lunes, 21 de junio de 2010

EN EL PAÍS DE GARGANTÚA: REAFIRMACIÓN DE LA POESÍA SOCIAL POR ROGER GARCÍA CLAVO.


EN EL PAÍS DE GARGANTÚA: REAFIRMACIÓN DE LA POESÍA SOCIAL
“HEMOS CAMINADO TANTO PARA REGRESAR LA MIRADA”


Por: Roger García Clavo

A partir de los años ochenta, la inseguridad, el miedo, el vejamen político y el atentado de la libertad se convirtió en lo cotidiano para el pueblo peruano. Ante tal situación nos preguntamos: ¿cuánto se fortaleció la democracia con la guerra interna? Para la clase dominante, mucho, porque la democracia es parte de su oligarquía, de su dominio y de su actitud de acaparar las riquezas y libertad. En resumen, hacer lo que el poder le confiere.

En esas circunstancias, la poesía ha tenido que cortar las zarzas de la democracia y buscar las moras entre muertes, desapariciones, discriminaciones, migraciones y abandono conciente del Estado a nuestro pueblo. La poesía ha encontrado sus propios frutos como muestra de vitalidad y pureza.

Quizá de esta vívida experiencia, surge la poesía de Niko Velita como una antorcha para refrescar la memoria de un pueblo “sellado por la vergüenza y el deshonor para un Estado”, como señala en su informe final, la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

Niko tiene una forma especial de descifrar esta contradicción social y lo hace a través de la burla y el sarcasmo, encapullándose de todo un proceso político-social para hacer así la denuncia eficaz. La propuesta de Niko está ligada al sentido común de lo absurdo, sobre todo para criticar a la clase gobernante que se desenvuelve como autoritario y matón.

Pareciera que En el país de Gargantúa (Arteidea Editores, 2010) estuviera el país del absurdo, exaltado por el orden, el pacifismo y el espíritu conciliador que utiliza el Estado a través de su fuerza político-militar. La poesía de Niko va narrando la situación grotesca que le tocó vivir a nuestro país y sobre todo al pueblo en conjunto con una sobredosis de violencia. Realismo grotesco, que es la continuación de su libro de poemas Casas roídas (Rentaría Editores, 2005), y la unificación del sufrimiento que Niko ha hilvanado con cada verso: “Porque me comí tantos estudiantes pude / luego de postre a los mineros y pequeños comerciantes”.

La trascendencia de la poesía de Niko se muestra en el dolor y la agonía del alma. Así, nos dice en Casas roídas: “Saciar el hambre y la sed / tan duro es”, pero también tiene la entraña de un hijo de los caminos del campo y la rebeldía por ver el sol, que es la senda de la realidad, por eso nos dice, en su poema “Autobiografía de un inocente”, de En el país de Gargantúa (EPG): “Nací el 72 / cuando mi padre se subía a la loma / para observar ese raro color de amanecer / cuando junto al abuelo / lo dejaron en el corazón del Sepa / por mirar rebelde el Sol / solo por mirar hacia el Sol” (pág. 17).

En su poema “Carta abierta a la Bella Durmiente” (EPG) versifica la violencia de una “escuela de perrros.../ de donde también salen incluso / los que escriben fácil / la versión oficial de asesinatos” (pág. 21); pero también habla sobre el amor: “Tú me sonreíste sonrojada / Yo besé tus ojos / luego tus labios / así hasta contar los latidos de tu corazón / con la punta de mi lengua” (pág. 20).

“La casita de azul” (EPG) es un poema secuencial de historias: la historia de María y de Iván, nacidos en la pobreza, testigos de la muerte y víctimas de la violencia y la ignominia del poder mediático y dictatorial de gobiernos de turno. Pero sobre todo que tienen en abandono a niños inocente quienes deben dejar sus sueños y el juego para buscar el pan y el sustento diario.

En “Al abrigo del rondín” (EPG), nos muestra la forma cómo se asesinaba al menor sospechoso, incluyendo niños, ancianos y mujeres, en complicidad con la mentira y la justificación infausta militar: “luego de azotarlo con bazucas y avión artillado / y tanto moscardón zumba que te zumba / contó el agente solemnemente / 30 muertos muertitos incluidos niños y ancianos” (pág. 30).

Rodolfo Hinostroza, en su poema Juana de Arco (Poesía joven del Perú, Antología, Ediciones Zendal), versifica: “Es un siglo de gracia que sube a los aullidos de los / mal humorados y de los otros que mueren de balazo, / y otros que hallaron tanta vida que sólo gorgotearon / y luego se ahogaron en ella.” El siglo XX que ha golpeado los párpados y el pecho de los hombres. De igual manera, siglo que golpeó el latido inocente de los corazones de un pueblo y que ahora se evidencia en el sentimiento de los jóvenes, jóvenes con el leguaje y la flor de un siglo de incertidumbre popular. Niko le define así: “Las rejas frías amparan nuestros sueños / en espera de la fuga del nuevo siglo” (pág. 34).

En el país de Gargantúa, existe la sinceridad del poeta, la iluminación por encontrar la libertad y la denuncia. Niko se convierte en el poeta del recuerdo espontáneo de una época donde circuló el abuso, la mentira, el genocidio y la venganza oscura y ciega contra un pueblo.

Niko nos describe una sociedad infestada de militares que con la excusa de acabar con la subversión, también asesinaban inocentes e intervenían universidades, como él mismo lo plantea en Autonomía en latín (EPG): “solo por ver cómo andan los hombres de abajo / Luego desde el cielo se observa a todos maoístas / y a ritmo de hélice se bombardea folletines contrasubversivos” (pág. 36).

En este silencio de balas y miedo, en su poema “¿Quién mató a Ayala?” (EPG), nos ilustra la vergonzosa participación de Mario Vargas Llosa en aquel asesinato de ocho valerosos periodistas, aunque el poeta usa el número siete: “llegaron 7 periodistas osados y aventureros / cada uno con sus ganas de contar al mundo / del paisaje social de la semiciudad perdida / Unos sinchis que hacían las veces de comuneros / dispararon 7 balitas para cada hombre entrometido… / Para llegar a un consenso convincente / un periodista laureado que a veces hacía de agente /… Han pasado 7 años y 77 meses / y el agente periodista continúa en sus andanza” (pág. 39).

Están presentes los microempresarios que “nunca disfrutan de la interacción del sudor y el pan / solo nos enteramos del agua fría en taza” (pág.42).

Están los torturadores y los que no disfrutan de la luz blanca del día, extirpados de la vida y de la felicidad “porque para amar también se necesita luz blanca…/ En carceleta electrocutan los testículos / al hombre que amó la vida y la luz” (pág. 43).

Niko es el poeta de la observación angustiosa de un niño que palpa en su corazón el miedo: “debajo de la mesa con su pan duro / mientras afuera el traqueteo de las botas / con soplidos de dragones /angustian incluso el corazón del portalanzallamas / de esos que para ganarse la vida / aprietan el arqueado gatillo metálico” (pág. 44).

El poemario EPG tiene varias partes. Las dos primeras, Caperucita en el país de Gargantúa y Estampas, se definen, se resumen y se logran en Huelgas. Este conjunto de poemas es, que si en las dos anteriores se calló o quedó inconcluso una idea, un “reclamo, antiguo y urgente”, como lo dice Miguel Ildefonso, o es la “armonía entre arte comprometido y el talento poético” como plantea Fernando Carrasco. Huelgas resume las tropelías de los agentes del Estado contra los obreros, estudiantes, campesinos, choferes, mototaxistas, ambulantes, docentes, municipales, pescadores, enfermeros, panaderos, periodistas y la ironía de sindicatos de policías, guardaespaldas y soldados, inconformes. Luego de ver esa lucha de los inconformes, el poeta sentencia: “no podré regar las flores junto a la rosa mayor” (pág. 59).

En la última parte, Elegía para Sandrita, se puede leer tres poemas en uno. Lo que está escrito en letra normal se inicia con la palabra dura de un soldado “Te callas o te callo para siempre” (pág. 63), luego va a sellar con la felicidad, la soledad y el encuentro con la mujer ideal o del ensueño. El segundo poema sería lo que está escrito en letra cursiva, poemas intensos de la noche y su cielo, que van contando historias inciertas de mujeres o para relatar la caída de los hombres de pico y lampa. Son poemas con mucha altura para denunciar los atropellos contra los derechos humanos. El tercer poema que se leería en conjunto son los versos espaciados entre los poemas anteriores. Cada construcción, si se desea, es el resumen de los versos escritos con diferente letra. Es la culminación de la muerte. Es la víctima de una bala dirigida contra la esperanza, la honestidad, la igualdad, la danza, los sueños, la dicha, la lucidez y el amor.

Para cerrar el poemario, Niko culmina con una metafórica Conclusión sobre la sociedad de las hormigas, sociedad de hombres que se arrebatan la felicidad a través de las armas y el poder.

La poesía de Niko, más que una sátira a la violencia política que vivió y vive nuestro país, es una muestra de valentía para denunciar al fracturado Estado que intimidó a todo un pueblo. Es la visión general del desorden y de la sospecha evidente de quienes verdaderamente fueron los jefes de la violencia. Con ello reabre la poesía social, el camino de la poesía joven del Perú, el camino de la esperanza y de la historia por defender la libertad, al hombre humillado y abandonado de este tiempo.

Niko Velita, con En el país de Gargantúa, se convierte en el poeta del reencuentro con nuestro pasado, con el encuentro con la justicia y con la marcha de una sociedad danzando al final de sus sueños.

Niko Velita Palacín es la reafirmación de la poesía social en el Perú.

PRESENTACIÓN DEL LIBRO: “SASACHAKUY TIEMPO. MEMORIA Y PERVIVENCIA” DE MARK COX.

RECITAL POÉTICO "REMINISCENCIAS Y ALEGORÍAS" EN LA CASONA DE SAN MARCOS.


