sábado, 7 de febrero de 2009

El rey Lear en Asunción por Tomás Eloy Martínez

PRIMEROS AÑOS.
El joven Roa Bastos escribió "El trueno entre las hojas" en los descansos que le permitía su trabajo como camarero en un hotel de citas

Considerada una de las grandes obras de su autor, "Lugar común la muerte" reaparece por estos días en las librerías argentinas, con el sello de Alfaguara. Adelantamos el texto sobre Augusto Roa Bastos -versión ampliada de un artículo publicado en LA NACION con motivo del fallecimiento del escritor paraguayo- que constituye una de las novedades de la presente edición del libro.

Por Tomás Eloy Martínez

La última vez que hablé por teléfono con Augusto Roa Bastos, una mañana tórrida de enero de 2005, nos quedamos varios segundos en silencio. Lo sentí fatigado, tristísimo."¿Estás ahí todavía?", le pregunté. "Estoy -me dijo-, pero no sé por cuánto tiempo." Me pareció otra de las bromas que se gastaba a sí mismo: las centellas de sarcasmo que dejaba caer sobre la decadencia del cuerpo y la fugacidad de la fama. Han pasado tres meses y hoy, 26 de abril, acaban de avisarme que ha muerto en Asunción -adonde fue hace diez años para eso: para despedirse y morir-, y me resisto a creerlo. Es una muerte que me agravia en primera persona.

Augusto fue el primer amigo que tuve cuando llegué a Buenos Aires, poco después de cumplir 20 años, y el escritor con el que he compartido más intimidades a lo largo de la vida. Durante meses nos enviamos cartas en las que reflexionábamos sobre nuestra condición de latinoamericanos subtropicales. Con desvergüenza le conté que me desvelaba escribiendo una novela sin pies ni cabeza mientras él me hacía llegar los cuentos poderosos que luego reuniría en “El trueno entre las hojas”. En una de sus cartas me confió: "Escribo los cuentos en los descansos de mi trabajo como mozo de dormitorio de la amueblada F". Amueblada era el nombre que se daba en la Buenos Aires de los años cincuenta a los hoteles para las parejas clandestinas. Alguien me había contado, poco tiempo antes, que Augusto era agente de la compañía de seguros Continental, y ya me había acostumbrado a imaginarlo como el Fred Mac Murray que vende pólizas envenenadas en Double Indemnity. Conocer su verdadera y extravagante ocupación descolocó al provinciano ingenuo que yo era entonces, y que quizá sigo siendo. "El trabajo que hago no es exigente y me quedan muchas horas libres. Llevo bebidas a los cuartos y las parejas me dan propinas generosas por eso. Cuando se van, recojo las sábanas y las toallas y las llevo a la lavandería. Todos los clientes se avergüenzan. Los aterra el escándalo y por lo general no hay problemas. Yo finjo que a nadie reconozco, pero más de una vez me he cruzado con escritores que me dan vuelta la cara. ¡Si supieras! Los aterra la idea de que uno de sus colegas se rebaje a menesteres tan despreciables, porque ven en mí el espejo de sus abismos."

Cuando releo esas viejas cartas amarillentas tengo la impresión de que su voz todavía sigue viva en ellas, burlándose de las formalidades del mundo y, sobre todo, burlándose de sí mismo.

Ya en Buenos Aires, nos reuníamos con Amelia Biagioni en el café La Fragata, a pocos pasos del diario LA NACION, donde yo empecé a trabajar en 1957. Augusto me daba a leer los cuentos del entonces desconocido Juan Rulfo, y Amelia se solazaba sorprendiéndonos con los versos más herméticos de “Trilce”. Muy pocas veces condescendía a leernos su propia obra, que era extraordinaria y sigue siéndolo. Yo tenía la sospecha de que estaba enamorada secretamente de Augusto. Hablaba de él con una admiración que llegaba casi hasta el endiosamiento. Roa Bastos parecía no advertirlo o prefería dejar el tema en el aire. Otras Amelias lo inquietaban entonces.

Una de esas tardes nos llevó a La Fragata ejemplares de “El trueno entre las hojas”, que acababa de ser publicado por Losada y nos habló por primera vez del fresco sobre la guerra del Chaco que estaba escribiendo entonces y que iba a llamarse “Hijo de hombre”. Creo que fui una de las primeras personas a la que dio a leer el manuscrito de esa obra, así como él fue el primer lector de mi fallida novela “Sagrado”, a la que dedicó reseñas demasiado generosas en el diario La Gaceta de Tucumán y en la revista “Sur”. En 1972 compartía con Amelia Nassi -su compañera de entonces- un departamento modesto en Villa Crespo. Yo solía visitarlos por las tardes. Oía entonces a Roa leer las páginas majestuosas de “Yo el Supremo”, en las que brillaba una luz de eternidad que parecía engendrada por un poeta de otro mundo. Amelia nos servía té, y ella también se extasiaba escuchándolo. Una o dos veces me despertó en medio de la noche para que fuera en busca de un médico. Augusto se quedaba sin aire y parecía que iba a morir de un momento a otro. El médico lo revisaba, verificaba la presión, lo sometía a electrocardiogramas, y al fin dictaminaba que su salud era tan buena como la de un niño feliz. Augusto insistía en que se estaba muriendo de un ataque al corazón, cuando lo que estaba desquiciándolo, en verdad, era la angustia de esa novela monumental, omnipotente, que le crecía por dentro como una población de difuntos.

Al regresar de una de las excursiones a la sala de emergencias, nos entretuvo recitando, como si nada hubiera pasado, unos versos de “El rey Lear”, la tragedia de Shakespeare que más le gustaba: "La vida es tan dulce / que preferimos una muerte incesante / a morir de una vez". Tenía una voz musical y sentenciosa, que acentuaba las consonantes con la lengua doblada hacia adentro, tal como hacen los guaraníes.

Muchos años después le pregunté si lo que le sucedía en aquellas noches no eran meros ataques de pánico por el miedo a morir antes de terminar su novela. La pregunta lo ofendió. "Estaba enfermo de veras", me corrigió. "Sufría arritmias graves, picos de hipertensión, y en el hospital se lo tomaban muy en serio. Contra lo que suponés, nada me daba miedo. Yo estaba seguro de que no moriría antes de la última página del Supremo y sabía que, aun muerto, la novela se seguiría escribiendo."

Después del éxito abismal de su libro, Roa Bastos se afincó en el sur de Francia, convocado por la universidad de Toulouse le Mirail. Allí conoció a su siguiente compañera, Iris Giménez, especialista en la lengua náhuatl y en cultura azteca. Desde entonces nos veíamos muy de vez en cuando. Aun así, yo lo llamaba por teléfono siempre que pasaba por París así como él me llamaba cada vez que viajaba a Caracas, donde me refugié de las crueldades argentinas durante casi una década.

Hacia 1989, cuando le dieron el premio Cervantes, recuperamos la costumbre de las cartas. En verdad, era yo quien le escribía. El Supremo era una obra irrepetible e inalcanzable, y todo lo que Roa publicó después parecía la sombra pálida de aquel portento. Leí con avidez “Vigilia del Almirante”, que apareció en vísperas del Quinto Centenario del descubrimiento de Colón. Al año siguiente me precipité sobre “El Fiscal”, que prometía continuar la trilogía sobre lo que Roa llamaba "el monoteísmo del poder", con la esperanza de que asomara allí la grandeza de sus obras mayores. En Vigilia noté que se cubría las espaldas repitiendo algunos de los trucos retóricos del Supremo; y que en El Fiscal reaparecían ciertas malezas naturalistas de “Hijo de hombre”. Como lo quería mucho, incurrí en la torpeza de señalarle que su camino de narrador llevaba ya quince años navegando con las velas caídas. No había pedido mi opinión y temí perder su amistad, pero me desarmó con un mensaje lleno de afecto. Me dijo que cuando leyera “Madama Sui” -la novela sobre la amante del dictador Stroessner en la que por entonces trabajaba- tendría que retractarme. Hasta el sol de hoy lamento no haber podido darle la razón. Tuve que esperar hasta el año 2002, cuando me hizo llegar desde Asunción un relato extraordinario, "Frente al frente argentino", parte de un libro escrito a ocho manos con Alejandro Maciel, Eric Nepomuceno y Omar Prego Gadea. Es otra de sus obras maestras: un diálogo sobre la guerra y la creación artística entre el pintor Cándido López y el general Bartolomé Mitre, desvelado el uno por la traducción de “La Divina Comedia” y atormentado el otro por la torpeza con que su mano única, la izquierda, vertía en el lienzo las imágenes de la batalla de Curupaytí.

Casi todos mis recuerdos de juventud están enlazados a la figura de Roa Bastos. En 1961 renuncié a LA NACION y me gané la vida tejiendo frasecitas para una agencia de publicidad. Vivía en Adrogué, a cuarenta minutos de tren de Buenos Aires, y no tenía dinero para acercarme a La Fragata, donde Roa y Amelia seguían encontrándose.

