miércoles, 22 de julio de 2015

“EPICENTRO POÉTICO” EN LA CANTUTA.




martes, 21 de julio de 2015

LA LUZ EN LA PENUMBRA: A PROPÓSITO DEL POEMARIO “TRENDELEMBURG” POR PEDRO FAVARON.




LA LUZ EN LA PENUMBRA:

A PROPÓSITO DEL POEMARIO TRENDELEMBURG


Por: Pedro Favaron, Ph.D.

“El amor muchacha
es esa palabra inesperada
seguida de un silencio indescifrable”
(Eduardo Borjas Benites).


Un amigo poeta, Renato Pachas, me preguntó si creía que aún era posible escribir poesía amorosa, o si el amor era ya un tema cansado, gastado, incapaz de generar asombro. Mi respuesta fue inmediata: la nutricia de la poesía siempre ha sido, y sigue siendo, el amor. Según entiendo, la poesía alcanza la altura afortunada que le es propia solo cuando se sustenta de la vibración amorosa, de ese influjo implacable que nos eleva sobre nosotros mismos y nos renueva en el instante, en el asombro de contemplar el mundo como si lo contempláramos por vez primera. Todo se hace nuevo gracias al amor. Pues el amor es mucho más que el romance, que la pasión desenfrenada, y menos dañino. Es el magnetismo que nos vincula con nuestra condición primera, que nos devuelve al origen sin palabras de la palabra, al silencio atemporal en el que se origina la videncia poética. Como dice Eduardo Borjas Benites, en su libro Trendelemburg, “de la palabra jamás germina el poema”. El amor nos acerca al silencio manante, y en Él se gesta la luz que da vida a los mundos.

La crítica literaria parroquial, que marca la “agenda” desde los centros del poder y el hartazgo, habla sobre las generaciones poéticas, sobre los grupos y movidas, sobre las tendencias hegemónicas. ¿Qué tiene eso que ver con la poesía? “Nada más honesto que la palabra trabajada en la penumbra”, dice Borjas Benites. Algunos ingenuos escritores, que aun escribiendo en verso poco entienden acerca de lo poético, confían en ciertas modas estilísticas para así ganar notoriedad (entre sus amigos vinculados a los medios). Y pretenden que sus procedimientos pirotécnicos sean verdades universales. Lo poético no se alcanza aferrándose a modismos técnicos y temáticos, ni afincándose en camarillas y manifiestos, ni transitando por cauces gregarios, de aprobación segura. Demanda inhalar desnudo la existencia, con cada poro abierto, “deslumbrados por la experiencia”. Es necesario vivenciar la propia vulnerabilidad y escribir desde la sinceridad de una voz atravesada por aquello que nos supera y nos sustenta. Fuera de eso, solo hay literatura, divertimentos lingüísticos y mentales. Ahí no mora el Espíritu, sino la arrogancia intrascendente.

 La pregunta más pertinente sería, entonces, si es posible la ocurrencia de la poesía en entornos sociales donde prima el engaño y la codicia, la vanidad y la competencia, las agendas apretadas y el ocio expropiado por el espectáculo. Pues todo aquello son trabas sociales que impiden el amor. La poesía es una rara planta, que surge en las honduras que el ingenio y la erudición no alcanzan. El poema que, en lo personal, algo me brinda e inspira, que puede tocar mis fibras íntimas, florece en aquellos lugares en los que nadie se desea. Como el río, corriendo en lo más bajo del valle. Como el loto, en la humedad fértil. La poesía, como escribe Borjas Benites, sigue “las huellas / que confluyen en caminos / por donde nunca pasa nadie”. Esto seguir las huellas hace pensar en el ensayo ¿Y para qué poetas?, de Martin Heidegger, en el que el filósofo alemán afirma que los poetas, en medio de la noche, huelen el rastro de lo sagrado.  

 Hay quienes quieren engañarnos haciéndonos creer que la poesía debe estar guiada por el afán de la novedad. ¿Es la poesía, acaso, una mercancía, que precisa siempre de presentarse con una apariencia nueva para excitar el deseo del consumidor? El impulso poético es algo propio de la condición humana, que se manifestó como canto y fuerza vibratoria desde la aurora de la especie; permite que nos vinculemos con el origen común de todo lo existente, con el hilo que entreteje lo múltiple y lo diferente en una partitura indivisible. La poesía surge de ese aliento que anima a los seres y nos pone en relación con los otros, nos abre a los otros y nos eleva. Un verso de Borjas dice: “Es demasiado antiguo y triste lo que cantamos deslumbrados por la experiencia”. Pero eso tan antiguo es triste solo frente a un mundo que no tiene la quietud necesaria para comprenderlo. Pues la poesía, cuando viene del Espíritu, llena el alma de secretos y perdurables goces.