RECITAL POÉTICO

REMINISCENCIAS Y ALEGORÍAS

- Lily Cuadra
- Eva Velásquez
- Micaela Gonzales
- Susy Morales
- Niko Velita
- Nori Rojas Morote

Día: Jueves 24 de junio

Hora: 6.30 pm

Lugar: Casona de San Marcos - Parque Universitario – Lima

INGRESO LIBRE

HOMENAJE A JORGE BACACORZO (VOZ DE CORAJE Y POESÍA) + UNA BREVE ANTOLOGÍA POÉTICA.


JORGE BACACORZO:

VOZ DE CORAJE Y POESÍA

Al cuarto año de su paso a la inmortalidad

(O7. 06. 2006 – 07. 06. 2010)

“Junio no es sólo una fecha sino una multitud que va en hombros de su pueblo por toda la ciudad clamando para sacarse la pena”

LUNES 21 DE JUNIO – 6 PM

VIDEO BIOGRÁFICO SOBRE EL POETA

VOCES:

- Martin Guerra
- Jorge Luis Roncal
- Ernesto Montero
- John Ochoa

MÚSICA:

- Dúo Takanamanta
- Margot Palomino

Lugar: Casa Museo José Carlos Mariátegui

(Jr. Washington 1946 - Cercado de Lima)

ENTRADA LIBRE

Organiza:

- Movimiento José María Arguedas
- Instituto Jorge Bacacorzo
- Movimiento Todas Las Voces
- Gremio de Escritores del Perú
- Universidad Socialista José Carlos Mariátegui


BREVE ANTOLOGÍA POÉTICA DE JORGE BACACORZO

DEL LIBRO INÉDITO: “POEMAS A MARIÁTEGUI”

José Carlos Mariátegui duramente
al que la vida, desde niño le cobró talento y sueños,
con tanto que crear queda inconcluso, ve acercarse el final.
José Carlos, entrañable como siempre, musita sus últimos deseos, envuelve a los suyos
con una mirada de ternura que quiere ser eterna.
Y en otoño, con sus manos entre las manos de Anita,
al amanecer , con un último estertor, bajo un invierno de lágrimas se duerme.

José Carlos ha muerto
José Carlos ha muerto
Mariátegui ha muerto
Mariátegui ha muerto
como creyendo y no creyendo musitan todos.
No ha transcurrido mucho tiempo
y se oye decir de boca en boca en Lima
y desde ese momento el Amauta más que nunca vive
en el día que los peruanos buscan.
Y Washington, ribera izquierda, ya no es una calle,
es una plaza pública
y la casa ya no es una casa, es el Sancta Santorum donde asoman gentes de artes y de letras,
estudiantes que tantas veces lo escucharon siempre en pos de acabar con los misterios
y caminar hacia las causas,
obreros que estudian y trabajan su difícil pan, y que también oyeron
su clara y pura voz de iluminado,
gentes que quieren alcanzar a conocerlo aún tibio, aún insepulto,
todos, todos los que conocieron y no conocieron su hermosa cabeza y la luz de su mirada.
Y una multitud con banderas rojas y canciones que ya conocen o improvisan
asisten al sepelio
que no es más que un vivac del Amauta en La campaña.
Mariátegui ha muerto
Mariátegui ha muerto
y la congoja corre de un extremo a otro del Perú que con él buscaba el alba.
Mariátegui ha muerto
Mariátegui ha muerto
Y desde entonces, el Amauta más que nunca vive en el día que los peruanos buscan.



Trasnocha el velatorio y todos son un poco deudos y cadáveres.
Obreros y estudiantes se turnan en la guardia y la pena se vislumbra
a pesar de su rígido tributo.

Una carroza fúnebre avanza solitaria de la casa al cementerio.
En hombros de amigos y trabajadores, recorre el féretro kilómetros
rodeado de fraterna, triste y silenciosa muchedumbre que enlutada prohija al muerto
que desde hace tiempo siente suyo. Y desde entonces es inmensa su familia.

Pasos, pasos, miles de pasos a manera de redoble y un murmullo que se parece al del mar
entre los ruidos y los ecos de la ciudad, que enmudecen ante el paso del cortejo.

Llanto que sólo es sollozo, fuego que nunca llega a ser ceniza, de pronto estalla:
“Arriba los pobres del mundo…”
Miles de voces dejan oír, por encima de su propia condolencia, los sones de La Internacional
con los que despiden al gran Amauta que otra vez se sobrevive.
No es un coro de silencio, es un himno, es una diana que recuerda
que después del alba que se busca, vendrá la aurora que no tarda.
Y ya en la Casa de los muertos, cuando el ataúd comienza a entrar en el nicho,
otra vez estalla La Internacional y las gentes se abrazan como si estrecharan al difunto
que comienza a florecer sin pausa en el silencio.

DEL LIBRO “LAS BOTELLAS ROJAS” (1983)
CRUZANDO MEDIO PERÚ


Cruzando medio Perú y todos los vientos,
voces cantarinas envueltas en colores
son música entre piedras y estrategias.
Cruzando medio Perú y burlando a las jaurías
viene a ofrecer sus ánimas al pueblo.
Y en la pequeña plaza que camina
al son de los pasos guerrilleros,
ojos con decisiones y ternuras,
y cabelleras agitadas levantan nuevos días
y el valor de todos es un árbol
que se sacude poderosos y es la tormenta
y en ella muchachas y botellas
se encuentran cara a cara con el fuego.

DEL LIBRO “LOS UMBRALES” (1984)
POEMA XXXVIII

ESA puerta no tiene casa ni calle,
entre baldíos el tiempo, se yergue.
De esa puerta salen voces cada vez más próximas,
himnos a la aurora entre pasos que se acercan.
Apenas se oyen gritos y se alzan banderas,
en el umbral aparecen constructores
con abrazos y martillos.

DEL LIBRO “LAS VIÑAS AZULES" (1954-1959)
POEMA 2

A ternura me llamaba tu rostro
a fuego tu cabellera
Y con la última vendimia
te envolviste conmigo de pronto en el verano

Y en el verano conocía a la mujer

Ah qué nube roja qué largos besos mojados
que círculos sin fin sobre la huella
Qué milagro del sueño y sus cristales:
tus ojos anticipaban ceremonias y fábulas
Qué luz espléndida:
tus pechos eran cálidos pájaros ciegos
Qué posada de duraznos tu vientre:
en él nacían y morían los relámpagos
Qué palpitante seda:
tus muslos llenos de sol y espasmos
Qué sur ignoto descubierto:
oh bocamina de trigo Yuyo del aspaviento

A ternura me llamaba tu rostro
a fuego tu cabellera
Y en el verano conocí a la mujer
y tú te estrenaste conmigo.

DEL LIBRO “EL LIBRO DEL YARAVÍ” (1989)
YARAVÍ LVII


LLUEVE, llueve en Arequipa:
todo Umachiri y sus ríos
bajan del aire.
Llueve a cántaros la pena,
llueve, llueve el yaraví
sangre en el frío.
Lo alegre llora tristeza,
lo triste llena la noche,
tambores de agua.
Por callejones de viento
Mariano Melgar galopa,
duelo en los árboles.

Camino de los perales,
Mariano Melgar galopa
entre las brumas.
Con espada y con guitarra
avisa días de viento,
pasos de pólvora.

sábado, 19 de junio de 2010

“VOZ EFÍMERA”. PRIMERA REVISTA DE POESÍA EN AUDIO POR RAÚL HERAUD.

Raúl Heraud en plena presentación de "Voz Efímera" en La Casa de La Literatura Peruana.


“VOZ EFÍMERA”
Primera revista de poesía en audio

Por: Raúl Heraud *

Desde siempre la poesía ha viajado mucho más rápido que el poeta, los poemas llegan al pueblo y se hacen cantos populares, el poeta pasa a convertirse en una anécdota, se vuelve el firmante de la obra de arte. Hace aproximadamente 130 años se inventó el primera aparato que grababa cintas magnéticas y poco después de la mitad del siglo XX Pablo Neruda conmocionaba a todos con su voz cancina con aquel mundialmente conocido 20 poemas de amor y una canción desesperada. Personalmente quiero decirles que también he sido seducido por los poemas en audio grabados en cintas en la década de los 80, pude conocer la juvenil voz de Javier Heraud a través de su poema Mi casa muerta leído en París en los años 60 y también conmoverme con la asmática voz de Eliseo Diego leyendo En la calzada de Jesús del monte; y es que en tiempos donde no pensábamos siquiera en la posibilidad del internet el casete llegó a mí mucho más rápido que el libro de Eliseo, así como algunos poemas de Jaime Sabines, Mario Benedetti y Juan Gelman, cruzaron literalmente el mundo para sumergirse en mi humilde habitación en el distrito de Lince a comienzos de los años 90. El éxito de estas cintas y creo yo lo que le daba cierta ventaja sobre el libro, es que podías literalmente tener al poeta en directo, hablando para ti, a cualquier hora del día y en cualquier lugar, escucharlo con los amigos y detener el diálogo poético, cuantas veces quisieras para reiniciarlo siempre una vez más. En la voz del poeta hallaba la calidez que no encontraba en los libros, podía imaginar qué tipo de personas eran con solo escuchar aquellas voces que salían del antiguo tocadisco que me había obsequiado mi padre. Si fumaban, si usaban sombrero o bigote, si eran altos o bajos, todas esas extrañas elucubraciones me asaltaban cuando apretaba play para dar inicio al religioso encuentro, yo fumaba un cigarrillo mostrándole mi atención y respeto al poeta que en mi habitación y ante una concurrencia masiva (3 o 4) nos regalaba un íntimo recital, leyendo sus poemas de forma apasionada y cada vez mejor desde el grabador.

Ahora los casetes han quedado de lado, es el tiempo de los discos o Cds, tiempos del internet y los programas que te hacen constructor y director de todo lo que el ingenio aguante, felizmente para los que amamos la poesía en audio, leída por el mismo autor, los poetas César Pineda y Paolo Astorga tuvieron la magnífica idea de capturar las voces de poetas como Enrique Verástegui, Carlos Zúñiga Segura, disfrutar de la sonoridad del entorno, la calle, los autos, el propio jadeo del autor ante la emoción generada por un verso, a fin de cuentas, el poema sucediendo en ese mismo instante.