En esos meses escribí unos pocos guiones de cine, a los que Augusto prestó una atención que no merecían. Me invitó a colaborar en tres o cuatro de las películas que le encomendaron los directores jóvenes del cine argentino. Yo tardaba semanas en un trabajo que a él le fluía en pocas horas con una facilidad y una felicidad que siempre me parecieron milagrosas. Nunca supe si los diálogos que escribí le sirvieron de algo y tampoco me animé a preguntárselo. Temía que no me dijera la verdad, o que esa verdad fuera desoladora.

Todas las noches nos reuníamos con el productor Sergio Kogan a discutir nuestros libretos en un piso suntuoso de la avenida Libertador, al que yo llegaba después de caminar seis kilómetros. El productor nos convocaba en el dormitorio de su esposa -la actriz mexicana Rosita Quintana-, tapizado de pieles blancas y de almohadones de seda. Yo no prestaba atención al decorado sino a la invariable comida con la que Kogan nos despertaba la imaginación. Roa siempre recordó con ironía esos años difíciles y las carcajadas de alivio con que emergíamos de nuestras vigilias.

Más de una vez me lanzó salvavidas para eludir la pobreza. Todos fueron providenciales. Hubo uno, sin embargo, que estuvo a punto de hundirme. Cierta noche de 1963, cuando acabábamos de llegar a la casa de Kogan y aún no habíamos comido, supimos que el productor estaba urgido por encontrar una novela que contara la historia de un boxeador y de una esposa infiel. "Necesito algo simple con lo que ustedes me puedan hacer un guión en pocos días." El productor había contratado al campeón letón Wolf Rubinsky, lo tenía desde hacía un mes alojado en su casa y no sabía cómo ni en qué podía emplearlo. Sin un aviso ni una seña, Augusto dejó caer la noticia falsa de que yo tenía una novela con ese tema. "Es una novela muy buena, Sergio. Ya que usted tiene tanto apuro, Tomás se la puede traer mañana mismo. Si quiere la exclusividad, le tiene que pagar por lo menos tres mil dólares." Yo recibía diez veces menos por cada guión terminado, y tres mil era una suma que no me cabía en los sueños. La novela no existía y Augusto había soltado al viento una oferta imposible, pero no me animé a desmentirlo.

Lo miré incrédulo. Aunque yo estaba trabajando en una novela sin boxeadores ni esposas infieles, marchaba a ritmo tan lento que para terminarla necesitaba al menos dos años. Enmudecí, sin saber qué hacer. "Si me gusta el libro, pagaré lo que sea", dijo Kogan.

Pensé que era Augusto quien tenía ya escrita una novela con esa historia u otra parecida, y que me usaba como escudo porque no se animaba a presentarla como propia después de haber pedido una suma tan inusual. Nunca, sin embargo, me había mencionado algo así. Sus proyectos tenían que ver con la guerra del Chaco -en la que había servido como enfermero- y con experiencias de escritura que exploraban las tensiones entre la oralidad guaraní y la tradición castellana.

Salimos a medianoche de la casa de Kogan, y nos sentamos a ordenar las ideas en un café. Le pregunté cómo íbamos a zafarnos del aprieto de una novela que no existía y sin tiempo para completar al menos un borrador decente de cualquier otra. "Animate a escribirla", me dijo. "Va a ser más fácil de lo que creés. La necesidad hace milagros. Con esos tres mil dólares podés vivir un año y librarte desde ahora mismo de tu noria publicitaria. Encontrémonos mañana a las 7 de la tarde en este café. Primero, vos y yo vamos a echarle una ojeada rápida a la novela que vas a improvisar, antes de llevársela a Kogan. Si hay algo que corregir, lo haremos en voz alta, mientras se la leemos."

Eran las 2 de la madrugada y el tren me dejó a las 3 en Adrogué. Tardé doce horas en componer las sesenta páginas que entregué cuando se vencía el plazo. Soy incapaz de recordar los lugares comunes que acumulé en esos borradores y lo único que conservo de ellos es el guión admirable que mi amigo transcribió de la conversación que grabamos. Esas hojas están llenas de sus anotaciones manuscritas y, aunque sé dónde las guardo, una recóndita superstición me impide releerlas. Cuando Augusto murió, abrí la gaveta donde sé que están para verificar que el tiempo no las había estropeado. Allí seguían, intactas e imperturbables.

Kogan jamás filmó aquella película, pero yo gané mucho más que tres mil dólares. Aprendí en esas doce horas de trabajo que la literatura es un fuego que salva sólo a quienes se queman en él con libertad y sin miedo, tal como hizo Kakfa cuando completó "La condena" en una noche que vale tanto como una vida.

En 1978, Augusto llegó a Caracas con su compañera Iris Giménez y con Francisco, Tikú, el hijo mayor de ambos. Iris estaba embarazada y hacía calor: el calor húmedo, palpitante de los trópicos. Decidimos pasar el día juntos. A la hora del almuerzo, le conté a Iris la luna de miel de los padres de Augusto -tal como se la había oído a él mismo-, en un hotel junto al lago de Ipacaraí. El tiempo ha confundido sus hilos y no es mucho lo que recuerdo de aquel mediodía. Sólo el aire oscurecido por la lluvia inminente y el vago perfume de incienso que se escurría entre los árboles de mango.

Los padres de Augusto se llamaban Lucio y Lucía. Lucio talaba bosques y conocía a la perfección el lenguaje de los árboles. Dejaba el hacha a un lado cuando oía las quejas de dolor de la madera herida. A la madre le apasionaba el teatro y en 1928 escribió con el hijo de 11 años un drama breve que ambos representaban de pueblo en pueblo, recogiendo dinero para los soldados que esperaban en la frontera el estallido de la guerra con Bolivia. Augusto pasó los primeros años de la infancia en Iturbe, donde Lucio trabajaba como peón en un ingenio azucarero. Tanto él como Rosa -su hermana entrañable- no recibieron educación formal. Tenían una hora de clase diaria todos los días después de la siesta. Lucio había dispuesto una habitación especial de la casa para que les sirviera como escuela. Allí estaban los dos bancos que había fabricado, con ranuras para los lápices y pequeños fosos para los tinteros. Afuera, en el patio, improvisó una campana con un pedazo de riel. Durante la hora de clase izaba una bandera, que plegaba cuando oscurecía. Augusto detestaba trabajar. Le gustaba, como él decía, "estar en un catre, a la intemperie, bajo las viñas, contemplando la limpieza del cielo, las estrellas, el paseo de las nubes".

Después de Iturbe completó su aprendizaje en la casa del obispo Hermenegildo Roa, tío del padre. Compartía las camas y la comida con muchachos de 18 a 6 años, "Yo era el más pobre de todos", contó. "Tenía un solo par de medias y vivía muerto de hambre. Les hacía los deberes a los compañeros ricos a cambio de un quesito gruyere." Había pasado descalzo la vida entera y sólo cuando dejó la casa del obispo pudo comprarse el primer par de zapatos.

Varias veces nos contó la historia a Amelia Biagioni y a mí, y siempre la iba cambiando. A veces los zapatos habían pasado por varios pies y sólo llegaban a los de él cuando ya estaban amansados. En otras versiones el cuero era tan rígido que nunca podía calzarlos. Para Roa no había otro modo de abarcar la realidad que imaginándola, trastornándola, obligándola a que siempre nos sorprendiera. De aquellos zapatos sólo recuerdo que tenían suela de goma crêpe y que para poder comprarlos había ahorrado durante años las monedas que le pagaban por barrer y lavar los platos. Los estrenó mientras viajaba por primera vez a Asunción en compañía de una amiga de su padre. El tren debía detenerse junto a un zanjón cavado por los explosivos de la guerra. Los pasajeros esperaban a la intemperie la llegada de un segundo tren al que trasbordaban. Había oído ya la historia en La Fragata y aquel mediodía de Caracas le pedí a Roa que la repitiera, con la certeza de que la cambiaría. La borrasca avanzaba y la montaña cercana se estremecía a la luz de los relámpagos. Una nube de luciérnagas y de mariposas amarillas se posaba sobre los árboles mojados. "La mujer -dijo Augusto- viajaba con un chiquito de pocos meses, al que daba de mamar. Para el transbordo tuvimos que esperar toda una noche bajo un cielo sin estrellas. La mujer le ofreció uno de los pechos al hijito y yo me prendí del otro. Fue la primera vez que tuve una sensación erótica." Nunca supe si la aventura le sucedió en realidad o si la deseó tanto que acabó transfigurándola en una de las ficciones de “Hijo de hombre”.

Muchos años después de la muerte de Augusto recibí noticias tardías de Iris. Después de la entrega del premio Cervantes en 1989, la universidad varias veces centenaria de Alcalá de Henares les ofreció a Roa Bastos y a su compañera dos cátedras permanentes. Si las aceptaban, tendrían que mudarse de Francia con los tres hijos: Tikú y las dos niñas que siguieron, Silvia y Aliria. La idea entusiasmaba a Roa tanto como disgustaba a Iris. Nunca se pusieron de acuerdo. Ella regresó a Toulouse y terminaron separándose.

