miércoles, 6 de noviembre de 2013

“TRES LIBROS DE POESÍA” POR MIGUEL ILDEFONSO.



“TRES LIBROS DE POESÍA”

Por: Miguel Ildefonso

En estos días últimos en Lima acabo de recibir tres libros de poesía de tres poetas del ochenta. El chico que se declaraba con la mirada /Historia francórum (Municipalidad Provincial de Cajamarca, 2012) del poeta Roger Santiváñez, llega desde Collingwood, sur de New Jersey. Es la reedición de dos libros. El primero fue publicado en 1988, y el segundo en 2000. En ambos nos vemos con la memoria del poeta que ha transitado entre Piura y Lima, en pos de la belleza y la libertad del amor. Una nueva oportunidad para leer estos libros de alta intensidad lírica-urbana del gran Roger. Aquí un fragmento de Historia

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El tiempo está caliente. La bohemia de Quilca continúa su ritmo indiferente a cualquier historia, incluyendo ésta, la del solitario componiendo la memoria de su soledad. La medianoche me descubre escribiendo con la pasión que aprendí de nadie. El amor por la literatura es tan fuerte como la idea de construir el relato de mi experiencia, permaneciendo encerrado, sin hablar con nadie, mereciendo nada más que la luz de un recodo femenino, el aire desprovisto de pena que Astrid desplaza con su llamada ideal. Relato incoherente. La dicha de escribir es infinita para quien sólo desea lo bello para la sociedad. La poesía. Única forma de contrarrestar la gran ofensa del mundo.


En Lima recibo Quinto (Vicio Perpetuo, 2013) de Gonzalo Espino Relucé. Consta de treinta poemas divididos en cinco secciones: Guapa, Graja, Amor Eterno, Incahuasi y Travesías. Son poemas de cinco versos, en los que predominan los endecasílabos y los heptasílabos. Hay una fuerte base oral en el ritmo y el tono, ligada a la poesía andina y a la picaresca y a lo popular. Wendy Castillo dice en el colofón: “el poeta nos expresa la vitalidad de las relaciones humanas; el amor, la soledad, el hogar, la familia. Paralelamente recorre los vestigios de su pasado, asomándose el zorro que guía los ritmos del verso.” Y Martín Vargas: “Signo de una memoria terrena y del espíritu de unos ojos modernos - abiertos a un mundo que no es ni costeño, ni andino, sino un todo heterogéneo -, la diversidad de registros, acaso barroco, de su escritura, dan riqueza expresiva y vigor a Quinto.”

Morral

Ha llegado con la mochila vacía
de su trajín viajero.
El morral, en sus íntimos rincones,
esconde los ligeros,
todavía, susurros de las palabras.


Desde París arriba Amor en la palabra (Editinter, 2013) del poeta peruano Porfirio Mamani. Edición bilingüe, español-francés (traducción de Max Alhau). Consta de setenta y siete poemas breves en prosa, en donde las estaciones, la naturaleza y la soledad se convierten en los ámbitos que definen al amor. El amor define lo poético como una búsqueda condenada al fracaso, al más bello fracaso que puede haber, y por el cual vale la pena volver a intentarlo, emprender de nuevo ese afanoso viaje del deseo. Y el deseo es lo que da forma a las palabras. Por eso, el amor está en la palabra. Sin amor no hay poesía.

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Escribiré tu nombre en la nieve y en el mármol, en el
aire y en la tierra, en el tiempo y la distancia. No habrá otros
ojos que me den lo que me das con tu mirada, ni otra voz
como la tuya en el silencio de los tiempos que colmen la
soledad de mi pecho. He conservado este prado, este
huerto, estas flores para ti. Llegas de lejanas tierras para
reunirte conmigo en la gruta del tiempo y la nada. No habrá
puertas ni ventanas en la casa donde viviremos para
siempre. Te oiré cantar entre la hierba de los prados, entre
los huertos y jardines. Sentiré el perfume de tus brazos
como el aroma que dan las flores de los campos. Entonces,

escribiré tu nombre una vez más en el aire y la palabra.


martes, 8 de octubre de 2013

APARICIÓN DE LA NOVELA “SIETE DÍAS PARA MORIR” DE CHRISTIAN URRUTIA VÍA EDITORIAL ÁMBAR.




APARICIÓN DE LA NOVELA  “SIETE DÍAS PARA MORIR” DE CHRISTIAN URRUTIA

Editorial Ámbar se complace en anunciar la grata aparición del libro “Siete días para morir” de nuestro gran amigo Christian Urrutia. Desde aquí las felicitaciones del caso y un gran abrazo para su autor, no sin antes agradecerle por habernos entregado -en exclusiva- un ejemplar de la misma minutos después de haber salido de la imprenta. (C.P.Q).

