

–Bastante sensible a las críticas también. La mesa redonda sobre Todas las sangres en el año 65 lo hirió de muerte...

–Esas críticas en el Instituto de Estudios Peruanos fueron devastadoras, pero no creo que hayan sido determinantes de su decisión de suicidio. Su situación afectiva, el problema de Lola Hoffmann –su ‘mama Lola’–, la situación política y social, el hecho de que siente que otros han hecho cosas mejor que él –como la traducción de los mitos de Huarochirí–, todo ello hace que no soporte más. Es curioso, en el psicoanálisis se ve que las personas que han tomado esta decisión radical sienten tranquilidad. Eso al parecer le ocurrió a Arguedas pues antes de morir hizo llamadas para despedirse de sus seres queridos, dio recomendaciones, escribió cartas.

Lo que dice en el último diario, incluido en El zorro de arriba y el zorro de abajo, lo corrobora. “He sido feliz en mis llantos y lanzazos porque fueron por el Perú; he sido feliz con mis insuficiencias porque sentía el Perú en quechua y en castellano (...). En la voz del charango y de la quena lo oiré todo”. Sí lo oyó. Pero fue después de que sus amigos trasladaron su cuerpo a escondidas para que fuera enterrado en su tierra, Andahuaylas. Lo oyó todo: las danzas, los charangos, las quenas y los cantos.

En el Perú y el extranjero

El martes 18, el Congreso de la República realizará un homenaje a José María Arguedas, que será iniciado con la parte musical de Máximo Damián y Jaime Guardia. Seguirán las ponencias de expertos como Carmen María Pinilla. El miércoles 19, se inaugurará la muestra bibliográfica ‘Poética de un demonio feliz’, en la Biblioteca Nacional. Allí mismo se abrirá la mesa redonda ‘Literatura y realidad andina en la obra de José María Arguedas’. El mismo día, la Universidad Agraria de La Molina rendirá otro homenaje, también con mesas redondas y testimonios. La revaloración de la obra del autor de Agua también será internacional. En Cuba ya se alista otra serie de actividades, convocada por la Casa de las Américas. En Roma, la Asociación Cultural Nuevo Horizonte también prepara un homenaje.

16/01/2011

Fuente:
Diario “La República” Suplemento “Domingo”.

JOSÉ MARÍA ARGUEDAS - CIEN AÑOS: 1911-2011. “ARGUEDAS Y CARMEN TARIPHA” POR JOSÉ LUIS AYALA. (DIARIO “LOS ANDES‏” DE PUNO).

José María Arguedas.

“ARGUEDAS Y CARMEN TARIPHA”

Escribe: José Luis Ayala

Escribir acerca de José María Arguedas, es un riesgo y un enorme desafío, debido a la abundante bibliografía existente, por lo que parecería que nada nuevo se puede decir. Sin embargo, como sucede con todos los grandes escritores, cada vez que se investiga más, surgen temas nuevos, se descubren otras posibilidades de interpretación, emerge una distinta crítica literaria, como también aparecen nuevas y diferentes formas de revalorar las creaciones literarias.

Ese es el caso de José María Arguedas, pero además es preciso tener en cuenta el fervor popular que ha suscitado, el hecho que se conmemore los cien años de su nacimiento. ¿A qué se debe este acontecimiento? Son varios los factores. Primero, a que durante los últimos veinte años sus libros se hayan más leído. Segundo, a la difusión y enseñanza del quechua en el sistema educativo. Tercero, debido a los valores culturales y humanos de su literatura y porque representa al Perú esencial. Además, es preciso tener en cuenta que se han realizado importantes eventos en el Perú y el extranjero, para analizar la trascendencia de su obra.

Por todos los testimonios que Arguedas ha narrado, se sabe que el quechua fue un idioma muy importante para entender el mundo en que nació y vivió tanto durante la niñez como en la adolescencia. No tiene mayor trascendencia si fue o no su idioma materno. Lo cierto es que su poesía, es la más auténtica expresión lírica de un mundo en el que lo extraordinario es cotidiano. Bastaría leer Katatay y otros poemas. Uj jayllikunapas (1) o recurrir a la edición: José María Arguedas. Obras completas, realizada en cinco tomos por la Editorial Horizonte (2).

Uno de los personajes al que José María Arguedas conoció, trató y admiró su talento fue Carmen Taripha, de quien al igual que Bertha Villanueva, no hay todavía una biografía por ser ambas mujeres monolingües y no han publicado libros personales que registren sus voces. Carmen Taripha pertenece al mundo quechua y Bertha Villanueva al mundo aymara. Sin embargo, en el libro en quechua Canto de amor, texto registrado y publicado por el sacerdote Jorge A. Lira (3), aparecen muchas canciones y poemas que pertenecen a Carmen Taripha.

Lo poco que se conoce acerca de esta maravillosa mujer está registrado por Arguedas cuando dice: “Conocí a Carmen Taripha en 1944. Cantamos huaynos y le escuché narrar cuentos. Ella atendía al padre Jorge A. Lira y lo acompañaba. Lira, como otras personas amantes de los indios crean entre ellos y sus servidores indígenas una relación que es más noble que la amistad. En Lamay, en el valle del Urubamba, estuve unos días alojado en la casa del padre Lira” (4). Arguedas recuerda que Carmen, cada tarde preparaba un ponche caliente y antes de que la noche cayera de bruces sobre las aguas del río Urubamba, se ponía a cantar y a contar cuentos real maravillosos.