Augusto llevaba décadas soñando con su regreso de hijo pródigo al Paraguay del que se había exiliado en 1949, luego de haber escapado a la persecución del general Raimundo Rolón. En La Fragata nos contó que los militares le mordían los talones y que sólo pudo burlarlos cuando logró esconderse dentro de un tanque de agua, donde pasó dos días y sus noches con el aliento suspendido. Los dictadores lo obligaron a vivir a salto de mata pero fue el último, Alfredo Stroessner, quien lo persiguió con más saña. El personaje de “Yo el Supremo” es Gaspar Rodríguez de Francia, pero era Stroessner a quien Augusto llevaba en la imaginación cuando escribió esa novela.

Meses antes de la buena noticia del Cervantes el feroz dictador fue derrocado. Desde entonces Roa Bastos empezó a pensar en el regreso. Sentía que estaba en deuda con el país natal y creía que, apenas pusiera los pies en Asunción, podría por fin hablar con los jóvenes, decir lo que pensaba y estimular a legiones de creadores. No contaba con que su fama internacional había desatado una envidia invencible entre los colegas con menos talento y que no lo esperaba la admiración sino la ponzoña.

Su extrañamiento duró hasta octubre de 1996, casi medio siglo. Ya en Asunción, encontró refugio en la casa de su hermana Rosa; al poco tiempo compró un departamento espacioso en el barrio de Las Carmelitas. No le faltaba compañía. Estaba rodeado de discípulos, escritores y profesores interesados en su obra. Desde fines de 1996 se encontraba casi a diario con el médico Alejandro Maciel, que lo asistía en los viajes y le servía de secretario. De los cuidados del escritor y de la casa se ocupaba Cesarina Cabañas -a la que se conocía como Karina-, una joven de 30 años o pocos menos que se instaló en Las Carmelitas, en un cuarto contiguo al de Roa: él le cobró un afecto inmediato y quedó unido a ella por una dependencia creciente. Karina lo cuidó con diligencia durante algunos años, pero toleraba cada vez menos el agobio de la rutina. Sentía que la vida se le estaba yendo sin amor y sin hijos junto al anciano enfermo, y casi inadvertidamente comenzó a descuidarlo. Augusto cumplió 80 años en junio de 1997 y su memoria -antes siempre infalible- dio los primeros signos de flaqueza. Con frecuencia tenía picos de hipertensión y a veces perdía la noción de dónde estaba. En 1999 sufrió una crisis cardíaca y la cirugía se hizo inevitable. Lo operaron en la Fundación Favaloro, en Buenos Aires. Los médicos temían que no sobreviviera a la anestesia. Pero Augusto estaba decidido a no cejar. Todavía le faltaban páginas a su obra.

El aire feliz de Asunción le permitió reponerse en pocas semanas. Volvió a la vida de siempre, si bien las atenciones de Karina no eran ya las de antes. Desaparecía por largas horas durante los fines de semana y Augusto quedaba aislado del mundo. Siempre había mantenido su intimidad en extrema reserva y nadie le oyó una queja durante esos meses de soledad y desconcierto. El doctor Maciel cuenta que perdía estabilidad y se caía con frecuencia. Debía de sufrir mareos y ataques súbitos de pánico. En septiembre de 2004, una noche de lluvia, resbaló en los adoquines de la calle. Nada grave pasó, pero Maciel llamó por teléfono a Mirta, la hija de Augusto que vivía en Caracas -a la que él llamaba "mi Cordelia", en alusión al personaje de “El rey Lear”-, para que ella dispusiera cómo lo seguirían cuidando. Roa insistió en que Karina no se apartara de su lado. La joven, descontando que la energía y las fuerzas del escritor eran inagotables, se concedía respiros cada vez más largos. Para que sus abandonos pasaran inadvertidos, al salir de la casa le vedaba las llamadas telefónicas y dejaba las puertas trabadas. En cierta ocasión Augusto se quedó sin comida y salió al balcón a pedir auxilio. Alguna vecina lo vio e hizo circular la triste imagen del gran hombre desamparado. Es una estampa de lástima que, sin merecerlo, ha dado tantas vueltas al mundo como “Yo el Supremo”.

Lo inevitable sucedió. En marzo de 2005 Roa se volvió a caer, mientras se desplazaba del dormitorio al baño. Se le formó un hematoma subdural que exigió una cirugía de emergencia. El doctor Maciel dio la infausta noticia a Mirta y a Carlos. Ambos llamaron a su madre, Lidia Mascheroni, que vivía en Buenos Aires y era, de todas las incontables parejas de Augusto, la única con la que se había casado. Lidia, los dos hijos y Maciel aguardaron el desenlace fuera del quirófano, en el hospital Santa Clara. Augusto no se rindió. Sobrevivió otros tres días, hasta la oscura mañana de este martes 26 de abril, cuando el corazón, cansado, lo derrotó. Pienso en todas las veces que estuve a punto de llamarlo durante todos estos años pero no lo hice. Es demasiado tarde para decir cuánto me arrepiento. Muchas memorias felices de mi juventud yacen a su lado ahora, junto a los ejemplares de sus libros y las flores que le acerca la devoción de la gente. Miro el sol de la primavera boreal a través de la ventana y, para no sentirme tan solo, me recito en voz baja las líneas de “El rey Lear” que tanto le gustaban. Corresponden a un monólogo de Edgar en el acto quinto de la tragedia: " O, our lives´ sweetness, / which, for they yet glance by and scarcely bruise, / this sword of mine shall give them instant way ". Y me las repito, también callado, en la maravillosa traducción de Nicanor Parra: " Oh, la vida es tan dulce, / que en vez de morir de una vez / preferimos el peso de una muerte continua".

... se no es el final de la historia. Karina Cabañas fue condenada a seis años de prisión por "robo y abandono de persona". En la cárcel se casó y pudo tener el niño con el que había soñado. Augusto ha dejado seis novelas, cuatro libros de poemas, seis de cuentos y cinco guiones de cine. Sus hijos fueron también seis. Uno de ellos, el tercero -que llevaba su nombre-, murió accidentalmente en Suecia un año antes que el padre. Mirta decidió afincarse en Asunción, donde ha creado la Fundación Augusto Roa Bastos, que reunirá la obra inédita dispersa y difundirá la que ya está publicada.

Tanto “Yo el Supremo” como el último relato, "Frente al frente argentino", despliegan una voz única que va abriéndose en incontables afluentes. En todos ellos, el poder devora a los personajes, los somete al imperio de su mayúscula identidad, para terminar al fin vencido por la historia, sobre la que no ejerce influencia alguna.

Desde “El trueno entre las hojas”, Roa Bastos se reveló como una figura mayor de las letras latinoamericanas, un creador de voz tan única como Juan Rulfo y Juan Carlos Onetti. Confirmó esa grandeza en “Hijo de hombre” y en los cuentos de “Moriencia” (1969) y “Cuerpo presente” (1971), que fueron eclipsados por la sombra invencible del “Yo el Supremo”.

"Todavía estoy aquí", me dijo la última vez que hablamos. Como si supiera que siempre estuvo aquí, en éste y en todos los mundos, paraguayo y argentino a la vez, hasta la muerte. Como si supiera que nunca lo dejaríamos ir.

(2005-2008)

07/02/2009

Fuente:

http://www.lanacion.com.ar/

Comienza una maratón de homenajes a Cortázar por Susana Reinoso

El creador de Rayuela / A 25 años de su muerte

Habrá actos en la calle y en mayo se presentarán textos inéditos

Por Susana Reinoso

Dentro de apenas tres meses, Julio Cortázar volverá mágicamente a estrenar un nuevo libro. Entre sus papeles personales, inventariados por su albacea y heredera universal Aurora Bernárdez y el estudioso catalán Carlés Alvarez Garriga, fueron descubiertos once cuentos inéditos, cuatro autoentrevistas, 13 poemas jamás publicados y capítulos nuevos del "Libro de Manuel" y "Un tal Lucas" , no incluidos en anteriores ediciones.

El material compone más de 400 páginas y será editado por Alfaguara con el título de "Papeles inesperados". Forma parte de los homenajes que a partir de esta semana se harán al escritor argentino de origen belga, de cuya muerte se cumplirán 25 años el jueves próximo.

Con tal motivo, la Dirección General del Libro y Promoción de la Lectura porteña, a cargo de Alejandra Ramírez, organizó un amplio programa que se extenderá desde el jueves hasta el 21 de marzo. Concluirá con la artista Marta Minujín a la cabeza, quien pintará 300 rayuelas en la avenida 9 de Julio, entre las calles Rivadavia y Lavalle, desde las 20. En diálogo con LA NACION, la artista plástica dijo: "La 9 de Julio se interrumpirá no ya por un acto político ni por una protesta, sino para abrir un espacio de juego. La única condición para jugar será llevar una página o una frase del escritor. Los que ganen se llevarán un cubo firmado por mí". También el sello La Azotea reeditó el libro de excelentes fotografías de Cortázar, tomadas por Sara Facio.