A  continuación, lo dejamos con unas palabras del poeta y narrador Miguel Ildefonso:

Siete días para morir de Christian Urrutia, es la historia de amor de Víctor. Él es un joven estudiante universitario quien, a través del hallazgo de unos viejos papeles escolares, recuerda a una antigua enamorada, Karla. El destino le dará la oportunidad de volverla a ver, para lo cual el romántico muchacho se prepara durante una semana, porque pretende reconquistarla. Sin embargo, el destino se encargará de darle una, ni buena ni mala, lección: le enseñará lo que es la vida tal como es. Por ello el transcurso del tiempo es importante, tal como señala el título de esta breve novela de aprendizaje. Mientras se alista para el reencuentro amoroso, Víctor recurrirá a la memoria de su corta vida para poder avizorar un futuro de felicidad. Si bien es cierto que el final es abrupto, esto es porque quizás el fin de la inocencia no significa, necesariamente, el final del amor. Esta historia más bien incita, por tanto, a que el amor empiece siempre, y cada día, en todos los corazones de los lectores chicos y grandes. 

Miguel Ildefonso.
Invierno, 2013.
Portada del Sol.


miércoles, 25 de septiembre de 2013

“CUADRO EN MOVIMIENTO Y OTROS POEMAS” POR MIGUEL ILDEFONSO.




“CUADRO EN MOVIMIENTO Y OTROS POEMAS DE RAFAEL MIRANDA

Por: Miguel Ildefonso

Rafael Miranda (Lima, 1962) es narrador, poeta y abogado. En 2002 publicó un conjunto de cinco relatos titulado El encanto de Rita H. (Hipocampo Editores), en donde nos cuenta historias que develan el oscuro discurrir del tiempo bajo el prisma del amor y la cotidianeidad. Relatos fantásticos y existencialistas, en donde no sabemos si estamos al lado de Rita Hayworth o de Margarita Carmen Cansino. El protagonista, sin embargo, es Toto, y el ámbito es entre Lima y San Juan de Miraflores. El narrador penetra en las formas desesperadas de sus protagonistas por salir de una realidad absurda y aplastante; aunque, luego, veamos que la salida es solo una ilusión, un espejo de realidad en donde no caben más sueños. La burocracia, por ejemplo, está simbolizada en una silla. Y, finalmente, volvemos al origen del hombre, al inicio de toda esta supuesta evolución.

En el presente libro de poemas, Cuadro en movimiento y otros poemas (Luz de Agosto Editores, 2013), nos inmersa el autor en los vericuetos del amor y el erotismo, pero más que ser poemas líricos que solo cantan o celebran los escarceos del cuerpo, nos transportan a una ciudad y un tiempo convulsionados; algo semejante a su libro de relatos, pero en poesía, en poesía intensa, mejor dicho, y no exenta de ironía y compromiso social. Para ello, para fusionar el deseo íntimo del eros, con el pálpito social del thanatos, el poeta se vale de la tecnología y su imaginario. Es allí que reincorpora lo que las Vanguardias hicieron cuando la poesía se salía del Romanticismo puro. Es lo que nos dice el poeta Domingo de Ramos en el prólogo: “En sus textos se plantea la relación de música (rock en este caso), la pintura, la escritura y la tecnología. Las palabras son el hilo conductor que nos va a señalar a palpar estos objetos del dicente que va expresando su malestar y sus grandes goces de la vida en cada una de sus páginas.” Leamos este poema:

Dentro de Bob Marley

Mientras viajo en bus por la ciudad del cristal
Estoy en las canciones de Bob Marley
Escribiendo en las hojas de su música.

Un cuento de una mujer de plata

Ella es el color de mi cuerpo

Un cuerpo de versos.

Cuando la conocí, sus ojos eran dos naves
Que viajaban ´por el tiempo.

Una noche me invitó a pasear en su habitación de metáforas
me decía poesía de luna

Yo le cantaba en sus nalgas los ritmos
de Fellini,
quedé colgado en el televisor de sus ojos

Dentro de su cuarto se perdió su cuerpo,
No la hallaba
Me pidió prestado el mío.
Yo desabroché mi piel para entregarle mi carne

Mujer de carne / cabeza de flores

Hasta que salió a buscarme en mis sueños

Me encontró desnudo construido de palabras

Hicimos el amor

Desde entonces,
vive en mí.

A no ser que Bob nos despierte con un beso,
pero,
allá afuera no me gusta la realidad
más dulce es vivir dentro de mi cuento

Apaga el cassette, mi querido Bob.


sábado, 7 de septiembre de 2013

SOBRE LA MUESTRA POÉTICA “EL CLUB DE LA SERPIENTE”. REFLEXIONES SOBRE LA GENERACIÓN DEL 2000 POR JOSÉ MARÍA ZÁRATE.




“SOBRE LA MUESTRA POÉTICA EL CLUB DE LA SERPIENTE”

Reflexiones sobre la generación del 2000

Por: José María Zarate
Crítico de arte, ensayista y poeta.