¿Cómo es que Carmen Taripha acumulara una increíble cantidad de poemas y narraciones en quechua? Pero sobre todo, además de conservar la magia y belleza del quechua, le diera a cuanto cantaba, recitaba y narraba, una singularidad que provenía de su cultivada memoria y talento. Todo el bagaje cultural de esta mujer monolingüe quechua, provenía del hecho que sus padres tenían un tambo, donde se alojaban muchos viajeros, quienes antes de dormir contaban sus experiencias, cantaban, hacían adivinanzas, repetían insultos y recitaban poemas orales.

Pero siempre aparecen textos nuevos que permiten conocer mejor a los personajes que se admira y a veces parecieran perderse sus huellas con el paso del tiempo. Y sucedió que enero del 2,003, en el Cusco, Ernesto Damián Sánchez Ance, director del Centro de Estudios Quechuas “Padre Jorge A. Lira” de Tucumán, entrevistó para el programa radiofónico Wayra Muyu, a Juana Delgado Taripha (5), asesora del citado Centro de estudios que admirablemente funciona en la Argentina. Juana, con ocasión de los 19 años de la muerte del sacerdote Jorge A. Lira (6), dio a conocer algunos rasgos de su personalidad, de quien recibió parte de su educación durante su niñez, en Lamay.

Los recuerdos de Juana se refieren hasta cuando su madre falleció lamentablemente a los 30 años de edad, sin haber dejado mayores datos acerca de su fecunda existencia. Es en referencia al sacerdote Lira que es posible conocer el testimonio de Juana. “Yo tuve la gran suerte -dijo- de haber vivido muy cerca del padre Lira, desde muy pequeña. Él profesaba un enorme amor por el hombre andino, sobre todo por ese hombre marginado y explotado. Parece que ese fue el motivo por el que abrazó los hábitos”.

“Él se preguntaba por qué el campesino que llegaba a su casa no era recibo como las demás visitas. A partir de ahí, él advirtió lo que sucedía, fue muy especial con el hombre andino. Sus hermanos y demás parientes eran enormemente racistas, ellos se creían ‘de sangre azul’. Lo consideraban la ‘oveja negra’ de la familia”… “Cuando el padre Lira y José María Arguedas conocieron a mi madre, vieron en ella a una persona muy especial, hablaba el quechua con gran maestría. Dicen que era única. Yo no la recuerdo mucho porque murió cuando yo tenía ocho años. Ella era de Maranganí, Sicuani. (Departamento Cusco)”.

Juana Delgado Taripha, además dijo: “Sin duda que la obra que más rescato de Lira es el Diccionario quechua-castellano. Castellano-quechua, (7) publicado por la Universidad de Tucumán. Muchos estudiosos de esa lengua consideran que es uno de los mejores trabajos. Acá en Perú él tocó varias puertas, pero nadie lo escuchó y un día conoció en Lima a autoridades de la Universidad de Tucumán. Cuentan que él tenía en dos sacos escritos los originales que entregó a estos señores. Hasta que un día le llegó una comunicación más un cheque para que pudiera ir a Tucumán. Él quedó muy agradecido para la Argentina”.

Arguedas al recordar la voz de Carmen Taripha dijo: “Jamás fui presa de tanto horror; las palabras y la mímica de Carmen me transmitieron y me dejaron impregnado del tema nefasto del cuento, por días y días. Jamás volveré a encontrar una intérprete de la literatura que conmueva tanto…Quizá por eso, en los instantes de ingenuidad que, por ventura, todos tenemos, aliento la convicción de que ella después de muerta, se ha incorporado como un personaje más a ese maravilloso mundo que mágicamente describía, como si de él hubiera venido. Si tal fuera cierto escuchará aún nuestra voz”.

Carmen Taripha cantó para José María Arguedas, una canción que fue transcrita por Jorge A. Lira y se refiere, a una pequeña ave de la puna llamada pukupuku. Los dolorosos sonidos guturales que emite hacen doler el corazón de los viajeros y habitantes. En la soledad e inmensidad del espacio sideral, el viento helado se encarga de esparcir estos versos que corresponden a Pukuypukuycito (8).

“Pukuypukuycito de las altas sierras / Compañerita de mi amor castigada por el viento frío / Por qué pues, dime, estás llorando / Ay, estás gimiendo, estás llorando de qué será. / Ay, pobre pukuycha, tu suerte, tu vida / Si será igualito a la mía llorarías / Han muerto mi padre, mi madre / Solito en el mundo estoy llorando. / Ay, pobre avecita, estás llorando / Estás gimiendo en la alta puna, en la soledad / Para desahogar mi pena préstame tu llanto / Mi parejita del sufrir azotada por vientos fríos”.

Ahora, de nuevo el viento trae voces de José María Arguedas y de Carmen Taripha. Entonces, unamos las nuestras a la de ellos para decir al mundo que estamos vivos y existimos. Que sus voces desde ahora y para siempre también, sean nuestras voces.