El disco no deberá sustituir al libro, pero creo que es un modo práctico y económico para poder acercarse a la intimidad del poeta, tener un diálogo con el autor, porque la poesía no solo es página cubierta de extrañas combinaciones y acertijos, es además corazón, voz, piel, silencio, ritmo, sensación, imagen y sueño constante.

Raúl Heraud
La Molina, 11 de junio de 2010

* Texto leído el día 10 de junio en la presentación de la revista "Voz Efímera" en la Casa de la Literatura Peruana.

Fuente:
http://revistavirtualfiatlux.blogspot.com/

Link:
http://revistavirtualfiatlux.blogspot.com/2010/06/voz-efimera-primera-revista-de-poesia.html

“UNA TARDE EN PARÍS” POR JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ.


“UNA TARDE EN PARÍS”

Por: Jorge Fernández Díaz
Director de Adncultura

García Márquez leía a sus ídolos literarios en pensiones de mala muerte, soñaba que alguna vez podría ser como aquellos monstruos de la narración y luego, cuando se los encontraba en la calle, por culpa de un emocionado pudor paralizante, los dejaba pasar de largo. Le sucedió una vez con Ernest Hemingway: había leído El viejo y el mar en la revista Life y una lluviosa primavera de 1957 lo detectó en el boulevard Saint Michel, en París, camino al jardín de Luxemburgo. Todo lo que Gabo pudo hacer fue gritarle "Maestro", con el gesto de un simple fan. Hemingway se dio vuelta y le gritó en un castellano precario: "Adiós, amigo".

Algo parecido le ocurrió un año antes con quien después se convertiría en uno de sus grandes compañeros del boom latinoamericano: Julio Cortázar. Cuenta el autor de Crónica de una muerte anunciada que había leído Bestiario en un hotel de Lance de Barranquilla donde dormía por un peso con cincuenta, entre jugadores de béisbol mal pagos y prostitutas: "Desde la primera página me di cuenta de que aquél era un escritor como el que yo hubiera querido ser cuando fuera grande".

En el otoño de 1956 García Márquez recibió la noticia de que Cortázar paraba en un café de París llamado Old Navy, sobre el boulevard Saint Germain. El colombiano, que era por entonces un joven periodista, asistió durante muchas tardes a ese bar con la esperanza de encontrarse con el argentino. Hasta que un día el sueño se hizo realidad. "Era el hombre más alto que se podía imaginar, con una cara de niño perverso dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo, y tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que habrían podido ser los del diablo si no hubieran estado sometidos al dominio del corazón". La descripción del Premio Nobel es magistral, como siempre lo fueron sus crónicas noveladas y reportajes.

Esa tarde, el tímido García Márquez se la pasó acechando a su ídolo, sin conseguir juntar el coraje suficiente para abordarlo. Lo vio escribir más de una hora sin parar, tomando sorbitos de un vaso de agua, y cuando comenzó a oscurecer, lo vio también guardar la pluma y salir del café con el cuaderno escolar bajo el brazo.

Cortázar escribía literatura en esos cuadernos, pero se munía de delgado papel de carta para enviarles misivas a los Jonquières, la familia de un viejo amigo que había conocido en la escuela argentina Mariano Acosta. Les escribió intensamente entre 1951 y 1957 narrándoles la vida cotidiana y la primera impresión que le causaba Francia, sus vagabundeos por la ciudad, su visita a los museos, sus experiencias con la música. También sobre su libro acerca de Keats y sobre los secretos de su célebre Historias de cronopios y famas. Las cartas siguieron, aunque más espaciadas, hasta 1983 y ahora son recogidas en un volumen de Alfaguara que anticipamos en forma exclusiva.

Ese libro muestra una nueva imagen de ese Cortázar que estaba construyéndose intelectualmente en Europa, adonde se había autoexiliado. Esa formación llegó a ser frondosa y García Márquez lo consideraba un verdadero erudito en varios temas. A Gabo le impresionaba también su elocuencia y su memoria en privado, y a la vez, la fascinación que ejercía de manera casi sobrenatural en público. "En ambos casos fue -escribió García Márquez en su necrológica- el ser humano más importante que he tenido la suerte de conocer."

jdiaz@lanacion.com.ar

19/06/2010

Fuente:
Diario “La Nación” Suplemento ADN Cultura

Link:
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1276063

“SOBRE LA CONDICIÓN DEL ESCRITOR” POR JORGE MONTELEONE.

Abelardo Castillo.
Foto: Archivo.

Crítica de libros / Ensayo

“SOBRE LA CONDICIÓN DEL ESCRITOR”

Por: Jorge Monteleone

La literatura es un espacio propicio donde las acciones humanas alcanzan una dimensión inesperada en lo imaginario: los fantasmas y las fantasías, la razonada locura, el sueño y la sombra de la realidad son allí el sentido implícito del mundo. Pero no aquél donde reside la serenidad morosa de lo habitual, sino su anverso: el de una verdad que, aunque intolerable, debe ser dicha en la belleza de la forma. Esa premisa, encarnada en los actos literarios de los escritores, recorre los ensayos de Abelardo Castillo reunidos en el imprescindible Desconsideraciones. Más de veinte textos, escritos a lo largo de la última década, tienen como centro reflexivo, menos que los libros, la condición del ser escritor. Algunos de sus protagonistas son Arlt, Sartre, Camus, Echeverría, Poe, Hemingway, London, Freud, Chéjov, Barret, Quiroga.

El enigma para Castillo, como si tuviese que remontar con su inteligencia crítica y su sensibilidad artística la trama de una partida de ajedrez, radica en qué aspecto de la vida alguien común se convierte en escritor y de qué modo paradójico el hecho mismo de serlo le concede el don irrenunciable y extraordinario de su magia parcial. Al hallar una respuesta, para sí mismo y para sus lectores, el efecto es acuciante y conmovedor: por ejemplo, Chéjov, al aprender la "irresistible fuerza de la vida humana, y su absurdo, entre los enfermos terminales"; o Poe, al "descubrir" en Eureka el secreto de Dios. Como Borges, puede descubrir en un solo acto la cifra total de esa vida. Por eso estos ensayos son también relatos, y su argumentación nunca abandona el terreno de lo concreto, del detalle, aguzados por un estilo que compulsa y combina, observa y define, refuta y exalta. Esta evaluación carece de solemnidad. Abundan los guiños de una ironía y una precisión que despejan lugares comunes y malentendidos: demuestra, por ejemplo, que Arlt no era un genio inculto; que Echeverría no era un escritor inconcluso; que Mujica Lainez podía escribir con una lucidez implacable sobre su propia clase. Para Castillo esas vidas no se reducen a la anécdota o la peripecia, aunque las incluya, sino a una especie de energía dispendiosa de acontecer que se vuelve escritura, forma literaria. Y que podría tornarse un ritual donde se repite una lucha arcaica, que, al exceder toda normalidad, se vuelve heroica, aunque linde con la locura o el exceso.

Tributario de Sartre desde los años sesenta, como lo reconoce en el ensayo que le dedica, la responsabilidad del escritor fue uno de sus aprendizajes indelebles. No hay gratuidad en la literatura, lo cual no significa que se torne pontificadora u oracular. En el centro de su debilidad o inconclusión, ofrece un modo de redención, agónico y agonista, porque "como suele ocurrir, el problema tal vez no está en el arte y la literatura sino en lo que llamamos realidad". Por ello la literatura es un acto moral: "El hecho de escribir poemas o ficciones no exime de ninguna responsabilidad moral, y empleo la palabra moral por no decir política o histórica". En la terquedad de la perfección de la forma literaria, un escritor se sitúa en el mundo, aun cuando sus enconadas elecciones puedan silenciarlo o destruirlo. Así, el ateísmo de Castillo tiene la convicción de un hombre de fe, que examina la santidad y la maldad, la traición y la solidaridad, a través del ejercicio del arte literario como una elección humanista sostenida hasta el fin. Que tilden ese gesto de anacrónico lo tiene sin cuidado: le reserva el presente, el futuro.

Estos ensayos apasionan porque tienen la potencia de una ficción, donde el escritor es un personaje que, en el lodo de su existencia, ha ejercido lo extraordinario. Castillo describe a ese hombre calvo, rollizo, con papada y antipoético llamado Pablo Neruda, que un día escribió Residencia en la Tierra, porque no ve a los escritores como seres excepcionales, sino como algo más interesante: lugar donde lo excepcional acontece. En el último ensayo, casi un manifiesto, llama belleza a esa epifanía utópica de lo excepcional que reside en el arte, y que aspira a transformar el mundo por razones estéticas: "La belleza existe -escribe Castillo- y necesita de la única palabra que la nombra".

© LA NACION

19/06/2010

Fuente:
Diario “La Nación” Suplemento ADN Cultura

Link:
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1276071

“LA INTIMIDAD DEL DOLOR” POR JOSÉ MARÍA BRINDISI.

David Grossman
Foto: EFE.

Crítica de libros / Narrativa extranjera

“LA INTIMIDAD DEL DOLOR”

Por: José María Brindisi
Para LA NACION

¿Cómo se cuenta el horror? Y más allá: ¿cómo se cuenta el miedo? Es decir: ¿de qué modo se puede transmitir a otro una experiencia intransmisible, en el primer caso, y un sentimiento que es pura incertidumbre?

En La vida entera , el escritor israelí David Grossman elige, con irreprochable lógica e indudable maestría, hacer pie no tanto en los hechos sino en su contrapeso; una madre huye de su casa para alejar los fantasmas de la fatalidad: de esa manera, se dice a sí misma ciegamente, impedirá la posibilidad de que lleguen a darle la noticia de que su hijo Ofer, que ha ido como voluntario a la guerra luego de los tres años de servicio obligatorio -es decir, cuando parecía que la pesadilla había terminado-, haya caído en combate. Huir es entonces su forma de protegerlo, de arrancárselo a la muerte.