“Pero cuando el poeta lírico es un verdadero
poeta, su obra es el espejo del corazón humano
en general”.
Arthur Schopenhauer.

Empezaré comentando la poesía de Raúl Solís, en razón que, por lo general, a él se lo suele considerar el líder del grupo poético Club de la Serpiente. Pues bien, para Solís, la poesía fue sinónimo de radicalidad y furia (digo que fue, porque en la actualidad su visión de la poesía ha cambiado. Ello debido a su reencuentro con el equilibrio de la mística católica). Prueba de ello es su negro texto Leyendo un magazine sobre los Sex Pistols. Aquel poema, sin duda alguna, es un vivo exponente del más furioso decadentismo poético. De ese modo, su texto es un canto lúgubre, o mejor dicho, es una denuncia contra la corrupción de los tiempos actuales. Leyendo un magazine…, es una protesta, un ataque (en masa) a la involución de la modernidad y postmodernidad. Este texto, a juicio de Solís, representa –o describe-, lo más bajo y podrido de la sociedad materialista y/o burguesa del siglo XX y XXI. De ahí que plasme imágenes de censura que golpean –o patean-, al mundo capitalista (encarnado aquí en la sociedad estadounidense y británica). Solís es juzgador y verdugo, es un censor implacable de una realidad delincuencial, pervertida y nauseabunda que va cayéndose a pedazos. Es un censor de la degeneración y la estupidez, del absurdo y lo grotesco, ya que retrata un tiempo caótico e imbécil. De esa manera, Solís, con su poema, sigue la tradición de aquella poesía denunciante –y extrema-, ya inaugurada por los antiguos vates griegos. En efecto: recordemos que Baquílides critico en sus días el materialismo –y la pérdida de valores-, de su sociedad con estas palabras: “Conozco también el gran poder de la riqueza, que incluso al inepto hace apto”. Y que Alceo, por su parte, afirmo apesadumbrado: “… pues así dicen que Aristodamo pronuncio una vez en Esparta una frase no sin sentido: el dinero es el hombre y ningún pobre es ni noble ni honrado”. Y que Anacreonte, por su lado, se lamento de esta manera: “No se piensa más que en el oro. ¡Maldito sea el inventor del oro! Y que incluso Aristófanes en su comedia Pluto, por boca de Carion declara con sarcasmo: “Seguramente, es Pluto el principio de todo… (quizás no sea ocioso recordar que Pluto era el dios heleno de la riqueza y/o dinero)”. Ahora bien, con el tiempo la poesía se volverá más mordaz, excesiva y contestataria. Así, en Roma surgirán personajes como Catulo, Ovidio, Arriano, Juvenal y Persio.

Ahora bien: ciñéndonos ya a la modernidad, diremos que Leyendo un magazine… continua la tradición radical –o decadente-, de la poesía moderna, la cual está representada en trabajos como La flores del mal (Baudelaire), Una temporada en el infierno (Rimbaud), Los cantos de Maldoror (Lautreamont), Poeta en Nueva York (García Lorca), Tierra Baldía (T.S. Eliot), Residencia en la Tierra y Tercera residencia (Pablo Neruda). Lo repito: su poema denunciante se enmarca en esta tradición.

Por lo expuesto, se hace evidente que Solís es el más trágico, brutal y contestatario de los autores que publicaron en el libro aquí comentado, y su poema Leyendo un magazine…, es prueba convincente de ello.

El poeta Henry Miranda, en este trabajo se muestra básicamente como un creador romántico. Por eso leemos que le expresa a su musa: “Respirando frenéticamente, a dúo, / nos miraremos con ojos de fuego, / nos abrazaremos sin detenimiento apretados/ apretados nos incendiaremos y nuestras cenizas…/ quedaran entremezcladas”. Su poética, en esencia, se nutre de la añoranza, la tristeza, la pasión, la esperanza y la desesperanza. El autor entreteje metáforas intensas y dolientes, tales como: “Te desnudo pensando en la catarata/ En mis ojos nace el puro dolor/ Creces para mi entre las sabanas/Caigo por la sed donde me duelo”. Y en otro lugar manifiesta con el mismo espíritu: “Hoy encontrare el infierno/ En ti, en nosotros, en el amor”. Miranda es un bardo competente y directo. Conoce muy bien su oficio. Quienes conocen su obra saben que el cuenta con muchos recursos poéticos. Sus imágenes pueden ser verdaderos rayos de luz. Además, vale la pena resaltar que el autor sigue la vital tradición de los trovadores de la mujer (esto es, del amor).  Así, en una publicación posterior dio a conocer un texto titulado Una guitarra eléctrica naciendo del pecho de una mujer, en donde le canta a su amada: “Construiré un espejo con animales luminosos/ Para que peines tu cabellera”. Versificar a las féminas es uno de los temas predilectos de Miranda. Y está muy bien que así sea.