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1. Katatay y otros poemas. Uj jayllikunapas. Instituto Nacional de Cultura. Serie textual 3. Editorial Ausonia. Lima, 1972.
2. Katatay. José María Arguedas. Obras completas. Editorial Horizonte. Tomo V. Páginas 246-270.
3. Jorge A. Lira. Canto de amor. Recogido y traducido por Jorge A. Lira. (Cusco, 1956). Talleres Gráficos L. P. Villanueva, Lima, 1956.
4. José María Arguedas. Texto de la solapa del libro: Canto de amor. Recogido y traducido por Jorge A. Lira. (Cusco, 1956). Talleres Gráficos L. P. Villanueva, Lima, 1956.
5. Juana Delgado Taripha.- Se trata de una distinguida escritora peruana radicada en Argentina, especialista en quechua y la obra de José María Arguedas.
6. Jorge A. Lira Prieto. Nació en el Cusco. Sus padres fueron Maximiliano Lira Ladrón de Guevara y Antonia Prieto Flores de Oliva. Estudió primaria en el Colegio Pestalozi y secundaria en el Colegio San Francisco (Arequipa). Realizó estudios de filosofía, teología, historia, sociología, arqueología, literatura, música, latín y griego en esas ciudades y en Lima. Se dedicó a investigar el quechua y después veinticinco años, editó el Diccionario Quechua – español. En 1942 viajó a Argentina en calidad de invitado de honor de la Universidad Nacional de Tucumán y visitó varias ciudades donde dio charlas y conferencias. Radicó en Bolivia investigando el quechua y aymara. Entre 1946 y 1949 fue alcalde de los distritos de Maranganí y de Andahuaylillas (provincias de Canchis y Quispicanchis) El 24 de junio de 1954, fundó el Partido Nacional Indígena, recorriendo Cusco, Puno, Apurimac, Lima, Huancayo, Huancavelica, etc. Falleció el día 2 de Diciembre de 1984 en Cusco.
7. Diccionario quechua-castellano. Castellano-quechua.- La última edición de este monumental libro (Editorial Universitaria. Universidad Ricardo Palma, 2008), a cargo de Mario Mejía Huamán tiene una alta calidad lingüística y revalora el primer trabajo en quechua y español, realizado por el sacerdote cusqueño Jorge A. Lira. Mejía. Huamán lo ha actualizado y aplicando el Alfabeto Fonológico utilizado por la Academia Mayor de Quechua del Cusco. En la primera edición correspondiente a 1944 (Tucumán), Jorge A. Lira, describió la sistemática destrucción del quechua. La segunda edición se realizó en Bogotá en 1982 y tener el libro era un lujo de pocas personas.
8. Pukuypukuycito.- Jorge A. Lira. Canto de amor. Recogido y traducido por Jorge A. Lira. Página 141. (Cusco, 1956). Talleres Gráficos L. P. Villanueva, Lima, 1956.

16/01/2011

Fuente:
Diario “Los Andes” de Puno

lunes, 17 de enero de 2011

“EL LEGADO DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS” POR CARLOS THORNE BOAS.

José María Arguedas.
Ilustración: Víctor Aguilar Rúa

EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO

“EL LEGADO DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS”

Por: Carlos Thorne Boas *
Escritor

La novela indigenista sentó las grandes bases, los pilares de la novela moderna peruana en pleno siglo XX. Es la obra de José María Arguedas la que culmina este proceso después de la épica de Ciro Alegría. Él será el más grande epígono de esta corriente literaria que apareció en la literatura peruana con innegable fuerza de denuncia. Arguedas hizo suya esta concepción que buscaba preservar y relevar los inapreciables valores del mundo andino y del indio mostrando los abismos de injusticia a los que estaba sometido. Dejando de lado el regionalismo expondrá el drama que sufría, su marginación social, su explotación secular y también su maravilloso entorno de mitos y leyendas que enriquecen su vida desde la niñez hasta la adultez.

Haciendo acopio de toda su fuerza creadora, Arguedas escribió como un iluminado cinco libros fundamentales –“Agua” (1935), “Yawar Fiesta” (1941), “Los ríos profundos” (1958), “Todas las sangres” (1964) y “El zorro de arriba y el zorro de abajo” (novela póstuma)– para comprender el Perú y el mundo andino y “para inquirir en el alma de nuestros más remotos ancestrales”. Con un admirable dominio de la técnica y de sus materiales narrativos y una prosa de poderoso aliento usando un castellano mechado de quechuismos, el Ande es imaginado como “un universo compacto y quebrado” en el que se enfrentan dos mundos hostiles y dos visiones contradictorias de la realidad del Perú. Relata así la cruel enajenación del indio sometido al poder del blanco y de la sociedad mestiza y su rebelión. Pero si bien este es el trasfondo social dentro del cual se mueven sus personajes en ese gran escenario que es nuestra sierra en lo que las montañas, los cerros, las quebradas, los árboles, los ríos, el viento, los animales cobran una vida mágica y ciclópea, él va a privilegiar la descripción de las tradiciones ancestrales que nutren la existencia de las comunidades indígenas, a su música, a su amor a los animales, a sus mitos, a sus dioses, a sus héroes, los ritos secretos que lo unen a la madre tierra y lo hace, a veces, con tierno acento lírico y otras con vigoroso acento épico, en su propósito de que termine su marginación secular con la inclusión del indio en la vida nacional.