No soy yo un crítico literario, sino un amante de la poesía que surge de la experiencia elemental y la sinceridad, de la exposición a la vida.  Por eso solo puedo hablar de aquellos sustratos en los que siento que emana una fuerza vibrante, vital. Es desde esta perspectiva que me he acercado a la poesía de Borjas Benites. Percibo que se trata de una expresión poética que por muchos momentos se enraíza con cierta estirpe romántica y desencantada (aunque, por supuesto, Trendelemburg no se ajusta del todo a esta categoría). Y es precisamente en esos pasajes en los que siento que Borjas es capaz de asumir el riesgo de saberse al margen de las escrituras que la prensa especializada viene legitimando. “Toda renuncia es una valiente entrega”, dice el poeta. Pero el poemario no se limita al rechazo romántico. La poesía de Borjas Benites, según mi punto de vista (muy personal, por cierto), alcanza sus mayores alturas cuando trasciende la “filosofía de la desesperación” y no pretende parecer una supuesta poesía actual (expresión frívola que no tiene ningún sentido). Es entonces cuando dice: “recoger bayas sobre el pasto mojado / es un arte menor y solitario”. Ese arte menor y solitario, al que solo acceden los humildes y los renunciantes, brinda una bienaventuranza infinita. 

La poesía precisa contemplar lo que pasa inadvertido a “una época velocísima”. En el segundo poema del libro se pueden leer: “cómo nadie puede verla/si aquella muchacha es la luz / que ilumina los pasajes estrechos / por los que yo voy a ciegas”. ¿No es la poesía misma aquella luz que no pueden apreciar las retinas burocráticas y sonámbulas que transitan la rutina de unas calles opacas y sin vida? ¿No es la condición misma del poeta el caminar a ciegas por pasajes estrechos; por esas rutas angostas que uno tiene que transitar por cuenta propia, solo guiado por una fe inquebrantable en el amor? Estos versos se vinculan con la poética de Dante y la mística inspirada en los poetas provenzales, quienes celebraban en el amor una experiencia divina, que nos hace trascender la propia condición. Es el amor a Beatriz, la mujer brillante, la incorruptible, lo que guía a Dante por los círculos infernales; y es ese resplandor quien lo lleva más allá de los caminos que le eran lícitos transitar al propio Virgilio. Y así alcanza a contemplar el cielo más allá del cielo. Esto también tiene notables semejanzas con “la niña de la lámpara azul” de los poemas de J.M. Eguren. ¿Será que, como dice el docto e inspirado Robert Graves en su libro La Diosa Blanca, la experiencia poética siempre nace desde lo femenino?  En el poema de Borjas que lleva por nombre Disimilación, puede leerse: “Toda luz viene de ti / y va hacia ti”. ¿De dónde vienen y hacia dónde se desplazan los versos? El amor es el océano en el que confluyen todos los ríos.

Más adelante, otro poema de Borjas reza lo siguiente: “yo escribo por amor este poema… para que la muerte duela menos”. Una vez leí una entrevista a un escritor de poemas, cuyo nombre prefiero no recordar, en la que éste decía que escribía sobre la muerte porque había leído a muchos poetas italianos. La frase, me parece, hace explícito su absurdo. Si la experiencia de la muerte es solo una referencia bibliográfica, no hay conciencia íntima de la propia condición; y, por lo tanto, no hay lugar a la poesía. Emilio Adolfo Westphalen escribió un libro titulado Abolición de la muerte, en el que se lee: “Tengo que darles una noticia negra y definitiva / todos ustedes se están muriendo”. La experiencia poética surge en diálogo con la muerte. Pues nacimiento y muerte se implican. Hablar del amor, de la poesía y de la vida, es siempre un intento de decir lo indecible de la muerte. “El tiempo consumidor de las cosas”, escribió Leonardo da Vinci. Uno de los asuntos que designa el temperamento de cada poeta, creo yo, es su forma de encarar la muerte. Mientras el romanticismo ve en la muerte un enemigo insaciable, la mística gozosa la entiende como un tránsito y una liberación. Borjas habla del “duro amor de los que aún no han muerto”. ¿Cuál es, entonces, el amor de los que han muerto? ¿O el amor de los que han muerto sin morir, de los que han ardido para renacer? ¿No será la fuente inagotable que sacia toda sed, el amor que da de sí y nunca mengua?  

Borjas se inclina, sobre todo, por vivir la experiencia del amor corruptible, “esa acción punzocortante que se repite una vez más”. Y esa muerte del amor es vivida como una cosa terrible, “la opera oscura del cuerpo Su lenta corrosión Su violenta acción por evitar la muerte”. Y, al mismo tiempo,  el poeta dice, sin temor a la contradicción: “qué maravillo es todo lo que está muerto. Y qué indestructible es una flor muerta”. ¿No nos hace pensar, otra vez más, en la Beatriz de Dante, perfecta e incorruptible por el mismo hecho de ya no pertenecer al mundo humano, de haber partido a otras esferas y desde ellas irradiar una luz sin fisuras? La muerte del amor, en Trendelemburg, conduce al poeta al encierro en “las cuatro paredes blancas” de la locura. El dolor esférico lo posee por entero. El mismo poeta se pegunta con angustia: “¿existe el olvido?”. Y es que si no existe el olvido, si se persiste aferrado en la rememoración del fracaso, ¿cómo escapar a la desesperanza? Y, a través de la experiencia del amor muerto, surge el sino ineludible que signa a todo lo que respira. En el poema Iniciación en la Danza puede leerse: “Por cada niño que moría en los hospitales mi niña ofrecía un ritual de desolación a la Pacha Mama”. Y, al mismo tiempo, es la presencia advertida de la muerte omnívora la que dona al poeta la conciencia de sus propios pálpitos, de lo irrepetible de cada instante y respiro. De no ser por la muerte, seríamos como los inmortales del cuento de J.L. Borges: seres sin alma, hastiados, que solo expresan emoción cuando cae la lluvia.