Mientras Marta Minujín pinta y los adultos atrapan un recuerdo de niños con la rayuela, decenas de saxofonistas tocarán música inspirada en los sonidos inolvidables del cuento largo "El perseguidor" . Durante la apertura del programa habrá un seminario sobre "Imágenes de Julio Cortázar", a cargo de Ricardo Parodi, en la Biblioteca Güiraldes.

A las 20.30, en el Anfiteatro de esa entidad será el preestreno de la película Mentiras piadosas , de Diego Sabanés, inspirada en "La salud de los enfermos" , de Cortázar. El film también será presentado en Casa de América, de Madrid, que hará otro homenaje al escritor muerto en París.

Hasta marzo habrá teatro, conferencias, diálogos abiertos, talleres para chicos, espectáculos, lecturas de fragmentos, veladas románticas con selección de textos de Cortázar, y narraciones orales. Participarán en el ciclo Luisa Valenzuela, Rodolfo Rabanal, Pedro Mairal, Ana María Bovo y otros autores.

Tal vez porque, como escribe la reconocida escritora Luisa Valenzuela, Cortázar "nos legó una forma de espiar lo invisible", de su viejo escritorio aparecieron estos textos que forman parte de un listado de 750 objetos, inventariados por Alvarez Garriga.

Desde su lugar de veraneo, la editora Julia Saltzmann, de Alfaguara, no brindó más datos sobre Papeles inesperados a LA NACION. No obstante, dijo que se trataba de un volumen "de misceláneas que componen una especie de multigénero. El interés por Julio Cortázar supera al homenaje. En marzo saldrá una reedición de "Salvo el Crepúsculo" , con nuevas creaciones". Agregó que "Cortázar se vende y se reimprime en forma constante. Las nuevas generaciones lo siguen leyendo. Su obra se actualizará con la aparición de nuevos textos".

El ministro de Cultura, Hernán Lombardi, recordó que "en 2008, en Agronomía, donde Cortázar vivió, "escritores y artistas revisitaron su obra. Él representa el placer de la lectura".

Como escribió Ivonne Bordelois: "Cortázar es, en nuestra memoria, el hermano mayor que abría caminos, compartiendo lecturas y revelaciones; el de la voz clara que preservaba la infancia y señalaba los destinos borrascosos de América latina".

07/02/2009

Fuente:
http://www.lanacion.com.ar/

viernes, 6 de febrero de 2009

William Ospina: "Cada generación tiene que volver a leer la historia"

Foto: Archivo

El escritor colombiano dice que América latina debe luchar contra la incredulidad de su gente

Por Susana Reinoso
LA NACION

William Ospina es uno de los mayores narradores colombianos de hoy. Sus novelas históricas "Ursúa" y "El país de la Canela", que serán una trilogía cuando se publique la última, "La Serpiente sin Ojos", lo han colocado en el Olimpo de los intelectuales que mejor puede reflexionar sobre los males y los aciertos de América latina.

De cara al Bicentenario que tanto su país, como la Argentina y otros tres países de la región (México, Chile y Uruguay) se aprestan a celebrar en 2010, el escritor vuelve la mirada sobre los orígenes y dice que cada generación tiene que volver a leer la historia, para encontrar nuevas respuestas a la luz de las preguntas que le plantea el presente.

Dice, por ejemplo, que durante la Conquista española hubo grandes atrocidades, pero también grandes hechos de civilización. Y reflexiona sobre la titánica proeza de integración continental en la que se empeñaron Simón Bolívar y José de San Martín.

"Desafortunadamente vivimos la historia en borrador. Y sólo vamos aprendiendo qué es necesario a medida que descubrimos qué se hizo mal. Yo sé que algunas experiencias históricas pudieron enseñar a los lideres de nuestros países, una mayor amplitud de mirada", señala Ospina.

Y cuando el interlocutor menos lo espera, recita de memoria el poema México, de Jorge Luis Borges, para nombrar cuánto tenemos los latinoamericanos en común y cuánto de diferentes, pero lo que cuenta, en palabras de Borges, son "las cosas eternas" que nos mantienen integrados.

En una entrevista con LA NACION, Ospina -con su hablar pausado y sus palabras precisas- dice que, sin proponérselo, el soneto de Borges "es una lección de política".

En círculos intelectuales, Gabriel García Márquez ha ungido a Ospina como el mejor novelista de su tierra, aunque el autor de La piel de la Canela no precisó del realismo mágico para contar el increíble descubrimiento del Amazonas. Alcanzó con los archivos, los documentos de época y las crónicas de quienes se atrevieron hace siglos a descubrir un mundo ya perdido en Europa.

Según reflexiona Ospina, "en América latina puede que haya un conocimiento a nivel intelectual o académico sobre los demás países de la región, pero los pueblos se desconocen totalmente. Es necesaria la aproximación. Llevamos dos siglos con la política y la economía conspirando para separarnos. Sólo la cultura se ha esforzado en unirnos. Habría que potenciar la capacidad de la cultura para establecer esos diálogos. Si algo es visible de nuestra América en el mundo, no es ni su política ni su economía, sino nuestra cultura".

-¿La ambición, la audacia, el coraje y la locura de aquellos conquistadores lo reconcilia con la Conquista española? ¿Ayuda la novela histórica a mejorar la versión oficial de la historia?

-Yo intento arrojar una mirada mestiza sobre la Conquista. Estamos acostumbrados a una perspectiva europea, con ese asunto de las carabelas de Cristóbal Colón. Pero no tuvimos oportunidad de conocer el relato de los vencidos y de los invadidos. Y ese relato ya es inaccesible. Pero es psoibel una mirada más compleja y metiza. Que no se vea en la Conquista sólo una cosa evidente, por ejemplo, las atrocidades de toda índole. Está claro que, como escribió Germán Arciniegas, no fue un descubrimiento sino un cubrimiento de América. La lengua española, cubriendo las lenguas indígenas; la cultura europea, cubriendo las americanas, la mirada europea, sobre las americanas. El descubrimiento es posterior a la Conquista. A nosotros nos ha tocado descubrir America y con el alma escindida, que tiene todo mestizo. Como dice Baudelaire: "Yo soy la herida y el cuchillo, la bofetada y la mejilla, yo soy los miembros y la rueda, soy el verdugo y soy la victima". Los mestizos somos fatalmente hijos de lo uno y de lo otro. Y no podemos, simplemente, escoger esta parte y rechazar esta otra. Tenemos que verlo todo en su complejidad.

-Lo atroz y los grandes hechos de civilización ¿juntos, no?

-Hubo grandes atrocidades y grandes hechos de civilización en la Conquista. Hubo hechos que repugnaban incluso a la propia conciencia cristiana de los españoles de esos tiempos. Francisco de Vittoria y Bartolomé de las Casas pusieron el grito en el cielo por lo que veían. Al mismo tiempo he tratado de dedicarle mucho esfuerzo a valorar obras de civilización que realizaron los conquistadores. Por ejemplo la obra de los cronistas, que es un descubrimiento maravillado fente a la nueva realidad. Ese esfuerzo por nombrar el mundo americano con la lengua que llegaba desde Europa. Los profesores del siglo XIX no estaban en condiciones de captar la enormidad de aquellos hombres que estaban descubriendo un mundo y aprendiendo a convivir con él.

-¿Qué nueva perspectiva aporta la novela histórica a los acontecimientos de nuestro pasado?

-Lo que pueden tener de nuevo estos relatos es el esfuerzo por no mirar al mundo en blanco y negro, y por percibir muchas cosas que fueron voluntariamente calladas, así como revalorar otras de otra manera. La razón por la que en Colombia intento contar estos hechos de nuevo es porque hemos crecido con una versión manipulada y vaga de la Conquista. Colombia está hoy llena hoy de episodios que parecen repetir los hechos de la Conquista: masacres abominables y muchas personas humildes que se ven atropelladas, expulsadas de sus tierras por poderosos y gente armada. Siempre recuerdo unas palabras de Freud, que decían que lo que permanece sin descrifrar, retorna siempre una y otra vez como un alma en pena hasta encontrar explicación y redención. Alguna tarea le corresponde al lenguaje, en el proceso de interrogar el pasado y descifrarlo.

-¿Es la tarea del intelectual?

-Bueno, es una de las tareas. De todas maneras, si en algo se esfuerza la literatura es por nombrar el mundo, por encontrar nombres nuevos para la realidad, por conservar la memoria y la salud del lenguaje. Thomas Mann decía que la labor de la cultura es inscribir zonas de lo que inicialmente se ve como lo sombrío en el orden de la luz y del espíritu.

-Si además de la versión oficial, la escuela hubiera contado con la novela histórica, ¿podrían haberse construido otras democracias?

-Es bastante dudoso que hubiéramos alcanzado antes estos niveles de conciencia. Desafortunadamente vivimos la historia en borrador y sólo vamos aprendiendo qué es necesario a medida que descubrimos qué se hizo mal. Bolívar tuvo que lucharcontra el escepticismo de su propia gente que no creía que aquí se podian nconstruir naciones como en Europa. Siempre es difícil alcanzar esa madurez, que se logra más a punta de fracasos y procesos inconclusos.