De este modo, Arguedas trabajando sin tregua todos los años de su vida y temiendo que se agotase su fuerza creadora (muere en 1969) nos dio una visión profunda del Perú, en ese momento en que empezábamos a vivir la etapa de la integración de las masas indígenas a la sociedad blanca y mestiza de la costa, a raíz de su migración del campo a la ciudad, cambio social esperado pero en el que el indio iría perdiendo su autenticidad, su maravilloso universo animista.

Los escritores que lo conocimos y admiramos y que hemos recogido su legado y no hemos pertenecido ni pertenecemos a la estética de su escuela que aprisionó virtudes fundamentales que sobreviven tenemos, pues, que agradecer que esa visión suya, inédita, trágica y dolorosa de los abismos que existían y que aún no han sido colmados en la realidad de nuestro amado país nos hayan estimulado a que no cejemos de imitarlo, aportando cada uno de nosotros nuestra propia originalidad, convencidos como decía el gran Emile Zola: “El que mejor escribe no es aquel que divaga sin ningún rumbo entre las teorías, sino aquel que va directamente al corazón de las verdades”, tal como lo hizo José María Arguedas.

17/01/2011

Fuente:
Diario “El Comercio”

MIÉRCOLES 19: PRESENTACIÓN DEL POEMARIO “CUARTO VECINO” DE OSCAR RAMIREZ.


NOTA DE PRENSA

“PRESENTACIÓN DEL POEMARIO CUARTO VECINO DE OSCAR RAMIREZ”

El miércoles 19 de enero, a las 6.00 p.m., la Casa de la Literatura Peruana, ubicada en la antigua Estación de Desamparados, Jr. Ancash 207, Centro de Lima, invita a la presentación del poemario CUARTO VECINO del joven poeta Oscar Ramirez, que se llevará a cabo en el Auditorio Principal. Cabe destacar que este poemario quedó finalista del VIII Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos (Almería – España, 2009).

La presentación estará a cargo de los destacados poetas:

Héctor Ñaupari y Willy Gómez Migliaro.

La entrada es libre.

Sobre este poemario, el poeta y ensayista Héctor Ñaupari comenta: “Con CUARTO VECINO, el joven poeta Oscar Ramirez reconfirma la actitud vargallosiana de la literatura: la de ser esa persona incómoda para todos los espíritus menudos, el eterno aguafiestas, siempre a contracorriente, volviéndose el verdugo de los conformistas, de los que en nada creen, que nada les satisface, que nunca se han visto en la necesidad de esforzarse, que no conocen la desesperación.”

De la mano con esto, el poeta Miguel Ildefonso comenta: “La poesía de Oscar Ramirez fluctúa entre lo irónico, lo lúdico y la reflexión poética y existencial. Vivimos en una época de reflexión, agotamiento y exploración a partir de la quiebra del lenguaje mismo y de la posición del poeta ante su tiempo. Es aquí que ubicamos CUARTO VECINO, que no es el cuarto central en donde entraría un poeta consagrado y muerto, con olor a incienso; sino el cuarto vecino de la poesía actual, en donde estamos aún los poetas vivientes, o sobrevivientes. Habitemos este cuarto ahora.”

***

OSCAR RAMIREZ (Lima – Perú, 1984). Negro literario. Docente de la especialidad de Lengua y Literatura. Reside en la ciudad de Trujillo. Dirige Ediciones OREM. Ha obtenido diversos premios, nacionales y extranjeros, por su obra literaria, entre los que destacan: I Puesto en el Concurso Nacional Juvenil de Cuentos en memoria de Germán Patrón Candela (Trujillo, 2006); Premio Prima Fermata Literaria (poesía) organizado por UNMSM (Lima, 2008); Mención Honrosa en el Concurso de Cuento de la IV Feria Internacional del Libro (Trujillo, 2009); finalista del VIII Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos (Almería – España, 2009). Sus textos, poéticos y narrativos, se encuentran dispersos en publicaciones virtuales y físicas de varios países. Ha publicado el poemario Arquitectura de un día común (2009) y forma parte de la antología de cuentos Generación DROG (2009). Recientemente se ha editado su segundo poemario Cuarto Vecino (2010).

Para contactos con el autor:

94 9186210

demencia18@hotmail.com

Oscar Ramirez
Editor y director de Ediciones OREM

(51) 94 9186210

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[Ediciones OREM]
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“CARTA A UN JOVEN POETA” POR VLADIMIR HERRERA.

Paúl Guillén y Vladimir Herrera.

CARTA A UN JOVEN POETA

Por: Vladimir Herrera

No te preguntaré por el puente que tejías bajo el cielo azul. Ni siquiera si tienes un amor de mirada alegre o si lo perdiste en una noche canija de esas entre los postes del alumbrado público. Sólo quiero saber si el aliento de la animada conversación que tuvimos hace ya varios años perdura como la entrevista que me hiciste para la revista que tiene el nombre de la mosca de los sueños. Yo no había oído hablar de ti hasta entonces, porque venía recién llegando de mi larguísima estancia europea, cuando te vi y semejabas un joven ansioso a punto de abandonar la música casi marcial que habías heredado de tus padres. La verdad es que evocabas las Tribulaciones Del Estudiante de Törless cuando me dabas a entender que te sentías perseguido por las llamadas de Tulio Mora que te reprochaba el haberme invitado a las jornadas de San Marcos.