Los poemas de Trendelemburg suelen enlazar la muerte del amor con la desolación de una “ciudad que te obliga a huir”, porque “aquí todas las calles conducen al mismo hueco”. Y es que la desesperanza arrastra al poeta por calles oscuras en noches artificiales y bohemia, por “la vereda” que “huele a orines a escarnio y el invierno se deshace allí sobre el desmonte acumulado”.  La deriva por la ciudad pone frente suyo la patología intrínseca a las grandes urbes. “Salir a caminar también es detenerse / frente a todos los semáforos del centro y contemplar / las mismas calles la misma enfermedad el mismo sufrimiento”. La referencia a vidrios rotos y explosiones trae a la memoria la Lima de los años 80 y 90 del siglo XX, acosada por Sendero y por el retorno de todo lo reprimido, como esos “pueblos que danzaron y desaparecieron en el desierto a orillas del rímak”. Pero, más allá de las referencias a una ciudad concreta, los poemas de este libro nos hablan del hartazgo moderno, de la estrechez del alma, de los empobrecidos y decadentes centros de poder. Y de la imposibilidad de encontrar el amor en estos espacios y en este tiempo, “una nueva era de terror o de sexo sin esperanza”. Trendelemburg surge como un espejo poco complaciente del ocaso cultural; pero también es un acto de fe en la poesía, como si se tratara de “una última oración al Agua”. El poeta, en tanto es poeta, a pesar de que “todo se pierde” a su alrededor, no deja de buscar un “´último jardín”.

Casi al final del libro se lee lo siguiente: “haz por favor del amor otra cosa que no se parezca al amor”. En este ruego resuena el eco de Rimbaud: “El amor debe ser reinventado”. Y es tal vez el desafío que el poeta se hace a sí mismo, el llamado abandonar la visión romántica del amor para alzarse a un amor más alto y sublime,  aquel que “induce a las pléyades a gravitar”. Esta intuición, aun poco explorada, permite a algunos versos de Trendelemburg la posibilidad de rozar la poesía visionaria: “Se abren las puertas del sol… Los pájaros dorados… planean sobre el imaginario río / y anuncian / un día claro / una época de cosecha”. Y es que cuando el poeta se ofrenda a sí mismo, caminando “hasta perder el nombre”, y se entrega a la vida con “un enorme corazón de luz”, surge la promesa fiel: el resplandor derrotará a las tinieblas. Y los “Amantes Insurgentes” beberán entonces el néctar de vida nueva. Dentro de estos amantes del amor se despertará un sol capaz de “iluminar el mundo entero”. Estos asuntos sutiles no son del gusto de todos; el amor por ellos viene desde lo alto, por gracia. Al fin de cuentas, como dice Borjas, “cada artista [verdadero] tiene ciertos temas que le son dados por Dios”.


domingo, 19 de julio de 2015

CASCAHUESOS EDITORES AHORA TAMBIÉN ES SURNUMÉRICA.



Nota de prensa:

CASCAHUESOS EDITORES AHORA TAMBIÉN ES SURNUMÉRICA

Estimados amigos, tal como les anunciamos en nuestra nota de prensa anterior, a partir de ahora Cascahuesos Editores publicará exclusivamente libros de poesía, y para la narrativa, hemos creado nuestro sello editorial SURNUMÉRICA. El motivo de esta nueva nota de prensa es para anunciarles nuestra primera publicación en SURNUMÉRICA, se trata del rescate de una de las grandes obras de ficción pioneras del género de “violencia política” en nuestro país. Nos referimos a Los juegos verdaderos del desaparecido escritor arequipeño Edmundo De los Ríos. La presentación del libro se realizará este miércoles 22 en la Feria Internacional del Libro de Lima y en los siguientes días estará a la venta en la misma feria así como en algunas de las principales librerías de Arequipa y Lima.


Sobre Edmundo De los Ríos

Nació en Arequpa-Perú, en 1944. A los 23 años viajó a México donde obtuvo una beca de creación literaria del Centro Mexicano de Escritores. El taller era dirigido en ese entonces por Juan Rulfo, Augusto Monterroso y Francisco Monterde. En 1968 fue finalista del premio Casa de las Américas de Cuba con su novela Los juegos verdaderos publicada ese mismo año en dos países: Cuba y México. Fue en este último que tuvo gran éxito pues se lograron hacer hasta 3 ediciones ese mismo año. A fines de los 70 regresó al país y se dedicó al periodismo cultural, desde 1980 hasta 1994, en la revista Caretas. Murió en mayo de 2008 dejando obra inédita y muchos artículos desperdigados en diarios y revistas de Perú, México y Colombia, entre otros.