Tal como ha demostrado la literatura argentina respecto de la última dictadura, Grossman entiende que el mejor o tal vez el único modo de narrar una tragedia de la magnitud del conflicto árabe-israelí es situarse en la intimidad, elegir el núcleo más pequeño: una familia, por supuesto, pero que aquí es una familia muy particular. Conviene evitar revelar ciertos aspectos de la trama, aunque como mínimo hay que decir configura una suerte de triángulo entre Ora, su esposo Ilan y Abram, el amigo de ambos que décadas atrás fue apresado y torturado por el ejército egipcio y que jamás ha regresado del todo de ese infierno. Abram es quien acompaña a Ora -recién separada de Ilan- en su fuga a pie, alejándose cada vez más de Jerusalén pero, de manera inversa, reencontrándose con su propia historia, la de la relación compleja y fraternal que ha unido a los tres amigos desde la adolescencia, cuando se conocieron en un hospital en el que prácticamente estaban solos, en 1967, durante la Guerra de los Seis Días. En el camino, Abram se amigará con las palabras, recuperará su sentido, mientras escucha cómo Ora le relata la vida entera de su hijo Ofer, el hijo de ambos a quién él ha decidido no conocer y, sin embargo, por el que siempre ha velado.

Israel es, se sabe, un experimento singular: un pueblo rodeado de otros pueblos que le son ajenos, y entre los que se impone la mutua desconfianza. Un lugar en el que escasean las certezas, a partir de un enfrentamiento cuyo origen es milenario y que parece, a la vez que la necesita con urgencia, no vislumbrar una solución estable. En medio de ese paisaje, Ora y Abram tratan de asirse a toda experiencia o recuerdo que les permita sentirse seguros, rescatar un rasgo de humanidad. "Estaba convencido -le cuenta Ora refiriéndose a ese enigma que para él es Ofer- de que ningún instrumento futuro podría llegar a sustituir al ser humano en la sencillísima operación de atar los cordones de unos zapatos. Sin que importe lo que lleguen a inventar, siempre nos quedará esto y así podremos recordar cada mañana que somos humanos." Y luego, cuando Abram recuerda a otro soldado que sufría por las supuestas infidelidades de su novia: "En aquellos momentos Abram sintió un extraño respeto por aquel muchacho enjuto que, en medio del infierno del cautiverio, era capaz de entregarse de esa manera a su dolor más íntimo, que nada tenía que ver con los egipcios ni con las torturas".

El tema de la novela, junto a la tragedia personal del autor -quien perdió a su hijo en agosto de 2006 en la segunda guerra del Líbano-, ha provocado la paradoja de que por lo general se hablara hasta ahora poco y nada de literatura. Apresurémonos entonces a decir que Grossman es un estilista consumado, algo que indudablemente puede apreciarse aun traducido porque sus logros no son superficiales ni meros ejercicios formales sino de concepto. Por tomar un ejemplo, la ductilidad con que utiliza los diálogos como si fuesen oleadas de sensaciones, regresando todo el tiempo a las profundidades del pasado para contarnos luego más y más. En este sentido, la secuencia que abre el libro, de carácter iniciático -casi una novela breve-, es una pequeña obra maestra que lo expresa en toda su magnitud; pero también es una demostración de la libertad formal del autor, que bebe de los grandes clásicos mientras se anima, entre otros innumerables hallazgos, a tomar prestada una imagen del Drácula de Francis Ford Coppola sin caer en el absurdo.

Pero no se puede hablar de La vida entera y soslayar un aspecto central: su extensión. A no asustarse: el texto posee una intensidad infrecuente e implacable. El autor israelí lleva al extremo aquello de que una cosa es contar y otra narrar, dejando participar al lector de las cavilaciones de esos dos personajes magníficos y complejísimos, pero no como espectador, sino acompañándolos en su sufrimiento, en sus contradicciones, en los frágiles que se tornan a medida que más saben. Leer una historia como ésta es, necesariamente, sumergirse en ella. Y nadie dice que se saldrá ileso.

Arquitecto notable, entre otras cosas por el modo en que oculta y administra sus secretos, Grossman es además un escritor -y un pensador- de una nobleza extrema. Por un lado, su capacidad para ensuciarse en la dialéctica de la guerra sin perder la perspectiva pero, al mismo tiempo, sin esconder la mano. Y más admirable aún, la comprensión profunda de sus protagonistas y de la estrechísima relación que los une, a quienes les hace meter la pata de todas las formas imaginables y, a pesar de ello, jamás les permite traicionarse. No casualmente: ya no se trata de contar el horror, sino de volverlo un poco más soportable.

© LA NACION

19/06/2010

Fuente:
Diario “La Nación” Suplemento ADN Cultura

Link:
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1276069

19 DE JUNIO: PRESENTACIÓN DE POEMARIOS EN EL INC DE CHICLAYO.

viernes, 18 de junio de 2010

“MUERE JOSÉ SARAMAGO, ESCRITOR DE LUCIDEZ Y COMPROMISO”.


Escritor: José Saramago.

Una mujer, ante el féretro del escritor. AFP.

LITERATURA / Premio Nobel en 1998

“MUERE JOSÉ SARAMAGO, ESCRITOR DE LUCIDEZ Y COMPROMISO”

* El escritor ha fallecido a los 87 años a causa de una leucemia crónica.
* Murió junto a su mujer en su casa de Lanzarote tras pasar una noche tranquila.


El escritor portugués José Saramago ha fallecido en la isla de Lanzarote a la edad de 87 años. La muerte se produjo pasadas las 13.00 horas (hora peninsular), cuando el escritor se encontraba en su residencia canaria, acompañado por su mujer y traductora, Pilar del Río. Ahora, le esperan unas exequias que se celebrarán en Lisboa, adonde será trasladado en una fecha aún no determinada por un avión que el Gobierno portugués enviará expresamente a Lanzarote.

José Saramago había pasado una noche tranquila. Tras desayunar con normalidad y haber mantenido una conversación con su esposa, comenzó a sentirse mal y al poco tiempo falleció, según explicó la familia.

Saramago, el primer escritor en lengua portuguesa en recibir el Premio Nobel de Literatura en 1992, se había reincorporado a la vida pública en 2008, después de sufrir una larga enfermedad respiratoria que ya lo tuvo al borde de la muerte.

El autor nació en 1922 en el caserío de Azinhaga, un villorrio a 120 kilómetros al norte de Lisboa. En la infancia, la familia del escritor se trasladó a Lisboa donde su padre se empleó de policía, pero Saramago siempre mantuvo su vínculo con su tierra.

Una juventud marcada por la precariedad

La juventud de Saramago estuvo marcada por la precariedad familiar. Estudió en una escuela técnica, empezó a escribir en el "Diário de Notícias", y, a partir de 1976, se dedicó exclusivamente a la literatura.

Antes de dedicarse de lleno a la literatura, Saramago ejerció como cerrajero, mecánico, editor y periodista, pero fue en 1947 cuando hizo realidad su mayor ilusión, la de ser escritor, publicando la novela "Tierra de pecado".

Afiliado al Partido Comunista Portugués desde 1969, entre 1966 y 1975, y tras un largo silencio, publicó los poemarios "Poemas posibles", "Probablemente alegría" y "El año de 1993".

Tras varias novelas y textos teatrales, en 1982 le llegó la popularidad internacional con "Memorial del convento", un prestigio que consolidó con títulos como "La balsa de piedra" (1986), la pieza teatral "La segunda vida de Francisco de Asís" (1987) e "Historia del Cerco de Lisboa" (1989).

En 1991, Saramago se trasladó a Lanzarote por las críticas que recibió su "El Evangelio según Jesucristo". Tras publicar su cuarta obra de teatro, "In nomine Dei", entró a formar parte del Parlamento Internacional de Escritores.

Ganador del Premio Camoens en 1995, ese mismo año inició la trilogía formada por "Ensayo sobre la ceguera", "Todos los nombres" y "Ensayo sobre la lucidez". En 2008 comenzó a publicar su blog, "El cuaderno", y el año pasado presentó su última novela, "Caín".

18/06/2010

Fuente:
http://www.elmundo.es/

Link sobre la muerte de Saramago:

IN MEMÓRIAM. PENSAR, PENSAR. JOSÉ SARAMAGO. BLOG EL CUADERNO DE SARAMAGO‏.

José Saramago en el mar.


“PENSAR, PENSAR”

Por Fundação José Saramago

Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte.

Revista del Expresso, Portugal (entrevista), 11 de octubre de 2008

Esta entrada fue publicada el a las Junio 18, 2010 y está archivada bajo las categorías Otros Cuadernos de Saramago.

Visite:
http://cuaderno.josesaramago.org/

Tomado de:
http://cuaderno.josesaramago.org/2010/06/18/pensar-pensar/

RECITAL "QUINTA PARTITURA POÉTICA"‏ EN EL PORRAS BARRENECHEA.


RECITAL "QUINTA PARTITURA POÉTICA"‏ EN EL PORRAS BARRENECHEA

La “QUINTA PARTITURA” se presentará este viernes a las 7:30 en el Instituto Raúl Porras Barrenechea. Y esta vez contará con un novedoso despliegue musical: dos excelentes guitarristas que acompañarán cada lectura poética. También harán gala Josué Campano y Gonzalo Salazar, quienes cantarán canciones románticas actuales y de los 80's.

Además todo el recital se transmitirá en vivo por Internet, audio y video, gracias a RESOLVMEDIA y los poetas no sólo leerán sus poemas, también presentarán sus trabajos como editores, promotores y gestores culturales.

Así de esta manera cada uno es gestor de sus sueños al presentar sus trabajos no sólo literarios. De esta manera esta noche de viernes será una noche especial.

Los esperamos a todos.

jueves, 17 de junio de 2010

NOTABLE DEBUT: MARIO MORQUENCHO EN EL “MISTERIO DE LA POESÍA” (REVISTA CARETAS).


NOTABLE DEBUT: MARIO MORQUENCHO EN EL “MISTERIO DE LA POESÍA” DE LA REVISTA CARETAS

Por: Adolfo Polack

Más de una vez me he referido a la renovada vitalidad del movimiento Hora Zero en base a la plena vigencia y actividad creativa de sus fundadores, el contar en sus filas con representantes de todo el país y la incorporación de poetas de las generaciones más recientes. El 22 de abril Tulio Mora, Paul Guillén y Karina Valcárcel presentaron, en el Salón Hora Zero del Bar Queirolo, en el jirón Camaná, el libro “Ciudadelirio”, de Mario Morquencho (Sol Negro editores, Lima, 2010).