Esa y otras persecuciones, pensé que no harían mella en un chico con tu carácter y talento. Pero me equivoqué. A los pocos años estabas a pan y cuchillo con TM y JP. Te habías metido hasta el gorro en sus cantinas y merenderos. Y en las pocas veces que hablamos, noté que tu sensibilidad se había penosamente deformado. Sin embargo he permanecido atento a tu obra y a tus frituras de propagandista, y he mantenido la esperanza de que te dieras cuenta de que no se puede ser el amigo de todos. No ha sido así. Has pasado de buscarme para una entrevista en un hotel de Miraflores a ignorar mi blog Laguna Brechtiana ahora que te sientes alguien en el panorama limeño. Tampoco has reproducido la nota de Helena Usandizaga respecto a la polémica ingenua de esta temporada, pese a que ella fue quien nos presentó. Y sé que has andado por allí hablando mal de un verso mío del que no sabes que es un homenaje al “tigre” Lizalde, a quien me parece, conoces poco.

Claro que son pequeñas cosas las que te enumero que han terminado siendo para mí una afrenta. Para eso mi grado de poeta me basta y sobra. Lo que sí me molesta es que repitas por ahí lo que repite por boca de ganso la frondosa mujer de TM: la especie de que yo engañé a Westphalen en mi condición de editor. La respuesta a todas esas calumnias la iré desgranando en mi blog en homenaje a su centenario. Por favor léelo.

Ahora estoy dudando de si mereces esta carta, o archivarte junto a los vejestorios de HZ. Tú mismo te fotografiaste y te pusiste al frente de esa patraña en la que nadie cree. Sólo eres el más joven de los muchachos del débil mirar. Y te han usado, porque ellos no tienen calichines. Ni sus hijos salen en esa foto. Piensa que Paco Guzmán estaba en Urcos al día siguiente contándomelo todo todo.

TM te ha chupado el cerebro con una cañita con la sed que sólo tienen los ex-alcohólicos. Tenía que decírtelo. Es la influencia más peregrina y siniestra que ha tenido la gente joven como tú. Y a estas alturas no hay nada que hacer. Trata de beber menos. Y aliviánate un viaje por otros continentes que te vendrá bien. Estoy seguro de que podrás olvidar a esa mala sombra que te ha convertido en el enemigo de todos. Encomienda tu dinero a un pasar apacible y búscate una mujer de amplias caderas. Yo mientras tanto seguiré sembrando papas. ¿Quién lo diría?

Vladimir Herrera.
Ranhuailla. Enero de 2011.

sábado, 15 de enero de 2011

NOTAS EN UN DIARIO. “UN DETECTIVE PRIVADO” POR RICARDO PIGLIA. BABELIA (DIARIO EL PAÍS)‏.



Ilustración- Fernando Vicente.

“FRAGMENTO LITERARIO: NOTAS EN UN DIARIO”
Un detective privado

Por: RICARDO PIGLIA

El argentino Ricardo Piglia, uno de los escritores más prestigiosos del panorama actual, empieza una colaboración mensual en Babelia con fragmentos de sus míticos diarios. Páginas hasta ahora inéditas que recogen encuentros luminosos, reflexiones y experiencias. Profesor en la Universidad de Princeton, es autor de Plata quemada y Blanco nocturno.

Paso la noche internado en el Hospital de Princeton. Mientras espero el diagnóstico, sentado en la sala de guardia, veo entrar a un hombre que apenas puede moverse. Alto, ojos claros, saco negro de corderoy, camisa blanca, corbata pajarita. Le piden los datos pero él vacila, está muy desorientado, dice que no puede firmar. Es un ex alcohólico que ha tenido una recaída; pasó dos días deambulando por los bares de Trenton. Antes de derivarlo a la clínica de rehabilitación tienen que desintoxicarlo. Al rato llega su hijo, va al mostrador, completa unos formularios. El hombre al principio no lo reconoce pero por fin se levanta, le apoya a su hijo la mano en el hombro y le habla en voz baja desde muy cerca. El muchacho lo escucha como si estuviera ofendido. En la dispersión de los lenguajes típico de estos lugares, un enfermero puertorriqueño le explica a un camillero negro que el hombre ha perdido sus anteojos y no puede ver. "The old man has lost his espejuelos", dice "and he can't see anything". La extraviada palabra española brilla como una luz en la noche.

Miércoles

Me dijo que había estado preso por estafa y me contó que su padre era vareador en el Hipódromo y que había tenido mala suerte en las carreras. A los dos días apareció de nuevo y volvió a presentarse como si nunca me hubiera visto. Sufre una imperfección indefinida que le afecta el sentido de realidad. Está perdido en un movimiento continuo que lo obliga a pensar para detener la confusión. Pensar no es recordar, se puede pensar aunque se haya perdido la memoria. (Lo vengo sabiendo por mí desde hace años: sólo recuerdo lo que está escrito en el Diario). Sin embargo, no olvida el lenguaje. Lo que necesita saber lo encuentra en la web. El conocimiento ya no pertenece a su vida. Un nuevo tipo de novela sería entonces posible, "Necesitamos un lenguaje para nuestra ignorancia", decía Gombrowicz. Ese podría ser el epígrafe.