Primeras impresiones del libro

A propósito de la edición mexicana del libro Juan Rulfo escribió el siguiente comentario que se incluyó en una faja que envolvía cada ejemplar: “La novela que inicia la literatura de la revolución en Latinoamérica” (ver p. 278 del siguiente enlace: http://nubr.co/3uqNMm).




jueves, 16 de julio de 2015

martes, 14 de julio de 2015

miércoles, 24 de junio de 2015

sábado, 13 de junio de 2015

martes, 7 de abril de 2015

ENTREVISTA A CHARLY MARTÍNEZ POR MIGUEL ILDEFONSO.


Foto archivo: César Pineda Quilca.

“CONVERSANDO CON CHARLY AL ESTE DE LIMA

Por: Miguel Ildefonso

Charly Martínez Toledo (Lima, 1984) es escritor, librero y, como él mismo dice, un “fantasma”. No asiste a recitales, a veces se le ve deambulando al Este de Lima, por las calles de Vitarte, en donde vive “buscando respuestas en las aceras y amor en las paredes”. No estudió carrera alguna, por lo cual decidió ser un diletante. Sin embargo, con amigos que conoció hace años en el taller de narración de la Universidad La Cantuta, “Mario Vargas Llosa”, vates como el hoy editor y promotor cultural César Pineda Quilca, organizó algunos eventos literarios que, como suele suceder, contribuyeron a reforzar su vocación.

El año 2009 publicó Las púas y otros cuentos, libro que tuvo una buena acogida por parte de un sector de la crítica limense. Seguramente animado por esa recepción, integró los grupos literarios “Locus” y “Di-versos”, a cuyas reuniones, nos confiesa, ahora ya no asiste. Sus cuentos, crónicas, entrevistas, ensayos, reseñas, microficciones y poemas han aparecido en diferentes medios como “Remolinos”, “Sol de Ciegos”, “Letras s.5” de Chile, “Letralia” de Venezuela, la legendaria revista española “Alfa Eridiani”, “Siete Culebras”, “La Tortuga Ecuestre”, “Lima gris”, y en los blogs “Nido de palabras”, y el del “El comercio”. También ha colaborado en diarios de provincia: “Los Andes” de Puno y “Ahora” de Huánuco. Ha sido incluido, recientemente, en la Nueva poesía y narrativa Hispanoamericana del Siglo Veinte (2014) editada por Lord Byron editores; también en el Primer dossier de poesía Cuervo Iluminado, colección de nueva poesía peruana” y en la antología de microrrelatos La vida breve.

El 2011 obtuvo una preciada mención honrosa en el cuarto concurso narrativo “Ten en Cuento a la Victoria”, con su relato-thriller Espadas de la noche, siendo luego considerado en el libro que reúne los trabajos ganadores de ese certamen.

El 2012 publicó Yo maté a Arquímedes y otras historias (Arteidea Editores), y el 2013, Tierno (plaquette, Eclosion Editores). Del más reciente libro que publicó, El infierno está lleno de memoria (Kovack editores, 2014), nos dice que lo escribió en un momento difícil de su vida, en el cual pasaba por una decepción amorosa.  De este libro el autor ha dicho: “más que de cuentos se tratan de cantos, cantos al dolor, a la miseria, a la soledad”. 

También Charly ha escrito prólogos, textos de contratapa, y alguna vez hizo de negro literario, y también dirigió talleres de creación literaria en colegios de la capital. Actualmente vive consagrado a la lectura y a la escritura en una modesta habitación, desde donde, según sus palabras, “ataca” con sus comentarios y reseñas tanto en su facebook personal como en los dos blogs que administra: fantasmadeleste.blogspot.com y  laletraquemuerde.blogspot.com.

Ha adoptado el nihilismo como forma de vida y entiende que “sin dolor, no hay arte”. De naturaleza solitaria, nos dice que prefiere la compañía de un buen libro antes que la de un ser humano. Esta es su primera entrevista.

Lo que caracteriza a tus historias principalmente es su ubicación en lo que llamamos la narrativa realista y urbana. Cuéntanos, ¿cómo empieza la creación de la ficción en ti? ¿Parten de experiencias propias, de lecturas?

De ambas, Miguel. Empecé a leer –como todos nuestros compatriotas aspirantes a escritores, creo- a Ribeyro, Reynoso, Zavaleta, Vargas Vicuña, Vargas Llosa y a uno que otro por ahí cuyo nombre no recuerdo ahora. Te diré que me siento muy a gusto escribiendo temática urbana aunque, muy aparte de eso, también haya abordado la narrativa rural. Así, en “Tierno” y “Wenceslao” toco el tema de los asentamientos humanos, como lo hizo Julián Huanay en “Suburbios”. Para mí escribir es como un tubo de escape por donde desahogo mis problemas nerviosos y mis obsesiones, y lo hago partiendo casi siempre de conflictos internos y experiencias muy personales. Mi obra es, como diría Sábato: “la obra de un espíritu contradictorio”.