El vate Frank Turlis, en la presente Muestra poética, explora un espacio-tiempo-sombrío. Su primer poema empieza de este modo: “Un poema roto/ Una noche oscura…”. Luego, en su segundo texto, significativamente llamado Sin redención, el poeta expresa entre otras cosas: “Nostalgia que ahoga la alborada/ Marioneta barata del cielo lúgubre…/ Las hojas secas caen lentamente en mi cama/ Pie lisiado que se oculta”. El titulo del poema habla por si mismo. Ahora bien, salta a la vista que la poesía de Turlis está influenciada por diversas imágenes de la cultura oriental. Tal vez el intenta descubrir las claves de la sabiduría del complejo hinduismo (que en su poesía encarnan a los libros de Prabhupada). Los versos de Frank Turlis buscan ser reflexivos: es decir, pretenden alejarse de lo cotidiano e intrascendente. Sus versos son interrogantes metafísicos. Por eso, el poeta declara en un lugar: “El silencio se apoderaba de todo al caminar por esa/ gran avenida… Ahora estoy en un vagón mirando ese horizonte aplastado por el/ tiempo…”. ¿Acaso el autor pretende desentrañar a esa categoría metafísica llamada angustia? Por último, diremos que Turlis, al parecer desea construir una suerte de haiku en su Bendición solar. Primera versión (el haiku, como es sabido por todos, ha sido estudiado entre nosotros  -los latinoamericanos-, por Octavio Paz. Véase sus trabajos Tres momentos de la literatura japonesa, Estela de Juan José Tablada y La tradición del haiku). Eso no debería de sorprendernos, en vista a la admiración que tiene el poeta por la cultura de Oriente.

Ahora bien, esta Muestra Poética es un esfuerzo por mantener en vigencia la poesía peruana. Y es que esfuerzo es sinónimo de vigencia. En tal sentido, debemos de seguir peleando. No debemos desmayar en nuestros esfuerzos por crear el poema total, la canción absoluta, el poema infinito. José Ortega y Gasset en su La rebelión de las masas (Parte I, cap. I9, sentencio: “el hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás, sino el que se exige más que los demás…” Esforcémonos, entonces, por ser cada vez mejores. En fin… La poesía –y la generación del 2000-, no pueden detenerse.

Finalmente, acabaré esta breve crítica recomendando la lectura de este libro.


Lima, Septiembre del 2013.


jueves, 29 de agosto de 2013

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “CONSTRUCCIÓN CIVIL” DE WILLY GÓMEZ MIGLIARO.




“PRESENTACIÓN DEL LIBRO CONSTRUCCIÓN CIVIL DE WILLY GÓMEZ MIGLIARO
INVITACIÓN 
“CONSTRUCCIÓN CIVIL”
de Willy Gómez Migliaro 
Presentan:
Dalmacia Ruíz-Rosas Samohod
Miguel Ildefonso
Juan Pablo Mejía
Día: Jueves 5 de setiembre
Hora: 7:30 pm.
Lugar: Instituto Raúl Porras Barrenechea
Calle Colina N" 398, Miraflores
Altura Cdra. 52 de la Av. Arequipa
(Hacia la Vía Expresa)
 Entrada Libre


lunes, 19 de agosto de 2013

sábado, 10 de agosto de 2013

viernes, 9 de agosto de 2013

2DO FESTIVAL DE NARRACIÓN ORAL “PURO CUENTO”.



“EL CUENTO A TU ENCUENTRO”.



martes, 6 de agosto de 2013

“EL ESCRITOR DE HOY” POR NAUDÍN GRACIÁN.




“EL ESCRITOR DE HOY”

Por: Naudín Gracián

Hay demasiada gente contenta. ¿Acaso dije alguna tontería?
–Foción–

Para casi todas las personas que no tienen ningún contacto con la producción de literatura, eso de ser escritor es algo así como alguien que tiene un don, casi un mago que tiene contacto con las musas o la inspiración.

En verdad este don no siempre es motivo de envidia y para ciertas personas es causa de temor y hasta de odio; pero incluso para ellas sigue siendo algo fuera de lo corriente, tal vez una maldición, una enfermedad o un castigo divino, en todo caso algo que está fuera del mundo natural o de la cordura. Se ha tratado de cambiar esta imagen y de allí los múltiples esfuerzos porque todas las personas aprendan a escribir satisfactoriamente bien cualquier clase de texto, incluso literarios, sin que necesariamente tengan algún interés en convertirse en escritores. De todas maneras, contrario a la realidad actual, sigue siendo muy amplia la concepción de que el oficio de escribir es algo muy personal, que se hace a solas y sólo condicionado por las musas.