Domingo

Por fin conozco a un detective privado. Ralph Anderson, Ace Agency. Kathy lo contrató para encontrar a su madre que la abandonó cuando tenía seis años. Ralph la localizó en Atlanta, Georgia. Se había cambiado el nombre, vivía en el centro de la ciudad, trabajaba en una revista de modas. Kathy no se animó a ir a ver a su madre, pero se hizo amiga del detective. Muchos de sus clientes buscan a sus parientes perdidos y luego no se deciden a encontrarlos. Ralph vive en un departamento cerca de Washington Square. Abajo, al entrar en el edificio, control en la puerta, detector de metales, cámaras. Ralph nos está esperando al salir del ascensor. Debe tener treinta años, anteojos oscuros, cara de zorro. Vive en un ambiente de techos altos, casi vacío, con ventanales sobre la ciudad. Tiene cuatro computadoras puestas en círculo sobre un amplio escritorio, siempre encendidas, con archivos abiertos y varios sites activados. "Ya no hace falta salir a la calle", dice. "Lo que se busca, está ahí". Fuma un joint tras otro, toma ginger ale, vive solo. Investiga la muerte de tres soldados negros de un batallón de infantería apostado en Irak, con mayoría de oficiales y suboficiales texanos. Una agrupación de familiares de soldados afroamericanos lo ha contratado para investigar. Está seguro de que han sido asesinados. Si lo logra probar, irán a tribunales. Nos muestra las fotos de los jóvenes soldados, los tres miran la cámara de frente, sin sonreír. Luego, vamos a cenar a un restaurant chino.

Jueves

Curiosamente nadie parece haber reparado en que no fue T. W. Adorno el primero en establecer una relación entre el futuro de la literatura y los campos de exterminio nazis. En 1948 Brecht, en sus Conversaciones con los jóvenes intelectuales, ya había planteado el problema. "Los acontecimientos en Auschwitz, en el ghetto de Varsovia y en Buchenwald no admiten indudablemente descripción alguna en forma literaria. En efecto, la literatura no está preparada para semejantes acontecimientos, no ha desarrollado medio alguno para ellos". Luego Adorno se refirió al mismo asunto en su ensayo de 1955 La crítica de la cultura y la sociedad, donde escribe con su habitual tono admonitorio: "La crítica cultural se encuentra frente al último escalón de la dialéctica entre cultura y barbarie: después de lo que pasó en el campo de Auschwitz es un hecho de barbarie escribir un poema, y este hecho corroe incluso el conocimiento que señala por qué se ha hecho hoy imposible escribir poesía". Brecht no acepta por supuesto esa condena de la poesía, sólo se refiere a las dificultades técnicas que plantean las relaciones entre historia y literatura. Unos años antes, en su Diario de trabajo, el 16 de septiembre de 1940, había escrito: "Sería increíblemente difícil expresar el estado de ánimo con que sigo la batalla de Inglaterra en la radio y con que luego me pongo a escribir Puntila. Este fenómeno demuestra por qué no se detiene la producción literaria, a pesar de guerras como ésta. Puntila casi no significa nada para mí, la guerra lo significa todo; sobre Puntila puedo escribir casi cualquier cosa, sobre la guerra nada. Y no quiero decir que no escribir, sino que realmente . Es interesante observar cómo la literatura, en tanto práctica, está alejada de los centros en los que se desarrollan los acontecimientos de los cuales depende todo". La tesis de Adorno encontró rápida difusión entre los críticos culturales siempre dispuestos a aceptar la metafísica del silencio y los límites del lenguaje. Brecht en cambio, con astucia y sin ilusiones, siguiendo la experiencia de los perseguidos y de los malvivientes, nunca se preguntó si era lícito lo que estaba haciendo, sólo le interesaba saber si era posible.

Lunes

Ante la proliferación de libros encontrados entre los papeles -en los archivos de la computadora- de famosos autores muertos (Bolaño, Cabrera Infante, Nabokov, etcétera) un grupo de escritores ha decidido ganarse la vida escribiendo novelas póstumas. Luego de varias reuniones decidieron escribir la novela póstuma de Samuel Beckett, Morán, una continuación de la trilogía. Junto con el manuscrito deben inventar la forma en que el libro ha sido encontrado. Beckett le llevó la novela a su psicoanalista Winnicott quien le aconsejó que no la publicara. Aliviado, Beckett bajó precipitadamente las escaleras y olvidó el manuscrito. Años después, un joven investigador de la Universidad de California en Irving descubrió la novela en el archivo no clasificado de Winnicott. Negocian directamente con los herederos y, luego de acordar el anticipo, entregan el libro, etcétera.

Sábado

Todos los días veo al viejo que sale de la casa y camina despacio por la nieve hasta el borde de la laguna. La bruma de su respiración es como una niebla en el aire transparente. Hemos conversado varias veces al cruzarnos en el camino de entrada, ha enseñado física aquí en Princeton en los años cincuenta y ahora está retirado, vive solo, su mujer murió el año pasado, no tiene hijos, se llama Karl Unger y es un exiliado alemán. Cuando llegan los patos salvajes se oye primero un ruido tenue, como si alguien sacudiera en el cielo una tela mojada. Casi inmediatamente se empiezan a oír los graznidos y se los ve venir volando en fila india y después formando una V sobre el fondo del bosque. Dan dos vueltas sobre la laguna hasta que se lanzan hacia el agua congelada y cuando se zambullen patinan con las alas abiertas y el cuello contra el hielo. Vuelven caminando torpemente, resbalan y algunos se quedan quietos con las patas como huesos muertos en la escarcha. Viven en el presente puro y cada mañana se sorprenden al chocar contra el hielo. Han perdido el sentido de la orientación. Buscan las aguas templadas del lago donde tendrían que empezar la migración hacia las tierras cálidas. Cuando veo al viejo profesor salir al jardín y atravesar la nieve y llegar hasta la laguna para alimentar a los patos salvajes que se están muriendo de frío, sé que empieza otro día que será igual al anterior.