-¿Es el Bicentenario una oportunidad para proyectarnos 200 años adelante y revisar los dos siglos pasados, o es una celebración mediática?

-Yo creo que puede ser lo uno o lo otro. Es una oportunidad de visitar lo que pasó hace 200 años y revalorarlo. Así como dicen que cada generación tiene que volver a traducir a sus clásicos, también tiene que volver a leer la historia y encontrará otras cosas a la luz de las nuevas preguntas. Hoy el mundo nos interroga sobre el problema del agua, la naturaleza, los alimentos, las migraciones, lo urbano, el calentamiento global, las culturas indígenas. Eso tenemos ue responderlo volviendo a leer nuestra historia. Sería una oportunidad extraordinaria, de arrojar una mirada común y vernos los unos a los otros.

-¿Por qué si los europeos constituyeron la Unión Europea, aun con sus diferencias que no son pocas, a los latinoamericanos se les hace tan difícil ser una región más integrada, por ejemplo con el Mercosur?

-A Europa le ha costado llegar a la conciencia de que necesitaba unirse continentalmente y sobre sin borrar las diferencias. Lo que más educó a los europeos fueron las dos guerras mundiales, que los pusieron al borde del exterminio y los obligó a encontrar una manera de convivir y prosperar. Para nosotros ha sido dificíl construir modelos de naciones, y a veces nuestras semejanzas han conspirado más que nuestras diferencias en el proceso de integración. Parece que queremos diferenciarnos más de lo que se nos parecen, que de los que son radicalmente distintos. Pero diría que nuestro proceso está en camino. A estas alturas ya sabemos que la integración es necesaria y que no hay que borrar las diferencias, porque son preciosas. Nadie quiere que, por ejemplo, México y la Argentina sean lo mismo. Sería una pérdida. Siempre recuerdo un poema hermoso de Borges sobre México, que tiene tres momentos. Primero enumera las cosas similares: "¡Cuántas cosas iguales! El jinete y el llano,la tradición de espadas, la plata y la caoba, el piadoso benjuí que sahúma la alcoba y ese latín venido a menos, el castellano".

Luego avanza sobre las diferencias: "¡Cuántas cosas distintas! Una mitología de sangre que entretejen los hondos dioses muertos, los nopales que dan horror a los desiertos y el amor de una sombra que es anterior al día". Al final, rescata las cosas que más unen, las que hacen a la condición humana: "Cuántas cosas eternas! El patio que se llena de lenta y leve luna que nadie ve, la ajada violeta entre las páginas de Nájera olvidada, el golpe de la ola que regresa a la arena. El hombre que en su lecho último se acomoda, para esperar la muerte. Quiere tenerla, toda".

Es un poema hermoso que no se propone serlo, pero es una lección de política.

El personaje

William Ospina
Novelista, poeta y traductor
Edad: 54 años
Nacionalidad: colombiana
Ideas: es un investigador minucioso de la historia colombiana
Hombre de principios: estudió Derecho y Ciencias Políticas. Obtuvo, entre otros premios, el Nacional de Literatura en su país.

Obras: poética y narrativa. "Ursúa" y "El país de la canela" (Norma)

O4/02/2009

Fuente:
http://www.lanacion.com.ar/

"Club de la Serpiente" en el Yacana. ¿Propuesta Radical o Recital?


"Capulí" en los Viernes Literarios


"CAPULÍ VALLEJO Y SU TIERRA"

INVITA A LA PRESENTACIÓN DE LOS POETAS

RAMÓN NORIEGA TORERO
ZULEMA VÁSQUEZ DE LA ROSA

Y NARRADORES

ENRIQUE VERGARA
CARLOS CASTILLO MENDOZA

EN LOS "VIERNES LITERARIOS"
EL PRÓXIMO 6 DE FEBRERO
JR.QUILCA 238, LIMA
A HORAS 7.00 PM

RECITAL EN PENUMBRAS. GRUPO LITERARIO "SIGNOS". EN NOMBRE DE LOS NIÑOS DE PALESTINA


“… La Poesía es la vida misma en su forma más pretenciosa y rotunda, y yace plasmada en la más soberbia forma de existencia: la escrita. SIGNOS enarbola la contradicción en esa existencia. Contradecir el ser es crearse y recrearse uno nuevo, es modificar la carne constantemente, es ser la bipartición de un absoluto como lo es el hombre, entonces queremos distorsión y antagonía para hacer la Poesía autosuficiente; pues ésta soporta el mundo cuando ni él se soporta, controla el caos cuando las utopías lo condenan…”“… La Poesía es lo más antinatural que existe. Es desorden y espasmo. Ella lee el mundo, lo desfigura, lo excusa, lo superpone, lo hermetiza, lo simplifica, lo plasma, lo disocia, lo maldice, lo bendice; pero jamás lo salva. Si ese fuera su efecto, estaríamos en el paraíso. La Poesía no se salva ni así misma y SIGNOS tampoco…”

(MANIFIESTO DE LA CONTRADICCIÓN - GRUPO LITERARIO “SIGNOS”)

VIERNES: SEIS Y TRECE: FEBRERO: OCHO: NOCHE.

Sociedad Obreros de la UniónElías Aguirre Nº 959Chiclayo - Perú

Invitamos a todos los amigos amantes de la poesía al recital del Grupo Literario "SIGNOS". Será una noche donde se dará lectura a temas inéditos del poemario colectivo "CUATRO", el cual será publicado en los próximos meses.

Habrá sorpresas de todo calibre.

Y la penumbra.Agradecemos su asistencia.

(GLS)

jueves, 5 de febrero de 2009

Seamus Heaney: "El poeta debe dar respuesta a la crisis pero sin traicionar la integridad artística"

Seamus Heaney

El Nobel norirlandés abre el ciclo "Voces Europeas" en el Círculo de Bellas Artes

Por Alberto Ojeda

Seamus Heaney se asomaba esta mañana a través de los ventanales de una de las salas más altas del Círculo de Bellas Artes. La lluvia moteaba los cristales y nubes de amenazante grisura lamían los tejados de la ciudad. Un tiempo muy irlandés, debió pensar el poeta, ganador del Nobel en 1995. Y así, sintiéndose como en casa, empezó a hablar de poemas. “No de Poesía”, matizó, dando entender su aversión por las grandilocuencias literarias.

Para empezar, explicó que en toda su obra late una tensión de fondo entre dos fuerzas: “el impulso lírico” y “la responsabilidad cívica”. Heaney lleva toda la vida intentando que sus versos se mantengan en la frontera, sin caer a uno u otro lado. Cree, sí, que todo artista ha de "dar una respuesta a los desastres de su entorno". Pero para conseguirlo, afirma, “nunca debe traicionar su integridad artística”. El autor de poemarios "Norte" y "El nivel espiritual" citó como ejemplo de este equilibrismo indispensable a los poetas de la generación del 27, que con su talento creativo entregaron a la historia de la literatura una valiosa aportación, pero además levantaron acta de una época convulsa. Su obra, concluye el Nobel Irlandés, “un documento acreditativo de lo ocurrido en la Guerra Civil”.

A él también le tocó vivir en mitad de un enconado enfrentamiento. Nació en Derry, condado perteneciente a Irlanda del Norte, la porción de la isla esmeralda bajo dominio de la corona británica. Aunque luego se trasladó a Belfast, la capital, para estudiar literatura en la Queen´s University. Allí conoció un ambiente envenado por la ira, la que se profesaban recíprocamente católicos y protestantes. Heaney no podía permanecer callado: “No era mi deber, pero era mi problema”. Y no calló. Su voz tomó el cauce de la poesía, aún a sabiendas de que su empeño seguramente fuera esteril. “Escribir sirve para darle sentido a lo que estás viviendo y, aunque no solucione nada, al menos lo clarifica”.

La rabia estuvo a punto de hacerle saltarse el pacto que había contraído consigo mismo, el de practicar un impecable funambulismo entre la estética y la política, entre el lirismo lúdico y el mensaje reivindicativo. “Era muy fácil entonces aliar mi poesía con el nacionalismo y escribir contra los ingleses”, advierte Heaney. Pero él tenía un antídoto contra el maniqueísmo. Lo encontró, precisamente, en España, la primera vez que estuvo en nuestro país, allá por el año 1969.

En aquella visita a tierras hispánicas, Heaney se internó en el Museo del Prado. Era una visita obligatoria para todo hombre culto que se dejara caer por aquí. Aunque al poeta también le movieron motivos más perentorios para adentrarse en la pinacoteca: “Hacía calor y en Prado había una calma y un frescor muy agradable”. Superado el sofoco, el poeta norirlandés llegó a las salas donde se agrupaba la pintura de Goya. Entonces, al encararse con Los fusilamientos del 3 mayo, quedó “fascinado”. Cuando en 1972, en su condado natal, se produjo el Bloody Sunday, en el que las tropas británicas mataron 13 manifestantes católicos, Heaney se acordó del cuadro del pintor aragonés. “Aquella pintura me dio algo muy importante: perspectiva”.