Cuando yo comencé a adentrarme en el mundo de los escritores, no sólo tenía esa misma visión, sino que la consideraba como una especie de dogma, lo natural y obligatorio en esta profesión que no era un oficio sino una condena, no porque fuera especialmente doloroso, sino porque no se podía escoger ni evitar una vez se nacía con el destino de ser escritor. Sin embargo, bien pronto supe que existían personas cuyo trabajo era escribir (algo equivalente a hacer panes, muebles, salchichas, etc.), incluso obras de ficción, algunas de las cuales eran comercializadas en forma masiva, despreciablemente masiva. Más tarde me enteré de que había quienes escribían para que otros les pusieran su nombre a esos libros con el objetivo de que pudieran ser vendidos en grandes cantidades, gracias a la fama de quienes los firmaban; que había quienes trabajan ayudándoles a otros a armar historias con sus ideas…, pero en todo caso esos no eran escritores en el verdadero sentido de la palabra, ni esos textos considerados obras literarias.

Entendía yo en aquellos entonces que el escribir no tenía relación alguna con el mercado de las obras (distribución y publicidad); de eso se suponía se encargaban los comerciantes, los cuales, por supuesto, no escribían ni pretendían interferir en ese acto mágico que ellos no dominaban. Mi idea (y la de los entusiastas principiantes que conocía) era que se escribía pensando exclusivamente en la calidad estética, y por ello uno debía estar dispuesto incluso a morirse de hambre si su literatura no se comprendía ni se valoraba en su tiempo, pues precisamente eso sucedía con los escritores que muchos años después de muertos eran considerados grandes genios. Creía que el acto de escribir era algo personalísimo que casi no aceptaba indicaciones ajenas, mucho menos parámetros o condiciones de comerciantes (editores y distribuidores) que, por supuesto, no sabían nada de escribir. Se consideraba una ley natural que el libro se vendiera a través del tiempo y por lo tanto el escritor no tenía prisa alguna en publicar libros ya que su vigencia no dependía de qué tanto bombardeara el mercado, sino de la calidad de sus obras, la cual por lo general no es compatible con la prisa (Juan Rulfo y Franz Kafka eran ejemplos muy socorridos al hablar de esto). Ello daba como consecuencia que se veneraba a los escritores viejos (y aún más a los ya muertos) ya que eran los que habían tenido el tiempo, las lecturas y el aprendizaje necesarios para acendrar el estilo y la sabiduría que garantizan una calidad indiscutible de las obras.

Por eso uno no puede menos que asombrarse, preocuparse e incluso decepcionarse del viraje que ha tomado la condición de ser escritor. Primero que todo, se ha convertido directa y llanamente en un oficio más, que no tiene nada de don y ni siquiera de especialmente intelectual sino en un medio tan válido como cualquiera para hacer dinero, para ganarse la vida con mayor o menor éxito, como cualquier otro oficio que puede ejercer cualquier persona. Simplemente consiste en aprender ciertas habilidades y técnicas que se constituyen en las herramientas para que la persona pueda generar unas ideas, organizarlas y plasmarlas atractivamente con el fin de ser vendidas. Tanto es así que existen especializaciones cuyo título consiste en declarar “escritor” a quienes las cursan e incluso actualmente se implementa en Colombia un pregrado para lo mismo. Como sucede en las demás carreras académicas, en las cuales se gradúan profesionales con diferentes niveles de calidad, pero todos son profesionales en su área, de igual manera al terminar estas carreras todos los que las cursan son escritores con mayor o menor éxito. También existe toda clase de ofertas de tics o ayudas para ganarse concursos, para tener éxito con las editoriales, con los medios masivos de comunicación; indicaciones para que los personajes sean atractivos, las historias interesantes; los temas que debe tocar una novela para que intrigue, levante escándalo o “toque” a sus lectores; los personajes necesarios para que un mayor público la adquiera; ahora incluso hay editores que le dan el tema a los escritores, el estilo en que debe escribirse y hasta la estructura del libro, y, por supuesto, hay escribidores que los complacen para sacar un producto altamente comercial. Un comentario negativo sobre una novela inédita hoy en día es una frase que hace unos años sonaba a elogio: “Es muy buena, pero no es nada fácil o sea muy poco comercial”. Bajo ese parámetro, que hoy es fundamental para las editoriales a la hora de publicar una obra y, por consiguiente, para su éxito o fracaso, estamos seguros de que Kafka, Camus, Dostovyeski, Hesse, Mann y muchos otros genios de la literatura de todos los tiempos, cuyas obras bucean en las aguas abisales del alma humana, no hubieran sido tenidos en cuenta por las editoriales. El ideal de los escritores (varios me lo han manifestado) es que su libro sea llevado a la pantalla grande y por ello es notoria la visión cinematográfica de sus narraciones (antes, el hecho de que a un autor le llevaran al cine sus obras, que sus textos fueran fácilmente traducidos a imágenes, era prueba de que su literatura era liviana), o escribir un libro como Harry Potter o El Código Da Vinci, o tener el éxito de Cohello, cuya clase de productos también existía cuando yo me inicié en la literatura, pero en esos entonces no era considerado arte y era motivo de burlas, nunca un ideal.