Y si nos acercamos más a las fuentes de esta poética, ¿podrías hablarnos de tus influencias primeras y actuales? Y, por supuesto, de cómo empezaste con la literatura.

En realidad, me convence muy poco nuestra literatura (salvo honrosas excepciones) aunque, como dije, haya empezado a leer a cuentistas nacionales como Ribeyro, Zavaleta, Congrains y otros que estuvieron entre mis influencias en un comienzo pero que, con los años, fui haciendo a un lado para darle paso a otros, y que marcarían para siempre el derrotero de lo que sería mi prosa. Así, entre los del siglo veinte, descubrí a Vila Matas, Javier Marías, Benedetti, Rafael Sánchez, Philip Roth, Henry Roth, Virgilio Piñera, Nemirovski, Hesse, Thomas Mann, Kennedy Toole, Salinger, Carver, Kureishi... Luego leería a los orientales, entre los cuales estarían Mishima, Kobayashi, Soon Won, Kawabata, entre otros. También he saboreado a los del boom, entre los cuales están Bioy, Borges, Lezama, Onetti, García Márquez, Fuentes. Pero siempre he preferido a los de otras latitudes, más alejadas de Sudamérica. Me agrada mucho la temática que ahonde en los problemas existenciales del ser humano, puesto que ese es un problema que siempre ha estado vigente: la desesperación del individuo. Si no me creen tendrían que leer “Memorias del subsuelo” de Dostoievski o, yendo a tiempos más actuales, a ver, cito por ejemplo: “Stoner” de John Williams, que nos muestra la decadencia y mediocridad del individuo en la sociedad actual. Por eso es que (y aquí sigo citando) “Confesiones de una máscara” es, para mí, antes que una novela, una introspección en la naturaleza humana, encontrándola problemática y variopinta, confusa y –mira que no exagero- incluso aterradora. Así fue mi entrada al mundo literario, primero leyendo y luego descartando autores que, al parecer, no irían a servirme de nada para mi preparación.

¿Qué suceso crees que te marcó para encontrarte con la literatura y hacerla tuya?

Todo empezó a raíz de un remezón nervioso que sufrí al finalizar el colegio. No tenía otra opción a seguir, puesto que debido a ese problema no podía estudiar carrera alguna (tuve que hacer a un lado mis sueños de convertirme en Ingeniero) según prescripción del especialista que me atendía. Así fue como decidí hacerme diletante… y mi “especialidad”, por llamarla así, sería la literatura. Ahí fue cuando me puse a escribir. En un primer momento lo hacía desordenadamente, con poca disciplina, pero con los años llegué a fijarme un horario y a tomarme en serio el acto escritural. Quería escribir las historias fascinantes que encontraba en los libros que leía. Recién entonces me tomé en serio el oficio.

Anotaré que aún me cuesta mucho sentarme a escribir, pues todavía poseo esa renuencia a plasmar historias. Pero estos inconvenientes han mermado con los años de práctica y entrega. Sí, es cierto que escribo pocas horas al día, pero esto se da por mis horarios de trabajo. Al final del día –entre mi trabajo y la literatura- termino muy agotado y de mal humor.

Con los años me convertí en un asiduo comprador de libros viejos de literatura especializada. Así, visitando librerías limeñas, campos feriales (como Amazonas y Quica) fui descubriendo un maravilloso mundo de autores que se suicidaban por depresión y otros que eran internados en el psiquiátrico durante años, pero siempre manteniendo su envidiable lucidez, y eso me daba fuerzas para seguir adelante, ya convencido de que lo mío eran las letras.

Dinos, Charly, ¿cómo fueron construyéndose los conjuntos breves de relatos y cuentos que has publicado, son cuatro libros? ¿Cómo ha sido el proceso de armar cada libro?

Mis libros se componen por lo general de cuatro cuentos, que suelo armar con cierta rapidez. En realidad, más que cuentos propiamente dichos, se tratan de cantos. Sí. Cantos al dolor, la miseria y la desolación. No es necesario ser muy agudo para darse cuenta de que “Tierno” posee un lirismo controlado o que “Réquiem por una princesa” presenta una intensidad in decrescendo. Ahora bien, las historias las cojo de experiencias propias, de alguna elucubración fantasiosa en mi conciencia (recuérdese que he escrito algunas historias fantásticas), alguna escena vista en la calle, el vuelo de una mosca o alguna anécdota que haya escuchado por allí. Luego tomo mi libreta de notas (que siempre llevo consigo en el bolsillo de mi pantalón) y hago las anotaciones correspondientes. Ya frente a mi PC, en un comienzo armo un primer borrador, que luego iré corrigiendo, siempre pidiendo opiniones de otros escritores amigos o de algún corrector de textos. Siempre pulo mis textos hasta quedar satisfecho con el resultado. En realidad, no se me hace tan difícil escribir cuentos, pues una vez cogido el hilo no hay nadie ni nada que me detenga. Si soy breve en mis entregas es debido a esa rapidez mía por publicar y no quedarme atrás respecto a otros amigos del oficio. Pero igual, siempre he recomendado no apresurarse y hacer las cosas bien, aunque demoren un  poco. Recordemos que Musil se las pasó encerrado en su habitación durante un buen tiempo escribiendo “El hombre sin atributos”, apartado del mundo literario que no tenía intenciones de verle, oírle o leerle.