Morquencho nació en Los Órganos, Piura, en 1982, y vive en Lima a partir del 2006. Es un poeta con todas las de la ley, que tiene una amplia gama de recursos técnicos y expresivos y los administra con soltura en referencia a una megalópolis a la que no termina de acostumbrarse. Habrá que seguirlo con atención... Un poeta hecho y derecho.

17/06/2010

Fuente:
Revista “Caretas”

miércoles, 16 de junio de 2010

JUEVES 17: PRESENTACIÓN DEL POEMARIO "DE LIMA A CHOSICA" DE PAOLO ASTORGA EN EL BAR VICHAMA.


PRESENTACIÓN DEL POEMARIO

“De Lima a Chosica"

del poeta Paolo Astorga

Presentan:

- Raúl Heraud
- César Pineda.
- Roy Dávatoc

Día: Jueves 17 de junio del 2010

Lugar: Bar Vichama. Jr Carabaya 945
(junto al cine Metro y al Directorio)
Plaza San Martín – Lima

Hora: 7: 45 p.m.

Ingreso libre

lunes, 14 de junio de 2010

“POESÍA PROTAGONIZADA POR EL LENGUAJE” POR RICARDO GONZÁLEZ VIGIL.



LETRA VIVA

“POESÍA PROTAGONIZADA POR EL LENGUAJE”

Por: Ricardo González Vigil

El destacado poeta y ensayista uruguayo Eduardo Espina, que cuenta con varios premios en su haber y ha sido traducido a varios idiomas, nos entrega, publicada en Medellín por la Universidad de Antioquia, una selección de poetas peruanos nacidos a partir de 1950 que nos parece digna de consideración. No solo por la calidad de las voces elegidas y porque ha conseguido que participen proporcionando “sus poemas preferidos, a los cuales anteceden con una poética o reflexión en plan de síntesis sobre el acto de escribir poesía” (p. 33), lo cual la convierte en un significativo “testimonio” de su conciencia creadora, al modo de la excelente antología de poesía española contemporánea tejida por Gerardo Diego. También, y señaladamente, porque plantea una lectura “de parte”, “parcializada”, en el sentido que posee una concepción de la poesía desde la cual juzga lo que lee.

Espina es un creador apreciable que ha optado por ciertas coordenadas estéticas: la poesía debe ser “autotélica” (no un medio para hablar de un tema o enviar mensajes, sino un lenguaje que se vuelve su propio fin), palabra del gusto del teórico formalista Roman Jakobson y que acoge Espina para aplicarla a la poesía peruana actual y destacar en ella lo que considera más significativo, poéticamente hablando: “el libro que el lector tiene ahora en sus manos sirve como referente de las preferencias estéticas del antologador, aunque esto en verdad no pretende ser una antología ni una muestra con afán canónico, sino apenas una selección. Es una reunión de voces afines” (p. 33).

En consonancia con ello, los años 70 le parecen menos valiosos que los años 80, por aferrarse a lo mimético (la representación de las circunstancias histórico-sociales) y al lenguaje coloquial, lastres que atribuye al magisterio de Antonio Cisneros, a quien minusvalora: “La narrativa se queda en lo que cuenta [y que además explica demasiado]. Lo autobiográfico, cruzado en sus intermitencias por lo histórico inmediato, no va más allá de lo meramente circunstancial y oportunista [...] Poesía con complejo de denotación, con fecha de caducidad” (p. 13). Esos rasgos miméticos y anecdóticos los acentuaron Hora Zero y los diversos grupos de los años 70.

En cambio, Mario Montalbetti funcionaría —según Espina— como el “punto pivotal” hacia lo que desplegarían los años 80 y las dos décadas ulteriores: “la realidad queda reducida a lenguaje y allí desaparece”; y es que: “se trata de interrogar al silencio de la escritura [donde mejor habla la historia] y no de prolongar los escándalos y devaneos de la realidad en textos limitados por su mimetismo social”. (p. 22-23).

No debe sorprender, entonces, que acuda a Eguren para titular su muestra: “Festivas formas”. Eguren inauguró “la poesía peruana moderna” porque “la verdadera actualización de la poesía comenzaba con un cuestionamiento de la imagen y no con la repetición de un yo poético diezmado por los acontecimientos de la historia inmediata” (p. 10). Espina retoma, así, la división entre poesía pura y poesía social (p. 10-12), y la redefine como ambigüedad connotativa versus denotación, protagonismo del lenguaje frente a mimetismo.

Cabe discrepar con Espina, pero reconociendo la importancia de su lectura, avalada porque escoge 22 poetas relevantes: Verástegui, López Degregori, Sánchez Hernani, Montalbetti, Morales Saravia, Zapata, Santiváñez, M. Chocano, R. Jiménez, Chirinos, Mazzotti, Medo, Echarri, Frisancho, Helguero, Rodríguez Gaona, Ildefonso, P. Guillén, Irigoyen, J. Pimentel, Podestá y A. Cabel. Pero faltan autores imprescindibles: Chanove, Dreyfus, Di Paolo, De Ramos, Moromisato, limitándonos a figuras de los años 80 y sin ánimo de ser exhaustivos.

14/06/2010

Fuente:
Diario “El Comercio”

domingo, 13 de junio de 2010

“ABELARDO CASTILLO”.

Escribe por las noches en cuadernos cuadriculados que confecciona él mismo, preferentemente con lápiz (odia los bolígrafos).

“ABELARDO CASTILLO”

Era 1966 y Alfredo Alcón ensayaba su personaje de Edgar Allan Poe para la interpretación de Israfel, la obra de Abelardo Castillo sobre la vida del autor de "Los crímenes de la calle Morgue", en el Teatro San Martín. En pleno delirium tremens, Poe (Alcón), debía hacer rodar una moneda por el escenario luego de recitar un parlamento sobre las ratas. Pero, en lugar de echarla a rodar, hizo como si la arrojara al público. Ese gesto fuera de libreto tuvo un efecto "místico" sobre Castillo, quien, sentado en el fondo de la sala, sintió que esa moneda imaginaria surcaba el aire y lo golpeaba la frente. De inmediato, decidió incluir esa acción en la pieza.

"Alfredo casi se muere. No podía entenderlo. Pero después, cuando se estrenó la obra con ese gesto incorporado, a las mujeres se les caía la cartera del regazo y había tipos que se iban para atrás. ¡Y no tiraba nada! ¡No había ninguna moneda! Lo interesante es que eso no era lo que escribí yo sino lo que inventó Alfredo", cuenta Castillo acerca del efecto benéfico de ciertas "erratas" que surgen durante el proceso de creación de un texto literario.

El autor de El que tiene sed escribe por las noches en cuadernos cuadriculados que confecciona él mismo, preferentemente con lápiz (odia los bolígrafos), sobre su escritorio y rodeado de cientos de libros. Sólo cuando el texto está avanzado, lo pasa a la computadora. "Mi realidad entera sucede a la noche. Y no me refiero a la hora. Para mí, la noche puede ser artificial. La ventana de mi escritorio está siempre cerrada y yo escribo con luz de lámpara, aunque sean las dos de la tarde", dice.

A pesar de haber dedicado su vida a la literatura, Castillo nunca se pensó a sí mismo como un escritor profesional. "Creo que la palabra profesión está prohibida en algunas disciplinas. Van Gogh no era un buen profesional, era un buen pintor, pero era lo menos profesional del mundo."

Es capaz de escribir durante horas, "incluso días", aunque luego deba "tirar a la basura" buena parte de lo producido. "He llegado a escribir dieciocho horas seguidas. Tengo tendencia a escribir de un tirón, por lo menos hasta el lugar donde sé que se ha resuelto el problema literario. Eso puede llevarme un día, diez horas o lo que fuere. El otro Judas, por ejemplo, lo escribí en una noche, después de haberlo pensado durante más de un año."

Entre sus secretos menos conocidos a la hora de encarar el oficio, se cuenta un extraño rechazo por la letra "a". "Siento aversión por esa letra, que es la letra de mi nombre. Es muy difícil que encuentres un texto mío que empiece con una ´a´, o una ´A´ mayúscula luego de un punto. Soy capaz de dar vueltas buscando una solución verbal a un párrafo que empieza con esa letra", dijo.

El hombre que soñó con ser un poeta maldito y brillante, morir joven y dejar una obra genial detrás de sí asegura que escogió la prosa a los 22 años, luego de haber destinado al fuego más mil poemas, tras descubrir que no sería el poeta que quería ser. "Cuando escribo poesía, me importa un comino el lector -dice-. Pero cuando escribo prosa, se me impone la necesidad de comunicar algo. No te olvides de que yo soy cuentista y autor dramático y que, por lo tanto, debo apegarme a un plan. El cuentista en serio (no el escritor que escribe cuentos) conoce de antemano lo que va a ocurrir y, cuando escribe, es como si lo estuviera dictando."

12/06/2010

Fuente:
Diario “La Nación” Suplemento ADN Cultura

“PABLO DE SANTIS”.

La primera versión la hace a mano y bastante rápido, en cuadernos escolares Laprida, Rivadavia o Gloria. En la segunda trabaja en computadora y con letra Courier New.

“PABLO DE SANTIS”

Hacia 1984, cuando Juan Sasturain era jefe de redacción de la revista Fierro, un chico de 21 años ganó el premio del concurso al mejor guión de historieta. El galardón, módico, consistía en una máquina de escribir y una lámpara de escritorio, además de la posibilidad de comenzar a trabajar para la revista. "Ésa fue la primera vez que gané dinero con mi escritura de ficción -recuerda Pablo de Santis-. Además, empecé a hacer historietas con el dibujante Max Cachimba, que era el que había ganado en la categoría de dibujo. Max tenía 15 años y las historietas que hacíamos nos las pagaban."