Ahora, a la hora de publicar, los escritores hablan de estrategia de medios: entrevistas, reseñas, talk shows, portadas de revistas, escándalos; y de publicar libros con cierta periodicidad para mantener vigencia pues “quien no aparece en los medios masivos de comunicación no existe”. Pasó el tiempo de “el libro debe defenderse solo pues es una comunión entre el texto y el lector en la cual, una vez publicado el texto, el autor no tiene nada que hacer”. Ahora al libro, como a cualquier otro producto, se le aplica la máxima que reza que “lo que no se muestra no se vende” y lo que no se vende en grandes cantidades es como si no existiera.

Sumado a esto, los escritores exitosos, que se mueven como pez en el agua en las élites culturales del país, pareciera que te dieran de cachetadas con sus biografías. Es como si te dijeran: “Cómo vas a pretender surgir en un mundo dominado por profesionales de los Andes,la Javeriana, La Sabana, la UPB, con especializaciones y doctorados en las universidades más prestigiosas de Europa, a unas edades tan tiernas que a los cuarenta te hacen sentir un brontosaurio”. O sea: cómo vas a competir con personas bien comidas, bien dormidas, con todo el haber literario y cultural a la mano, criadas en las grandes urbes, en contacto permanente desde la infancia con las élites culturales y periodísticas del país y del mundo, y que no tuvieron que perder un valioso tiempo de lecturas y formación en una cosa tan anodina y aplastante como es conseguir la comida. Según sus biografías, estudiaron varias carreras al mismo tiempo, prácticamente no habían terminado el pregrado cuando ya adelantaban una maestría o un doctorado; han conocido países y continentes con la solvencia con que se pasa de un patio a otro en las casas de los pobres. Pareciera que sus biografías gritaran: el éxito literario es para los que han estudiado donde da prestigio, han viajado a los lugares y en los momentos precisos, han conocido a las personas que pueden dar impulso, recomendar, reseñar, traducir o premiar; han estado en contacto constante con los medios; en fin, que el éxito literario es para los ricos (las excepciones existen, pero, como se sabe, confirman la validez de la regla).

Esto hace que se perciba un mensaje soterrado que apunta a considerar que los escritores viejos son obsoletos, no están al día con el gusto de la actualidad, de los jóvenes. Al respecto recordemos la diatriba de Medina Reyes contra García Márquez según la cual una prueba de que éste es una especie de dinosaurio de la literatura es que la sobrina de Medina no lo lee. Con esa perspectiva vemos que hoy en día la literatura está plagada de citas y referencias a los ídolos efímeros de una música superficial y ruidosa que se vende en cantidades estrambóticas, a los grandes genios y estrellas del cine hollywoodense, a los alucinógenos y sus sublimes efectos, a los últimos adelantos tecnológicos, a los genios del capitalismo salvaje, etc., de la misma manera como antes se citaba o se hacían referencias a los grandes creadores de la filosofía, de la música y del arte universal. 

Anteriormente el gran dilema para un pichón de escritor era si estaba decidido a vivir mal e incluso a morirse de hambre consagrándose al arte, o si se dedicaba a una actividad próspera económicamente (dejar de ser escritor, se entiende). Ahora la disyuntiva es si está dispuesto a esa vida de poses, managers, condiciones de las editoriales, estrategias, etc., propia de un artista exitoso, o si se dedica a ser un escritor marginal (más bien marginado), condenado sin remedio a ser ignorado y al olvido.

Fuente:

Link:
http://ngracian.blogspot.com/2013/08/el-escritor-de-hoy.html


lunes, 29 de julio de 2013

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “POR EL ARTE DE LOS KIPUS” DE OFELIA HUAMANCHUMO ESTE SÁBADO 03 DE AGOSTO EN LA CASA DE LA LITERATURA PERUANA.



PRESENTACIÓN DEL LIBRO “POR EL ARTE DE LOS KIPUS” DE OFELIA HUAMANCHUMO


Invita:

A la presentación de la novela

“POR EL ARTE DE LOS QUIPUS”

de

Ofelia Huamanchumo de la Cuba

Comentan:


Lugar:

Casa de la Literatura Peruana

Fecha y hora:

03 de agosto / 7:00 p.m.

Ingreso libre


domingo, 21 de julio de 2013

“NADA DEL OTRO MUNDO” POR CHARLY MARTÍNEZ.