Ahora la perspectiva se la da el infarto sufrido hace tres años. “De hecho, no fue demasiado grave; a las cinco semanas ya estaba andando. Pero fue como un toque de advertencia”, comenta. Aquella experiencia tuvo su reflejo en su labor literaria. La sangrienta disputa entre católicos y protestantes ya no se encuentra entre sus preocupaciones más urgentes. El poeta se ha replegado sobre sí mismo. En su último poemario, que está a punto de completar y que ha titulado "Cadena humana", sus preocupaciones están centradas en el “amor, en el deseo de sobrevivir, en la amistad, en los viajes y en sus nietos”.

Un nuevo libro indaga en la amistad quebrada entre Vargas Llosa y García Márquez

JOVENES Y AMIGOS
García Márquez y Vargas Llosa interrumpieron "misteriosamente" su amistad
en febrero de 1976, tras una disputa, en la que aseguran, hubo golpes de puño.

Este martes en Madrid se presentó "De Gabo a Mario", un nuevo libro acerca de la legendaria amistad entre Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, rota bruscamente por motivos aún desconocidos. Los autores de la investigación, no obstante, reconocen que "mientras que ellos no digan lo que pasó" nadie podrá asegurar los motivos de su distanciamiento.

Los especialistas en Literatura y Filología Hispanoamericana Ana Gallego y Ángel Esteban trazan en "De Gabo a Mario" un retrato literario de los autores que iluminaron el "boom" de la literatura hispanoamericana.

"Nos interesaba bucear en esa amistad legendaria, que no surge con facilidad en el mundo de las letras, y en el hecho de que sólo durase una serie de años para cortarse bruscamente", explicó Ángel Esteban en una entrevista concedida a la agencia de noticias EFE.

Fue hace más de treinta años, el 12 de febrero de 1976, cuando un puñetazo propinado supuestamente por Vargas Llosa a García Márquez puso punto y final a una de las amistades más fructíferas de la historia de la literatura, hecho que –de todos modos- nadie pudo jamás comprobar. Ambos biógrafos sostuvieron que la disputa fue originada por una "cuestión personal", que nadie conoce debido, recordaron, al pacto de silencio que ambos autores mantienen hasta el día de hoy. "Hemos consultado muchísimos documentos, pero mientras que ellos no digan lo que pasó nadie lo sabrá", aseguran a viva voz.

Los autores se atreven a sugerir además que las "diferencias ideológicas" terminaron por minar la relación y condujeron a un distanciamiento paulatino, tras haber coincidido ambos durante los años setenta en Barcelona.

Historia de una amistad y del boom

Los escritores se conocieron en Venezuela, en 1967, con motivo de la entrega a Mario Vargas Llosa del Premio "Rómulo Gallegos", el galardón más importante de América Latina.

A partir de entonces, el futuro Premio Nobel y el autor peruano forjaron una amistad estrecha que convirtió incluso al autor colombiano en el padrino del segundo hijo de Vargas Llosa.

Fue también en justamente en ese histórico 1967 cuando se publicó Cien años de soledad, la obra cumbre de Gabriel García Márquez y novela estandarte del "boom" que incluyó además de los citados, al mexicano Carlos Fuentes y al argentino Julio Cortázar, entre muchos otros. Por esa razón, Gallego y Esteban subrayaron que De Gabo a Mario, publicado por Espasa, no sólo relata las "raíces" de una amistad y un desencuentro, sino que pretende indagar sobre la historia del "boom".

Los autores han recurrido a entrevistas personales y a cartas manuscritas, albergadas en la universidad estadounidense de Princeton e inéditas hasta ahora, que se enviaron entre sí los miembros de aquel movimiento que llevó a las primeras planas del mundo la literatura sudamericana.

Esteban destacó el protagonismo de los escritores latinoamericanos en el panorama cultural de Occidente en los años sesenta y setenta, así como su adhesión al triunfo de la "Revolución Cubana".

El principio del final

La relación entre García Márquez y Vargas Llosa habría encontrado su primera piedra, en 1971, a raíz del encarcelamiento del poeta cubano Heberto Padilla.

Esteban recordó cómo Vargas Llosa fue "el primero" en acercarse junto a Cortázar y Carlos Fuentes, a la Revolución cubana y en apoyarla, mientras que García Márquez se mantuvo al margen.

Cuando llegó el "caso Padilla", añadió el especialista, casi todos los escritores condenaron el proceso contra el poeta cubano y "comienzan a distanciarse de la Revolución, Vargas Llosa a la cabeza. Sin embargo, García Márquez todavía hoy mantiene su adhesión".

"El caso Padilla fue el principio del fin del grupo que conformó el boom", aunque, resaltó, que la amistad se mantuvo intacta hasta 1976 entre el autor colombiano y el peruano pese a las diferencias "cada vez más crecientes" respecto de Cuba", agregó Esteban.


03/02/2009

Fuente:
http://www.revistaenie.clarin.com/

miércoles, 4 de febrero de 2009

José Pancorvo: El profeta del cielo

José Antonio Pancorvo y la plenitud de la palabra.

José Antonio Pancorvo Beingolea, es sobrino nieto de Manuel Beingolea, por eso es que lleva la literatura en la sangre. Su libro "El profeta del cielo" fue muy celebrado por la crítica.

- ¿Cómo ha sido recibida tu poesía por la crítica literaria?

- Me parece que bien y agradezco mucho porque mi poesía responde a inquietudes del hombre actual.

- Sin duda tu poesía ha sido bien acogida y estás presente en varias antologías cuando sólo has publicado tres libros.

- Efectivamente, pero en realidad no he preguntado a los antologadores porque me parece que les ha gustado por un motivo u otro. No sé si se deba a una motivación técnica o por los temas. Desconozco por qué me han antologado.

- A propósito, ¿qué técnicas utilizas para escribir tu poesía?

- Bueno, he estudiado toda clase de técnicas, inclusive he indagado sobre la poética hindú antigua, pero inconcientemente se va aplicando todo lo aprendido. En segundo de media me creía surrealista y en cuarto sonetista. Todas esas experiencias se van sumando y después van saliendo poemas desde el subconsciente, eso es así.

- Pero también tiene un rasgo andino, ¿no es verdad?

- Tengo antepasados andinos, desde niño me gustaba escuchar quechua y aymara. Obligaba a mis padres que me llevaran a la Pampa de Amancaes, allí se celebraba la cultura andina de una manera impresionante y duró hasta el 1964. Tenía un esplendor maravilloso, era el Perú subterráneo, el Perú que no quería ver la oligarquía cultural limeña que ha desaparecido, en parte.

- ¿Qué sientes cuando chajchas coca?

- Bueno, siento una templanza y fortaleza a nivel sicofísico, me ayuda a cumplir bien con el deber literario y humano.

- ¿Cómo ves el ejercicio de la crítica literaria en el Perú?

- Hay críticos serios y otros situados en los medios que se halagan entre ellos. Entonces, la regla es: tú me halagas, yo te halago, nosotros nos halagamos. Nadie más entra y el que sale no regresa. Es una mafia.

- ¿Eres un escritor andino o criollo?

- Esa polémica fue inútil porque partió y acabó siendo una anécdota. No sé por qué se dio ese hecho cuando hay temas más importantes.

- ¿Cuál es concretamente la responsabilidad del escritor en el Perú?

- Una de las tareas es defender la identidad cultural y tener una posición moral muy clara. El mundo en general y nuestra sociedad en particular están en una gran crisis.

Miércoles 04/02/2009

Fuente:
http://www.diariolaprimeraperu.com/

CONVOCATORIA PARA EL COLOQUIO INTERNACIONAL DE CRÍTICA LITERARIA "TOMÁS G. ESCAJADILLO"


CONVOCATORIA

La crítica literaria peruana tiene una larga y valiosa tradición en la que se cuentan, entre otros, José de la Riva-Agüero, José Carlos Mariátegui, Alberto Escobar, Manuel Baquerizo, Antonio Cornejo Polar, Tomás G. Escajadillo. Consideramos que la obra de estos autores merece una seria revisión y valoración académica. En este Coloquio Internacional se concentrará en la revisión de la obra crítica de Tomás G. Escajadillo quien es uno de los más influyentes críticos de los estudios sobre literatura peruana y latinoamericana.

Objetivos:

-Revisar el proceso de la crítica literaria a partir de la labor hermenéutica del crítico y estudioso peruano Tomás G. Escajadillo, valorando su obra y señalando sus aportes.

-Señalar la vigencia de las categorías propuestas por Tomás G. Escajadillo para el estudio de la literatura peruana y latinoamericana.

-Realizar un balance del impacto de la obra crítica de Tomás Escajadillo en los estudios académicos en el ámbito nacional e internacional.

Metodología:

Durante el desarrollo del evento tendremos conferencias magistrales, ponencias, mesas redondas, mesas testimoniales. Además habrá una muestra bibliográfica.

PONENCIAS

Líneas temáticas

Todas las líneas temáticas están vinculadas a la obra crítica de Tomás G. Escajadillo.