Ahora bien, mi último libro, “Réquiem por una princesa” lo escribí en un momento particularmente doloroso de mi vida. En aquel año 2013 en que concluí este cuentario, tuve que terminar una relación amorosa que fue muy bella pero dolorosa a la vez. Se puede decir que este libro lo escribí por amor.

Volviendo al universo de tu narración, hay un acercamiento al mundo marginal de Lima. ¿Hay detrás de esta visión, pesimista, decadente a veces, entre otras cosas, un afán de denuncia? ¿Crees que hay un propósito social en tu trabajo con la palabra?

Nunca, Miguel. Nunca he tenido ganas de denunciar nada. Para eso están los panfletos políticos y las novelas rusas del tiempo de la revolución. Pero si acaso en mi prosa se denuncia algo es el actual estado de desesperación del hombre, y este se da, como tú muy bien sabes, tanto en los estratos bajos como en los privilegiados, así que no necesariamente hablo a favor de las clases trabajadoras o con menos recursos, por lo menos no intencionalmente. Alguien que reseñó mi primer libro de cuentos afirmó que este denunciaba las injusticias que se cometen contra el hombre moderno. Bueno, puede ser; pero, como te dije, nunca ha sido mi intención. Mi prosa tiene objetivos terapéuticos, con ella exorcizo mis demonios internos. Lo que sí creo es que la humanidad, en la actualidad, vive en un perenne estado de ostracismo y cosificación, lo cual es muy alarmante. Mis personajes, amigo, - paranoicos, frustrados, orates - tienden a la muerte, pero no solo a la muerte física, sino a la espiritual. Tienden al abandono y a la autodestrucción.

También se ha hablado del llamado “compromiso del escritor”. Mira, Miguel: el único compromiso del escritor es escribir bien y no ofrecerle un bodrio a sus lectores. Por allí veo una cantidad desmesurada de autores todavía jóvenes que pagan por ver publicados sus trabajos. Mira, en realidad eso no está mal, pero si vas a faltarle el respeto al lector poniendo en sus manos cualquier baratija literaria entonces ahí sí es grave el asunto. Peor es lo del plan lector para niños: se corre el riesgo de quitarles el gusto por leer, debido a que se les ofrece material de mala calidad.

¿Con qué escritores actuales de Perú te sientes más afín? ¿Por qué?

Me gusta mucho Miguel Gutiérrez y el Verástegui narrador. Creo que por novelas como “La violencia del tiempo” y “Teorema del anarquista ilustrado”, la literatura peruana sigue siendo considerada en el ámbito internacional. Después el resto es pura chauchilla, meras repeticiones e historias bien contadas (siempre con honrosas excepciones, por supuesto). Ojo que siempre he hecho hincapié en esto: la reflexión, la introspección sicológica en una obra literaria actual es necesaria para que sea considerada de calidad. Y eso es lo que justamente no hay en nuestras letras. ¿Más escritores valiosos? Pues me atreveré a mencionar a dos más: Gonzalo Mariátegui y Favio Álvarez Ojeda. Creo que en los dos casos la afinidad se da debido a la naturaleza oscura que tienen estos señores. Siempre me han llamado la atención este tipo de escritores, los de culto, leídos por tan solo un puñado de personas y con pocas condecoraciones en su haber. Creo que los premios “enceguecen” al lector, le dan una visión sesgada de la obra, creando en su interior razonamientos equivocados, haciéndole creer que tal o cual libro es necesariamente bueno debido a que ha sido premiado. 

También encontramos a los escritores sobredimensionados. No diré nombres, pero por ahí he visto a uno que ha recibido casi tantos homenajes como nuestro Nobel. Los personajes de este señor suelen ser jóvenes. Este señor se repite en cada entrega. Hastía, aburre. Su narrativa es plana. No sorprende con ningún giro, no gusta.

Sé que eres buen lector y sueles hacer reseñas de libros, y participas con opiniones en tu Facebook; ¿podrías entonces decir cómo ves la literatura peruana de estos tiempos, en especial la narrativa? Y, sabiendo que eres muy insular, ¿cómo te relacionas con los escritores, con quiénes?