“NADA DEL OTRO MUNDO DE PAOLO ASTORGA”

Por: Charly Martínez

La historia de la literatura nos ha demostrado que el salto que han dado muchos escritores al pasar del género poético al narrativo ha sido realmente interesante y, no pocas veces, genial. Pienso ahora en Lezama Lima con su “Muerte de Narciso”, Cortázar con su “Presencia” o quizá también en Borges haciendo sus pininos al publicar aquel bello libro de poemas titulado “Fervor de Buenos Aires”; el resto ya es historia harto conocida, pues estos gigantes de las letras optarían finalmente por la prosa, extendiendo su magia a límites insospechados, convirtiéndose en abanderados y paradigmas de la vanguardia de aquellos tiempos y de los venideros. He mencionado estos tres casos tan solo por circunscribirme al panorama latinoamericano, aunque en otros continentes situaciones similares se cuentan a montones.

Como dije líneas arriba, el producto originado por ese salto de un género a otro en muchos autores ha resultado estupendo. Ahora bien, no debemos excluir de esta pléyade a Paolo Astorga (Lima - Perú, 1987) quien en su segundo libro de cuentos, “Nada del otro mundo” (Eclosión editores, 2013) saca a relucir un mayor afianzamiento en sus dotes respecto al primero “Siete cuentos para volver” que vio la luz hace unos meses y que ahora se reedita bajo el mismo sello; entre su vasta producción el laureado poeta Astorga nos ha obsequiado intensos poemarios y acertadas reseñas, publicadas todas con cierta regularidad, pero en esta nueva entrega la calidad de los textos es sorprendente. Así, el epígrafe de Sartre: “No hay necesidad de fuego. El infierno son los otros”, es el umbral de entrada a un mundo subyugado por la melancolía y la desazón, donde habitan seres castrados, cansados, enajenados por el absurdo del vivir, presentando en su idiosincrasia una fatal ambivalencia que oscila entre el malestar y el placer cuasi masoquista. El resto, quienes los rodean, son tan repulsivos, deformados e infelices como los primeros. Así, en el primer cuento (cuyo título lleva el mismo nombre del protagonista) Daniel es un adolescente inseguro que anda enamorado de Juliana, su amor platónico, a quien constantemente idealiza y a la cual está a punto de declarársele en una fiesta, pero el destino hace de las suyas y le juega una mala pasada. Desde que despierta en la mañana se muestra temeroso, manteniendo aquella dualidad en su conciencia de adolescente inmaduro, deseando en el fondo que no sea el día de la fiesta (“¿Qué le sucedía? ¿Acaso era la mañana frondosa que con su luz amordazaba las sábanas? ¿Por qué no quería despertar?...”). Aunque haya estado esperando aquella ocasión desde hace mucho tiempo. Con singular maestría, el autor mantiene el clímax in crescendo dibujándonos a un jovencito frustrado (“pensaba en lo más enigmático de ella pero, sobre todo, en lo más inútil de él”) e interpolando frases líricas (“mientras el sábado lo apuñalaba con su angustia y sordidez”). Deducimos que la existencia es tan solo un tenebroso espejismo, un fatal artilugio de palabras; en “Nada del otro mundo”, Manuel es un hombre harto de su mujer, a quien ya no desea como antes y que, en consecuencia, no puede complacer (“ese cuerpo que ya probó y probó hasta el empacho”); a él nada le importa, tan solo anda deseoso de “poder mandar a la mierda a todo el mundo y seguir tan idiota como siempre esperando que amanezca pronto, que amanezca pronto y así poder alardear angustiadísimo que vivió un día más”. En dicho cuento se narran los instantes posteriores al encuentro sexual entre la pareja, enfocándose sobre todo en la frustración de Manuel que ha terminado antes de tiempo, y es que cuando se prioriza el acto carnal en una relación amorosa sucede que nos animalizamos, dejando de lado la verdadera sustancia: el resultado es el hastío existencial de uno de los cónyuges, generando un mundo interior rico y además, complicado, junto a una satisfacción egoísta que se ha subjetivado demasiado. También narrando un idilio amoroso –aunque aquí el “amor” alcance niveles enfermizos- aparece “Como si esto nunca hubiera sucedido”, el tercer cuento, que nos recuerda muchísimo a las historias estilo triller de “El club de los parricidas” de Ambrose Bierce y también a ciertos personajes de Rubém Fonseca. Aquí el narrador-protagonista le va contando a un supuesto oficial de policía como fue seduciendo a Claudia, una joven quinceañera para, finalmente, asesinarla. Se trata de una confesión fría, reveladora de una personalidad sumamente patológica, volcada con todas sus energías hacia el homicidio. (“Ella anulaba en mí toda codicia, toda voluntad de ser concupiscente. Ella me había castrado totalmente y eso me hacía temer. Colmaba mi paciencia. Me enfurecía”). “Lo peor” podría fácilmente condensar todos los elementos presentes en la integridad del libro, (dolor, odio y marginalidad) manejando el protagonista, en algunas partes del discurso textual, un discurso beckettiano (“Ser feo no es