Más de 25 años después y con los premios Konex de Platino y Planeta-Casa de América de su haber, el autor de El enigma de París confiesa que escribe cuando puede. "Escribo en casa y en el estudio. La primera versión la hago a mano y bastante rápido. A veces me tomo menos de un mes, pero es sólo un boceto", cuenta. Para la primera versión de sus ficciones, De Santis prefiere trabajar en cuadernos escolares Laprida, Rivadavia o Gloria. Y, a contramano de Alan Pauls y Martín Caparrós, quienes sólo usan estilográficas con fuente de tinta, no tienen ninguna preferencia especial en ese aspecto. "Uso lo primero que encuentro en casa", dijo. En la segunda versión, De Santis trabaja en computadora y con letra Courier New, tamaño 12.

El autor de El calígrafo de Voltaire es de los que trazan un plan de la historia que va a narrar. "Necesito conocer la estructura para poder ir después por otro camino. Si uno va en auto y sabe adónde va, puede charlar o escuchar música. Pero si uno se pierde, no puede relajarse ni tampoco atender lo que hay alrededor." Como Marguerite Duras, De Santis considera que la escritura es un ejercicio que no se limita al momento de la redacción: "Para mí es tan importante escribir como pensar la trama, la estructura y los personajes. Trato de pensar mucho antes de ponerme a escribir, y la escritura se alimenta de esas reflexiones".

La llegada de la computadora y el avance de la tecnología, asegura, han alterado la naturaleza de esos procesos de creación. "Antes de la computadora había una elaboración interna del texto mucho mayor. Cuando uno hacía una versión a máquina se parecía mucho más al texto definitivo. La computadora transformó mucho la forma de escribir. A lo mejor, una novela se escribía dos o tres veces. Pero ahora, ¿quién sabe cuántas veces fue corregida?"

12/06/2010

Fuente:
Diario “La Nación” Suplemento ADN Cultura

“MARTÍN CAPARRÓS”.

Escribe por la tarde. En general, después de comer, entre las tres y las siete, durante no más de cuatro horas.

“MARTÍN CAPARRÓS”

Una tarde, en El Tropezón, la posada de Tigre en la que Leopoldo Lugones se quitó la vida, los anteojos de Martín Caparros resbalaron de sus manos, cayeron entre dos tablones y se hundieron en el río. El escritor había llevado una pila de libros, temeroso de que el diálogo con su ocasional compañera se agotase a lo largo del fin de semana, y vio con desesperación cómo los lentes se perdían en el agua. Ese hecho infortunado, sin embargo, devino en la escritura del libro que él mismo considera el más importante entre los suyos, La Historia. "Desde que se me cayeron los anteojos al río y no podía leer, empecé a pensar y pensar en La Historia y a construir mentalmente el libro", confiesa.

Como muchos otros escritores, el ganador del Premio Planeta 2004 no recuerda el momento en que empezó a escribir. Ya a los ocho años, escribía los versos para las fiestas escolares y nunca dejó de hacerlo hasta la actualidad. "Desde esa época siento que mi manera de estar en el mundo es escribir. Las cosas se me ocurren en forma de frases, como a otros se les ocurren en forma de imágenes o de melodías", dijo.

Caparrós escribe por la tarde. En general, después de comer, entre las tres y las siete, ya que las mañanas las dedica a "asuntos corrientes", artículos, trabajos por encargo y traducciones. Le gusta ese momento en el que enciende un cigarro y se sienta a producir. Lo hace en su escritorio, frente a una ventana grande. Caparrós disfruta de levantar la cabeza y mirar el mundo que hay afuera. Escribe durante no más de cuatro horas. "Me parece que el período en el que estoy concentrado y afilado no es mucho mayor que ése."

Caparrós no duda en asociar la escritura creativa con el placer intelectual. "Lo que me gusta de estar escribiendo un libro es que la obra actúa como un principio ordenador que organiza el caos del mundo. Si no estoy escribiendo algo, todas las cosas que percibo pasan, se pierden, se dispersan. Para mí, es muy placentero el falso orden que propone al escritura".

Orhan Pamuk y Gabriel García Márquez han dicho que la primera oración es la más importante de todo el texto. Pero Caparrós no comparte esa idea. "La primera oración está sobrevaluada. Cualquier frase que empiece como clave me parece falaz. Si hubiera una clave, todo sería aburrido. Lo bueno de esto es que no las tiene. La escritura, para mí, es una especie de descubrimiento permanente."

12/06/2010

Fuente:
Diario “La Nación” Suplemento ADN Cultura

“LEOPOLDO BRIZUELA”.

Produce las primeras versiones de sus relatos a mano tomando notas en cuadernos y en papeles sueltos que acumula en su escritorio.

“LEOPOLDO BRIZUELA”

El ganador del Premio Clarín 1999, autor de Inglaterra. Una fábula y de Lisboa. Un melodrama, entre más de una decena de títulos, asegura que nunca escogió la escritura como un oficio, sino como una forma de evitar volverse loco. "Siempre quise ser escritor y todas las fichas de mi vida están puestas ahí. Pero no sólo por elegir una profesión, sino para salvarme de un montón de cosas. Yo crecí en un mundo muy negador y tenía que escribir para no volverme loco", cuenta. Sobrio y metódico, produce durante la mañana su ficción y por la tarde se ocupa de las correcciones, las notas y los trabajos por encargo.

A pesar de que concibió Inglaterra, la novela que le valió el Premio Clarín, directamente en su computadora, jura que no volverá a emplear ese método nunca más. Desde hace años, produce las primeras versiones de sus relatos a mano "y de forma muy desordenada", tomando notas en cuadernos y en papeles sueltos que acumula en su escritorio. Sólo cuando tiene una "primera arquitectura del texto", comienza a trabajar en la pantalla de la computadora y avanza a mucha velocidad hasta obtener un borrador de su historia. Luego corrige obsesivamente hasta que siente que empieza a acercarse a la versión definitiva. "Corrijo mucho. Y reescribo mucho. A veces, incluso, reescribo partes enteras."

Lejos de escritores como John Irving, quien dijo que conoce la última oración de sus novelas antes de empezar a escribirlas, Leopoldo mantiene cierta zona de oscuridad en lo que está produciendo. "Construyo un plan a medida que lo voy creando. Pero pienso que siempre debe haber una zona de oscuridad que hay que develar, porque sino es muy aburrido. En mi caso, esa zona de oscuridad funciona como motor del resto", dice.

Fanático de la épica y de la narrativa del siglo XIX, especialmente de Joseph Conrad, Jack London y Henry James, Brizuela se declara con poca paciencia para la vanguardia. "Trabajo sobre un concepto de la escritura que actualmente escasea. Lo veo en los concursos literarios y en los alumnos que vienen a casa. Hay un desmedro de las formas tradicionales del relato, que son precisamente las que más me interesan", dice.

12/06/2010

Fuente:
Diario “La Nación” Suplemento ADN Cultura

“DE LA MANÍA AL PROCEDIMIENTO” POR PABLO GIANERA.

“DE LA MANÍA AL PROCEDIMIENTO”

Por: Pablo Gianera
De la Redacción de LA NACION

Los conjuntos de reglas que la teoría llama procedimiento son menos numerosos que las manías, pero determinan de manera mucho más decisiva los libros que leemos. La literatura entera, aun la más industrial, se da sus propias reglas. En verdad, la historia de la literatura no está hecha de asuntos sino de maneras, el cómo, de organizar esos asuntos. Que un escritor necesite un clavel en su estudio, una pared blanca delante de los ojos o una manzana podrida en el cajón, que escriba por la mañana o por la tarde o que lo haga en pantalla o en papel cuadriculado, liso o rayado no modifica en primera instancia aquello que escribe. El hábito (en este caso la rutina) no hace al monje y tampoco necesariamente al escritor.

Pero los rituales no son nunca inocentes. Cuando uno se entera de que Roberto Arlt corregía sus novelas recortando y pegoteando papeles, aparece allí un indicio que excede las extravagancias de la faena diaria y apunta a un método: Arlt concluía sus novelas como si trabajara en una mesa de edición cinematográfica, algo que tiene una correspondencia en sus montajes léxicos, en sus raros cambios de registro. Aquí podría encontrarse acaso un punto de contacto con Manuel Puig.

El método del montaje reconoce avatares que no necesariamente corresponden a la poética de Arlt y de Puig, y a veces ni siquiera coinciden entre sí. El montaje, que ensamblaba unidades de acción, puede manipular unidades de estilo, y a veces ambas, como suele hacerlo Oliverio Coelho. La unidad de estilo es la frase. Hay escritores de frase. Alan Pauls es uno de ellos. Quizá Borges, antes, haya sido otro, aunque en su caso la frase era efecto de otras pasiones: su organización de la frase procede, entre muchas otras causas, de un modo de inscribir en palabras la erudición (no importa si real o simulada) y de desarrollar una sintaxis a medida. En ocasiones, esa sintaxis deriva asimismo de un tipo particular de atención. En la obra de Juan José Saer, se pliega a la observación que demandan los objetos. La escritura de Saer es la correspondencia de la duración de esa contemplación.

Después, como en todas las literaturas del mundo, hay grandes líneas: la de quienes creen en la transparencia del lenguaje y la de quienes no; las de quienes escriben una ficción desde el final y la de quienes descubren el final en el despliegue de la historia (si es que hay historia). Estas dos últimas definen dos estrategias de escritura radicalmente diferentes: una segura, solvente; la otra más intrépida, poco confiable y por eso mismo menos previsible, aun en contra de la calculada sorpresa de la otra línea.

Escribía Maurice Blanchot que la literatura empezaba en cuanto se convertía en una cuestión, una pregunta que adopta la forma interrogativa "cómo": cómo se escribe lo que se quiere escribir, cómo se sabe qué cosa se quiere escribir. Esa pregunta contiene otra. Para volver a Blanchot: es posible escribir sin preguntarse por qué se escribe. Aunque, según observaba el francés, "¿Tiene un escritor, que mira cómo su pluma traza las letras, el derecho de dejarlas en suspenso para decirle: ¡Detente!, qué sabes de ti misma, con miras a qué avanzas?". Pero esas preguntas no pertenecen a las maneras sino a sus justificaciones: no son ya el cómo sino el porqué.