1. El indigenismo
2. El neoindigenismo
3. Poética regionales
4. Tomás Escajadillo y José María Arguedas
5. Tomás Escajadillo y José Diez Canseco
6. Tomás Escajadillo y Ciro Alegría
7. Tomás Escajadillo y Manuel Scorza
8. Tomás Escajadillo y Enrique López Albújar
9. Tomás Escajadillo y José Carlos Mariátegui.
10. Recepción crítica internacional
11. Labor editorial
12. Gestión académica
13. Testimonio.

-Los resúmenes de las ponencias se enviarán para su evaluación hasta el 15 de abril 2009. Al siguiente correo electrónico: coloquioescajadillo@gmail.com
-Las sumillas no deben exceder las 10 líneas.-Se debe indicar la filiación institucional.
-La lectura de las ponencias equivale a 20 minutos.
-Dudas o consultas a: coloquioescajadillo@gmail.com

ORGANIZACIÓN

Organizan:

-Departamento de Literatura de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas
-Escuela de Literatura de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas
-Instituto de Investigaciones Humanísticas de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas

Comité académico:

Raúl Bueno Chávez (UNMSM-Dartmouth College. Hanover)
Nelson Osorio (Universidad de Chile)
Carlos Eduardo Zavaleta (UNMSM)
Marco Martos Carrera (UNMSM)
Carlos García Bedoya (UNMSM)
Gonzalo Espino Relucé (UNMSM)
Camilo Fernández (UNMSM)
Miguel Ángel Huamán (UNMSM)
Jorge Valenzuela Garcés (UNMSM)
Antonio González Montes (UNMSM)
Manuel Larrú Salazar (UNMSM)
Ricardo González Vigil (PUCP)
Ricardo Silva Santisteban (PUCP)
Eduardo Hopkins (PUCP)
Antonio Melis (Università Degli Studi di Siena)
Guido Podesta de la Universidad de Wisconsin (Madison)
Christian Fernández (Universidad del Estado de Louisiana)
José Morales Saravia (Universidad de Würzburg)
Juan González Soto (Tarragona-España)

Comisión Organizadora:

Presidente:
Dr. Santiago López Maguiña

Secretario ejecutivo:

Mauro Mamani Macedo

Miembros:

Dorian Espezúa
Jorge Ramos
Agustín Prado
Gissella Gonzales
Nécker Salazar
Milagros Carazas
Elias Rengifo
Yolanda Julca
Raúl Jurado

Certificación:
Facultad de Letras y Ciencias Humanas

martes, 3 de febrero de 2009

"Poesía y compromiso social" a cargo de Luis Yáñez en la Casa Mariátegui, el día de mañana

Luis Yañez

A todos los amigos que ingresan a este modesto blogs les paso el dato que el día de mañana habrá una disertación interesante sobre un tema álgido y comprometedor que tiene por título “Poesía y compromiso social” a cargo del reconocido vate arequipeño Luis Yañez. Estamos todos invitados. Aquí el informe.

El Colectivo de Arte y Cultura
"CESAR VALLEJO"
y la Asociación Amigos de Mariátegui


Invitan al público en general, a la disertación que llevará a cabo

el poeta y escritor
LUIS YÁÑEZ

sobre el tema de gran significado cultural

"POESIA Y COMPROMISO SOCIAL"
Fecha: Miércoles 4 de Febrero – 7pm.
Lugar: Casa Museo "José Carlos Mariátegui"
(Washington 1946 Lima)

Bio-bibliografía:
Luis Yánez (Arequipa 1931): Ha publicado "Nueva poesía arequipeña" (1955), "Ventana nuestra" (1963), "Cuentos peruanos" (2 volúmenes - 1970) y otros libros más, además del CD "Clase de poesía".

Mis Malditos Email literarios por Josué Barrón

Foto tomada de su blogs
http://josuebarron.blogspot.com/

El poeta y narrador Josué Barrón me envía una crónica de lo que fueron algunos de sus privados, pero públicos "emails literarios" con algunos escritores de nuestra literatura nacional. Estoy seguro que a más de uno le sacará roncha. Y a otros les divertirá. Textos que darán que hablar. Aquí los dejo con la pluma y el estilo único del autor de “La oscuridad del bosque”. Disfrútenlo.

"Mis Malditos Emails Literarios"

Por Josué Barrón

1.- Mario Vargas Llosa

El primer email pertenece a Mario Vargas Llosa. ¿Fue difícil pedírselo?, en realidad no me lo dio, nunca me lo daría. ¿Cómo lo conseguí?, en la última Feria de Libro de Lima. Hice una cola de duro cincuenta mil horas; me senté, me paré, fui al baño, observé a la gente sofocándose, enraizada para verlo y decirle: Señor Mario soy su gran admirador, ah gracias, muy amable, déme su libro, cómo se llama. Gracias es muy amable. Desocupe rápido, el siguiente. Y Mario que se adormecía la mano y que termine esta mierda porque me falta cinco horas para cumplir mis dieciséis horas leyendo y escribiendo. La tarjeta personal yacía en la alfombra roja Chollywood. Sí, nadie se dio cuenta, ni los fotógrafos amontonados con sus sobacos sudorosos, ni los gorilones de seguridad, ni la anfitriona toda buenota que estaba para comérsela. Después de ello le comencé a mandar sucesivos email, esperando su respuesta. No sé cuánto miles de millones de email envié. Al final fui respondido, he aquí sus palabras:

“Señor Barrón he recibido sus email abrumadores, déjame decirle que había pensado en cancelar mi cuenta pero desistí. Entiendo que quiere que lea su novela, pero a esta edad no tengo tiempo ni para leer las mías. Lo que me ha entusiasmado es su terquedad, así que leí su primera página de las novecientas que me mandó. Le doy la esperanza de seguir escribiendo, pero por favor corrija su estilo de los verbos que es horroroso”.
Mario


2.- Jaime Bayly

El segundo email pertenece a Jaime Bayly. A diferencia del primero no fue difícil pedírselo y arranchárselo. Fue muy simpático conmigo, tomamos un café y me dijo que tenía unos hermosos ojos negros, pero que no era su tipo. A él le gustaban los gringuitos. Recuerdo que me regalo algunos libros, “toma estos libros porque me pesan”:

“Me gustó tomar ese café contigo, prometo mandarte saludo en mi programa. No creo que te vuelva a ver. Pero si vas a Buenos Aires me llamas y te invito otro café”.
Jaime


3.- Fernando Ampuero

Señor Ampuero ruego que lea mi libro de poemas y haga un comentario de mi poemario. Me ayudaría al circuito literario que usted precede.
Josué Barrón

“Señor Barrón no puedo leer su libro porque tengo una cantidad de cosas que leer. Sabe, sinceramente, no podré hacer un comentario en “El Dominical”, porque mis comentarios son libros de librerías (ellos me pagan por mi comentario, de eso vivo señor Barrón). Pero lo leeré, algún día”.

Buen día.
Fernando Ampuero

Gracias por apoyar mi desaliento. Váyase a la mierda.
Buen día, también.


4.- Beto Ortiz

Los siguientes emails pertenecen a Beto Ortiz y nuestro tórrido romance de una semana. Él cree que soy uno de sus personajes salvajes de sus crónicas y yo creo que es mi salto al estrellato. Beto me convence que tengo el talento de escritor maldito y que solo me falta aflorarlo. Yo lo quiero, pero como algo extraño que transita en mi vida, trato de no darle la importancia del caso. En ese verano comienza su programa en el canal dos y siempre hace ademanes que son signos ocultos para que entienda que piense en mí. Beto me llevo de paseo al interior del país, comimos en los mejore lugares y me presento a sus amigos gay.

“No he podido olvidarte. Eres algo que nunca pensé conocer. Quiero verte”.
Beto

Respuesta:
No lo creo, tengo que trabajar. Me molesta que siempre me estés acosando para tener sexo.

Te he dicho que no lo haré.