Ricardo Piglia (Buenos Aires, 1940). Su última novela es Blanco nocturno (Anagrama).

15/01/2011

Fuente:
http://www.elpais.com/

Link:
http://www.elpais.com/articulo/portada/detective/privado/elpepuculbab/20110115elpbabpor_65/Tes

“FRAGMENTOS DE FUEGO” POR MIGUEL ILDEFONSO.


Reinhard Huamán Mori.

“FRAGMENTOS DE FUEGO DE REINHARD HUAMÁN MORI”

Por: Miguel Ildefonso

El poeta peruano Reinhard Huamán Mori publicó en el 2007 El árbol (tRpode editors) con el cual nos embarcaba en el viaje de la contemplación a través de la memoria, en un imaginario donde el asombro poético iba más allá de lo racional e irracional. Para la liberalización de su ser, el poeta inventaba un árbol, es decir reinventaba un mito, primigenio y panteísta de las estaciones y ciclos solares. A fines del año pasado ha aparecido Fragmentos de fuego (Paralelo Sur, 2010) y nos encontramos con un antiguo elemento transformador que ha convocado a los poetas a través de la historia. “Sentados frente al fuego que envejece/ miro su rostro sin decir palabra”, escribía Jorge Teillier ante la llama siempre viva de la belleza. “Fuego es el mundo que se extingue y prende/ para durar (fue siempre) eternamente./ El reposo del fuego”, aquí José Emilio Pacheco nos habla del elemento renovador que da forma a la historia humana. Y es que desde que Prometeo, desesperado, robara la luz del fuego eterno utilizando una caña hueca, a pesar del castigo que le esperaba, los mortales recuperamos el fuego que de vez en cuando los poetas se encargan de reavivar. El deslumbrante Gastón Bachelard decía: “En el reino del fuego, somos una hoguera de seres. En nuestro fuego que nos da energía y vida, ¿dónde está el tiempo principal? ¿Es acaso el tiempo de la ceniza que mantiene al abrigo al fuego de mañana?” El gran Novalis también se encargó de meter su leña de amor: “Seguramente, dependía demasiado de esta vida – un correctivo poderoso era necesario… Mi amor se ha transformado en llama, y esta llama consume poco a poco cuanto hay de terrestre en mí”. Igualmente Rilke se inmolaba en la inexorable pasión amorosa: “Ser amado quiere decir consumirse en la llama; amar es brillar con una luz inagotable”. El presente poemario de Reinhard nos habla de todas las facciones de este elemento que viaja no solo como luz y como calor, sino también como poesía dentro de nosotros: “ardemos… Aurora apenas,/ no somos más que eso”, nos dice el poeta. Y aquí una muestra:

*

muy pocas veces el Fuego,
muy pocas…

acorralado por sus propios márgenes
y sus vestigios

esa mirada vacía
que tropieza con el brillo de tu espalda,
que se pierde, que se alarga
entre columnas de humo y el canto de las ranas;

esa penumbra
entre visiones y señales nocturnas
de caballos en llamas
y cangrejos rojos escondidos en el horizonte

*

y era finalmente eso,
el firmamento,
el único fragmento
que nos abrasaba

la escarcha roja que cubría
sus cenizas, las cosechas;

el oro
y sus vestigios de flama
carcomida por el viento

la historia nos obliga a defendernos...

Éramos tan minúsculos,
pero sabios sobre el polvo
adusto de la tierra,

obvios...
quizás un fuego perdido
que horada los ángulos muertos
de tus esferas imperfectas

*

................de la memoria o de la carroña celeste,
de eso era de lo que tú me hablabas

de las llamas que peinaban tus antorchas
o de las canciones antiguas
y su coro de trompetas

de los ciclos y las tribus
que conocimos

de lo que poco a poco olvidamos.

De los años que perdimos
escudriñando piedras
y sus formas inconlusas

...............inmenso páramo de bronce

jueves, 13 de enero de 2011

"HATUN TINKUY" EN EL TEATRO SEGURA.

“RECITAL DE POESÍA POR EL 44 ANIVERSARIO DE SAN JUAN DE LURIGANCHO‏”.


44º Aniversario de San Juan de Lurigancho

¡Una fiesta para todos y todas!

Jueves 13 de enero del 2011

7: 00 pm

RECITAL “POETAS EN EL PUEBLITO”

Recital Poético en Homenaje a los 44 años de la Fundación de San Juande Lurigancho y a la memoria del Poeta Luriganchino Jorge Bendezú y Bendezú

Participan:

- Sandra Enciso
- Edmundo Panay
- Arturo Vásquez
- PaoloAstorga
- Roy Davatoc
- Jorge Bendezú (+)

Además:

Presentación de la Plaqueta de Poetas de SJL “Poetas en el Pueblito”

Agradecemos su difusión

Atte,

Paolo Astorga
Director de la revista literaria "Delirium Tremens"

TRIBUTO A JOSÉ MARÍA ARGUEDAS EN NUEVA YORK.

miércoles, 12 de enero de 2011

“CELEBRACIÓN EN ROMA”.