lo peor. Lo peor es estar vivo. Todos los días de mi vida me lo he pasado estrangulando la ignorancia de los demás con palabras de explicación pero mucha, mucha indiferencia”). Luego, más adelante, dice: “Desgraciado otra vez y sin decir nada, cual despojo humano entre animal y cosa impronunciable me alejo del grupo de zorras que se agolpan en la esquina para hablar de sus guapísimos enamorados”; como se podrá observar el autor nos presenta claros y rotundos visos kafkianos. “Lo peor” es, pues, la narración en primera persona de un jovencito poco agraciado, a quien todas las chicas y los chicos de su barrio marginan, burlándose cruelmente de su fealdad. Solo tiene a una pequeña “amiga”, Nathaly, de ocho años de edad, quien le saluda sin hipocresía cuando lo ve por la calle y hasta a veces le hace obsequios, como invitarle una manzana. Se trata del grito desesperado de un relegado social y donde quizá se sientan identificados todos los excluidos, aunque dicha marginación está conllevada por elementos nunca tan alejados de los verdaderos parámetros estéticos, elementos seguramente incubados en el intelecto obtuso de adolescentes inmaduros, como los que habitan el cuento. “Existe belleza en lo extremadamente bello y en lo extremadamente feo”, decía Víctor Humareda. Las líneas finales son aterradoras, y han sido germinadas en la atormentada conciencia del protagonista. La siguiente historia, “Relato cursi”, vendría a ser algo así como la satisfacción del fetichismo, el placer hallado en lo breve o lo efímero. Viene influenciado, creo yo, por las tendencias modernas (sobre todo en los jóvenes) donde impera la rapidez, las relaciones amorosas ligeras o light. Pero hay más. El protagonista es un joven obsesivo que anhela tan solo darle un beso a su amor platónico pero, eso sí, sin caer en el enamoramiento, aunque en el fondo desearía llegar más lejos. Mención aparte merece Pequeño cuento sobre un suicida, donde el autor hace una comparación entre la forma correcta de suicidarse (indicada por un hombre de aspecto gótico en un video de YouTube) y -en contraste- la manera como lo haría “nuestro suicida idiota”, que vendría a ser la más sencilla y simple, sin ningún tipo de originalidad y ningún afán de perennización post mortem. Siempre he pensado en aquellas inmolaciones engalanadas con riquísimos criterios estéticos (desde la ropa que se va a usar por última vez hasta el tipo de muerte escogida) como algo más que un mero suicidio puesto que al fundar “nuevas estéticas del acto mortuorio” (como dice el autor) el suicida estaría prolongando su actividad creadora, aunque esta concepción sería válida sobre todo para el artista que decide optar por ese camino. De este modo, el novelista o pintor “crea”, pues la sociedad, a pesar de que ha sufrido su pérdida, observará que él manifiesta una regresión a su anterior esencia, a su arte; se trata, pues, de un cuento precioso donde vida y muerte se entremezclan en un atractivo juego lúdico. “Siempre” es, quizá, la historia más sencilla del cuentario, y está manejada con la solvencia de Raymond Carver o de Grace Paley, aunque cabría señalar que rehúye a lo manoseado o trillado, pues contiene al menos un elemento interesante que la singulariza. Argumento: Mariela es una escolar bella y arrogante que mantiene una tormentosa relación con César, pues casi siempre discuten y ella lo termina. Sin embargo, a pesar de todos los problemas, la pareja vuelve a juntarse. En esta oportunidad se narra lo sucedido luego del rompimiento definitivo, la insistencia de César para reanudar el noviazgo y como cierto día Mariela inicia nuevos amoríos con “la sombra”. Quizá el autor ponga en relieve los fantasmas interiores de su personaje, pues “la sombra” simboliza la derrota, los miedos y los temores más profundos del protagonista, que viene a ser el claro prototipo del joven con baja autoestima, sumiso y torpe, mientras que su rival saca a relucir una personalidad ambigua y socarrona, hondamente determinada por lo práctico y lo superfluo, desdeñando los más profundos sentimientos. Es, pues, todo lo contrario de César, que ya se ha enamorado perdidamente. En conclusión, “Siempre” es un cuento logrado, lleno de amargura y decepción.

El autor nos ha entregado un libro de cuentos fresco, sin demasiados afanes estilísticos aunque, eso sí, aderezados con ribetes poéticos; es más, luego de una segunda lectura el libro resulta más fascinante, y se nos abren caminos que en una primera revisión no se hallaban presentes, sumergiéndonos en esos mundos de pesadilla constituidos por los universos particulares de cada personaje; y es que tan brutal ha sido el golpe de esta gran mole llamada sociedad que hasta en sus escasos momentos de placer o satisfacción estos seres disconformes se sienten como amordazados, hastiados de todo. Definitivamente, “Nada del otro mundo” es un acierto dentro de las más recientes publicaciones aparecidas recientemente en las letras peruanas.

Ate, 18 de julio 2013