12/06/2010

Fuente:
Diario “La Nación” Suplemento ADN Cultura

sábado, 12 de junio de 2010

“CÓMO ESCRIBEN LOS QUE ESCRIBEN” POR EZEQUIEL VINACOUR.


“CÓMO ESCRIBEN LOS QUE ESCRIBEN”

Trucos, secretos, cábalas y manías de Brizuela, Caparrós, Castillo, Coelho, De Santis, Fogwill, Heker, Pauls y Piñeiro. Además, las distintas estrategias: los que planean y los que improvisan.

Por: Ezequiel Vinacour
Para LA NACION - Buenos Aires, 2010

Cada mañana, Jorge Luis Borges registraba sus sueños y luego utilizaba ese material para enriquecer sus ficciones. Ernesto Sabato tenía el hábito de incendiar por la tarde lo que había producido hasta el mediodía. Y Carlos Fuentes contó que componía "mentalmente" sus seis o siete páginas diarias en un paseo que incluía la casa de Albert Einstein, la de Hermann Broch y la de Thomas Mann, en Princeton.

Pero de todas las historias sobre escritores a la hora de encarar la rutina del oficio, quizá la más singular pertenezca a Abelardo Castillo. Años atrás, el autor de Crónica de un iniciado sufría de una extraña afección: sentía que no podía ponerse a trabajar si antes no limpiaba su máquina de escribir. Para ello, tenía un pincelito especial para repasar los tipos y evitar que se empastaran. Su obstinación, a menudo, surtía efectos no deseados: como utilizaba querosene, los mecanismos muchas veces terminaban por ensuciarse y, al final de la tarea, no se podían usar. "Cuando me quería acordar, habían pasado tres horas y no había escrito nada. Creo que estas costumbres pertenecen más a la zona de la demencia que a la zona ritual", dice Castillo, un poco en broma, a adncultura.

¿Cómo escriben los escritores? ¿Cuántas horas diarias trabajan? ¿En qué momento del día? ¿Qué estrategias prefieren para crear tramas y personajes? ¿Qué tipo de letra usan? Las respuestas a estas preguntas suelen estar confinadas al ámbito de las entrevistas y de las leyendas, antes que al de los estudios literarios. Sin embargo, aportan datos valiosos a la hora de trazar el perfil de un autor y abordar su obra.

Dashiell Hammett, quien en su caótica etapa de Hollywood se había instalado en una suite del Beverly-Wilshire y recibía a sus pocas visitas vestido con una costosa bata con sus iniciales, solía decir que un hombre puede hacer con su vida lo que quiera, pero que la escritura tiene ciertos principios que deben respetarse. Puede discutirse si la vida de Hammett acabó con su escritura o si la escritura acabó con su vida. Lo único cierto, en todo caso, es que los escritores son animales de costumbres y que la mayoría de ellos tiene una debilidad por los rituales y la disciplina.

Hemingway, que en París era una fiesta dejó muchos consejos sobre el arte de escribir, dijo que se requiere disciplina para trabajar todas las mañanas y también para dejar de pensar en la obra al levantarse del escritorio, de modo que ésta se siga escribiendo sola en alguna parte de la mente. También recomendaba dejar de escribir cuando la historia fluía, de modo de poder retomarla sin inconvenientes a la mañana siguiente.

El escritor, fatalmente, se hace. Y en esa tarea, los ritos y los métodos ayudan. Así pensaba Faulkner, quien además tenía una áspera receta para cualquier aspirante a narrador. Según el autor de Luz de agosto, se requería un 99% de talento, 99% de disciplina y 99% de trabajo para lograrlo.

Claro que ese talento y esa disciplina, muchas veces, pueden parecerse al caos. Un buen ejemplo de ello es la anécdota de Antonio Dal Masetto durante el proceso de escritura de su novela Siempre es difícil volver a casa. Para producir esa obra, el escritor se propuso recopilar diálogos, apuntes de personajes y descripciones en servilletas de bares y papelitos sueltos, que fue acumulando en numerosas cajas de zapatos. Para imponerse un orden, dividió las cajas en tres grandes grupos: inicio, nudo y desenlace. Siguió así hasta que, en un momento dado, le puso punto final a esa tarea, se sentó frente a la máquina, vació las cajas y a partir del material acumulado redactó una página, un capítulo y, finalmente, el libro entero. "Es un método que no se lo recomiendo a nadie", bromeó después Dal Masetto en una entrevista.

Otro estadounidense que ha revelado algunas de sus costumbres más extrañas es Gay Talese. El autor de "Frank Sinatra está resfriado" confesó que su día de escritura no comienza en su escritorio, sino en el vestidor del cuarto piso de su casa. Allí, cada mañana se viste como si fuera un ejecutivo de Wall Street, con camisa y corbata. Cuando está listo, baja cinco plantas hasta su búnker, una antigua bodega sin puertas ni ventanas, en el sótano de su casa. Una vez allí, se quita el traje y se pone un pantalón común y un suéter. Trabaja sin descanso hasta tener una página nueva sobre su escritorio. Una vez que ha consumado esa tarea, vuelve a vestirse como si fuese un banquero y sube a su casa para almorzar.

Detrás de escena, lejos de las interpretaciones académicas, algunos de los más destacados escritores argentinos le contaron a adncultura cómo enfrentan su trabajo, y cómo sus hábitos y sus rituales forman parte, también, de su estética. Hablaron de sus temores y de los fantasmas que los visitan con mayor frecuencia: el terror a la página en negro (la página llena de escritura inútil), el bloqueo de la creatividad, la soledad que rodea al oficio del escritor y el necesario equilibrio, siempre sordamente amenazado, entre la creación genuina y la escritura "por dinero".

12/06/2010

Fuente:
Diario “La Nación” Suplemento cultural ADN CULTURA

“RITOS DE ESCRITOR” POR JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ.

Jorge Fernández Díaz.

“RITOS DE ESCRITOR”

Por: Jorge Fernández Díaz
Director de Adncultura

Mientras recorríamos los mágicos prados de La Rioja española, a punto de llegar a dos monasterios de los siglos V y X donde se hallaron las primeras evidencias escritas del castellano, Manuel Vicent y yo no podíamos dejar de hablar de literatura. Vicent, uno de los más geniales articulistas que ha generado la España democrática, me recordaba, entre otras cosas, que hay muchas clases de escritores. Están, en principio, aquellos a los que les descubrimos el truco por la portada de un libro y aquellos a quienes se lo descubrimos inevitablemente en las primeras líneas o a mitad de una novela. Pero ya en los máximos niveles, están también aquellos excelsos a los que les descubrimos el truco recién al cabo de leer toda su obra, como Borges, y aquellos a quienes jamás logramos descubrírselo, como Shakespeare.

Más allá de la literatura experimental, que seguirá existiendo y tendrá siempre su valor, Vicent considera que ya no resulta creíble escribir "Julia se sirvió una copa y caminó hasta la ventana". "Es que no me lo puedo creer", comenta. La vida moderna, la intercomunicación instantánea, la posibilidad de ver y oír en directo a través de las pantallas de los medios o de Internet, la chance de entrar fácilmente en mundos cotidianos o viajar a cualquier rincón del planeta le quitan de algún modo verosimilitud a la novela actual y dejan al desnudo su impostura. "Es por eso que sostengo que si Dickens viviera, sería reportero", dice Manuel para provocar. El reportaje o crónica novelada le parece, por lo tanto, el gran género literario del siglo XXI. Tal vez tenga razón.

Luego hablamos de Frank Sinatra, a propósito de la legendaria crónica de Gay Talese, y pienso de improviso que hay también dos clases de escritores: los que componen y los que interpretan. Aquellos que dan a luz algo nuevo y aquellos que convierten esa obra ajena en nueva con su interpretación llena de matices. Los primeros son la vanguardia que va creando; entre ellos hay genios y mediocres. Pero luego están los que cantan a su manera esas canciones, poniéndoles su sello y haciéndolas sonar como si fueran propias y flamantes. También dentro de este grupo hay comerciales, bastardos y grandísimos artistas, como Frank Sinatra.

Los periodistas que escribimos literatura siempre estamos hablando acerca de estos temas misteriosos del arte, tratando de entenderlos más allá de lo que nos cuentan los críticos y los libros de ensayo. Nos interesan los métodos de la escritura: si el narrador aborda sin ideas preconcebidas y va creando página a página (Aira, Simenon, Marías), si conoce sólo el principio y el final del relato (Borges, Bioy, Poe) o si antes de sentarse lo imagina y planifica todo (Conan Doyle, Joseph Roth, Sarmiento, Galdós, Pérez-Reverte).

Finalmente, el renglón inconfesable y cholulo de nuestra curiosidad radica en saber además cómo escriben los que escriben. Pero ya no en un sentido de práctica literaria sino de mera operatividad de escritorio. En la mesa del narrador hay cábalas, caprichos, técnicas y secretos fascinantes que a veces revelan mucho más del autor que diez entrevistas de prensa. Acerca de estos secretos trata precisamente nuestra nota principal de esta semana.

jdiaz@lanacion.com.ar

12/06/2010

Fuente:
Diario “La Nación” Suplemento cultural ADN CULTURA

LITERATURA Y FÚTBOL: “EL ENCUENTRO DE DOS PASIONES” POR VERÓNICA ABDALA.


Literatura y fútbol

“EL ENCUENTRO DE DOS PASIONES”

El deporte más popular de la Argentina fue ganando lentamente un lugar estacado entre los temas que ocupan a los escritores hasta convertirse, en la actualidad, en materia literaria de prestigio.

Por: Verónica Abdala
Para LA NACION - Buenos Aires, 2010

En 1950, año en que Uruguay, contra todos los pronósticos, obtuvo la copa del mundo ante Brasil en el estadio Maracaná de Río de Janeiro -suceso que sería recordado como el "Maracanazo"-, la literatura y el fútbol corrían, como paralelas, por carriles separados: ni a los escritores les interesaba hacer del deporte de la pelota el motivo de sus relatos, ni los deportistas e hinchas se hubieran imaginado protagonizando cuentos, novelas o poemas. El amor por la camiseta y el ejercicio de la escritura y la reflexión no parecían compatibles. "¿En qué se parece el fútbol a Dios? -bromeó alguna vez Eduardo Galeano-. En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales."