Cuando cambie de parecer, me llamas.
Josué

Respuesta:
Te he llamado Josué, porque me apagas el celular. Me molesta que hagas eso. Voy a ir a la presentación de Reynoso, vamos, te parece. Después hay una movilización gay que me gustaría que vayas para que te hagas famosito, eso no quieres.
Beto

Respuesta:
Te vi en la televisión y fuiste con ese huevón que me presentaste. No me jodas.
Josué

Respuesta:
Tú te haces de rogar, no me jodas tú. Mira tengo unos libros en mi casa, pasa a recogerlo.
Beto

Respuesta:
Te mando mi novela.
Josué

Respuesta:
La he leído y me encanta, me encanta mucho. Solo hay que darle unos retoques. Te presentaré gente para que la publiques en una editorial grande.
Beto

Respuesta:
No me interesan las editoriales grandes, jódete. Invítame a comer helado en Asia y cómprame los libros de Carver.
Josué

Respuesta:
Tengo que salir del país por un tiempo. Te extrañaré.
Beto

Respuesta:
Ya no quiero verte, ese último día fue penoso. No pensé que llegaría a eso.
Josué

Respuesta:
Está bien.
Beto


5.- Oswaldo Reynoso

Tú sabes muy bien que no hago prólogos, Josué. Pensé que ibas a publicar ese libritos de putas. Nos vemos. Hoy iré al Centro Cultural de España, búscame.
Oswaldo

No recuerdo dónde terminé. Estuve muy borracho, perdóname por los desmanes. Cerré bien la puerta al salir. Gracias por los libros.
Josué

Me dices cuándo presentas tu libro para ir.
Oswaldo

Qué te pareció el artículo de Perú 21.
Oswaldo

Es una tontería lo que dice Oviedo y ese Cueto. Es fácil decir cosas y que todos te crean. Pero lastra orilla. El escupitajo, si los contarios. Todo me apesta.
Josué

Ese Cuetito, hijo de puta, no sabe absolutamente nada. La antología de Oviedo es malísima. Mejor es la antología del Chato. Lee “La Primera” de hoy. Estaré en el Queirolo a las siete con Miguel Ángel.
Oswaldo

No he avanzado la novela. Ya se perdió. No sé qué es. Es un diario, un testimonio.
Oswaldo

Hay que seguir, dale, tú me decías eso.
Josué

Ya está con nosotros: Nuevo número (36) de la Revista Literaria "Remolinos"


Mi pata, y futuro colega de profesión, el poeta cantuteño Paolo Astorga acaba de lanzar nuevamente, vía internet, su Revista Literaria Remolinos. En su edición bimestral febrero - marzo 2009 se presentan trabajos con lo mejor de la creación literaria y actualidad cultural a nivel mundial. Si desean chequearla les alcanzo este link: http://es.geocities.com/revista_remolinos/ . Desde aquí saludamos la perseverancia y el esfuerzo titánico de Paolo con esta revista que da oportunidad a todos.

"Miércoles Culturales": Gran acto de inauguración con el maestro Juan Rivera Saavedra


Hace dos días atrás recibí de parte de nuestro amigo, y narrador, Gary Alminagorta este envío. Me informa que se inaugurará un nuevo espacio "MIÉRCOLES CULTURALES" con el distinguido maestro, dramaturgo y fabuloso contador de historias, Juan Rivera Saavedra, el escritor más prolífico y distinguido de América Latina. Desde aquí estamos con ustedes. Éxitos hermanos. Allá vamos.

GREMIO DE ESCRITORES DEL PERÚ

MIÉRCOLES CULTURALES
Gran Acto de Inauguración


Participación especial del maestro
Juan Rivera Saavedra en
«Anatomía de un apunte literario»


Invitados
Abilio Soto, Isabel de la Cruz
Margot Palomino
Grupo Voces

Conducción
Viviana Gómez

4 de febrero - 7:00 p.m.
Club Departamental Puno, Jr. Cervantes 137
Cdra. 2 de Av. Brasil

Brindis de amistad y solidaridad

INGRESO LIBRE

CDLP
Prensa y difusión
Gary A.C

lunes, 2 de febrero de 2009

Prodigio Levrero por Nora Catelli

Editorial Mondadori


Por NORA CATELLI

Narrativa.

Mario Levrero (Montevideo, 1940-2004) fue autor abundante y excéntrico, aunque no desconocido. Muchas cosas sobre él están hoy en la Red; entre ellas un magnífico perfil, a cargo de uno de sus más viejos amigos y colegas, el novelista y crítico Elvio Gandolfo, argentino trasplantado a Uruguay. Publicó en su ciudad, en Buenos Aires y ahora en España novelas, cuentos y textos de carácter indefinible; entre ellos, "Gelatina" (1968), "La máquina de pensar en Gladys" (1970), "La ciudad" (1970) o "París" (1980), además de recopilaciones de columnas periodísticas, seudofolletines y seudorelatos de ciencia-ficción. El gran crítico Ángel Rama lo situó en la generación de los "raros" antirrealistas de los años setenta. La rareza uruguaya no pertenece sólo a una generación sino que constituye un linaje: cabe recordar a Felisberto Hernández, a Armonía Sommers, a Marosa di Giorgio, incluso muy lejanamente a Onetti.

Más allá de su reconocible linaje nacional, de los autores con los que él mismo se vinculó, Kafka, o con los que se lo relaciona muy atinadamente, Beckett y Vian, Levrero puede situarse en la hermandad de los inconclusivos. Son los que convierten el acto de la escritura en una espiral neurótica y, a la vez, espesamente concreta, donde se acalla la pasión y el sufrimiento se transforma en enfermedad: en este aspecto, Italo Svevo tal vez sea un modelo. Y, como ya se ha advertido en blogs de penetrantes lectores, es posible descubrir en el Levrero de "El discurso vacío" (1996) una curiosa afinidad con "El libro vacío" (1958) de la mexicana Josefina Vicens (1911-1988). Se trata de un asfixiante relato de 230 páginas en el que un oficinista quiere convertirse en escritor: "Tengo que encontrar esa primera frase, tengo que encontrarla".

Manías, hipocondrías, obsesivos recorridos sobre la escritura y sus espacios físicos, desazones eróticas detalladas, cómicas, sórdidas, feroces y muy rioplatenses forman los dos bloques de su obra póstuma, "LA NOVELA LUMINOSA", construida como un diario. La primera sección contiene el fabuloso despliegue de las reacciones del personaje -en la computadora, en los sistemas de escritura, en los programas de Word, en la búsqueda de cuadernos, lápices y bolígrafos- a la concesión de una beca Guggenheim. Este tramo es un prodigio, una auténtica disección de la identidad institucional del escritor y una deslumbrante exhibición del arte de la digresión. El segundo y también impresionante tramo -poco más de cien páginas- oscila entre la novela "oscura" -que existe y que de tanto en tanto el narrador quema- y la "novela luminosa" que es inalcanzable.

En esta aspiración a lo imposible está la poética de Levrero: no puede "transmutar" los hechos reales porque entonces haría "literatura", ni tampoco logra liberar esos hechos reales de "una serie de pensamientos", lo cual necesariamente tendería al "ensayo". Entonces recurre, hasta el vértigo, a la acumulación fragmentaria de experiencias densamente materiales y precisas -vivencias, recuerdos o la pura fisiología- que poseen la inmediatez de una revelación y su mismo carácter inaprehensible. En lugar de descubrir un sentido, lúcidamente lo escamotea: "Estoy a solas con mi deber y mi deseo. Simultáneamente, necesito dentadura postiza, dos nuevos pares de lentes (para cerca y lejos) y operarme de la vesícula". En esa simultaneidad ahonda el final sin fin de "LA NOVELA LUMINOSA". Es un final de exaltada afirmación: del deber, del deseo, del cuerpo. No es casual que el personaje, lector de Teresa de Ávila, recuerde su pasado católico y comulgue; no es casual que su última y gozosa frase se inicie medievalmente burlesca y se cierre, después, joyceanamente festiva: "La calavera de la paloma parece seguir en su sitio: los huesitos del cuerpo no los veo, pero quizá estén, sí, todavía, allí".

Edición impresa del 31/01/2009

Fuente:
http://www.elpais.com/

domingo, 1 de febrero de 2009

Re-aparición de la Revista de Literatura: "El Malhechor Exhausto" (vía blogs)


A todos los amantes de la literatura les paso la voz que la Revista Literaria "El Malhechor Exhausto" acaba de hacer de nuevo su aparición, vía formato blogs, con una "edición extraordinaria". A continuación, cuelgo, algunas palabras de su editor, en su clásica sección editorial, no sin antes felicitar a todos los responsables por esta entrega, desinteresada y apasionada, una vez más. (Si deseas leerla haz clip en este link: http://malhechor-exhausto.blogspot.com/ ).

palabras exhaustas

“Una mujer se acercó a mí y en sus ojos
vi todos mis amores derruidos
y me asombró que alguien amase aún el cadáver,
alguien como esa mujer cuyo susurro
repetía en la noche el eco de todos mis amores aplastados”
Leopoldo María Panero
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“_ Ahora escribo más teatro.
_ ¿Y por qué?
_ Por las clases, por los alumnos… El teatro es arte menor.
_ Ja ja. ¿Y no vas ya a la calle de los poetas?
_ ¡No! Mucho snob allí ahora. ¡No me interesa!”
Encuentro fortuito (que duró dos días y después de años)
con el poeta Miguel “El Che” Velásquez.

La revista electrónica "El Malhechor Exhausto" nació en El Paso, Texas, entre el poeta peruano Oswaldo Chanove, el narrador mexicano Yuri Herrera y el escritor Miguel Ildefonso, cuando los espacios virtuales aun estaban casi vírgenes en Literatura. Luego continuó sus fechorías literarias en Perú, mediante el arte digital de Luis Rodríguez. La fuerza de los nuevos encuentros poéticos y el afán de ordenar un poquito el caos, ha hecho que vuelva, esta vez en formato blog, para presentarles a ustedes, lectores del siglo XXI, esta Edición Extraordinaria. Hay una muestra (adelanto de un mayor proyecto en construcción) de poesía última sin fronteras, y también crónicas y artículos; además de una entrevista al mejor poeta vivo de España.

(enero 2009 lima perú m.d.i.h.)