La literatura peruana de hoy en día, como dije líneas arriba, es muy mala. Pocas cosas interesantes he leído de los actuales escritores, sobre todo de los más promocionados. Les falta sustancia, meollo, algún plus que complemente sus escritos. Todo se pierde en la técnica y la superficialidad. Yo hago reseñas sobre libros que me hayan agradado o que tengan cierto valor literario. Sí, es cierto, por ahí he encontrado buenas propuestas.  Además, muchos de ellos ya no piensan en la posteridad. Por allí le escuché decir a un poeta conocido que en el día de hoy los escritores –y se refería tanto a poetas como a narradores- ya no tienen ese afán enfermizo de perennizarse, pues publican muy rápido y eso era un buen síntoma. Qué equivocado que está. Por eso ya no salen autores como Borges, Onetti o Kafka, por lo menos no en nuestro medio.

Ahora, respecto a los lectores: en la  actualidad se lee mucha basura. Todo lo que nos dicen los libros de autoayuda de Cuahutémoc o Coelho ya lo dijeron años antes autores como Mann o Hesse; lo que aquí sucede es que la información ha sido sintetizada, la han hecho “más simple”, para así generar un grupo de lectores tontos y despistados, que creen que Cuahutémoc o Coelho son los dioses venidos del Olimpo, dispuestos a sacarnos de nuestros hoyos existenciales. Pensadores lúcidos como Eco o Cioran ya daban cuenta de lo anterior, sentenciando que cierto tipo de literatura, y la televisión, era un sistema de dominio de masas, dispuestos a embrutecer. Ese es el gran problema: vivimos engañados. Allí radica el quid del asunto.

En cuanto a mi relación con otros escritores esta es muy incipiente. Utilizo los medios virtuales para crear algún vínculo con ellos. Pero en realidad son pocos a los que frecuento. Allí pondría, por ejemplo, a Verástegui, a Carlos Saldívar, al editor Pineda Quilca, a Manuel Luque, a Gonzalo Mariátegui o a Víctor Coral, entre otros. Como ves, son muy pocos. Te diré, estimado Miguel, que soy misántropo, y que debido a esto es que me relaciono muy poco con los escritores y voy muy poco a tertulias. Tengo, además, muchos anticuerpos y prejuicios en cuanto a su conducta: sé que muchos son arrogantes y altivos, dicharacheros y mezquinos, y ese es un motivo más por lo cual no los frecuento. Yo detesto todas esas poses, más aún si vienen de autores de menor valía. Me molesta oír hablar a un autor arrogante, no lo tolero. Ahora cualquiera es “escritor”, y habría que tener muy en cuenta la verdadera dimensión de esta palabra.

Para terminar, desde tu experiencia, ¿cuáles son las limitaciones que tiene un joven escritor del Perú actualmente que quiera ejercer su oficio como un trabajo estable?

Amigo Miguel, en primer lugar, en el Perú el oficio de escritor todavía sigue siendo mal remunerado. Un ejemplo de ello serían las revistas. Todavía estamos en los tiempos  en que no se les paga a los colaboradores. Desde ahí estamos mal. Claro está - y ahora hablo de las editoriales- que existen editoras nacionales serias que pagan regalías, pero recordemos que son muy pocas. Si tomamos en cuenta todo esto, entonces el escritor novato tendrá que buscarse un trabajo de medio tiempo para subsistir. Y eso no es saludable, ya que el autor deberá de darse casi al cien por ciento para su tarea y eso, como vemos, no es posible en nuestra patria. Imagínense a alguien que, luego de venir de su trabajo, cansado y exhausto, trate de escribir una buena cantidad de líneas y que, además, posean cierta lucidez. Se me viene a la mente el caso de Ribeyro o el de Faulkner, que con el trabajo pesado y todo escribían genialidades. Pero esas son magníficas excepciones, pues no todos somos como ellos…

¿Estás escribiendo un nuevo libro? ¿Qué proyectos tienes en mente?

Si me disculpas, estimado Miguel, yo nunca hablo de mis proyectos personales, sino hasta que estén a punto de concretarse. Lo que sí te adelantaré es que el nuevo libro que estoy escribiendo no es de narrativa, sino que pertenece a otro género.

Lo que sí estoy haciendo son reseñas de libros. Pueden visitar mis dos blogs donde encontrarán escritos sobre determinados textos. Invito a los lectores de esta página a que los lean.




martes, 17 de febrero de 2015

martes, 10 de febrero de 2015

domingo, 1 de febrero de 2015

“NUEVAS BATALLAS” POR RENATO PACHAS.




“NUEVAS BATALLAS DE WILLY GÓMEZ MIGLIARO”

Por: Renato Pachas

Después de la aparición de su magistral y muy comentado libro de poemas  “Construcción Civil” (Paracaídas editores, 2013), Willy Gómez Migliaro, (Lima, 1968) ahora nos sorprende y reconfirma con este nuevo poemario Nuevas Batallas (Arteidea editores, 2013); que la persistencia en la palabra hace el poema, que la exactitud en sus matices y la complejidad en la estructura de su libro, hace que su poesía tenga aún, mucho pan por rebanar.   
 