“CELEBRACIÓN EN ROMA”

Al homenaje de la Casa de las Américas en Cuba, ahora se suma una celebración en Italia por el centenario del nacimiento de José María Arguedas. La Asociación Cultural Nuevos Horizontes Latinos organiza un homenaje para el 16 de enero próximo. En el acto, a realizarse en la Sala Pietro da Cortona de los Museos Capitolinos, hablarán Antonio Melis, Riccardo Badini, Liliana Ocmin y Sonia Castillo, y dará un concierto de guitarra el maestro Shin Sasakubo. Este homenaje cuenta con el apoyo del Ministerio del Patrimonio Cultural, el Museo Luigi Pigorini, la Facultad de Letras de la Universidad de Siena, la Facultad de Lengua y Literatura Extranjera de la Universidad de Cagliari y la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

12/01/2011

Fuente:
Diario “La Primera”

“JUNÍN CON ARGUEDAS”.

Vladimir Cerrón en diálogo con el director de LA PRIMERA, César Lévano.

“JUNÍN CON ARGUEDAS”

La importancia de que el país rinda al escritor José María Arguedas el homenaje que le ha negado el gobierno es destacada en esta entrevista con el presidente regional de Junín, Vladimir Cerrón Rojas.

—¿Qué connotación tiene para las regiones que este año no haya sido declarado del centenario del nacimiento de Arguedas?

—Muy negativa, pues el 18 de enero de este año se cumplirán cien años del nacimiento del amauta José María Arguedas Altamirano y es injusto que nuestro Perú no le haya rendido un homenaje tan merecido a quien dedicó su vida a la investigación y reivindicación del hombre andino. Arguedas fue un forjador de la identidad nacional, uno de los creadores de la corriente indigenista, cimentó los elementos ideológicos necesarios para abolir el gamonalismo y la esclavitud andina.

—¿Acaso un revolucionario?

—Diría más que eso. Arguedas fue y es mucho más. No fue el indigenista de corte reformista o populista, no asumió una postura paternalista dotada de moralismo o resignación cristiana, como lo hizo Valcárcel, Uriel García o Clorinda Matto. Tampoco solicitó un trato piadoso o misericordioso al indio; solamente reclamó el derecho que hasta ahora le ha negado el estado peruano.

—¿A qué se debe el interés de Junín de rescatar la memoria de Arguedas, antes que Apurímac, donde él nació?

—Este ilustre peruano fue ex alumno de la emblemática Gran Unidad Escolar Santa Isabel de Huancayo y es en esta tierra donde se inicia como escritor y, luego, como investigador. Su legado está latente como una invocación de atención constante en los artículos de la revista Proceso que, en la década de los 70, publicara la tan golpeada Universidad Nacional del Centro del Perú. Desde su perspectiva antropológica, etnológica y folclórica, frecuentemente llamó a la reflexión, a una introspección nacional. Pero a Arguedas no se le puede medir solamente en el ámbito regional o nacional. También fue un internacionalista, un ferviente combatiente contra el fascismo mundial, por lo que purgó cárcel en 1937, motivo por el que podemos entender que solamente la ideología fascista puede oponerse a su homenaje. Gracias a Arguedas, llegamos a la conclusión de que quitarle la identidad a un pueblo, equivale a un genocidio nacional.

—¿Pero, en estos tiempos de neoliberalismo, es posible que su ideología esté vigente?

—Hoy que en nuestro país abundan los problemas sociales, marcados por malas interrelaciones entre el Estado y la realidad andina, amazónica y del altiplano, es cuando debe darse mayor atención a los aportes de Arguedas. Un hombre tan sencillo que con sus cuentos, poesías y estudios científicos aplacó un poco la sed de cultura que nos hacía falta. Con gran acierto rescató nuestra lengua, nuestra cultura, nuestro arte popular, nuestro folclore, y ello le costó ser calumniado y, muchas veces, incomprendido, a tal punto que fue despedido del Ministerio de Educación con el cliché de comunista.

—¿Comunista?

—Ciertamente, por todo lo que se escribe acerca de José María Arguedas, un peruano de trascendencia mundial, nuestro pueblo tiene que elevar la voz necesaria para que este año se honre su memoria. La comunidad intelectual nacional y mundial ha hecho un llamado y no debe ser desoído. Invoco a que las regiones hagamos sentir nuestra protesta, logrando en la Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales que el año 2011 sea declarado Año del Centenario del Amauta José María Arguedas.

—Arguedas será homenajeado en Cuba, ¿qué opinión le merece esto?

—Ahora que tanto se condena la intromisión extranjera, menos la estadounidense, debemos reconocer que las ideologías no tienen fronteras, pues el hermano país de Cuba ha determinado que la próxima edición del Premio Literario Casa de las Américas estará dedicada al novelista peruano José María Arguedas, para lo cual esperan un total de 300 obras en su homenaje.

12/01/2011

Fuente:
Diario “La Primera