Sesenta años después, cuando el Mundial de Sudáfrica concita la atención del mundo, el paisaje es bien distinto: los libros de fútbol -"ese pensamiento que se juega", como lo definió el novelista checo Milan Kundera- se multiplican en los catálogos editoriales, se venden bien y gozan de una aceptación generalizada. Se trata de un fenómeno reconocible desde hace años en la Argentina, pero la tendencia gana terreno a paso acelerado y en estos días de fervor mundialista, se han publicado más de una decena de nuevos títulos de narrativa, ensayo y humor que giran alrededor del deporte nacional por excelencia.

El periodista y escritor Juan Sasturain, autor de El día del arquero (1985) y Wing de metegol (2004), que acaba de lanzar La patria transpirada (Sudamericana), un libro que pasa revista a la actuación de la Argentina en los mundiales, piensa que ese crecimiento se debe a que actualmente los escritores eligen los temas de sus ficciones con mayor libertad. "Hoy se dan permiso para abordar temas que antes para ellos eran tabú, como lo fue el fútbol durante muchísimo tiempo", dice a adncultura.

Daniel Divinsky, director de Ediciones De la Flor y editor de los libros de fútbol de Roberto Fontanarrosa, el mayor referente del género, ensaya una explicación de tipo cuantitativa: "La globalización de este deporte a un nivel nunca antes visto a través de la televisión, que llega a miles de millones de personas, acerca cada vez más gente al fútbol. Y por eso se multiplican los hinchas tanto como los autores de libros y los nuevos lectores", señala.

Más allá de las razones, la polémica que durante décadas dividió las aguas parece en buena medida superada. Sin embargo, en el pasado fue virulenta. A la hora de escribir, el fútbol fue resistido durante un siglo por parte importante de los hombres de letras, y no sólo en la Argentina. Lejos de la pasión futbolera con la que se identificaba el Nobel argelino Albert Camus (quien llegó a decir que todo lo que sabía "acerca de la moral y las obligaciones de los hombres" se lo debía al conocimiento de este deporte), ya en 1880 el inglés Rudyard Kipling había menospreciado a "las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que juegan ese deporte". Inauguraba así una mirada que más tarde seguiría, entre muchos otros, Jorge Luis Borges.

Ya promediando el siglo XX, el autor de El Aleph definió el fútbol como "esa cosa estúpida de ingleses... un deporte estéticamente feo". "Once jugadores contra otros once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos." Su rechazo era compartido por buena parte de sus colegas, que no imaginaban que ambos mundos -el de la camiseta y el de las letras- alguna vez pudieran llegar a vincularse de un modo interesante. Juan José Sebreli, autor de los ensayos Fútbol y masas y La era del fútbol, se hizo eco del mismo desprecio:

El acto de patear una pelota es ya de por sí esencialmente agresivo y crea un sentimiento de poder, amén de que la picardía de vencer al adversario basada en la trampa, la mentira, el disimulo, la zancadilla, tan alabada por todos los apologistas del fútbol como una forma de inteligencia natural y espontánea, no es sino una característica de la personalidad autoritaria.

Sasturain se encargó de contestarle a través de una columna de opinión: "Sebreli, vos andá al arco".

Juan Gelman, ganador del Premio Cervantes 2007, que se dedicó en las últimas semanas a escribir poemas sobre fútbol como parte de una iniciativa lanzada en México para conformar un equipo de once escritores con vistas al Mundial 2010, dijo recientemente: "La literatura deportiva me parece muy interesante. El deporte es una realidad muy fuerte, ya no se lo puede minimizar ni desdeñar ni nada por el estilo, como pretende cierta gente".

El principio del cambio

La transición se inició a fines de los años 60 y comienzos de los 70, cuando en el país se planteó el debate sobre el alcance del concepto de cultura. "No era posible seguir entendiendo por cultura sólo las Bellas Artes, la literatura y el teatro -explica Sasturain-. Había muchos fenómenos que quedaban al margen del reconocimiento y del registro, como el fútbol, que sólo había sido objeto de análisis del periodismo gráfico por parte de tipos como Borocotó o Dante Panzeri. A partir de los años 70 prende ese permiso que se daría la literatura, luego del reconocimiento del fútbol como hecho cultural. Antes, la derecha lo consideraba el espacio de la brutalidad y la tontería, un deporte berreta, mientras que la izquierda lo veía como una expresión de la alienación que el sistema imponía a las masas, el mismo papel que el marxismo le había reservado a la religión."

Según el escritor, esas dos visiones empezaron a ser cuestionadas entonces. Fontanarrosa sería un pionero, alguien que, por no sentirse parte de la literatura y estar al margen de esa polémica, abrió una ruta que luego siguieron otros como Eduardo Galeano que, después de haber publicado ensayo sociopolítico y narrativa, escribiría Fútbol a sol y sombra. "¿Eso significa que hasta ese momento, como otros intelectuales, Galeano no había descubierto el fútbol? No, simplemente se dio licencia para ponerlo en el papel -agrega Sasturain-. Es como la cuestión del sexo: que no se escribiera antes sobre lo que pasaba entre las sábanas no significa que la gente no tuviera relaciones, sino que el sentido común no habilitaba a exponer eso públicamente."

"El fútbol chocó con la alta cultura probablemente por su carácter popular", reflexiona Ariel Magnus, autor de Un chino en bicicleta, entre otros títulos. Acaba de publicar Ganar es de perdedores (Norma), que reúne once relatos de fútbol. "Para mí es alta literatura, de todos modos: el fútbol debería ser decretado un género literario, porque contiene en sí mismo todas las historias posibles."

Quienes concretaron la fusión definitiva e introdujeron el fútbol en el terreno literario fueron los integrantes de una generación de escritores rioplatenses que provenían del periodismo gráfico: además del rosarino, también Osvaldo Soriano, el mismo Sasturain, los uruguayos Eduardo Galeano y Mario Benedetti (un precursor en la materia, que en 1955 había publicado el cuento "Puntero izquierdo", en el libro Montevideanos) compusieron páginas inolvidables. En el ámbito teatral, se destaca El centroforward murió al amanecer (1955), de Agustín Cuzzani, llevada al cine por René Mugica. Más atrás en el tiempo pueden rastrearse algunas pocas piezas valiosas. Allá por los años 20, Horacio Quiroga narró el caso de un jugador que se había suicidado en el campo de juego y Roberto Arlt dedicó al fútbol una de sus famosas Aguafuertes.

Lugar común el fútbol

Por estos días, no sólo hay autores a los que ya se identifica con la llamada literatura deportiva -y que según Divinsky "perdurarán o no al cabo de un proceso de decantación natural"-, sino también una editorial exclusivamente dedicada a publicar libros de fútbol: Ediciones Al Arco.

El escritor Eduardo Sacheri, autor de El secreto de sus ojos (Alfaguara) -la novela que dio origen a la película homónima de Juan José Campanella que ganó el Oscar al mejor film extranjero-, es también responsable de esta revalorización de la literatura deportiva. Sacheri comenzó a publicar tras enviar tres cuentos al programa de Alejando Apo (que amalgamó fútbol y literatura en la radio y acaba de publicar Con todo mi afecto, con el sello Aguilar). José Pablo Feinmann, Alejandro Dolina, Horacio Salas, Rodolfo Braceli, Liliana Heker, Mempo Giardinelli, Fabián Casas y el español Javier Marías también han conjugado con gracia ficción y deporte.

En la era del fútbol globalizado, cuando representa quizás uno de los mayores espectáculos y negocios del mundo, muchos de los escritores que han abordado este deporte hallaron en él, después de todo, los viejos asuntos de siempre. También, un nuevo modo de regresar a la épica. El mexicano Juan Villoro lo ha dicho a su manera en Dios es redondo (Emecé):

De repente, un genio curtido en mil batallas roza con el calcetín la pelota que incluso el cronista hubiera empujado a las redes; un arquero que había mostrado nervios de cableado de cobre sale a jugar con guantes de mantequilla; el equipo forjado a fuego lento pierde la química o la actitud o como se le quiera llamar a la misteriosa energía que reúne a once soledades.

Para el autor de El testigo, el fútbol encontró su lugar en el papel porque emociona como pocas otras cosas, y la literatura intenta, justamente, mostrar quiénes y cómo somos.

Sasturain coincide: "El fútbol es lo que más se parece a la vida: por el tipo de relaciones que se establecen dentro de la cancha, por lo que tiene de poco reglado, por su alto grado de imprevisibilidad. En la cancha, como en la vida, nunca se sabe lo que puede pasar. En un partido, contra todos los pronósticos, el piojo resucitado te puede abrochar en el último minuto, y ahí está la gracia: todo el mundo siente que puede llegar. El fútbol es uno de los espacios en que cabe hablar de épica: la victoria, la derrota, la figura del héroe, los valores ahí tienen vigencia. Cuando Borges decía que había encontrado en la literatura policial de los años 30 el refugio último de la épica, se equivocaba. Él no estaba capacitado por condición y por elección ideológica para ver este otro fenómeno: el del fútbol".

Letras redondas

Ficción

* Ganar es de perdedores
Ariel Magnus (Norma)

* Aráoz y la verdad
Eduardo Sacheri (Alfaguara)

* Arqueros, ilusionistas y goleadores
Osvaldo Soriano (Planeta)

* Puro fútbol y Área 18
Roberto Fontanarrosa (De la Flor)

Ensayo y crónica

* La patria transpirada
Juan Sasturain (Sudamericana)

* Más que un juego
Juan Pablo Varsky (Sudamericana)

* Entre los vándalos
Bill Buford (Anagrama)

* Fiebre en las gradas
Nick Hornby (Anagrama)

* Dios es redondo
Juan Villoro (Emecé)

* La guerra del fútbol
Ryszard Kapuscinski (Anagrama)

12/06/2010

Fuente:
Diario “La Nación” Suplemento cultural ADN CULTURA