Gómez pertenece a la llamada generación del 90, y la hornada de la que viene es aquella que fue testigo de los desastrosos acoplamientos de poder y neoliberalismo en su escenario más nefasto. Su parvada generacional palpó de cerca el precio de una tranquilidad  momentánea en el Perú y que trajo como consecuencia el autoritarismo; la destrucción de la institucionalidad democrática y las violaciones a los derechos humanos en las matanzas de Barrios Altos, la Cantuta,  la tortura a Leonor La Rosa y otros. Todo aquello se materializa, se vuelve tangible y alfabeto en “Nuevas Batallas”     / no el recuerdo de una geografía accidentada / porque es guerra siempre ahí / y la fila de ejércitos contiene sus harapientas / sus pasiones en el campo de uno frente a todo/ eso que ya no tendrá nombre / pero ha nacido y tiene derecho de llegar hasta el final en su babel / reproduciendo un disfraz de escritura / ah vaya política exterior & sus escenas de violencia / sobre las cuales el sol se levanta ahora con todo su poder/.

Las “Nuevas Batallas” de Willy Gómez, reivindican al país que surge con la palabra y se construye con las letras en el amor de la tierra y el lenguaje. Estas son las batallas de la esperanza por la redención de la patria, del estado y del alma, quienes se diluyen en los abismos del descontrol y hediondez. La reconstrucción y transformación del país se concretiza sobre las cenizas de la violencia y resistencia de los individuos, quienes se anatemizan con argumentos poco convencionales en un mundo donde la lucha por el “YO”- patria y ciudadano -  hace de la política un andrajo repugnante ante el alma libertaria y emancipadora del poeta / En el campo de la reconstrucción el miembro preferido se resiste / y al dar fin a una operación / interpreta la acción de olvidar su propia violencia /.

El álter ego en su discurso cívico y patriótico nos revela que ha sabido asimilar mejor que nadie lo místico y contestatario de los poetas de “Kloaka” (Roger Santibáñez, Domingo de Ramos, Dalmacia Ruiz Rosas, entre otros). Un individualismo efervescente se sumerge en lo profundo de su ser, donde lo político se hace macabro y el espejo de la vida se confunde con el reflejo de la muerte. Aquí el dolor y el amor propio se conmueven ante el flagelo de la imagen contra el papel humano y la energía o carga de emociones se acercan más a los esquemas poundianos que a otros postulados. /Migliaro deformado en una imagen de hielo / constantemente picado es Migliaro /en el papel de otro enterrado o atendido una migración / cuando vuelve a nuestros campos / y su llegada veinte años después prende velas / y anuncia otro recorrido /.

En suma el libro “Nuevas Batallas”, de Willy Gómez es un escrito que se ha alejado completamente de la poesía coloquial y conversacional. Este ejemplar de Gómez es neobarroco o neobarrosa, porque en él, el lenguaje y la sintaxis se hacen extravagantes, allí se pone a prueba la gramática en lo lógico y secuencial. Como diría Hatzfeld: “Algo insólito, como un imperfecto razonamiento, un extraño silogismo o una perla irregular”.





domingo, 18 de enero de 2015

sábado, 10 de enero de 2015

“CAMBIO DE CIRCUNSTANCIAS” POR MIGUEL ILDEFONSO.



“CAMBIO DE CIRCUNSTANCIAS DE JUAN MESCCO SINCHI

Por: Miguel Ildefonso

Cambio de circunstancias (Sieteculebras, 2014) es el reciente libro de poesía del poeta cusqueño Juan Mescco, poeta que conozco desde mi primer viaje en bus al “ombligo del mundo” en los albores de la década del 90. Él es Licenciado en Antropología por la Universidad San Antonio Abad; obtuvo el Segundo Premio Nacional de Poesía “Fundación Rielo” en 1988, y publicó en 1989 el poemario Eclosión. 

El libro nos presenta una reunión de poemas breves en su mayoría; textos reflexivos y de mirada aguda, que parten del transcurrir cotidiano, de esos azares y vicisitudes que no son sino los reencuentros del desasosiego. Este cambio de circunstancias, por ello, se debe a la confrontación tanto con los fantasmas personales como con los demonios del mundo. Aquí algunos poemas.

Nocturno

1
La noche – estancia de quimeras –
entre sexo y cansancio, al final
abandonamos
aires confundidos del cuerpo

dejas el amor fatigado

2
sin temer a la oscuridad te refugias en la noche
después de ir y venir desocupado. Llega el calor
nocturno, no se puede seguir al borde del deseo
teniendo como pretexto la fatiga.


Confesión Ajena

Sigo perdiendo días
sigo caminando y aun no termino

soy
el que te siente como neurona azul
el que oscurece tus ojos
soy quien te escucha pronunciar
mi nombre
desarmado


El Viejo Poeta

Raúl Brozovich

Ejerce fielmente sus oficios
al final tratando de acomodar las luces
establece una cotidiana existencia

(malos son los amigos que bebiendo

y cantando se quejan penosamente)

jueves, 8 de enero de 2015